Pablo Sagarra Renedo

Pablo Sagarra Renedo (Valladolid, 1969), está casado y es padre de 6 hijos. Licenciado en Derecho y Doctor en Historia, pertenece al Cuerpo Superior de Administradores de la Junta de Castilla y León y ha ejercido su trabajo profesional en Salamanca, Murcia y Valladolid. Colabora en diversas revistas como Ares-Enyalus y Ahora-Información o en medios digitales (Ya.es, Arbil…), y es autor de varios trabajos y libros sobre temas de derecho, familia e historia. En este último campo se ha especializado en la División Azul y en el año 2012, ha publicado en la Editorial ACTAS, Capellanes en la División Azul: los últimos cruzados y en la Esfera de los Libros (en colaboración con Oscar González y Lucas Molina), Divisionarios.Testimonio gráfico de los combatientes españoles en la Wehrmacht.

  • Autor de los libros Capellanes en la División Azul: los últimos cruzados y Divisionarios.Testimonio gráfico de los combatientes españoles en la Wehrmacht.

– DIVISIONARIOS es una obra coral en colaboración con Óscar González y Lucas Molina Franco, ¿cuál ha sido la colaboración de cada uno de los autores?

Los tres somos amigos desde tiempo atrás y nuestro afán en los últimos años ha sido recoger testimonios de veteranos de la campaña de Rusia. Los tres hemos actuado en equipo y, siempre que hemos podido, hemos realizado las entrevistas al menos dos de nosotros. La metodología es sencilla; se trata de dejar hablar al entrevistado; esa ha sido nuestra misión; nada más. De alguna manera ellos son –y así lo reflejamos en la introducción- los verdaderos autores del libro, por supuesto sus protagonistas. Cada entrevista la grabamos pero siempre procuramos tomar notas por si acaso ya que a veces la técnica puede causar sorpresas y hay que prevenir. Nunca sabes cuándo vas a poder volver a visitar a ese veterano. La redacción de las entrevistas nos la hemos repartido pero luego los tres hemos corregido todo el libro, naturalmente.

 

– Después de esta obra ¿cree que todavía alguien puede dudar de los motivos que llevaron a miles de jóvenes a alistarse en la División Azul?

Pablo Sagarra Renedo

Pablo Sagarra Renedo

Hemos recabado el testimonio de más de 200 combatientes de la División Azul y de la Escuadrilla Azul (en este caso sólo hemos podido entrevistar a 4 miembros). En el libro DIVISIONARIOS sólo ha sido publicada una selección de 31 ya que no se cabían más. Tenemos intención próximamente de sacar a la luz otra batería de entrevistas porque constituyen un elemento decisivo para conocer lo que ud. me está preguntando; la motivación, el ideario, el espíritu de los españoles que integraron la División Azul. Leyendo DIVISIONARIOS vuelve a quedar de manifiesto que el motor de la campaña de Rusia para ellos no fue otro que el anticomunismo, sin perjuicio de la conjunción de otros factores de orden interno o externo controlados por el gobierno español. Pero está claro que los divisionarios aguantaron una campaña durísima, fueron a luchar y a morir voluntariamente por una causa que consideraron justa: la destrucción de la Rusia comunista. Como nos exponen la mayoría de los entrevistados, en las mismas circunstancias, volverían a alistarse. Y se trata de un anticomunismo que nace en la Guerra Civil. El enemigo a batir en el frente ruso es el mismo contra el que se combatió en la Guerra de Liberación de 1936-1939, el comunismo que para ellos es la encarnación de todos los males derivados del bando republicano.

 

– De todos los testimonios recogidos sólo uno pertenece a un joven requeté, ¿verdaderamente los carlistas plantearon un pequeño pulso a Franco negándose a participar en la División Azul?

De entre los seleccionados en el libro sólo sale el joven requeté Lolo Establés Basterra, pero en el elenco de nuestras entrevistas figura algún requeté más como Higinio Echevarría Bolado, Juan Luis Pacheco Pérez, Antonio Vallejo Zaldo, Rafael Ferrando Sales… Pero son los menos. En todo caso los carlistas que se negaron a participar en la División Azul no plantearon ningún pulso a Franco. Hay que tener presente que el Partido Único, en aquel momento, estaba controlado por Falange y ésta fue la que dominó desde el primer momento la empresa de la División Azul. El carlismo unificado, sus principales autoridades, Manuel Fal Conde y el regente Javier de Borbón Parma –aliadófilo por otra parte-, dieron orden a sus bases de que no se alistaran pero ello tampoco supuso, a mi juicio, una confrontación directa con el régimen. Entre otros motivos, y no pequeño, porque sobraban voluntarios. Otros carlistas, en cambio, los más próximos al régimen, los que empezaban a seguir al pretendiente Carlos de Habsburgo-Lorena, nieto de Carlos VII y conocido como Carlos VIII por sus seguidores –que pretendió alistarse a la campaña rusa-, sí fueron entusiastas de la División. Y no hay que olvidar la existencia de muchos otros voluntarios de raigambre carlista, menos oficialistas por decirlo así, que hicieron caso omiso a las instrucciones de Fal Conde y se alistaron encantados a la División Azul, precisamente, por lo que ésta suponía de anticomunismo.

 

– ¿No le resulta curioso y a la vez digno de elogio que todos los veteranos se sientan orgullosos de haber participado en la lucha contra el comunismo en tierra soviética a pesar del fracaso?

Para combatir el comunismo en 1941 los divisionarios tuvieron que vestirse el uniforme alemán. La mayoría lo hicieron con gusto y con mayor ilusión se habrían puesto si cabe el uniforme italiano si hubiera sido Mussolini y no Hitler el que hubiera invadido la URSS. Al cumplirse los 50 años de su marcha hacia Alemania, en 1991, los veteranos supervivientes que rondaban los 70 años, asistieron a la implosión del comunismo en la URSS y en sus países satélites. Fue para ellos la confirmación de su gesto de lucha de 1941. Al caer el Telón de Acero todo el mundo pudo comprobar el rastro de muerte e injusticia que ha dejado el comunismo en la Europa Oriental. Ellos fueron a combatir al comunismo –no al pueblo ruso como siempre remachan-; fueron unos profetas aunque al perder Alemania quedaron estigmatizados por los horrores del nazismo. La verdad histórica es que ellos lucharon con Alemania contra el comunismo pero no por Alemania. El famoso “Nuevo Orden” preconizado por ésta, no fue nunca el leit motiv de la División Azul.

 

– Por último, el libro incorpora un importante aporte gráfico, gran parte inédito y la mayoría de gran interés histórico y humano ¿tuvieron muchas dificultades en seleccionar las fotografías para incorporar en la obra?

Gran parte de las fotos proceden de los propios divisionarios. Como el lector podrá comprobar, hay entrevistas que se ilustran solas, es decir, que todas las fotos que aparecen en la misma proceden del propio divisionario entrevistado. En otros casos, sobre todo de soldados rasos que no solían llevar máquina de fotos al frente, su entrevista se acompaña de fotos procedentes de archivos públicos o de otros archivos privados.

 

Pasemos ahora a comentar su otro libro publicado este año 2012: CAPELLANES EN LA DIVISIÓN AZUL: LOS ÚLTIMOS CRUZADOS

 

Este libro, a diferencia del anterior se trata de una poderosa monografía que ha sido editada magníficamente por ACTAS. Es una obra con más de 1.000 páginas y 200 fotos. Creo que marca un hito en la historiografía española por dos motivos: por el tema tratado y por la manera de presentarlo. En este libro he querido rescatar una página inédita de la historia de la División Azul y las Escuadrillas Azules, la protagonizada por un grupo de capellanes que, con mucho celo y esfuerzo, y con bastante sangre, sirvieron a los miles de voluntarios españoles que lucharon bajo el pabellón de guerra del III Reich. Al hilo de su historia, se analiza también la religiosidad de los voluntarios españoles que se caracterizó por su acendrada religiosidad.

 

– ¿Cómo pudo ser que capellanes –y voluntarios laicos- católicos pudieran vestir el uniforme alemán y colaborar con el ejército de un país regido por el nazismo, una ideología condenada por el Papa?

Eso mismo me pregunté yo hace años cuando comencé a investigar sobre este asunto. En 1937 la Encíclica Mit Breneder Sorge, del Papa Pío XI –a la que no se dio publicidad en la España nacional, por cierto- había efectivamente lanzado su condena contra el nacionalsocialismo, en lo teórico y en relación con determinadas prácticas anticatólicas. Tras haber investigado a fondo la cuestión considero que debe analizarse la campaña de Rusia, en su contexto, en su contemporaneidad. Y resulta que en el año 1941, la potencia del III Reich fascina a propios y a extraños. Los católicos españoles también son subyugados, hasta cierto punto, por la nueva Alemania. Salvo la alta jerarquía y el gobierno, pocos españoles conocían la soterrada persecución nazi al catolicismo. Ellos, gracias a la artística y calculada propaganda germana veían sólo la cara amable –real y compatible con la cara persecutoria- de las relaciones entre el nazismo y el catolicismo. Los divisionarios y sus capellanes no se plantearon conflicto alguno por colaborar militarmente con el III Reich. Su juramento les vinculaba en la lucha contra el comunismo y nunca se sintieron avalistas de otros aspectos de la política nazi, caso de la persecución contra el catolicismo o del holocausto.

 

– ¿Cuántos capellanes sirvieron en Rusia?

Hubo 65 capellanes en la División Azul y en la Legión Azul, y 5 más en las Escuadrillas Azules, uno en cada una de ellas, ya que hubo 5 Escuadrillas. En la red, en el Foro Memoria Histórica de la División Azul está la relación completa de los nombres de los 70 capellanes. En el libro que comentamos, en uno de sus apéndices, aparece la biografía completa de cada uno de ellos. A esta relación se añade el Padre Conrado Simonsen, un capuchino nacido en Hamburgo que colaboró con la División Azul y hacía de enlace con el Vicariato Castrense católico alemán. Aún queda un capellán español vivo, precisamente el que sale en el libro de DIVISIONARIOS: Mosén Josep Comas Gros, que vive en Barcelona.

 

– ¿Había entonces capellanes en la Wehrmacht?

Sí claro, en el libro les dedico varios capítulos ya que son los grandes desconocidos de la Alemania nazi. Miles de sacerdotes, capellanes o soldados sacerdotes auxiliares, que atendieron espiritualmente a las Fuerzas Armadas del Reich. La Wehrmacht disponía de un servicio pastoral de las dos confesiones –protestante y católica- para el Ejército y la Marina. La Luftwaffe, el arma aérea, era atendida por capellanes del Ejército. También dedico otro capítulo a los capellanes de las unidades de voluntarios anticomunistas que se integraron en la Wehrmacht –belgas, bosnios, franceses, ucranianos, rusos…- así como a los capellanes del Cuerpo Expedicionario Italiano en Rusia.

 

– ¿Cuál era la misión de los capellanes en la División Azul?

La propia de un capellán castrense: atender espiritualmente –sacramentalmente- a los combatientes. Procuraron siempre celebrar la misa todos los domingos y fiestas de guardar en los batallones y grupos de Artillería y de combate en los que estuvieron destinados. Además se prodigaron en administrar la Penitencia y la Extremaunción –la Unción de Enfermos-. En todos los hospitales divisionarios había siempre un capellán en plantilla para ayudar a los enfermos y heridos.

 

– ¿Tuvieron bajas? ¿Qué condecoraciones recibieron?

Dos capellanes no volvieron a España. Uno murió de enfermedad y otro en combate mientras daba la Extremaución a sus soldados. Hubo también varios heridos, dos de ellos de gravedad y uno de ellos quedó mutilado, ciego, para siempre. Recibieron, cosa insólita en personal no combatiente, varias Cruces de Hierro de 2ª Clase e incluso dos de ellos, el Distintivo alemán de Asalto de Infantería lo que indica la crudeza de los combates y cómo los capellanes estuvieron a menudo en primera línea ejerciendo su ministerio.

 

– En su libro también habla de la religiosidad de los voluntarios

Hubo capellanes en la División Azul porque los divisionarios eran –y son- católicos. En su vida cotidiana de campaña y en la manera de afrontar el combate y la muerte, la abrumadora mayoría de los divisionarios actuaron con sentido católico. Con sus prácticas religiosas, más o menos intensas o fervorosas según cada cual, demostraron –sin pretenderlo- que la vida no es sólo materia y que hay que tratar a los demás con caridad, que nadie es superior a otro y que para morir hay que tener el alma preparada, en gracia de Dios.

 

– ¿Qué puede decir del trato a la población civil rusa?

La política de ocupación practicada por la División Azul, es la piedra de toque de su religiosidad. En su manera de tratar al pueblo ruso, los voluntarios demostraron también su condición de católicos, en un frente de guerra en el que ambos bandos practicaron una guerra sin cuartel y donde los alemanes, precisamente, consideraban a los rusos infrahombres, personas de segunda categoría. Los españoles no actuaron así; trataron a los rusos, al igual que a los judíos, polacos y pueblos bálticos sin discriminación de raza; con humanidad. Para mí, es este humanismo plenamente cristiano –católico- que practicaron los divisionarios en el frente ruso, el mejor legado que han dejado para la historia. Más aún que todas las hazañas militares que realizaron que no fueron pocas.

Entrevista realizada porCarlos Pérez- Roldán

 

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