Hemeroteca - 07/02/2013

Del gran apóstol del Medioevo, San Bernardo de Claraval, del que con lágrimas suplicamos a Dios algún brote para nuestro tiempo, se cuenta que oyó, como si se le abrieran los cielos, a un coro de ángeles cantar la Salve. Dice la leyenda que mientras entraba en la catedral de Spira se fue arrodillando a cada una de las exclamaciones: O clemens, O...

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