Entre el Athlétic Club de Madrid y el Real Madrid: Monchín Triana

El ídolo de Bernabéu fusilado en Paracuellos

Athletic Club de Madrid. Arriba: Luis Olaso , Fajardo , Pololo , Sansinenea , Mieg , Tuduri , Triana , Escalera . Abajo : Duran , Del Rio , Olalquiaga .

Athletic Club de Madrid. Arriba: Luis Olaso , Fajardo , Pololo , Sansinenea , Mieg , Tuduri , Triana , Escalera .
Abajo : Duran , Del Rio , Olalquiaga .

Acaba de celebrarse un reñido partido de fútbol entre los dos principales equipos de la capital de España. Ha vencido el Real Madrid y yo, quizás por no ser muy “futbolera”, no dejo de sentir cierto temor por los destrozos que la gran algazara con la que la hinchada desahoga su natural júbilo, causen a mi querida diosa Cibeles. Pero no es de los daños que al Patrimonio Histórico Artístico puedan causar los entusiastas del equipo vencedor de lo que quería contarles, sino, aprovechando la coincidencia, recordar a una figura, una estrella que lo fue de ambos equipos: primero en el Athlétic y luego en el Real Madrid.

Me refiero a Ramón “Monchín” Triana y del Arroyo. Nació en el verano de 1902 en Madrid y pertenecía a una acomodada familia de la capital. A los 17 años comenzó a jugar en el Athletic Club de Madrid (nombre que tenía el Atlético de Madrid por aquel entonces) donde, según los comentaristas de la época, destacó por su técnica y por su inteligencia en el desarrollo del juego.

Monchín Triana con uniforme del Athletic Club de Madrid

Monchín Triana con uniforme del Athletic Club de Madrid

En este equipo partcipó durante 9 años, convirtiéndose en una de las grandes estrellas del club. Con él Triana ganó 3 campeonatos regionales (1921,1925 y 1928), los primeros de la historia del club y alcanzó 2 finales de la Copa del Rey, las de 1921 y 1926, que su club perdió frente al Athletic Club (luego Atlético de Bilbao) y el F.C. Barcelona, respectivamente. Se puede decir que Triana junto con otras figuras como Luis Olaso contribuyó en la década de 1920 a convertir al Athletic de Madrid en el segundo equipo de importancia de la capital.

En 1928 una grave crisis institucional dentro del Athletic Club de Madrid propició su fichaje por el Real Madrid. Monchín Triana fue el más significativo de los jugadores rojiblancos que abandonaron el club aquel año, descontentos con la política de la directiva, marchando al eterno rival con el consiguiente terremoto futbolístico. Un año más tarde, Luis Olaso, el capitán rojiblanco, seguiría a Triana en su marcha a Chamartín por motivos similares.

Debutó en la Liga española de fútbol con el Real Madrid en la temporada 1928-29. “Quien se quiera divertir, que vaya a ver a jugar a Monchín Triana” decía don Santiago Bernabéu, quien, muchos años después, aseguraba que era el mejor jugador que había visto en su vida, pero su paso por el club blanco coincidió ya con la recta final de su carrera futbolística, que se prolongó hasta 1932. Con este equipo alcanzó dos finales más de la Copa del Rey, en 1929 y 1930. Triana jugó aquellas dos finales, pero no le acompañó la suerte y el Real Madrid perdió ambas por la mínima. Triana marcó un gol en la final de 1930 frente al Athletic Club. En la Liga jugó 20 partidos para el Real Madrid durante 4 temporadas; titular en su primera temporada, suplente en las tres siguientes. Sin embargo, participó en el partido en el que el Real Madrid obtuvo, en la temporada 1931-32, su primer título de Liga de la historia madridista.

Hasta aquí su biografía en su faceta deportiva. Completar la misma en sus aspectos vivenciales implica volver a reflejar la barbarie que sufrió Madrid en aquellos años.

Miembro de una familia muy religiosa, Monchín se crió en pleno barrio de Salamanca, lo mejor del Madrid de entonces. En los números 16, 46 y 96 de la calle Serrano, tuvo casa la familia Triana y entronizada en cualquiera de ellas, siempre la imagen del Sagrado Corazón del que el cabeza de familia D. Luis Triana era  secretario general de la Cofradía de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón. Tras el levantamiento del 18 de julio de 1936, los milicianos realizaron frecuentes registros en busca de los tres hermanos: Ramón, Enrique e Ignacio, que se convirtieron en rotundos fracasos. Un día llegó el ultimátum: o en tres horas aparecían todos los varones Triana o se llevaban a la checa de Cuatro Caminos a la madre y a las hermanas. Las mujeres de la familia escaparon a esconderse en casas de sus familiares. Los milicianos, al encontrar la casa vacía, montaron en cólera, arrasaron la vivienda y arrastraron y quemaron por la calle Serrano las imágenes religiosas que encontraron.

Monchin Triana con uniforme del Real Madrid

Monchin Triana con uniforme del Real Madrid

Avisado de lo ocurrido, un familiar perteneciente al Partido Comunista, escondió en su casa al padre, y decidió que lo mejor era que los tres hermanos se presentaran ante las autoridades que les reclamaban. Confiaba en que no se les encontrara vínculo alguno ni con asociaciones religiosas ni con los quintacolumnistas y, sobre todo, creía que la enorme popularidad que había alcanzado Monchín como jugador del Real Madrid, un ídolo en la época, les salvaría. De modo que este ingenuo comunista les animó a entregarse voluntariamente a las autoridades que dirigían la Junta de Defensa de la capital, las cuales sin formularles ninguna pregunta ni acusación, les encarcelaron en la Cárcel Modelo de Madrid y sin juicio, fueron condenados a muerte sin saber de qué se les acusaba.

En el patio de la prisión, para que el tiempo pasara más rápido y no pensar en lo que les esperaba, los detenidos organizaban partidos de fútbol. Allí coincidió con Ricardo Zamora “el Divino”; a los dos les había llevado a la cárcel la misma acusación gravísima en el Madrid rojo que hizo frente al levantamiento militar: ser monárquicos y católicos. Pocas cosas había peores en aquel Madrid colérico y febril  en el que los soviéticos se iban adueñando de las decisiones. Zamora era columnista habitual del diario YA, perteneciente a Editorial Católica (suspendido dos días después del levantamiento militar del 18 de julio de 1936). Triana era uno de los rostros más conocidos de la sociedad madrileña, motivos más que suficientes para ser considerados ambos, al menos, sospechosos.

Después de ver desde la cárcel los combates próximos a la Casa de Campo, el repliegue de los nacionales hizo comprender a los presos de la Modelo que no había futuro para ellos. La presencia de las tropas franquistas cerca de la capital había desatado tal paranoia entre los comunistas, que decidieron ejecutar en pocas horas al mayor número de presos posible, sin mirar qué cargos pesaban sobre los detenidos. Un tal Miguel Martínez (el historiador irlandés Ian Gibson lo identifica con Mihail Kolstov, un agente soviético enviado por Stalin que acabaría siendo ejecutado en Moscú por actividades antisoviéticas durante las purgas de  1940) convenció, sin que le costara mucho esfuerzo, a través de Amor Nuño, a los milicianos de la CNT para que colaboraran ampliamente en la eliminación de enemigos lo antes posible y desocupar las prisiones. Se afanaron tanto en ello, que entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936 realizaron 33 sacas[1] con un total de 2.500 personas.

Las matanzas de Paracuellos son consideradas las de mayor dimensión de las que tuvieron lugar en la retaguardia de la zona republicana. Se realizaron fingiendo traslados de presos relacionados en listas elaboradas bajo membrete de la Dirección General de Seguridad, con notificaciones de traslado o libertad (es lo que se conoce con el nombre de saca). Conviene recordar que la Junta de Defensa de Madrid constituida en la madrugada del 7 de noviembre de 1936, nombró consejero, (es decir, director) de Orden Público, con amplios poderes a Santiago Carrillo Solares, quien estuvo ayudado, a veces, por Segundo Serrano Poncela, situado inmediatamente a sus órdenes y en otras por José Cazorla. Todos comunistas, a los que hay que añadir, por su gran labor instigadora, a la, primero socialista y luego ferviente estalinista, Margarita Nelken, (a quien algunos pretender rehabilitar queriendo ignorar la gran participación que tuvo en la realización de los asesinatos). Cuando los comunistas intentaron achacar a los ácratas la oleada de asesinatos para lavar su imagen ante la opinión internacional, el anarquista García Oliver, denunció en su libro de memorias “El eco de los pasos” la reiterada labor que como organizadora de ajustes de cuentas y “paseos”, de “acción terrorista irresponsable” realizó y amenazó entonces con sacar documentación que  “implicaría a todos los integrantes de las chekas, empezando por Margarita Nelken y sus jóvenes socialistas unificados”, y darlos a conocer a la prensa extranjera.

Los convoyes mencionados anteriormente, eran desviados hacia los lugares del arroyo San José, en la vega del río Jarama, y a un caz o canal de irrigación fuera de uso, en la vega del río Henares donde miles de prisioneros custodiados sin amparo legal ni acusación formal, fueron asesinados. Entre ellos se encontraban militares que habían participado en la sublevación o que no se habían incorporado a la defensa de la República, falangistas, religiosos, militantes de la derecha, burgueses y otras personas que, en su inmensa mayoría, habían sido detenidas por ser consideradas como partidarias de la sublevación, y, por tanto, estimados presos fascistas, es decir, elementos peligrosos que debían ser objeto de ejecución inmediata.

El camposanto de Paracuellos en la actualidad

El camposanto de Paracuellos en la actualidad

En la madrugada del 7 de noviembre, Monchín Triana fue transportado, desde la Cárcel Modelo, en un camión.  Junto a él, entre otros, iban hacía la carretera que lleva a Barajas el periodista Manuel Delgado Barreto, director del diario La Nación, y el Jefe Territorial de la Falange Española de Galicia, Juan Canalejo. Apenas hora y media después fueron fusilados en Paracuellos. La Modelo, en la que había cerca de 5.000 presos, quedó vacía en apenas dos días y pasó a convertirse en cuartel general de los hombres de Buenaventura Durruti. Los hermanos de Monchín fueron trasladados a la cárcel sita en la calle General Díaz Porlier, desde donde también pasaron a formar parte de los  masacrados en Paracuellos.

Las hermanas y el padre, gracias a la intercesión de aquél familiar comunista, pudieron, primero encontrar asilo en la Embajada de Cuba, y luego salir de Madrid. Don Luis se enteró en Francia de la muerte de sus tres hijos varones. Teresa y Pilar, las hijas, se instalaron en San Sebastián. La segunda entró en un convento. Teresa regresó a Madrid al acabar la Guerra Civil, donde encontró su casa en Serrano 96 ocupada por una familia de refugiados, ante lo cual, decidió no reclamar su propiedad porque hubiera significado echar a esa familia a la calle y prefirió instalarse en la calle Génova.

Por la caprichosa  veleidad de la condición humana, uno de los sobrinos de Monchín Triana, Fernando, se convirtió en furibundo antifranquista vinculado a los grupos de izquierda, herederos de aquellos que años atrás destrozaron a su familia. Su pertenencia a los movimientos más violentamente contrarios al régimen, le valieron que un día le llegara un aviso urgente: “Sal de España, por tu bien”. No lo dudó. Se marchó a Nicaragua, donde entró a formar parte de la guerrilla antiestadounidense, y desde allí se trasladó a México.

Entre 1952 y 1968, MARCA y el diario ARRIBA entregaron el Trofeo Monchín Triana, (“el rey del regate” o el “Kopa de los años 20”), que premiaba la deportividad y la fidelidad a su equipo. El primer ganador fue Antonio Puchades, del Valencia, y el último, el zaragocista Enrique Yarza.

Sirvan estas líneas de humilde recuerdo a un miembro del primer Madrid campeón de Liga (1932) cuyos triunfos no le preservaron de morir a manos de vándalos y sanguinarios destructores de vidas y haciendas por el sólo hecho de ser monárquico y católico. REQUIESCAT IN PACE


[1] De acuerdo con las conclusiones del historiador Javier Cervera, otras sacas que tuvieron como razón el “traslado” de presos  a Alcalá de Henares, llegaron efectivamente a su destino  sanas y salvas.

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