La democracia y la justicia

Fernando Pascual | fpa@arcol.org

La democracia y la justicia

El título iba a ser “Democracia o justicia”, pero podría llevar a malentendidos. El punto es sencillo: ¿qué relación existe entre democracia y justicia? Para responder, la mirada tiene que alargarse y afrontar una pregunta previa: ¿qué relación existe entre un sistema político cualquiera y la justicia? La respuesta se articula en dos niveles. Primero: en el mismo sistema. Segundo, en quienes asumen la responsabilidad de ser gobernantes según las metas que se propongan.

Existen sistemas políticos que están dañados en su misma estructura. Es decir, hay formas de gobierno y de participación que nacen heridas de muerte, porque implican discriminaciones, exclusiones, marginación de grupos, supresión de derechos básicos de seres humanos.

Por eso se puede hablar de sistemas políticos intrínsecamente injustos, es decir, sistemas que desde leyes y desde estructuras promueven y mantienen situaciones de daño más o menos grave hacia las personas. Como también existen sistemas políticos más justos, orientados a servir a la gente y a conseguir mejoras reales en la vida social.

El segundo nivel se refiere a los gobernantes. Un sistema estructuralmente  injusto puede tener gobernantes que busquen paliar daños, que promuevan algo de bien entre la gente a pesar de las leyes. Al mismo tiempo, un sistema estructuralmente justo (o menos injusto) puede tener gobernantes corrompidos, cobardes, ambiciosos, prepotentes, que provocan enormes daños a las personas y a los grupos.

Lo ideal (es bueno no dejar de lado ideales a la hora de vivir) sería encontrar un sistema con una estructura sana y con gobernantes buenos.

Volvamos a las dos palabras del inicio: democracia y justicia. ¿Es la democracia un sistema bueno? Y quienes son elegidos, según leyes electorales complejas y que provocan enormes discusiones, ¿tienen un nivel de honestidad y un amor a la justicia suficientes como para promover el bien de la sociedad?

Si no afrontamos estas preguntas, no tiene mucho sentido alabar a quienes promueven la consolidación de la democracia si antes no hemos analizado si este sistema supuestamente democrático sea justo, y si los que gobiernan están preparados y poseen una actitud ética suficiente para las responsabilidades que asumen ante quienes esperan pan, trabajo, seguridad, y un mayor respeto a los derechos fundamentales de todos.

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