España colonia de Cataluña

España colonia de Cataluña

En una entrevista realizada a Francesc Homs (portavoz de la Generalidad) decía ”estar orgulloso de un país (por Cataluña) que toma iniciativa y decide por él mismo. Y esto es para los que defendemos la idea de autogobierno, no esperar a que te digan desde fuera exactamente lo que se ha de hacer. Aquí nos estamos comportando con una lógica que tantas veces en la historia de nuestro país (por Cataluña) se ha repetido, que es que aquí nosotros en el terreno de la economía, para ajustar los gastos a los ingresos, hacemos lo que sabemos que se ha de hacer (….) Si los otros no hacen los deberes, es como si me preguntase si estamos igual o peor que los griegos o que los italianos, ¿qué quiere que le diga? Aquí (en Cataluña) hubo una gente en el siglo XIX que decidió hacer la revolución industrial, mientras pastoreaban cabras en otros lugares del Estado español y ni se lo plantearon. Pues mire nosotros somos así, la gente de este país (por Cataluña), ante la adversidad, ante las situaciones de dificultad, se ponen a tomar medidas e iniciativas, no esperamos que nos lo digan desde Madrid. (…) Otros países, los que van bien en Europa, sí que han tomado decisiones hace tiempo, Es decir, o miramos a Andalucía o miramos a los alemanes”[1].

Unas consideraciones al respecto para ampliar a don Francisco Homs su conocimiento de la verdadera realidad histórica:

*Habla de Cataluña como país y como estoy segura que no utiliza esa palabra en el sentido en que lo hacen los artistas, es decir, país=paisaje, sino más bien al concepto de Nación, asociado a estado soberano, debo aclararle que Barcelona sólo fue condado y que Cataluña tuvo entidad como tal al integrarse los condados de la zona, en la Corona de Aragón con la boda de la reina niña Petronila. La reina ponía la corona y el conde Ramón Berenguer IV, la espada; de modo que cuando éste falleció, su primogénito el príncipe Alfonso, siguió siendo conde que era lo que el infante podía heredar de su padre, hasta que dos años más tarde la reina otorgó testamento de su reino, en cuyo momento, su hijo se convirtió en Alfonso II, rey de Aragón y conde de Barcelona. Por cierto, los otros tres hijos de la reina Petronila y el conde de Barcelona (don Pedro, doña Dulce y don Sancho),  llevaron los títulos de príncipes de Aragón.

*Respecto a su manifiesto y desbordante orgullo sobre su decidida actitud de que siempre saben lo que tienen que hacer, dando a entender que se lo deben a ellos mismos, por su propio esfuerzo, porque  ”Aquí (en Cataluña) hubo una gente en el siglo XIX que decidió hacer la revolución industrial, mientras pastoreaban cabras en otros lugares del Estado español y ni se lo plantearon”. Tampoco es cierto, porque, por razones políticas, siempre han conseguido grandes beneficios a costa de los demás españoles.Permítame explicarle en qué ha consistido y cómo han logrado la revolución industrial a la que alude:

Desde mediados del siglo XIX Cataluña ha sabido trabar a las mil maravillas sus problemas económicos con la política general española. Por una parte, encabezó la política proteccionista: triunfó en la pelea por el arancel, gracias a lo cual consiguió ventajas notables sobre otras zonas de industrialización naciente, como por ejemplo Béjar o Andalucía, que quedó apartada definitivamente de los puestos clave de ese desarrollo.

Y le informo que el centro pañero de Béjar, relevante ya en el siglo XVIII, porque por entonces producía 86.274 varas de paño fino,  ̶ y también los de Piedrahita y Hervás, éstos algo más bastos, ̶  llegaron a conseguir contratas para surtir de paños a las Reales Guardias Españolas y Walonas y otros diversos cuerpos del Ejército y a establecer escuelas de hilatura en las zonas de las Hurdes y en la de Alba de Tormes. Esto implicaba que el volumen de su producción, comparado con el de otros centros que tejían géneros de calidades similares, se situaba en torno a la mitad del de Segovia o Alcoy, pero duplicaba al de Terrassa, la zona de Igualada o las fábricas reales de Guadalajara-Brihuega, en el XIX configurándose como contrapeso a la hegemonía catalana en el sector textil lanero español.[2]

La industria en Andalucía también tuvo un importante peso en la economía española durante el siglo XIX. En 1856, Andalucía era la segunda región española en cuanto a grado de industrialización. Un siglo más tarde estaba ya prácticamente a la cola, con un índice de industrialización inferior al 50 por 100 del nivel medio español. Mientras que entre 1856 y 1900 Andalucía tenía un índice de industrialización superior a la media nacional en las ramas de alimentación, metalurgia, química y cerámica, a partir de 1915 esta supremacía se redujo a las ramas de alimentación y química. Los prometedores inicios del sector siderometalúrgico y textil en la provincia de Málaga  o del sector agroalimentario en Cádiz, Granada y Málaga en el siglo XIX, quedaron frustrados como el desarrollo de la industria en Béjar y no por haberse dedicado a cuidar cabras (Homs dixit), sino por la política proteccionista del Estado español a favor de Cataluña.

Llegados a este punto, consideramos necesario informar  al señor Homs y a esa parte de catalanes ignorantes lo que fue la evolución de su política común con los demás españoles. Esto nunca lo contará TV-3, ni RAC 1.

Finalizada la Guerra de Sucesión, que no de Secesión (¡la importancia de una humilde vocal en la manipulación del lenguaje!), Felipe V, en su primera visita a Barcelona fue recibido por los “notables” catalanes que le hablaron en español. Un Tercio de soldados castellanos defendió Barcelona en 1714 de la invasión borbónica. Y, en el otro bando, varios Tercios y Regimientos de soldados catalanes lucharon a favor de Felipe V en la misma guerra. Felipe V encomendó a catalanes su guardia pretoriana, su protección personal, tras la Guerra de Sucesión. Fue la Compañía de Granaderos, propiamente catalana, cuyo himno se convirtió con posterioridad en el actual himno de España. Anuló con sus decretos de “Nueva Planta”, en 1717, muchos de los privilegios, que provenían de los antiguos fueros de Cataluña, sí, ciertamente, pero con el fin de igualar los impuestos al promover una legislación más homogénea, por lo que suprimió las aduanas interiores entre los antiguos reinos españoles. Esta circunstancia, al liberalizar el comercio interior, fue decisiva para el enriquecimiento de Cataluña, que aumentó la cantidad de sus “colonos-clientes”, la mano de obra del resto de España, ésa a la que despectivamente llaman charnegos.

En los siguientes siglos va a tener lugar una auténtica guerra con distintas batallas, casi todas ganadas por Cataluña. Nos referimos a las leyes de aduanas exteriores con sus limitaciones para importar y con muy altos aranceles. Así el Código de Comercio de 1829, con su proteccionismo a la industria catalana, perjudicó notablemente el crecimiento económico del resto de España.Andalucía, Béjar y algunas otras zonas de menor empuje industrial, quedaron apartadas definitivamente de los puestos clave de ese progreso.

Como muestra de lo que ese exacerbado proteccionismo significó para el desarrollo de la economía española, valen las observaciones de un turista ilustre que viajó por España en 1840. Stendhal, que es el nombre del personaje al que nos referimos, escribió en su libro de “Memorias”: “A los catalanes les encantan las leyes que obligan a cualquier súbdito español a pagar tres francos por una vara de un mal paño catalán, cuando podrían obtener un magnífico paño inglés al precio de un franco por vara”.

Esta política proteccionista tenía una proyección ultramarina, particularmente hacia Cuba. De hecho, parte notable del problema cubano derivó de ahí. La isla vendía a precios internacionales el azúcar y el tabaco, pero tenía que adquirir productos españoles, y en ello Cataluña desempeñó un papel fundamental. En relación con Cuba surgieron mil actividades y nombres catalanes, que quedarán ahí para siempre, desde Bacardí a Partagás. Que la alta burguesía de La Habana ofreciese, en plena calle, un fajín de general al caudillo separatista Maceo se debe, en buena medida, precisamente a esa conexión peninsular con ventajas para el mundo empresarial catalán[3].

En 1869, Laureano Figuerola, ministro de Hacienda unificó el sistema monetario creando la peseta como moneda nacional, al tiempo que implantó el famoso arancel. No obstante, a pesar de las ayudas recibidas, no todo fueron beneficios en esta etapa aunque nunca fueron achacables al resto de españoles. Hubo un momento, que ha quedado en la historia económica con el nombre de la febre d’or, (1879) en que se produjo una burbuja especulativa con acciones de bancos. Quien abría una entidad crediticia veía que ante sus puertas se aglomeraba la gente… no para llevar dinero o para pedir crédito, sino para comprar acciones, porque los condicionantes económicos favorecieron la proliferación de la burguesía catalana por motivos especulativos en el último cuarto del siglo XIX. Hasta los masones pusieron en marcha la Banca de los Caballeros Kadosh[4].

El gobierno de 1892 de Cánovas (proteccionista), y el de Amós Salvador de 1906, el más protector de todos, además de proteger a la industria catalana, rechazaban los tratados comerciales que incluían las exportaciones agrícolas del resto de España.

Por el desastre de 1898 todo esto desapareció, pero no los movimientos catalanes para preservar sus negocios. Cuando, para poner orden en la Hacienda desequilibrada por la guerra, Fernández Villaverde decide un aumento impositivo para compensar el déficit; en Cataluña, (siempre tan singular) surge la réplica del Tancament de Caixes, (cierre de cajas) nombre con el que se conoció la protesta de comerciantes e industriales contra el ministro de Hacienda del gobierno de Francisco Silvela. Consistió en dar de baja a los establecimientos comerciales e industriales para dejar de pagar la contribución de modo que cuando Hacienda interviniese el negocio afectado y lo sacase a subasta, todo el mundo se abstendría de comprarlo, siquiera por una humilde peseta. Sin haber pagado nada al Fisco, el antiguo dueño volvería a hacerse cargo él. Encabezó la protesta el propio alcalde de la ciudad, el doctor Bartomeu Robert.

El crecimiento catalán estuvo, además, favorecido por la llegada de la filoxera a Francia que permitió ampliar las exportaciones de vino de Cataluña a Francia, lo que a su vez impulsó la industria catalana. Esta situación acabó en el momento en que la filoxera llegó a Cataluña. En ese momento los bancos quebraron porque no tenían reservas para cubrir las retiradas de efectivo por parte de los clientes en un contexto de pérdida de confianza por parte de los depositantes. El estallido de la burbuja hundió muchas fortunas. El Banco de Barcelona se vino abajo al concluir la I Guerra Mundial. El abandono de las entidades crediticias se acentuó. A fin de salvar lo que se pudiera salvar, Cambó pergeñó la Ley de Ordenación Bancaria de 1921, una serie de normas que condicionarían decisivamente la evolución de la economía española durante varias décadas.

La financiación de la exportación de productos catalanes al resto de la nación se hacía mediante bancos radicados en Madrid y Bilbao, pero aseguraba, junto con el proteccionismo –acentuado precisamente por Cambó–, la creación de un sistema autárquico, según expresión del gran economista catalán Perpiñá Grau, que beneficiaba de modo extraordinario la actividad industrial catalana.

Cambó decretó en la nueva regulación de 1922 la tarifa Cambó. El mismo año promulgó la “Ley de quiebras para salvar la banca arruinada de Barcelona y al tiempo “para regalar un arancel ultraproteccionista a la industria de Cataluña, todo ello, a costa del resto de España.

Su papel en la defensa de los intereses económicos de Cataluña se había hecho palpable en plena Gran Guerra, en que los beneficios de los industriales catalanes –y los de toda España– coexistían con la muy mala situación del mundo proletario. El ministro Alba decidió crear un impuesto sobre los beneficios extraordinarios generados por la contienda para disponer de medios de ayuda a los desheredados lo que habría sido beneficioso para la nación entera. Sin embargo chocó, y perdió en el choque, contra Cambó, quien pretendió, y consiguió, que siguieran las leyes proteccionistas que favorecían solamente a Cataluña. Jesús Pabón relata magníficamente cómo el dirigente catalán recorrió España para encontrar apoyos –desde Ramón de la Sota y el naciente nacionalismo capitalista vasco hasta el marqués de Comillas, sin olvidar a los carboneros vinculados a Melquíades Álvarez–, y en el Congreso de los Diputados pronunciará un duro discurso. Cuando un correligionario le preguntó hasta dónde debería llegarse, contestó: “Hasta los fosos de Montjuich”; en interpretación suave y contenida, podemos pensar que el sentido de la frase era amenazar con el separatismo abiertamente. Alba fue finalmente derrotado.

Primo de Rivera, apoyado por Alfonso XIII y por la burguesía catalana, proclama su Dictadura en septiembre de 1923. Santiago Alba, simplemente por su regeracionismo liberal, pasaba en Barcelona por ser la más viva representación del centralismo castellano; pretendió unos aranceles de aduanas de tendencia librecambista … en contraste con el viejo proteccionismo canovista para el textil. Primo de Rivera declaraba un día después de la proclamación de su dictadura: “En Barcelona, señores, el ambiente era fatal. Todos cuantos industriales y comerciantes me visitaron ese día, repetían alarmadísimos sus quejas contra el señor Alba: “Es un lladre, es un lladre”, me decían todos”. El tal lladre (don Santiago Alba Bonifaz) trataba de rebajar los injustos privilegios económicos de la industria y el comercio catalanes. ¡Eso era indignante!, sobre todo porque, justamente, trataba de mejorar la situación del resto de España.

Miguel Primo de Rivera siguió la ya inveterada senda de protección para los productos catalanes. Seguimos a Tamames: “Con la dictadura comenzó un periodo muy activo de proteccionismo. Concretamente: la política aduanera se tradujo en el reforzamiento del arancel Cambó de 1922, al que se acumularon fuertes elevaciones de derechos entre 1926 y 1928”.

Después con el general Francisco Franco: ¿Ha sido posible nunca aumentar el grado de proteccionismo? El trigo estaba tasado, la implantación de nuevas industrias “reguladísima”, los productos industriales catalanes y vascos, sin competencia posible de la producción extranjera, en plan monopolístico, se vendían con total libertad de precios. ¿Caben mayores ayudas para el enriquecimiento de esas dos regiones? ¿Es posible que en esas condiciones prosperen las demás? ¿No se parece muchísimo esa situación de tantos privilegios a un protectorado económico sobre las otras regiones?¿De qué se quejan, pues? Ahora que no es posible la prohibición de importaciones por nuestra pertenencia a la CEE… ¡pretenden “de facto” una casi total independencia política!

El catalanismo siempre quiso ir de la mano con la búsqueda del máximo beneficio económico, como se observa. La base de todo era el control del mercado español. Pero he aquí que desde 1959, éste comenzó a abrirse al exterior. Pronto comenzaron las quejas catalanas desde otro marco, el de la Hacienda. Las balanzas fiscales fueron investigadas por Trías Fargas, y llegó a la conclusión de que Cataluña financiaba la prosperidad de otras regiones de España. Los estudios serios mostraron la falsedad de esta tesis, pero poco importó la veracidad científica. La insistente mentira se alzó como una bandera.

Todos estos datos han tratado de ser borrados por los catalanistas con medias verdades, muchas mentiras y una constante manipulación del lenguaje. No obstante, los hechos ponen claramente de relieve:

a)      que es una calumnia el mantra de los gobernantes catalanes del “España nos roba” y

b)      que es mucho más cierto, señor Homs, que como dice la web de aragonliberal, España ha sido (pero no quiere seguir siendo) colonia de Cataluña.


[1] Francesc Homs en entrevista a RAC1 publicada en lavozdebarcelona.com 23/11/2011

[2] ROSA ROS MASSANA: “Gremios y empresas en la industria lanera de Béjar”

[3]Juan Velarde:  “Cataluña: los planteamientos incomprensibles” L.D. 26/12/2012

[4] Ibidem

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