New Age. El desafío

Por Fernando Pascual | fpa@arcol.org

New Age. El desafío

Estudiar el gran árbol de la New Age no resulta fácil, por la complejidad de sus ramas y por la abundancia de propuestas y técnicas que pueden quedar encuadradas bajo esta expresión. Por eso el libro del padre Gonzalo Len, sacerdote del Sodalitium Christianae Vitae, puede ser de ayuda para comprender y adquirir una visión de conjunto ante el desafío que plantea esta gran corriente cultural.

La obra tiene una clara intención evangelizadora: no se limita a analizar y comprender, sino que busca encontrar pistas de acción pastoral frente a los retos que pone, para los creyentes en Cristo, la multiplicidad ideológica que sostiene el fenómeno New Age.

Al inicio encontramos un prólogo de monseñor Raúl Berzosa, estudioso de la New Age desde hace años, además de una introducción del Autor. El volumen está organizado en tres partes. La primera intenta comprender qué es la New Age. La segunda valora, desde la fe, este difícil fenómeno de nuestro tiempo. La tercera fija su atención en los desafíos que la New Age pone a la nueva evangelización (tal y como es actualmente promovida desde la Iglesia católica).

Ya en el prólogo, Raúl Berzosa ofrece una primera valoración sobre la New Age, vista como un reto a las grandes religiones y, más en concreto, como una especie de «alternativa» que pretende suplantar, en aspectos esenciales, los pilares sobre los que se construye el cristianismo (cf. especialmente pp. 13-14).

La introducción plantea los argumentos principales y facilita al lector un resumen de la obra. Gonzalo Len da a entender que no existe una única New Age, sino varias (p. 22). Además, señala que este fenómeno, que se presenta como terapia y alternativa a un mundo que considera en crisis, no es sino una expresión más de ese mismo mundo al que se pretende criticar sin llegar, seriamente, a superarlo (p. 22), una idea que reaparece en varias ocasiones a lo largo del volumen.

Fijémonos ahora en algunos contenidos. En la primera parte, como ha sido dicho, se busca comprender el fenómeno New Age, sea desde su recorrido histórico (personas o instituciones que le han dado vida), sea desde las ideas y prácticas que la componen. No estamos ante una realidad homogénea, fácilmente encuadrable, sino ante un complejo mundo de propuestas, algunas claramente incompatibles entre sí, aunque subyace en las mismas un fondo común (p. 26).

Ese fondo común se caracteriza, en pocas palabras, en el hecho de ofrecer técnicas y principios que sirvan como alternativa a un modelo cultural que es visto como algo ya superado (pp. 30, 81-82), con elementos de tipo milenarístico (pp. 61-66), y desde la elaboración de un nuevo paradigma que se puede describir como holístico, ecológico, místico, relativista y egocéntrico (pp. 67-81).

En esta primera parte también se intenta comprender la organización de la New Age, a través de la imagen de la red de redes, en la que no existen estructuras de cohesión o de mando, pero que permite establecer conexiones entre técnicas y propuestas diferentes según los gustos de las personas, las cuales no se sienten ligadas a una institución más o menos definida (pp. 83-86).

A continuación, Len analiza los fundamentos de la New Age (pp. 86-111), dando especial realce a su pretensión de presentarse como alternativa a un modo de pensar y de vivir en estado de crisis, especialmente por culpa del racionalismo y del mecanicismo surgidos en Europa desde el siglo XVI.

La segunda parte ofrece pistas para elaborar una crítica a la New Age, algo no fácil por el hecho de que muchos conceptos compatibles o incluso propios del cristianismo han sido adoptados (en una visión claramente distorsionada) en las muchas ramificaciones de la New Age (p. 114). Es aquí donde encontramos una de las reflexiones más agudas que ofrece el Autor: «la New Age no es distinta de aquello que critica. Es un producto más -al lado de otros tantos- en el supermercado hodierno […]: la New Age, más que la respuesta o la alternativa a nuestro tiempo, es en realidad un síntoma de esa cultura de muerte que describe y contra la que protesta» (pp. 118-119, cursivas en el texto; cf. la misma idea con otros matices en pp. 126-127, 137-140).

El Autor recalca cómo no estamos ante un auténtico regreso a Dios aunque se hable mucho de Él. Es cierto que la New Age busca llenar el vacío en el que tantas personas se encuentran por falta de una auténtica espiritualidad, pero no lo consigue realmente (pp. 119-122). De modo especial, se nota la ausencia de la idea de salvación, un punto neurálgico en el cristianismo, por el hecho de que cada uno escoge su propio camino de autosanación, lo cual sitúa a la New Age en relación directa con el pelagianismo (pp. 124-125, 130-131).

No todo son críticas, pues Len reconoce la presencia de elementos en algunas técnicas de la New Age que pueden tener efectos positivos y sanos (siempre que se separen de cualquier ideología anticatólica) en quienes recurren a ellas (p. 136).

Al entrar a la tercera parte, encontramos reflexiones sobre los retos que este fenómeno pone a la misión evangelizadora de la Iglesia católica. Para ello, hace falta responder a la pregunta: ¿por qué la New Age atrae a tantas personas? Se hace necesario señalar varias dimensiones en la respuesta: la necesidad de encontrar luz ante los grandes anhelos humanos, y la búsqueda de una superación de las dicotomías propias del hombre moderno (pp. 145-153).

Por lo mismo, no estamos ante una moda pasajera. Como subraya Gonzalo Len, la New Age es un sucedáneo, un producto que engaña a quien lo consume esperando satisfacer ciertas necesidades básicas; un producto que cuenta con 50 años de existencia y que ha permeado la cultura de muchas personas, «con el peligro añadido de confundir a más fieles y de indisponer a un mayor número de personas para el encuentro con el Señor Jesús» (p. 143, cf. p. 171).

Resulta especialmente grave un engaño que la New Age puede producir en sus seguidores: hacer creer que uno ha logrado una relación satisfactoria con Dios (un Dios a la medida del propio punto de vista). De esta forma, el alma deja de buscar respuestas verdaderas, aquellas que sólo pueden ser encontradas gracias a la venida de Cristo, Hijo de Dios, entre los hombres (pp. 160-162).

Frente a los retos de la New Age, hace falta redescubrir «la dimensión apologética de nuestra fe. La New Age cuestiona suavemente, pero cuestiona y siembra dudas» (p. 166, cursiva en el texto).

En el epílogo, Gonzalo Len subraya uno de los grandes peligros de la New Age: que la gente pueda consumirla «sin ser consciente de que trae detrás una carga ideológica muy fuerte, capaz de socavar en las personas aspectos esenciales humanos y cristianos» (p. 170).

Al final encontramos una bibliografía esencial y un amplio glosario con nombres de autores, términos y técnicas que quedan englobadas bajo el gran manto de la New Age, por ejemplo el Reiki, las Flores de Bach, los cristales, la Gimnasia energética, el holismo, el yoga, y un largo etcétera.

En resumen, Gonzalo Len presenta al lector el reto que la New Age, desde sus múltiples y complejas facetas, pone al hombre moderno, un hombre que corre el peligro de acudir a sucedáneos que engañan y desorientan, cuando en realidad está necesitado hoy, como en cada época histórica, de un auténtico encuentro salvador con Cristo.

Datos de libro:

Título: New Age. El desafío.

Autor: Gonzalo Len

Editoral: STELLA MARIS, 2014 (www.editorialstellamaris.com)

Páginas: 224
ISBN: 9788416128006

PVP: 9,90 € (edición papel) y 4,15 (edición digital)

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