Un gobierno sin valores

La ausencia de principios morales pudre la vida española (Juan Pedro Quiñonero)

Un gobierno sin valores

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy ha confirmado que retira el anteproyecto de Ley Orgánica de Protección del Concebido y los Derechos de la Embarazada (Ley de reforma del aborto) que presentó el Ministerio de Justicia el pasado diciembre, porque considera que no ha habido consenso para sacarlo adelante y que, por ello, cree que ha tomado la decisión más sensata.

Según expresó en un programa de televisión un tertuliano, evidentemente de izquierdas, están contentos y exultantes porque “las españolas se acostarán esta noche disfrutando de más libertad”. Nunca he entendido que estos grupos tan “avanzados”, no aleccionen a sus damas sobre los métodos para no quedarse embarazadas, pero supongo que les resulta más fácil, en vez de controlar la causa, acabar con la consecuencia; es decir, matar al indefenso. Incongruentemente, luego asaltan al viandante pidiendo firmas y apoyo en defensa del lince ibérico o del halcón peregrino, que les produce, según se ve, mayor ternura y deseos de protección.

En la web del diario El País aparece un artículo que titula “Retrato de un presidente”, dedicado a aquél prócer (Zapatero), en el que se detallan las maravillosas medidas legislativas que adoptó: algunas solo de cara a la galería por su nula efectividad, otras, destructoras de la sociedad como la nueva ley de educación, o de matrimonio homosexual; o de la conciencia de país, como la de los “Papeles de Salamanca” o la malhadada por disgregadora, Ley de Memoria Histórica, (ninguna derogada por el presidente que mayor apoyo ha tenido en democracia). La peor de todas las leyes Zapatero, con mucho, es la infanticida Ley, defendida vivamente por la estulticia de la ministra Aído, que permite a una madre asesinar impunemente a su hijo. Es más, se considera que tiene derecho. ¡Derecho a asesinar! No es de extrañar que el jurado que intervino en el caso del doble asesinato de la parricida de Pilas se mostrara favorable al indulto, porque al final, en esta relativización a que nos empujan, la diferencia solo está en el lugar que ocupaban los bebés ¿Qué más da que los hijos estuvieran dentro o fuera de la madre, si a ésta le asiste el derecho a matarlos?.

Esta decisión me ha producido la misma tristeza y desazón que cuando la aprobación de dicha ley dio lugar a su alborozada celebración en el Congreso. No entendí entonces la alegría que mostraron, ni entiendo la que manifiestan ahora, porque se pongan como se pongan sus promotores, el aborto es un crimen. Cada vez que se provoca un aborto, se asesina a un ser humano. Dicen que con esta ley la mujer tiene más libertad. Más libertad porque se da carta blanca a seguir matandounos 300 nasciturus diarios. Recientemente, el Papa, visiblemente dolorido, comentó «los obispos españoles me han hablado de la cantidad de abortos en España que cifran en 112.390 abortos solo en 2012.¡¡Yo me quedé helado!», añadió. En esta línea, monseñor Reig Plá ha clamado por la necesidad de un partido político que defienda los valores éticos y morales. Como se esperaba ha recibido mandobles a diestro y siniestro.

Se habla de los exterminios sufridos en otros países. ¿Es que esto no es un genocidio? No tengo los datos de los niños masacrados desde que se permitió esta bárbara Ley; me gustaría compararlos con el exterminio turco, nazi o comunista. Según lo que dicen los que se llaman progres, esto es un signo de avance social, ¿se considera avance social el hecho de que nuestra especie sea la única que mata a sus congéneres impidiendo la regeneración de la misma?.

¿A qué grado de idiocia ha llegado esta clase política que no se da cuenta que con esta ley mataniños, mata el devenir de la sociedad española, mata el futuro? Estos próceres, padres de la Patria, (a no ser que sean tipo pujolista) ¿cómo creen que van a cobrar sus pensiones el día de mañana? ¿Cubrirán el hueco con los árabes?. Sabido es que más de un dirigente de una mezquita dijo que ganarían sus batallas con el vientre de sus mujeres…..Pues reflexionen ante las actitudes que éstos mantienen y piensen en el futuro que les espera, porque en España ya no queda ningún Don Pelayo.

Esta resolución del presidente nos plantea varias cuestiones más, como el acobardamiento demostrado por el Gobierno ante el ruido, griterío y presión de los miles de grupos de izquierdas o asimilados. Lejos de mí, defender a Rajoy pero no creo que haya sido por cobardía, sino por algo que considero aún peor: la falta de valores éticos y morales que no le permite ver la necesidad de proteger a la mujer embarazada e implementar medidas que sirvan para ayudarla a tener y criar a su hijo, en vez de gastar el dinero de los contribuyentes en quitarles la vida.

Y en esta línea de pérdida de valores aparece otra cuestión cual es el negocio de las clínicas abortistas que muevenmás de 50 millones de euros al año con estas intervenciones. Las cuentas oficiales de 2007, que es último año del que se tienen datos, revelan que en España se realizaron más de 112.000 abortos, aunque “se calcula que puede doblarse esta cifra, ya que hay muchísimos abortos ilegales que se cobran en B”. La cifra se tornaría en escandalosa si calculáramos que los informes oficiales manifiestan que desde que se despenalizó parcialmente el aborto en 1985 se han realizado 1,1 millones de abortos.

Denuncia la doctora Gádor que “este es el fraude de ley que se comete porque en realidad no se examina a la mujer desde el punto de vista psicológico y psiquiátrico. Muchas mujeres declaran que no les han preguntado nada, tan sólo que si duerme bien”. “Se incumple sistemáticamente el Real Decreto 20/49 que es el que regula el funcionamiento de los centros habilitados para abortos, que obliga a que te informen: consentimiento informado, secundarios, consecuencias físicas y psicológicas y alternativas. Todo esto no lo cuentan porque corren el riesgo de que la mujer decida no abortar”. Prevé que las cifras se van a disparar. La representante de esta plataforma pro vida lo argumenta así: “En España, con la legislación que tenemos, aborta quien quiere y siempre tienen que pagar, pero si encima se liberaliza y se convierte en un derecho en el que nadie tiene alegar ningún supuesto, esto, lógicamente, va a disparar el número de abortos y no va a solucionar el problema”.

Abortar en nuestro país cuesta entre 400 y 600 euros, pero las organizaciones pro vida matizan que “si la cliente/paciente se encuentra en un estado más avanzado pueden llegar hasta los 3.000 euros por los abortos tardíos, como cobraban en la clínica del médico Carlos Morín, en la que se realizaban abortos ilegales hasta el octavo mes de gestación”.[1] ¿No es esto un asesinato?

Lo peor es que el negocio lo tienen asegurado porque el 97 por ciento de los abortos que se realizan en nuestro país se practican en centros privados. Gádor Joya tiene muy claro por qué: “tan sólo el 3 por ciento de ellos se realizan en clínicas públicas, esto es así porque en la Sanidad pública se intenta cumplir la ley, no se quiere caer en fraude de ley y se intenta que las mujeres que aborten se ajusten a algunos de estos tres supuestos y a los requisitos que se precisan para poder abortar”. “Como los centros privados son un negocio, pasan mucho más por alto todos estos requisitos. Por otra parte, muchas de estas clínicas abortistas incumplen la ley para no perder clientes y acrecentar así su negocio”. La doctora Joya explica que “tiene que haber un informe por un psiquiatra independiente, pero nos encontramos con que muchas veces estos psicólogos y psiquiatras son parte implicada, es decir, son socios de los centros abortistas”. Hemos sabido de muchos “honorables”, que por avaricia han preferido el dinero a la honorabilidad. No podemos por ello dejar de preguntarnos cuántos de los defensores de los infanticidios se benefician, directa o indirectamente, por participación económica en las clínicas exterminadoras. El dios dinero hace descartar a los que «sobran», dice el Papa.

Se ha justificado la retirada de la reforma de la Ley en el hecho de que por las encuestas se veía que no había consenso social”. Daría risa si no fuera tan trágico. Si a consenso vamos, no creo que las encuestas aplaudieran otras leyes o decisiones controvertidas como la liberación de etarras y ni mucho menos la subida de impuestos, o aquellas que la izquierda ha prometido derogar en cuanto vuelva a la Moncloa, como la reforma laboral, o la reforma educativa. Sin embargo el presidente Rajoy lo hizo; no consideró necesario ese dichoso consenso.

Argumento similar es el de la retirada “por la conciliación”; es decir, recula para que quienes llenan las calles con sus algaradas y protestas, se sientan cómodos. ¡Dios nos asista! Viendo el éxito obtenido, los vociferantes volverán a la carga reavivando el tema de la eutanasia, como ya hicieron no hace tanto tiempo, tratando de convencer a la sociedad que con ello realizaban un bien social. Un bien social no creo, pero un bien para las arcas del Estado sí, porque la partida dedicada a pagar a los pensionistas aumenta mientras que disminuye la caja que,  para protegerlas, establecieron en pacto común PP y PSOE.

Y, por cierto, nunca he oído manifestarse al Defensor del Menor sobre este tema del aborto. ¿No entra en sus funciones, ̶ ésas por las que le pagamos, ̶  defender con mayor empeño al más pequeño y más indefenso de sus potenciales defendidos?

Este sistema político ha desembocado en la imposición de los criterios de una parte de la población sobre la otra, la cual se encuentra indefensa porque su presidente sigue las ideas de un antiguo alcalde socialista en Madrid, quien decía que “los programas electorales están para no cumplirlos”. Esa fuerza de la izquierda ha conseguido doblar el brazo al presidente del Gobierno de España con mayor respaldo electoral. Desconozco si se esforzó en el combate; más bien parece que, a pesar de llevar en su programa electoral la retirada de la ley de Zapatero, Rajoy decidió abatir columnas. Pensándolo bien, no nos extraña porque el PP se ha convertido en la “marca blanca” del PSOE, y es sabido, que no siempre son buenas.

Pero como la señora Joya precisó, “con esta decisión, Mariano Rajoy está reconociendo que no ganará las próximas elecciones, pues asume que detrás de él vendrá otro que cambiará sus leyes”. Y no sé si le importa o no, pero este ejecutivo (que solo ejecuta a su base electoral), debe saber que muchos de aquellos 11 millones que le votamos, estamos hartos, frustrados y decepcionados, por su dejación, su inacción y su traición porque en sus casi cuatro años de mandato no ha derogado ninguna de las malhadadas leyes ni solucionado ninguno de los múltiples problemas dejados por el inefable (inefable porque nos dejó hasta sin habla), el ex presidente Zapatero.


[1] Datos expresados por la portavoz de Derecho a Vivir (DAV), Gádor Joya, ha explicado a EL IMPARCIAL

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