Francia la batalla de los católicos

La publicación amiga Guión Real publica un interesante artículo que reproducimos a continuación.

Francia la batalla de los católicos

Publicado originalmente en Guión Real.


En estos meses, el pulso ha cobrado intensidad en Francia porque la minoría anticristiana teme perder el control de las masas, debido a la audacia de la minoría católica activa.

Por Alberto Elías

 Lo del otro lado delos Pirineos nos alecciona porque ilustra lo que pasa en todo el antiguo “occidente”:Francia va por delante en el forcejeo provocado por la gran apostasía que, en las naciones europeas, es ahora un pulso entre las minorías al servicio del NOM, que controlan las superestructuras, y la mayoría de la población que mantiene con dificultad reflejos cristianos. Un pulso entre unos pocos, dueños de los resortes políticos, económicos y culturales, y otros – que serían más en teoría – desprovistos de medios, aunque ricos por la experiencia de más dos siglos de lucha.

En estos meses, el pulso ha cobrado intensidad en Francia porque la minoría anticristiana teme perder el control de las masas, debido a la audacia de la minoría católica activa, y está redoblando la presión a través de los medios, para mantener a los sectores con menos criterio alejados de la influencia cristiana.

     Es un pulso de lo que resta de civilización contra el rodillo mediático, que ha logrado hacer del hedonismo, de la mentira y del ocultamiento, sus ejercicios cotidianos; sin darse tregua. Varios grandes medios “de comunicación” han desarrollado un auténtico arte de interpretación sesgada de la realidad, capaz de desorientar, de manera programada, el criterio de la población.

     El mérito de los católicos es muy grande, porque se baten no solo en inferioridad de medios materiales, sino, sobre todo, desasistidos del aparato oficial de la Iglesia, cuyo poder es todavía fuertepero se encuentra mediatizado y bloqueado.
La indefinición de los organismos episcopales, cultivada con habilidad desde distintas influencias, hace que los apoyos a la acción sean muy contados, casi excepcionales. Y a esa indefinición, que se traduce en pasividad frente a las medidas anticristianas, se le suma ahora la nebulosa de una espiritualidad acaramelada, que invoca orígenes romanos y desconcierta el modus operandi de varios medios. Sobre todo de los más directamente ligados a las instituciones eclesiales.

     Un ejemplo de esta nebulosa aparece en la síntesis elaborada por la pastoral de las familias de la archidiócesis de Lyon, con vistas al Sínodo de octubre: Con un lenguaje que conjuga el “celo catequético” y la “caridad” se abren las puertas a la comunión eucarística de los divorciados y a la “homo-sensibilidad”, reñidas con las advertencias del Evangelio.Parece una muestra inicial de la dialéctica que se prepara, en la que motivos evangélicos sacados de contexto y potenciados sentimentalmente servirán para tergiversar la Palabra de Jesucristopervirtiendo su sentido.

     El ejemplo es significativo por tratarse de la archidiócesis del cardenal Philippe Barbarin, primado de las Galias y figura influyente del sector “moderado” del episcopado; del cual depende la diócesis de Belley-Ars, donde fue suprimido el culto eucarístico en febrero pasado a causa de las profanaciones.

     En el resto de Francia surgen, además, encuentros y diálogos netamente laicistas, pero, eso sí, revestidos de “misericordia”: La apariencia religiosa sincretista no les impide exhibir todo tipo de avales jerárquicos o, en el mejor de los casos, beneficiarse de silencios consentidores. Con ello se van delineando rápidamente dos corrientes netamente diferenciadas:
Una realmente evangélica, porque su caridad se traduce en signo de contradicción frente al mundo y porque afronta resueltamente el acoso y la persecución. Y otra disfrazada de cristianismo, pero cuyo verdadero motor es el alineamiento, poco o nada disimulado, con la cultura dominante.

     No se ha producido una fractura dentro del catolicismo francés – aparte la antigua del lefevbrismo – aunque sí puede hablarse de “cierta tensión en los sectores más comprometidos”. Tensión que se manifiesta con la necesidad de elección entre actitudes y talantes contrapuestos. En este sentido, el gran acierto de las entidades más combativas ha sido su presencia diversificada en los distintos frentes sociales, capaz de proponer opciones audaces y fundamentadas. La experiencia de décadas de esterilidad ocasionada por las divisiones y rivalidades, ha proporcionado a los católicos franceses un espíritu nuevo, de solidaridad y colaboración, que comienza ahora a dar sus frutos.

    La agresividad musulmana en Oriente Medio ha sido también un aldabonazo para el catolicismo francés. El avance de la Yihad tenía que impactar necesariamente a un pueblo relacionado históricamente con los musulmanes y hoy penetrado por ellos en su propio territorio. Un pueblo al que la república sectaria ha engañado con su “laicidad pluralista”, hasta despojarle por completo de su preponderancia: La mayoría cristiana y su arraigo histórico se ven hoy desafiados hasta un límite definitivo, de proyección escatológica.

   Un ejemplo entre muchos es la censura por los organismos públicos de anuncios publicitarios tildados de confesionales: La RATP
(Compañía Arrendataria Autónoma de los Transportes Parisienses)hizo retirar los carteles de promoción de un concierto benéfico, por la leyenda “en favor de los cristianos de Oriente”. Y los tribunales “republicanos” dieron la razón a la RATP, acogedora en cambio de otras publicidades anti-matrimonio, anti-familia, o promotoras del Ramadán coránico.

   Los franceses ven así cuestionadas sus raíces, al tiempo que reciben la droga que busca debilitar su capacidad de reacción: Desde películas pensadas al milímetro para hacer “graciosa” la burla irreligiosa y el indiferentismo – “Qu´est-ce qu´on a fait au Bon Dieu” – hasta la incitación publicitaria de la promiscuidad y la aberración, introducida en sus espacios vitales de manera sistemática. Padecen una intoxicación del ambiente que, sin embargo, no ha logrado quebrar por completo sus fibras cristianas. La enormidad de la maquinaria engañosa, por el contrario, está moviendo a la reflexión a minorías cada día más amplias.

     Esa reflexión se ve favorecida en ocasiones por voces independientes, que les llegan del extranjero: La religiosa franco-siria sor Agnes Mariam de la Croix descubrió para un auditorio parisiense lo que verdaderamente ocurre en Oriente Medio pero, además, disgustada por el ocultamiento practicado por varios medios “católicos” franceses, los señaló sin rebozo como pusilánimes ante el NOM: Los fieles constataron así que sus recelos contra “La Croix”, “Le secours catholique” o “L´Oeuvre d´Orient” están justificados, y que conviene informarse en otras latitudes, como “Christianofobie”, más libres de las servidumbres habituales. Acceden así a la realidad de ese falso catolicismo, instalado en la situación y reblandecido. Acumulan antídotos para la falsificación suprema, que todavía está por llegar.

     Se va formando una conciencia del tiempo, que lo reconoce crítico, pero que sabe otear el horizonte de esperanza. Es una conciencia apoyada en el renacimiento de una vida espiritual más profunda, y por ello más espabilada.

     Hay, sin duda, una Francia que aprecia la realidad y que está dispuesta a sufrir de nuevo por Cristo, como antorcha del mundo. Es una Francia hermana. Y es preciso acompañarla con nuestras oraciones.

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