El expolio a Vázquez de Mella

 

2015-07-24 plaza vazquez de mellaSiempre que ha habido un cambio político, se ha producido la mudanza de la denominación de calles y plazas a conveniencia del ganador, manteniendo un respeto por las grandes figuras de la historia hasta que llegó aquél malhadado que promulgó la ley que tratando de dar por vencedores a los que perdieron, removió conciencias, dolorosos recuerdos y hasta bilis por ambas partes suscitando el deseo de venganza de los más rencorosos y cobardes.

Y aquí está Madrid sufriendo “la toma de La Cibeles” cual segunda toma de La Bastilla y, como suele ocurrir, han empezado con las calles. ¡Oh, no, no piensen que tratan de cumplir su palabra de limpieza de las mismas! Ya han dicho que hasta primeros de año seguirán igual de sucias. De modo que si sobrevivimos a las “muestrecitas” de los imitadores/as de su colega barcinonensi, efervescentes a los 40/45º que sufrimos, cuando lleguen las lluvias y luego las nieves, las vías públicas se limpiarán, pero no será gracias a la jefa de la tropa. La flamante alcaldesa ha decidido dar prioridad al cambio de denominación de las mismas.

Le ha tocado el turno a la plaza dedicada a Juan Vázquez de Mella y Fanjul, político tradicionalista, escritor y filósofo español, ideólogo del carlismo durante la Restauración. Propugnaba los grandes ideales que impregnaron toda su vida: tradición, catolicismo, patria y monarquía y la concepción orgánica de la sociedad donde se reclama la soberanía no para el Estado sino para la sociedad a través de sus organizaciones naturales: la familia, el municipio, la región. Sus obras completas están recogidas en no menos de una treintena de volúmenes.

Gran conocedor de los avatares históricos del siglo XIX, consideraba a la masonería como el motor de las revoluciones, por lo que fue invitado a participar en el Congreso Antimasónico de Trento de 1896, en el cual el Comendador Pedro Pacelli —escritor y periodista italiano— presentó una moción de aplauso para el diputado carlista Vázquez de Mella que decía:

“El Congreso aplaude la iniciativa de los católicos de Granada y al diputado Vázquez de Mella, que presentó a las Cortes de Madrid la vigorosa petición solicitando, como refieren los periódicos católicos, que sea declarada ilegal, facciosa y traidora a la Patria la Masonería, quitando de los empleos públicos a los masones”. 

En Trento se oyó también la voz de Don Carlos VII, socio asistente al referido Congreso:

“O los gobiernos europeos dan batalla a la Masonería negándole el agua y el fuego, o día llegará en que ésta, dueña de las masas sin Dios, las lanzará famélicas a la conquista del poder con más insano furor que los bárbaros de Atila, pues si éstos se detuvieron ante la mayestática figura de San León, las masas descreídas y enloquecidas por la Masonería harán tabla rasa de lo más santo y sagrado, y día también llegará que mis leales tendrán de nuevo que batir el cobre para restaurar la civilización cristiana y salvar a España”. 

Estas palabras de Carlos VII, pronunciadas aquella mañana de septiembre de 1896, adquieren valor profético, pues en 1936 los Tercios de Requetés, movilizados por la Comunión Tradicionalista —más de 70.000 hombres— se opusieron a los crímenes, robos y atentados de la II República de origen marxista, que condujo a la guerra, en la resultó victoriosa la bandera de aquellos Tercios, permitiendo el retorno de la civilización cristiana, que durante el período republicano sufrió el incendio de cientos de iglesias y conventos, así como el fusilamiento de miles de religiosos, sacerdotes y católicos de ambos sexos, muchos de los cuales han sido elevados recientemente a los altares por el Papa Juan Pablo II.

Nadie medianamente sensato podría decir que el señor Vázquez de Mella no se merecía la plaza, pero claro las circunstancias cambian. Cuando concedieron la denominación Chueca era un barrio normal, un barrio más, donde los hombres eran hombres, y las mujeres, mujeres. Todo estaba mucho más claro. Ahora, además de los pobladores de entonces, pululan los “seres mixtos” que conforman la agrupación LGBT, siglas que designan colectivamente a lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Parece lógico que se le de el nombre de Pedro Zerolo porque estará en su ambiente. Esta invasión promovida, jaleada y apoyada por el poder, domina y se ha adueñado del barrio, de modo que el que el nombre de Vázquez de Mella esté en medio de los desenfrenos a que dan lugar en dicha plaza, debería ser objeto de una seria reflexión.

Desde luego que considero una afrenta el abuso de cuatro mindundis que por mayoría bastardeada impongan su criterio sobre todos los madrileños, pero comprendiendo que como tienen tomada esa parte de la ciudad y los poderes públicos están encantados con ello, (todos, PP también  ̶  véase el despliegue de la enorme bandera gay en el balcón central de la Comunidad) me parece que el intentar que la plaza continúe llevando su nombre, además de inútil, representa un tremendo agravio para el prócer que no se merece tal ambiente.

Esa reflexión que pedía, nos hace recordar que Juan Vázquez de Mella y Fanjul murió en 1928, luego no le pueden acusar de “franquista” (peligroso adjetivo que a veces tenemos la preocupación de que nos retrotrae al año 1936). ¿Por qué entonces la inquina? Recordemos que entre los cambios de denominación sufridos por la plaza está el de Manuel Ruiz Zorrilla, político liberal que formó el Partido Radical-Republicano, conspirador compulsivo. Durante el período en que fue presidente de las Cortes ingresó en la masonería adoptando el nombre simbólico de Cavour. La ceremonia tuvo lugar el 18 de julio de 1870 en la sede de la logia madrileña la Mantuana, integrada en el Gran Oriente de España (GODE), recién fundado, y en pocos días fue nombrado Soberano Gran Comendador y elegido Gran Maestre, las dos principales dignidades del GODE que ostentó hasta el 1 de enero de 1874, fecha en que presentó la dimisión.

Es decir, que un declarado católico, tradicionalista y luchador incansable contra la masonería, le quita la denominación de la plaza a un radical republicano y masón que la tuvo desde 1931 a 1939. Imposible de consentir por la masonería, tan pujante en la actualidad como en la II República.

Por tanto, yo abogo porque quien mande en la alcaldía, si es persona libre y sin ataduras, y el cambio no lo hace por una actitud revanchista, proponga una avenida, plaza u otra céntrica calle, libre de LGBT & Cía, a Juan Vázquez de Mella y Fanjul por mor de los méritos de este prócer español y que a la misma sea trasladado el busto que actualmente centra la plaza, porque por las mismas razones, no debe continuar allí.

 

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