Últimos días de la Barcelona comunista

En estos momentos actuales en los que las izquierdas más anarco revolucionarias han vuelto a tomar el poder en muchos de los Ayuntamientos de nuestra Patria, considero imprescindible, para eso está la Historia,  recordar lo sucedido y lo que pudo acontecer en aquellos momentos finales del poder comunista en una ciudad tan hermosa como es la ciudad condal. Recordemos:

Últimos días de la Barcelona republicana

La ofensiva de las tropas del Generalísimo Franco sobre Cataluña comenzó en la mañana del 23 de diciembre de 1938, principalmente en el sector ocupado por el XII Cuerpo de Ejército, mandado por el comunista Etelvino Vega Martínez; por allí, en el río Segre a 20 kilómetros al norte de la confluencia con el Ebro, en Mequinenza, atacaron el Cuerpo italiano y el Cuerpo de Navarra, al mando de los generales Gastone Gambara y José Solchaga Zala, respectivamente. Una vez cruzado el río, los sorprendidos defensores, ̶ una compañía de carabineros bien equipada, ̶ se vio abandonada por sus oficiales. El frente, pues, quedó roto al primer enfrentamiento. Este suceso hizo escribir al general Vicente Rojo Lluch: “Parte del Cuerpo XII flaquea de una manera absoluta en la primera jornada, abriendo la puerta por la que irrumpirá francamente el enemigo”.

Otro desastre similar fue protagonizado por el V Cuerpo mandado por el también comunista Enrique Líster Forján, dejando abierta la penetración hacia Vinaixa (Lérida en el límite con Tarragona). A partir de entonces, la marcha de las tropas Nacionales fue casi un paseo militar. Algunos aseguran que la lentitud con que avanzaron era una actitud calculada para que consiguieran escapar todos aquellos  (muchos) que pudieran temer represalias por sus crueles actos en la zona roja.

Esto sucedió así, a pesar de la ayuda que en el desarrollo de la guerra prestaron los asesores militares y los combatientes soviéticos en España siguiendo las directrices de Stalin. A los que consiguieron éxitos en contra del ejército de Franco fueron premiados, como luego veremos, y aquéllos que no obtuvieron los resultados apetecidos por el jerarca ruso, desaparecieron en alguna de las múltiples y sucesivas purgas soviéticas. La institución soviética más implicada en España fue el Ejército Rojo, a través del envío de asesores, instructores, especialistas, miembros de la Inteligencia Militar (GRU) y combatientes directos. El cargo de consejero militar jefe lo ostentaron sucesivamente Yan Berzin («Grishin» y «Donizetti») en 1936-1937; Grigory Stern («Sebastián», «Grigoróvich») en 1937-1938, y Kuzmá Kachánov en 1938-1939. Entre los consejeros adjuntos más importantes a lo largo de la guerra, cabe citar a N. Vóronov, Yakov Vladimirovich  Smushkiévich, (“General Douglas”, jefe de la Aviación Soviética en España)[1], A. Rodímtsev, N. Liáschenko y M. Nedelin. Una de las principales contribuciones de los asesores soviéticos fue su colaboración en el diseño del Nuevo Ejército Popular de la República, en el que participaron Vladimir Góriev, y B. M. Simonov. También el general Kleber, general Swierczesky, el conocido como ·general Walter” y Beimler. Después del éxito defensivo de Madrid, y en colaboración con los mandos republicanos (especialmente con Vicente Rojo, jefe del Estado Mayor), los asesores diseñaron numerosas operaciones del Ejército Popular, como las batallas del Jarama, Guadalajara y Teruel.

Hay quien asegura que fueron pocos los asesores y que carecieron de importancia. No fue así. Al menos los que a continuación se relacionan cumplieron tan eficazmente las tareas que los superiores rusos les encomendaron, que fueron considerados Héroes de la Unión Soviética que era el más alto título honorífico y el grado de distinción superior de la antigua URSS:

Participaron en combates: Victor Semionovich Goranov, Petr Paulovich Desnitski, Dimitri Dimitrievich Pogodin, Serguei Fiodorovich Tasrjov, Primo Anzhelovich Dzhibelli, Boris Aleksandrovich Turzhansky, Serguei Mijailovich Bistrov, Karp Ivanovich Kovtun, aviador, Mijail Petrovich Petrov, Dimitri Paulov (Pablito), coronel de tanques Victor Stepanovich Jolzunov, comandante de bombardeos, Gavriil Mijailovich Prokofiev, Nikifor Fiodorovich Balanov, Ivan Ivanovich Kopets, Iván Trofímovich Eriómenko, capitán de aviación. Pável Afanásievich Semiónov, Mijail Petrovich Petrov, Serguéi Prokófievich Denísov, comandante de cazas, dos veces Héroe y Teniente General y Fiodor Kuzmich Kovrov, suboficial tanquista, quien también obtuvo las medallas Estrella Roja y la Bandera Roja.

 Murieron en combate: Nikolai Aleksandrovich Semitski, oficial de tanques, Gueorgui Mijailovich Sklezenev, teniente de tropas acorazadas, Ivan Iosifovich Proskurov, comandante de bombarderos. Alekseevich Tsaplin Pavel, capitán, Adam Zapshev Jadzhi, Aleksandr Vasilievich Strelkov, oficial tanquista,

Estas medallas se concedían por servicios excepcionales en la causa de la defensa de la Unión Soviética tanto en tiempo de guerra como en tiempo de paz, lo que corrobora la idea de satelización de España, campo de experimentación de métodos soviéticos para actuaciones posteriores en Europa.

Otras personalidades, desde sus puestos de periodistas o diplomáticos, realizaron también labor de información para la NKVD (Naródniy Komissariat Vnútrennij Del)[2] antecedente del KGB ambos igual de temibles en su función policíaca y de represión que dirigieron las purgas del partido y del Estado entre 1934 y 1936 y el periodo más intenso de terror contra la población en general en 1937-1938. Cientos de miles de personas fueron ejecutadas y millones detenidas en las campañas de represión.

Entre esas personalidades que pululaban por España con la misión principal de espiar para el dictador soviético estaban:

MARCEL ROSEMBERG: Embajador de la URSS ante el gobierno republicano de España.  Apoyó la política de Largo Caballero al parecer en especial en la compra de armas a la URSS y en la reorganización militar. Obligado por las directrices rusas, intervino excesivamente en la política del gobierno republicano, lo que le indispuso con las autoridades españolas hasta tal punto que el propio Largo Caballero le echó de su despacho. Esto supuso que poco después fuera llamado a Moscú y, al no haber conseguido los objetivos que le habían marcado, desapareció tras la purga de 1937.

NIKOLAI KUZNETSOV Desde el 5 de septiembre de 1936 al 15 de agosto de 1937 fue agregado naval soviético y asesor naval del bando republicano,  promoviendo los bombardeos navales de los puertos de Algeciras, Cádiz, Arcila y Larache con objeto de frenar el éxito del bando nacional cruzando el estrecho de Gibraltar. Tuvo mucho peso en la Armada y asesoró a los marinos españoles en lo referente a las rutas al mar Negro. Sus experiencias fueron recogidas en la obra Bajo la bandera de la España republicana, donde se atribuye a sí mismo todo lo que de útil hizo el bando republicano.

KIRIL MERETSKOV es enviado a España como asesor militar en octubre de 1936. La situación en ese momento era la de un cerco casi completo a Madrid por parte de las tropas nacionales. Meretskov impone sus órdenes ante Largo Caballero, primer ministro y ministro de la guerra, así como a Asensio, su segundo, y al Jefe de Estado Mayor Toribio Martínez Cabrera, por las que reorganiza el nuevo ejército republicano, ya que la mitad del ejército español estaba del lado de los nacionales, y el resto en total desorganización. Meretskov participó activamente mediante los consejeros militares soviéticos en la organización de 10 de las brigadas internacionales en Albacete, las cuales, a pesar de su escasa preparación, fueron enviadas directamente al frente.

Un grado más en la escala del terror que los comunistas rusos impusieron en España fue la realizada por un grupo de agentes soviéticos que, siguiendo el ejemplo de lo que Yezhov, con la complacencia de Stalin, llevaba a cabo en la URSS, tienen una auténtica obsesión por la liquidación física de los presos fascistas (así denominaban  ̶  siguen pertinaces en el error  ̶  a todos los considerados opuestos al bando republicano, ya fueran hombres, mujeres y aún niños; seglares o religiosos). Uno de ellos fue

MIJAÍL YEFÍMOVICH KOLTSOV: Todos los historiadores están de acuerdo en que su papel en la guerra civil española no fue el del simple “corresponsal de Pravda” que pretendía ser. Testimonios diversos lo describen como agente del NKVD, comisario político, agente de propaganda, organizador de la censura, asesor militar e incluso informador personal del propio Stalin[3] quien le llamaba “don Miguel” por el alias que utilizaba: Miguel Martínez un supuesto agente hispanoamericano de la Komintern con influencia suficiente para tener acceso al más alto nivel. Su importancia y capacidad la reflejó su amigo ILIÁ EHRENBURG, corresponsal de Izvestia en esa época, quien llegó a decir: “Sería difícil imaginar el primer año de guerra sin M. Ye. Koltsov”.

Oficialmente era un periodista lleno de energía que se desenvolvía como pez en el agua por los frentes y las oficinas gubernamentales. Lo cierto es que esa fuerza la empleaba para transmitir a los máximos responsables del PCE la idea de que con esos presos que abarrotaban las cárceles en toda la España republicana, todos tan contrarios a las consignas de Stalin, había que utilizar la misma solución que se había dado en Moscú. Y lo consiguió. Por citar sólo alguno de los hechos, en Madrid recordaremos que los días 7 y 8 de noviembre fusilaron a 1.340; entre el 9 de noviembre y el 3 de diciembre asesinan a 2.936 sólo en Paracuellos de Jarama. A ellos habría que añadir las víctimas de Vicálvaro,  Aravaca, Pozuelo, Getafe….. Siguiendo el método Yezhov las matanzas estaban minuciosamente preparadas, previamente se ordenaba a los alcaldes de los pueblos próximos que abriesen tumbas, por lo que se obligaba a cavarlas a los vecinos… No sólo en Madrid, era todo un programa de eliminaciones políticas, en toda la parte de España dominada por los comunistas.

En Cataluña, además de las prisiones de la Generalidad, estaban, como en toda la zona ocupada, las temibles chekas[4] que era un cubículo de 2×1,5 metros de planta y 2 metros de alto, con un camastro de obra con una inclinación del 20%: si te dormías, caías al suelo, el suelo estaba erizado de una serie de tochos que obstaculizaban los pies si intentabas caminar…Además, las paredes se calafeteaban de alquitrán por fuera y por dentro, con lo que el bochorno era sofocante. Y en una de las paredes se pintaban dameros, espirales, líneas y círculos con el fin de marear al preso… Hierros candentes, picanas eléctricas en genitales, levantamientos de uñas, palizas, ahogamientos con agua, mutilaciones… sin barrotes, muy estrecha, verdadera cámara de las más espeluznantes torturas. Sólo oir la palabra checa la gente quedaba aterrorizada.

Celdas psicotécnicas. Iglesia de Vallmajor. Barcelona.

Celdas psicotécnicas. Iglesia de Vallmajor. Barcelona.

En Barcelona hubo una veintena. En pisos de las calles Muntaner, Sant Elies, Vallmajor, Portal de l´Àngel, Pau Claris, un par en la plaza Catalunya… y la de más terrible fama, la de Sant Elies porque se sabía que quien iba allí, jamás volvía ya que era el apeadero del matadero: desde allí se les llevaba a la Arrabassada o a los cementerios de Les Corts o Montcada i Reixac para tirotearles. También hubo en esa checa un horno crematorio de cadáveres. En algunos casos como el de cierta religiosa y don Eusebio Cortés Puigdengolas, fueron descuartizados en la checa y dados de comer a los cerdos… Anticipándose a los nazis, algunos milicianos arrancaron dientes de oro a los asesinados… Miles de catalanes pasaron por ellas, algunos estaban semanas encerrados, a otros los torturaban… y enloquecían. A la mayoría los tenían en espera de ir sacándolos para matarlos de un tiro.

De julio de 1936 a mayo de 1937 fueron gestionadas por los anarquistas de la CNT-FAI y las patrullas de control (comandadas por Ernö Gero, un enviado de Stalin), que recorrían Barcelona quemando iglesias y deteniendo a religiosos, católicos, carlistas, patronos, comerciantes… Desde mayo de 1937 hasta el final de la guerra, en abril de 1939, tomó las riendas de las checas Alfonso Laurencic, refinado estalinista al frente del Servicio de Investigación Militar (SIM), la policía política del gobierno de la República… y las persecuciones se incrementaron. Se asesinó a 139 izquierdistas no estalinistas, 2.039 religiosos y a 2.163 civiles por no ser de izquierdas, y a 1.199 carlistas,…, en total, fueron 8.352 catalanes asesinados…,  por el simple delito de ser católico. Y la familia quedaba desamparada. A algunos los mataban en el mismo comedor de su casa, ante sus hijos… No hubo ni un juicio. A unos novios que sorprendieron casándose, los detuvieron y mataron, a ellos y al cura. ¡Para aquellos revolucionarios, casarse por la Iglesia era un delito que merecía la muerte!

Ante estas atrocidades cabe preguntarse qué hacía Companys como presidente del gobierno de la Generalitat. No hizo nada. Al menos, nada eficaz para frenar aquellos crímenes y proteger a sus ciudadanos, por lo que alguna responsabilidad de los crímenes que sucedieron en su territorio se le debe atribuir. Por ejemplo,  pudo obligar a las patrullas a llevar a los detenidos a la cárcel Modelo, y tutelarlos allí todo el tiempo necesario, evitándoles torturas y preservando de ese modo sus vidas.

Y es necesario recordar también los terribles campos del SIM[5]; Francesc Badía señala 6. Terribles campos de concentración que, algunos por su ubicación en los Pirineos fueron auténticos gulags, como el número 3 en Els Omells de Na Gaia, (de las tribulaciones que en él sufrió nos dejó sus vivencias el P. claretiano José María Solé Romá). Estas acciones, exigidas por Koltsov, aceptadas por el Gobierno”[6] fueron llevadas a la práctica por el Director General de Seguridad, Muñoz, el jefe de la Brigada Especial, David Vázquez Baldominos, el Delegado de Orden Público, Serrano Poncela y su responsable superior, el Consejero de Orden Público, Santiago Carrillo.

Otra hazaña de Koltsov fue el atropello de la inmunidad  de la embajada de Finlandia. Según el Derecho Internacional, las misiones diplomáticas gozan de estatus territorial, por lo tanto, aunque pertenecen al territorio de la nación anfitriona, están desligadas de las leyes locales y, en casi todas las situaciones, son tratadas como parte del territorio del país al que pertenecen, sin embargo, por el respaldo que tenía y con el fin de hacer méritos ante el dictador ruso, el 24 de noviembre de 1936, acompañado de un grupo de militares y de Serrano Poncela, penetró por la fuerza violando la extraterritorialidad de la embajada y detuvo a los allí acogidos que poco después fueron asesinados.

Los demás embajadores emitieron enérgicas protestas diplomáticas, ante lo cual, éste individuo se justificó diciendo: “Limpiar un poco Madrid; echar aunque no sea más que a 30.000 fascistas; fusilar, aunque solo sea a un millar de bandidos”[7]. A pesar de ésta y otras muchas cacicadas, al parecer no fueron suficientes para Stalin, pues terminó sus días siendo víctima de una de sus purgas.

ALEKSANDR MIJÁILOVICH ORLOV: El 14 de septiembre de 1936 se confirma al veterano miembro de la NKVD, Aleksandr Orlov (de verdadero nombre Nikolski) que ya estaba destinado en España, como oficial superintendente de la operación y responsable del lado soviético en el traslado del mal denominado «Oro de Moscú » , puesto que era de España, desde aquí a la Unión Soviética. Por el éxito de la operación, Orlov fue galardonado con la «Orden de Lenin».

La tarea principal de Orlov en España consistió en defender la embajada soviética y purgar a los disidentes soviéticos; muchos de los cuales estaban en España como voluntarios de las Brigadas Internacionales, que utilizaban como una manera de salir del poder directo de Stalin si, con suerte, podían pasar a las filas nacionales. En realidad, este individuo tenía el control sobre los demás espías rusos. Los documentos recientemente desclasificados de los archivos del NKVD revelan la larga lista de los crímenes de Orlov en España. En un informe a sus superiores en Moscú, fechado en agosto de 1937, perfilaba su plan para la captura y liquidación del socialista austríaco Kurt Landau. También desaparecieron en España Erwin Wolf, antiguo secretario de Trotski, y Mark Rein, hijo de un líder menchevique y fue miembro activo en la desaparición del oficial ruso y agente doble del NKVD, Nikolái Skoblin.

Aleksandr Mijáilovich Orlov

Aleksandr Mijáilovich Orlov

El 14 de junio de 1937, como jefe del GPU en España, ordena detener a todos los dirigentes del POUM entre ellos Andreu Nin. Se cree que Nin fue trasladado desde Barcelona a Alcalá de Henares, donde Orlov tenía su prisión particular en la que fue interrogado por los soviéticos, torturado y despellejado vivo y se cree que posteriormente fue rematado en El Pardo.

En 1938, la URSS  se hallaba sumida en los horrores de la Gran Purga, con la que Stalin eliminó a la vieja guardia bolchevique protagonista de la revolución para reemplazarlos por sus adeptos. Orlov vio que asociados y amigos suyos eran detenidos y fusilados uno a uno. Cuando fue invitado a reunirse en Amberes con un jefe anónimo del NKVD decidió desertar.

En lugar de acudir a la reunión, Orlov robó 60.000 dólares de la caja para operaciones del NKVD local y huyó con su mujer y su hija a Canadá desde donde envió una carta al jefe del NKVD, Nikolai Yezhov, advirtiéndole que si él o su familia eran asesinados, todo lo que sabía sobre las operaciones de la inteligencia soviética saldría a la luz. Adjuntaba una lista con los nombres en clave de algunos de los agentes y topos soviéticos en Occidente. A continuación, tratando de ocultar su rastro, se trasladó a los Estados Unidos para esconderse. Vivió en Cleveland, burlando la represalia rusa. Falleció a los 78 años, veinte años después de la muerte del genocida ruso.

GRIGORY SERGEIEVICH SYROYEZHKIN (“Pancho”), fue también miembro de la NKVD. Encargado como asesor en temas de «espionaje, contra espionaje y lucha de guerrillas», supervisó la actividad de la guerrilla detrás de las líneas franquistas, Convendría saber, por aquello de la memoria histórica, cuántos de los que consideran represaliados por el franquismo, fueron miembros de dichas guerrillas y quizás, perdieron la vida en esa actividad. Nos recuerda la tergiversación histórica que algunos hacen al considerar “víctimas del terrorismo” a los etarras muertos al manipular las bombas que querían colocar.

En cualquier caso, la labor de Syroyezhkin debió ser eficaz a los ojos de Stalin por cuanto no consta que fuera llamado a Moscú.

GRIGULEVICH de alias José Ocampo, formó parte del NKVD y comenzó a trabajar en Barcelona como agente bajo el pseudónimo de Yuzik. Barcelona era la ciudad por la que llegaban la mayoría de los cargamentos de armas de la URSS para las fuerzas comunistas durante la Guerra Civil. Salió del aeródromo de  Barcelona cuando los nacionales estaban a punto de tomar militarmente el recinto.

VLADIMIR ANTONOV-OVSEENKO se encontraba al mando del Consulado general de la URSS en Barcelona. Héroe de la revolución bolchevique y la posterior guerra civil rusa, lo que no fue óbice para ser fusilado en Moscú, en 1938 por su apoyo en España a grupos trotskistas.

Estaban también JANIS BERZINS, consejero jefe militar de las tropas republicanas, bajo el pseudónimo de Grishin. Mientras estuvo en España, fue enviado hacia el Frente del Norte donde intentó sin éxito reunir al gobierno vasco para defender Bilbao en lugar de abandonarla. Se supone que este fallo que facilitó la pérdida del frente Norte, le costó el encierro en la Lubianka y su posterior ejecución durante la Gran Purga de 1938.

Esta era “la gentecilla”, anarquistas y comunistas, que dominaba el país hasta que se deshicieron de aquéllos al acabar con el POUM y terminar de captar, por su demagogia o por miedo, a algunlos españoles. Pero en estos momentos finales de la guerra civil, 25 de enero de 1939, el general Juan Guilloto León, conocido popularmente como Modesto o Juan Modesto, jefe del Ejército del Ebro, desde su cuartel general en Vallvidrera, baja a Barcelona para dirigirse a la sede del Estado Mayor central, conocida como la Casa Roja, donde tuvo su despacho el general Vicente Rojo. Ya se había marchado hacia Gerona, y allí no quedaba casi nadie. Se encontró con el general Hernández Saravia jefe del Grupo de Ejércitos de la Región Oriental, pendiente de la llegada del coronel de artillería José Brandaris de la Cuesta, jefe hasta el momento de las tropas de Menorca, y que se había de encargar de la defensa de Barcelona, en lo que insistían los comunistas Vicente Uribe, Antonio Mije y Santiago Carrillo.

Siguiendo las directrices de Moscú, los altos mandos políticos y militares hablaban de resistir. Barcelona no podía ser menos que Madrid, ni el Llobregat menos que el humilde Manzanares. No tenían en cuenta que la resistencia de Madrid se produjo en la euforia del principio de la guerra y ahora la gente, el pueblo, estaba cansada y desilusionada. No se le podía pedir más sacrificios. Presionados por Stalin, querían que se continuara luchando inútilmente; no les importaba las vidas de los combatientes españoles, ya muchos, chavalines inexpertos de los que por su edad recibieron el nombre de “quinta del biberón”[8]. Solo les importaba prolongar la situación porque se veía la amenaza de declaración de la II Guerra Mundial y querían utilizar la posición geoestratégica de la península a favor de Rusia.

Aunque desde aquel momento caía bajo la responsabilidad de Brandaris la defensa de Barcelona, sus órdenes terminantes no se cumplieron. A pesar de la nada despreciable guarnición de la plaza (según Rojo, dos batallones de carabineros, uno de retaguardia, cinco grupos completos de Asalto, además de los de ametralladoras, blindados y defensa de costa [Ramón Salas añade a estas unidades las de acantonamiento en la ciudad, más las urbanas y las milicias], no hizo nada eficaz para defenderla. Probablemente porque le pusieron de “cabeza de turco”. Así refiere el general Antonio Cordón en sus Memorias su encuentro en Figueras con Brandaris y la extrañeza de éste por su nombramiento: “me preguntó por qué había sido designado, (precisamente él que había permanecido toda la guerra en Mahón), para la defensa de Barcelona siendo así que ni conocía la ciudad ni los mandos, ni las fuerzas que la defendían”.

En realidad, solo buscaban ganar tiempo, los que cayeran en una defensa absurda no les importaba en absoluto, porque los mismos que proponían seguir luchando, preparaban su espantada. De regreso a la Casa Roja, Modesto contempló un panorama asolador, ya no quedaba nadie y las puertas y ventanas aparecían abiertas, mientras los teléfonos sonaban ininterrumpidamente, sin que hubiera ninguna persona para contestar. La huida era generalizada. Todo vestigio de autoridad había desaparecido de la calle. Como sea que la población estaba hambrienta y sabía que en Barcelona había muchos alimentos acumulados para uso y disfrute de los jerifaltes rojos, proceden a asaltar los almacenes. No hay guardias y si quedaba alguno seguramente se sumó al saqueo. Las gentes transportan sacos de garbanzos, de alubias, de azúcar, botes de leche condensada y de carne soviética.

El 25 de enero de 1939, Yagüe cruzó el Llobregat, seguido por Solchaga y Gambara, encontrando resistencia aislada y mal coordinada. Las primeras divisiones que penetraron en Barcelona fueron la 105 del coronel López Bravo y la 13 del general Fernando Barrón Ortiz, adscritas al Cuerpo de Ejército Marroquí, así como la 4 y la 5, del Cuerpo de Ejército de Navarra, a las órdenes respectivas de los generales Camilo Alonso Vega y Juan Bautista Sánchez González. Al alba, las tropas de Solchaga ocupan Vallvidrera sin lucha y descienden sobre Pedralbes casi pisándole los talones al teniente coronel Manuel Tagüeña Lacorte, jefe del XV Cuerpo de Ejército del Ebro, que huía bajando hasta la Bonanova donde tenía instalado su puesto de mando, por cierto que un teniente, creyendo que Tagüeña era un soldado más en cobarde retirada, le apuntó con una pistola, hasta que se deshizo el enredo.

El general Yagüe, jefe del Cuerpo de Ejército marroquí, el coronel Barrón y Dioniso Ridruejo, jefe nacional de Propaganda, entre otros mandos militares, en la plaza Catalunya.

El general Yagüe, jefe del Cuerpo de Ejército marroquí, el coronel Barrón y Dioniso Ridruejo, jefe nacional de Propaganda, entre otros mandos militares, en la plaza Catalunya.

Otras fuerzas del mismo Cuerpo de Ejército encontraron leve resistencia en el Tibidabo, que al mediodía cayó en manos de los Nacionales. Montjuich se rindió a los soldados de Yagüe, que liberaron, entre aclamaciones y lágrimas a 1.200 presos que estaban encarcelados en el Castillo, siendo izada, sin ningún problema, la Bandera Nacional en la fortaleza. Del Tibidabo y Vallvidrera empezaron a bajar las divisiones de Navarra. Al pie del Funicular, unos mozos de escuadra esbozaron una breve resistencia. De algunas terrazas se oyeron los restallidos de los últimos focos. Grupos de soldados rojos tiraban sus fusiles y huían a ocultarse. La ocupación de San Gervasio y Gracia fue completada por las fuerzas motorizadas de las tropas Legionarias mixtas que penetraron en Barcelona por Vallcarca y los Penitentes desfilando por la calle de Salmerón. A las 17:30 todas las barriadas altas de la capital estaban ocupadas. Por Las Corts hacia la Diagonal, se estableció el camino del triunfo por donde a las 17 horas empezaron a bajar ordenadamente los carros de combate seguidos del grueso de las fuerzas. Al tiempo entraban en el Ayuntamiento el teniente Víctor Felipe Martínez, de la Bandera de Carros de Combate del Cuerpo del Ejército Marroquí, juntamente con un alférez. El teniente, de su puño y letra, redactó el acta de ocupación de la Alcaldía, que provisionalmente desempeñaría en las próximas horas, hasta que tomase posesión del cargo D. Miguel Mateu Plá.

Se formaron los primeros grupos de ciudadanos y estallaron las primeras aclamaciones. Corrían multitudes de personas saludando brazo en alto y cantando el Cara al Sol. Cuando llegaron al convento de Pompeya, Diagonal esquina a Lauria, que había sido convertido en policlínica, les saludó la primera Bandera Nacional que se izó en Barcelona tremolada por una enfermera. Los soldados eran abrazados, apretujados. Se besaban, no se ultrajaban, las banderas, los muchachos se subían a los camiones, a los tanques. Se cantaban himnos, se saltaba, se bailaba. El escritor inglés James Cleugh, autor del libro Furia española. 1936-1939, describe de este modo el recibimiento del pueblo de Barcelona: «Los soldados eran obstaculizados en su avance, no por la resistencia del enemigo sino por las densas multitudes de demacrados hombres, mujeres y niños que afluían desde el centro de la ciudad a darles la bienvenida, vitoreándolos en un estado que bordeaba la histeria».

La apoteosis del triunfo tuvo su escenario grandioso en la Plaza de Cataluña, con la primera misa de campaña celebrada en una ciudad que tanto se ensañó contra toda idea religiosa. Una inmensa muchedumbre que llenaba la plaza siguió la ceremonia con gran devoción, inmensa alegría y enorme emoción, haciendo saltar las lágrimas de los barceloneses y catalanes, que no habían podido asistir a ningún acto religioso, durante toda la contienda. Muy pocos, y con grave riesgo de sus vidas, lograron que algunos curas, ̶ vestidos con monos y tocados con boinas a semejanza de los milicianos y de las indumentarias de las hordas rojas ̶  en una oculta habitación donde se improvisaba un altar, se oficiasen los servicios religiosos.

El viernes 27 de enero reaparece La Vanguardia que se subtitula Diario al servicio de España y del Generalísimo Franco. El 19 de julio de 1936 se publicó el número 22.574 y el del 27 de enero de 1939 es el 22.575. Nada se quiso saber de los dos años y medio en el que el periódico estuvo bajo el poder de los rojos. En este número singular aparecía la siguiente nota: «Automáticamente, con la sola presencia en nuestras calles de las heroicas fuerzas nacionales mandadas por el glorioso general Yagüe, ha quedado restaurada, como tantas otras cosas, la propiedad de La Vanguardia, de la que inmediatamente se han hecho cargo los responsables autorizados por el Conde de Godó ».

Las juventudes Tradicionalistas ocuparon los locales y talleres de Treball, gracias a lo cual pudo salir también El Correo Catalán.

Esta alegría hubiera sido mayor si catalanes en general y barceloneses en particular hubieran conocido que podían celebrarla gracias a la desobediencia, exponiendo su vida, que de las órdenes emitidas por Moscú, hizo un consejero de la Generalidad, del que les hablaré en un próximo artículo.

¿Qué órdenes eran esas? La política de tierra quemada o de tierra arrasada, táctica militar medieval consistente en destruir absolutamente todo lo que pudiera ser de utilidad al enemigo cuando una fuerza avanza a través de un territorio o se retira del mismo. El origen histórico del término tierra quemada proviene seguramente de la práctica de quemar los campos de cereales durante las guerras y conflictos en la antigüedad. Sin embargo, no se limita en absoluto a cosechas o víveres, sino que incluye cualquier tipo de refugio, transporte o suministro al enemigo. Vincula los aspectos militares y económicos o incluso psicológicos de una estrategia militar.

Stalin que usó España como conejillo de Indias, encargó al asesor ruso Yuri Lazarev que utilizara esa política que poco después pondría en práctica al retirarse sus ejércitos ante el avance alemán. Allí se cumplió sin titubear: «El enemigo debe avanzar sobre cenizas; no debe encontrar una sola casa en pie; hay que recoger las cosechas o quemarlas, evacuar los animales o darles muerte». Este sin igual sacrificio fue cumplido, y así los alemanes, que abastecían sus tropas con los productos de las regiones ocupadas, se vieron obligados a traer sus provisiones de otros lugares. La represa de Dnieperpetrovsk, una de las más grandes del mundo y que costó diez años de ingente trabajo, fue volada por los rusos, consecuentes con el plan de tierra arrasada, antes que entregarla al enemigo.

El plan para Barcelona consistía en volar todo aquello que pudiera ser útil al enemigo: fábricas, depósitos, almacenes, principales edificios, puertos y aeródromos y las comunicaciones, incluidos los túneles del metro. Había que colocar grandes cargas de explosivos en los lugares estratégicos de modo que se causara el mayor daño con la explosión, derrumbe e incendio consiguiente. Lazarev  sólo no podía cumplir la orden, de modo que recurrió al consejero de Obras Públicas de la Generalidad Miquel Serra Pamiés del PSUC quien se opuso a que Barcelona se convirtiera en una gigantesca hoguera. Como el enfrentamiento con un poderoso asesor soviético no podía ser frontal, recurrió a diversas maniobras dilatorias que a punto estuvieron de hacerle recibir dos balazos de Yuri Lazarev.

A pesar de sus esfuerzos, una gran explosión destruyó los talleres de las Escuelas Salesianas de Sarriá, donde los rojos fabricaban material de guerra y los de impresión de La Vanguardia en la calle Trallers. Una nimiedad al lado de lo que se pretendía.

Al final, las artimañas de Serra Pamiés permitieron que el ejército nacional entrara sin que se destruyera Barcelona. Negrín quiso aplicar la misma medida antes de caer Bilbao y ordenó destruir toda la industria pesada, pero se encontró con la negativa del gobierno vasco. La integridad de Barcelona ante la barbarie comunista no fue defendida por ningún Gobierno ni de la República, ni de la Generalidad, ni del Ayuntamiento, solo lo fue por un catalán de Reus amante de tan bella ciudad como muchos otros españoles entre los que me encuentro, por lo que le guardaremos eterno reconocimiento.

Las tropas nacionales fueron recibidas con entusiasmo en el centro de Barcelona

Las tropas nacionales fueron recibidas con entusiasmo en el centro de Barcelona


[1] ¿Sería el responsable del bombardeo de Cabra?.El 7 de noviembre de 1938, 3 aviones republicanos Tupolev SB-2, conocidos como “katiuskas” descargaron, un día de mercado semanal que congregaba a gente de toda la comarca, 2.000 kg de bombas que causaron 109 muertos y más de 2.000 heridos, en su mayoría civiles y trabajadores. Al contrario que el bombardeo del Guernica, suficientemente aireado por haber sido causado por la Legión Cóndor (alemanes), éste de Cabra hecho por los comunistas, fue convenientemente ocultado. En 2003 las lápidas y la cruz que recordaban los nombres de las víctimas fueron retiradas de su emplazamiento público. Suponen que ocultándolas en dependencias municipales, se olvidará el bombardeo. Pero esto también es memoria histórica. Conviene tenerlo presente.

[2] En principio, Félix Dzerzhinsky, revolucionario comunista polaco, creó y dirigió una fuerza política secreta, la Cheká, conocida por combatir a reaccionarios y mercenarios contrarrevolucionarios durante el llamado Terror Rojo y la Guerra Civil Rusa. A la organización se le atribuyó poder para llevar a cabo rápidos juicios extrajudiciales y ejecuciones, si era necesario, para proteger a la revolución. En las reorganizaciones posteriores fue adquiriendo mayores responsabilidades hasta llegar a 1934, ya OGPU, incorporada a la NKVD año en que  era el Directorio Principal de Seguridad del Estado. Se hizo responsable de todas las instalaciones de detención (incluyendo los campos de trabajo, conocidos como Gulag, además de hacerse cargo de la policía regular). En la etapa de la guerra civil española fue dirigida por Yezhov hasta el 5 de diciembre de 1938 en que fue sustituido por Beria, utilizando ambos, similares y brutales métodos represivos.

[3] Algunos historiadores dudan que fuera asesor personal de Stalin.

[4] Abreviatura del ruso Chrezvichainaya Komisia (comisión extraordinaria), eufemístico nombre que tuvo la primera policía política soviética, que fue creada por Lenin en 1917.

[5] SIM: Servicio de Información Militar. Fue fruto de la unión de las organizaciones de espionaje y contraespionaje; en el momento de su creación, y dada la presión de los técnicos soviéticos Prieto accedió a concederle un estatus especial al SIM a la hora de actuar. Después de Sayagués fue el coronel Uribarri quien lo dirigió. Este fue al principio leal al Ministro Prieto, pero pronto pasó a estar controlado por los comunistas, y permitió que el SIM se convirtiera en lo que Prieto temía, en una policía política comunista. Uribarri huyó a Francia, supuestamente llevándose grandes sumas de dinero, y fue sustituido por Santiago Garcés, uno de los miembros de la patrulla que  había asesinado a José Calvo Sotelo, y del que también se sospecha ser uno de los responsables del asesinato de Nin. Entre los primeros dirigentes y organizadores del SIM también se encontraba el Coronel Eleuterio Díaz-Tendero, que se encargó de la selección y preparación de mandos y agentes destinados al servicio. Durante un tiempo estuvo al frente del aparato de dirección del SIM, aunque más tarde se vería alejado. Según algunos historiadores sus detenidos ascendieron a unos 30.000.

[6] R. de la Cierva, La historia se confiesa, Barcelona, Planeta, 1976, T. III, p. 27.

[7] ”. M. Koltstov, Diario de la guerra de España, París, 1963, p. 114 y 261.

[8] La «Leva del Biberón» (conocida también como «quinta del Biberón») fue el nombre que recibieron las levas republicanas de 1940 y 1941 en varias poblaciones de Cataluña durante la guerra civil española. Fue movilizada por orden del presidente de la Segunda República Española, Manuel Azaña, a finales de abril de 1938. En aquel momento, las tropas franquistas habían atacado Lérida, Gandesa, Balaguer, Tremp y Camarasa y se había abolido Estatuto de Autonomía de Cataluña. En total fueron llamados a filas unos 30.000 jóvenes nacidos en 1920 y 1921.Primeramente tenían que cubrir tareas auxiliares, pero el 25 de julio de 1938 ya participaban en la ofensiva republicana de la batalla del Ebro, cuando sólo tenían diecisiete años.

Se cree que recibió este nombre cuando Federica Montseny se refirió a todos ellos de esta manera: «¿Diecisiete años? Pero si todavía deben tomar el biberón». Estuvieron en las cruentas batallas de Merengue y Baladredo, las dos en el frente del Segre durante la llamada ofensiva de Cataluña. También tomaron parte en la batalla del Ebro y algunos fueron destinados al batallón alpino, en el Pirineo leridano donde tenían instalados algunos “gulags”. Unos 307 supervivientes y 412 familiares fundaron en 1983 la «Agrupación de Supervivientes de la Leva del Biberón-41».

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