La II República: Los escalones que condujeron a la guerra. Similitudes actuales.

La II República: Los escalones que condujeron a la guerra. Similitudes actuales.

Han corrido ríos de tinta sobre este tema, pero siempre, ya fueran de una determinada línea política o la contraria, con apasionamiento y falta de objetividad. Lo que figura a continuación se basa en el libro escrito en su día por un corresponsal americano que refleja sus vivencias entre los dos bandos combatientes y que cuenta los acontecimientos políticos a través del día a día. Se trata de Edward Knoblaugh[1], periodista de  Associated Press, quien con idéntica fuerza al libro del diplomático Félix Schlayer “Matanzas en el Madrid republicano”, desvela la realidad de lo que fue y lo que hizo el Frente Popular. Analiza en su obra el proceso de deterioro social y cómo se produce de manera escalonada a través de una serie de movimientos que terminarán por arrastrar a los españoles a la confrontación.

Primer escalón:

La II República había empezado su carrera en una época de lo menos propicia. La depresión mundial estaba comenzando a trastornar la aislada economía del país. La resultante inquietud entre las clases obreras había convertido España en campo abonado y propicio para la propaganda subversiva. El gobierno de Azaña se veía en aprietos para mantener el orden. Hubo una ola de huelgas, violencias, quema de iglesias y otros desórdenes, como paralización de industrias o asesinatos. Uno de los sucesos más graves fue el protagonizado por trece anarquistas en Casas Viejas. La extrema izquierda hizo de la represión con que se acabó esta revuelta, su grito de guerra y convirtió en mártires a los represaliados.

La opinión pública se enardeció tanto que desembocó en reacción. Azaña fue derrocado. Gil Robles, en virtud de ostentar la jefatura de la mayor minoría parlamentaria, Acción Popular, debería ser el primero en sucederle. Pero el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora decidido católico, a pesar de lo cual, no consideró oportuno alentar en ese momento una tendencia derechista en el Parlamento. En su lugar nombró al veterano Lerroux para cubrir el puesto de presidente del Consejo de Ministros y dio cargos a dos miembros de AP. Las izquierdas, siempre tan demócratas, en vez de considerar que es lo mínimo que el Presidente podía hacer con un partido que había sido el más votado en las últimas elecciones, protestaron con acritud ante esta inclusión del clan de Gil Robles en el gobierno. Aquel mes de diciembre de 1933 se produjeron levantamientos en Cataluña, Aragón y sectores de Andalucía que fueron prontamente reprimidos, pero la extrema izquierda no ocultaba que se estaba preparando un alzamiento de grandes proporciones. Algún tiempo más tarde, el descubrimiento de grandes arsenales ocultos en puntos estratégicos confirmaron los rumores que corrían de que se estaba fraguando una revolución. Uno de los mayores escondites de armas se halló bajo los asientos de graderío en la Ciudad Universitaria de Madrid, que, dos años más tarde, se convertiría en campo de batalla.

El segundo escalón se produjo el 6 de octubre de 1934. La izquierda, utilizando la fuerza, hizo un intento de hacerse con el poder. Se anunció una huelga general revolucionaria, previa a la sublevación que se centró en Asturias y en Barcelona. En la primera, cientos de mineros extremistas habían establecido un “soviet” y en Barcelona, Lluis Companys, el fanfarrón[2] presidente del gobierno semi-autónomo catalán, intentó instaurar una república independiente dentro de un gobierno federal. Una situación, que tanto recuerda a la que, 81 años más tarde, conduce la deriva de Artur Mas  empeñado en convertirse en otro “héroe” como Companys i Jover.

Lluís Companys durante un mitin

Lluís Companys durante un mitin

Hacemos aquí un paréntesis en el relato del periodista americano para recordar a dicho héroe,  ídolo del actual presidente autonómico de Cataluña, tratando de desvelar quien era este siniestro personaje [3]:

– Lerrouxista, antinacionalista y rabassaire en su juventud, conocido por disolver sardanas a golpe de estaca, según recuerda su amigo Rossend Llates.

–Ejerció de abogado de los terroristas de la CNT.

– Afiliado a la masonería, sociedad secreta alejada de la transparencia democrática. En el año 1922 ingresó en la logia “Lealtad nº 6[4]. Llegará al grado 33, no sé bien si antes o después de proclamar el Estado Catalán a instancias de la secta.

– Fundador por Decreto de Presidencia del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña (26 de julio de 1936), responsable de miles de paseos, fusilamientos, torturas y asesinatos, y creador de decenas de chekas infernales.

– Nombró conseller de Gobernación a Dencàs, creador de los “escamots” militarizados de Estado Catalán y autor de frases como “nuestro odio contra la vil Espanya és gigantesco” (17 noviembre 1934), al que ordenó preparar un “Comité Militar Revolucionario” en mayo de 1936, y entregar 20.000 fusiles a revolucionarios adictos y alistar 8.000 voluntarios para “preparar la resistencia armada”.

– Nombró conseller a Ventura Gassol, que en Vendrell arengaba al pueblo diciendo “tendréis que acudir de nuevo a Barcelona esgrimiendo las hoces” (1934); y Jefe de los Servicios de Policía a Miquel Badía, que convirtió la Jefatura en cámara de martirios y torturas. Companys es sospechoso de ordenar el asesinato de Badía en 1936, movido por celos suscitados por Carmen Ballester, amante de ambos.

– Dió un golpe de Estado contra la República legítima (6 octubre 1934), de la cual había sido Ministro de Marina, incurriendo en delito de rebelión militar, contribuyendo al estallido de una guerra fraticida y causando 107 muertos en 10 horas.

– Firmó la proclama radiofónica de Dencàs el 6 de octubre de 1934, llamando a la “toma militar” de Barcelona por el “Somatén Republicano de Cataluña”. Promovió ese día el reparto de armas a los anarquistas en la Plaza Universidad.

– Firmó decretos de confiscación de bienes de la Iglesia y de honrados ciudadanos (5 agosto 1936), colectivizó ilegalmente unas 500 fábricas, implantó el comunismo libertario en Cataluña con sus decretos económicos (25 enero 1937), mientras sus consejeros de Economía (Tarradellas) y su delegado en Francia (Puig y Ferreter) rapiñaban el expolio para asegurarse un exilio desahogado.

– Bajo su mandato fueron asesinados 8.129 catalanes, la mayoría sin juicio, entre ellos el tercer presidente de la Generalitat desde su restauración, Jiménez Arenas. Fueron eliminados 47 periodistas. Firmó sentencias de muerte contra mujeres, civiles y religiosos, incluso la de un pobre hermano de La Salle por saber latín.

– Organizó infernales campos de concentración, como el de Omells de Na Gaia, situado en el Pirineo por lo que se conoce como el gulag español donde “tot el terme estava sembrat de cadàvers”.

– Promovió la mayor persecución religiosa de la historia de Cataluña, ejecutada por el Comité de Milicias que él fundó. Fueron asesinados 4 obispos, 1.536 sacerdotes (el 30% del clero catalán) y miles de católicos sólo por serlo. Prohibió el culto católico y destruyó 7.000 edificios religiosos. Contestó así cuando la revista francesa L’Oeuvre (agosto 1936) le preguntó sobre la restauración del culto católico: “¡Oh, ese problema no se plantea siquiera, porque todas las iglesias han sido destruidas!”.

– Destruyó el patrimonio artístico catalán, incluida la quema de la Sagrada Familia y de los lienzos de Borrell en la Merced. Ordenó el robo del patrimonio artístico de Montserrat, incluidos La Fontaine de Jacinto Rigau-Ros y el San Juan Evangelista de El Greco.

Es fácil apreciar la similitud de aquélla con la situación actual, aunque los métodos difieran: Cataluña, y aún España, esquilmada, la práctica de la libertad democrática prostituida y la rebelión de una parte del Estado. ¿Cuál es la diferencia? En la actualidad, el Gobierno lanza palabras y palabras y declaración de intenciones a las que el Sr. Mas obvia prestar atención engolosinado como está en llegar a ser “el nuevo rey del Paralelo”. En 1934 el ministro de la guerra del gobierno de la República, el extremeño Diego Hidalgo Durán, fue el encargado de sofocar las insurrecciones de Asturias y Barcelona, para lo cual llamó a su lado al militar que consideró más prestigioso,  Franco,  con el fin de  que le asesorase, en la actuación militar (la desconfianza del ministro hacia los generales Domingo Batet y Eduardo López Ochoa hizo posible el nombramiento de Franco como jefe de las operaciones militares contrarrevolucionarias).

Es importante insistir en este punto. En contra de lo que tan machaconamente se repite, Franco no actuó como un espadón decimonónico, tal como reiteran insistentemente las izquierdas, sino que cumplió con su obligación de militar disciplinado al servicio del gobierno de España, un gobierno que, con sus flaquezas, aún no se había dejado dominar por los comunistas. La cuestión es que el ejército intervino y antes de cuarenta y ocho horas, aplastaron el movimiento de Companys. Es decir, un gobierno de izquierdas fue capaz de enfrentarse a un movimiento secesionista promovido por sus afines. Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República, Alejandro Lerroux, presidente del Consejo de Ministros y Diego Hidalgo, ministro de la Guerra, plantaron cara al separatismo sin que les temblara el pulso. Comparen, por favor, con la situación actual.

La rebelión en Asturias revistió caracteres mucho más serios. Se tardó quince días en restaurar el orden en Oviedo y las localidades vecinas. La lucha en las montañas duró unas cuantas semanas más. La explicación del por qué triunfara durante dos semanas en Asturias mientras fue arrasada sin mayores problemas en el resto de España, hay que buscarla, además de en el hecho de que Asturias fue el único lugar donde la Alianza Obrera[5] logró integrar a la CNT, en la minuciosa preparación de la insurrección que hicieron las organizaciones obreras asturianas, y singularmente la fuerza obrera hegemónica, los socialistas (UGT-PSOE-JJSS), lo que no sucedió en el resto de España.

La sociedad estaba tan dividida que hasta los corresponsales extranjeros tomaron partido. Según Knoblaugh, suponían que uno de sus corresponsales en Oviedo que se había unido a los rebeldes, habría perdido la vida en las montañas donde se habían refugiado en un desesperado intento de resistencia, mientras que otro, por el contrario, un veterano corresponsal, Arturo Cardona, se marchó con los legionarios a liberar la capital del Principado. El informe oficial refleja 1.335 muertos y es tres veces superior el número de heridos. El sector industrial de la ciudad quedó reducido a escombros. Setecientos treinta edificios fueron destruidos, algunos por la artillería del gobierno, pero la mayor parte de ellos sucumbió a manos de los incendiarios. Entre las pérdidas más notables, la de uno de los más emblemáticos edificios de Oviedo, la Universidad, que quedó destruido en pocas horas el 13 de octubre de 1934. Con la destrucción del edificio, desapareció el patrimonio secular que la Universidad de Oviedo había ido atesorando desde su fundación,  en los últimos años del siglo XVI, y desde la puesta en marcha de sus enseñanzas, en el año 1608.

Los golpistas se plantean también destruir la catedral de Oviedo. Dos días después, cuando las tropas de la República estaban a punto de liberar la capital asturiana y de echarlos, cumplen el objetivo al menos donde más daño podían hacer. En la noche del 11 al 12 de octubre entraron por el fondo sureste de la Catedral, quemaron la sillería del coro -de incalculable valor, apenas recuperada y sólo en parte, décadas después-, llenaron la capilla de Santa Leocadia, situada bajo la Cámara Santa, de cajas de dinamita y volaron el conjunto y con él los contenidos más valiosos en el orden histórico-artístico de Asturias y quizá de España y de toda Europa si nos ceñimos a la alta Edad Media, por no hablar del valor espiritual, ya que allí estaba y sigue el Santo Sudario, una de las dos reliquias más importantes de la cristiandad.

La importancia de la destrucción es tal que inmediatamente motiva al Gobierno de la República a restaurar semejante barbarie, que hoy día calificaríamos propia de talibanes o yihadistas, de modo que comisionó al catedrático Manuel Gómez-Moreno, director general de Bellas Artes ̶ la figura académica más destacada en Historia del Arte de su tiempo y quizás en todo el siglo XX ̶  para dirigir la rehabilitación. El arquitecto Ferrant inició al poco. tareas más de desescombro que de reconstrucción del templo ̶ la Cámara Santa es en realidad un templo-relicario, adosado al palacio de Alfonso II ̶  para acometer la recuperación de las reliquias y las joyas dañadas por la voladura. Las convulsiones de aquellos meses y sobre todo el casi inmediato estallido de la Guerra Civil, con todo lo que supuso de nuevas destrucciones ̶ la catedral de Oviedo, por ejemplo, recibió 160 cañonazos ̶ frenó el proceso.  Da idea de la cantidad de armas que habían entrado en España para la rebelión el hecho de que, solamente en Asturias, las fuerzas gubernamentales capturaron cerca de 90.000 armas largas, 33.000 pistolas y revólveres y alrededor de 500.000 cartuchos.

En Madrid hubo desórdenes esporádicos, pero no levantamiento organizado. Aunque los disparos desde los tejados eran continuos, contestados por las tropas desde la calle, hubo pocas bajas. Una noche, el tiroteo se hizo tan intenso que se temió que en Madrid se repitiera lo de Oviedo, de tal forma que Knoblaugh, por ser el único soltero, se ofreció a ir a la embajada americana a buscar una bandera grande que, colgándola en la fachada del edificio donde el periódico tenía sus oficinas, les sirviera de protección. Hay que decir que corrió grave riesgo al tener que caminar casi dos kilómetros por el Paseo de la Castellana bajo un tiroteo encarnizado y, aunque al cesar los disparos se consideró innecesario engancharla, les sirvió de mucho solo dos años más tarde-

Como consecuencia de esta revolución, el gobierno de la II República encarceló a cerca de treinta mil izquierdistas, entre ellos a Francisco Largo Caballero, dirigente  del PSOE y presidente de la UGT, presunto principal instigador del movimiento al cual encontraron en su casa detrás de un armario. Indalecio Prieto, a quien se le imputaba el haber encabezado la rebelión de Asturias, hizo honor a su reputación de ser el máximo artífice en evasiones de toda España: se dice que en una ocasión burló a la policía de fronteras disfrazándose de mujer; en otra, que lo hizo bajo una sotana y la más hilarante de todas, en un cajón donde se suponía debería ir un toro para una corrida que se celebraría en Francia.

Poco después, Largo Caballero fue entrevistado en la cárcel por Knoblaugh el cual se sorprendió cuando le oyó decir con arrogancia:

“Ganaremos por lo menos doscientos sesenta y cinco escaños. Todo el orden existente va a transformarse. Azaña será para mí como Kerensky a Lenin. Dentro de cinco años, la República estará de tal forma organizada que a mi partido le resultará fácil utilizarla como escalón para conseguir nuestro objetivo. Nuestra meta es una unión de Repúblicas Ibéricas Soviéticas. La península ibérica volverá a ser un gran país. Portugal se incorporará a nosotros  ̶confiamos que pacíficamente ̶, pero utilizaremos la fuerza si es necesario. ¿Detrás de estas rejas tiene usted al futuro amo de España! Lenin ha declarado que España sería la segunda República Soviética de Europa, y su profecía será una realidad. Yo seré el segundo Lenin que lo hará realidad.”[6]

Hacia primeros de noviembre de 1934 empezó a reinar en todo el territorio español una relativa calma a pesar de que circulaban rumores inquietantes que no se materializaron. Funcionaba la industria, el transporte era regular y se podía salir seguro a la calle, aunque todavía persistían desórdenes en pequeña escala. Gil Robles obtuvo en el nuevo gobierno de Alejandro Lerroux el puesto que deseaba: el ministerio de la Guerra el cual dirigió con mano férrea. La violencia desapareció de España durante todo el año siguiente y la izquierda muy afectada por su derrota de octubre, abandona la fuerza como arma y se repliega a la obstrucción parlamentaria esgrimiendo las medidas represivas adoptadas por el gobierno durante la rebelión como arma propagandística. Lo frecuente de las interpelaciones parlamentarias sobre este particular se convirtió en obstrucciones que bloqueaban los esfuerzos del sector de centro-derecha por añadir una legislación concerniente a alguna de las reformas sociales. Cuando ven que el tema de la represión asturiana ya no enardecía a las masas, buscan una nueva arma que utilizar contra la combinación Lerroux-Gil Robles. Llegamos así a

El tercer escalón.

La estrategia necesitaba echar mano de algo que minase la confianza del pueblo en el viejo gobierno conservador. Les dio fruto con el asunto del estraperlo. La palabra Estraperlo proviene del acrónimo Stra-per-lo  derivado de Stra-uss, Per-lowitz  y  Lowann, apellidos judíos holandeses de quienes promovieron el negocio que dio lugar a un escándalo político, producido como consecuencia de la introducción de un juego de ruleta eléctrica. Los juegos de azar –especialmente la ruleta– estaban prohibidos en España, así como en la mayoría de países europeos. Sin embargo, en la década de los 30, se popularizaron numerosos modelos de pseudorruletas, que funcionaban alegremente en los grandes casinos de todo el continente.

A lo largo del mes de junio de 1934, los empresarios y los políticos llegaron a un acuerdo económico para explotarlo en el casino de San Sebastián. Varios personajes en la órbita del Partido Radical harían valer sus influencias para conseguir la autorización, a cambio de un porcentaje en el negocio. Según la versión de Strauss, Alejandro Lerroux (líder del Partido Radical) recibiría el 25 % de los beneficios; Joan Pich i Pon, (alcalde de Barcelona) un 10 %; Aurelio Lerroux (sobrino del Presidente), Miguel Galante y el periodista Santiago Vinardell, un 5 %. Además, para asegurarse la cooperación del ministro de la Gobernación Rafael Salazar Alonso, Joan Pich i Pon  se había comprometido a hacerle llegar un soborno de 100.000 pesetas. (Se ve que la cuestión de las comisiones viene de antiguo). El juego fue prohibido por la policía tras demostrarse que era fraudulento (pues la rueda se controlaba mediante un botón y, por lo tanto, la banca ganaba siempre que lo deseaba). A pesar de la prohibición funcionó en el Hotel Formentor (Mallorca), hasta que posteriormente también fue clausurado. Los concesionarios reclamaron indemnizaciones al sentirse perjudicados porque la precipitada clausura les impidió resarcirse del pago efectuado por la concesión.

Lerroux líder del Partido Republicano Radical

Lerroux líder del Partido Republicano Radical

Alcalá Zamora recibió el dossier completo con toda la trama de corrupción que le envió Strauss a principios de septiembre de 1935. Se lo enseñó a Lerroux, que entonces era el presidente del gobierno, pero este no le dio importancia y, al parecer, le dijo que sería muy difícil probar sus presuntos contactos con Strauss, pero el sensacional escándalo allanó el camino y condujo a la izquierda a ejercer presión sobre el presidente de la República para que disolviera las Cortes. Tras la crisis de gobierno que se produjo a mediados de septiembre en que Lerroux renunció a seguir encabezándolo (según el historiador Gabriel Jackson porque Alcalá Zamora lo obligó a dimitir al conocer el dossier de Strauss) el presidente de la República a comienzos de octubre trasladó la denuncia al nuevo gobierno radical-cedista presidido por Joaquín Chapaprieta, en el que Lerroux era ministro, y le obligó a que el caso fuera debatido en las Cortes, donde se formó una comisión parlamentaria. El dictamen de la misma señaló que habían existido actuaciones «que no se ajustaron a la austeridad y a la ética que en la gestión de los negocios públicos se suponen». El 28 de octubre de 1935 las Cortes votaron la culpabilidad de los acusados por la comisión.

El escándalo, poco importante en sí mismo, puso de relieve la existencia de un cierto grado de corrupción entre los cuadros del Partido Republicano Radical, pero unido al que estalló poco después (el denominado escándalo Nombela), supuso el derrumbe del Partido Radical, lo que terminó con el período que se ha  denominado «bienio negro» y dio un paso hacia el enfrentamiento.

Cuarto escalón: Las elecciones de 1936

La presión ejercida por las izquierdas obligó al presidente Alcalá Zamora a disolver las Cortes. El Presidente se hallaba en una situación apurada, ya que la Constitución preveía y estipulaba que un presidente solo pudiera disolver las Cortes dos veces en el espacio de los seis años que duraba su mandato y que estaba sujeto a acusación si no pudiera justificar la segunda disolución ante las nuevas Cortes. El había disuelto las Cortes Constituyentes en 1931, pero afectó únicamente a una asamblea constituyente. Si se tomaba en cuenta, como algunos pretendían, la autoridad de Alcalá Zamora  quedaría mermada, Los especialistas en leyes constitucionales tenían opiniones divididas al respecto, pero Alcalá Zamora, comprendiendo que no le quedaba otra alternativa que disolver las Cortes y convocar unas nuevas elecciones, las fijó para el 16 de febrero. Esto significó su condena a muerte política. Tres meses después era relevado de su puesto.

Manuel Azaña, malhadado Presidente de la II República Española

Manuel Azaña, malhadado Presidente de la II República Española

Mientras tanto, Azaña, que fue acusado de complicidad con Companys en la rebelión de octubre de 1934 en Barcelona, pero su defensa, llevada por él mismo, fue un magnífico ejemplo de oratoria, según afirma Knoblaugh, presente en el juicio. Azaña fue absuelto y adaptó un nuevo papel que le conduciría a la presidencia: organizó el Frente Popular de Izquierda. Socialistas, anarquistas, comunistas y republicanos de izquierdas fueron llamados a militar en sus filas. Nadie creía que fuera posible. Al reunir Azaña estos elementos discordantes en uno solo, hizo honor a su reputación de ser el más astuto e inteligente político de España. La convocatoria a su primera concentración de masas fue la más grande de las conocidas hasta entonces en España. El gobierno, que no concebía que semejante congregación de enemigos tradicionales pudiera reunirse sin provocar una manifestación, había hecho montar ametralladoras en todos los accesos al campo, en el sur de la ciudad, pero no fue necesario utilizarlas. Al parecer, Azaña había conseguido lo imposible.

A pesar de ello, parecía que el grupo de Gil Robles ganaría la partida. Su grito de campaña: “Dadme todo el poder, que yo salvaré a España” atraía a muchísima gente. A pesar de los grandes alardes de optimismo de Azaña pocos le veían como ganador, sin embargo, Gil Robles fue derrotado. Los historiadores más objetivos culpan al sistema electoral ideado por los izquierdistas en 1932, de manera que les mantuviese siempre en el poder. Como les había rebotado contra ellos en las elecciones de 1933 cuando venció la coalición de Gil Robles, en los comicios de 1936 los extremistas de izquierda recurrieron a la violencia en las urnas en muchos distritos para asegurarse contra una nueva victoria derechista. Hubo desórdenes en gran número de sectores. Fueron atemorizados los votantes y volcadas muchas urnas a cuyo contenido se prendió fuego. A pesar de estas medidas, las derechas obtuvieron 4.570.000 votos contra los 4.356.000 de las izquierdas, pero por el sistema electoral del que tanto se habían quejado derechas e izquierdas, se les dio el poder a estas últimas, que, en este caso, al contrario que en 1933, no cuestionaron el procedimiento. Cuando el 17 de febrero las masas izquierdistas se enteraron, no esperaron al día 20 a que aparecieran los resultados oficiales, e iniciaron inmediatamente una serie de manifestaciones contra los derechistas y sus propiedades. Una ola de quema de conventos y profanaciones de iglesias invadió la nación entera. En algunos lugares en los que los derechistas habían resultado claramente vencedores  ̶  en Granada y Salamanca particularmente,  ̶  las elecciones fueron anuladas. Con este último escalón se llega al rellano, a la plataforma inmediata a la guerra civil que  veremos en un próximo capítulo.


[1] Edward Knoblaugh:”Ültima hora: Guerra en España”, Ed. Áltera

[2] En palabras de Knoblaugh, pg. 18

[3] Seguimos a http:/dolça Catalunya.com/2015/10/08/companys el president golpista hace 81 años que empezó la guerra civil” 

[4] Situada en Barcelona en la calle de Aviñó, y hoy convertida en Gran Logia Simbólica Española.

[5] La Alianza Obrera, una idea surgida en Cataluña por iniciativa del pequeño partido comunista antiestalinista Bloc Obrer i Camperol (Bloque Obrero y Campesino), fue extendida al resto de España por los socialistas (UGT-PSOE -JJSS) cuando el sector encabezado por Francisco Largo Caballero se hace con la dirección de UGT en enero de 1934 (el PSOE y las JJSS ya estaban bajo su control) e impulsa la idea de la Alianza Obrera, al considerarla un buen instrumento para sumar apoyos a su nueva estrategia insurreccional para alcanzar el socialismo (abandonando la “vía parlamentaria”).

[6] Mientras se quitan calles, plazas y estatuas dedicadas en reconocimiento  a personajes ilustres como Vázquez de Mella, Pemán y tantos otros, a Largo, “el segundo Lenin”, se le dedicó una magnífica avenida en la capital del Estado.pag 31

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