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Discurso de Don Carlos Ibáñez Quintana

Carlos Ibáñez Quintana
Carlos Ibáñez Quintana
Carlos Ibáñez Quintana

“Mi familia no fue carlista. Me hice carlista poco a poco. Tuve un profesor de Historia que era carlista. Mi hermano murió en la Cruzada. El barbero de mi pueblo era carlista. Pues bien, yo soy carlista por la estética del Carlismo, pero sobre todo los sus principios. No lo soy por familia.

Hoy, la familia usurpadora te lleva a quemarte la boca si le atribuyes la categoría de rey.Cuando el Carlismo está de capa caída me hice carlista, y me hice –repito- por los principios. Conociéndolos, uno no puede sino ser carlista. ¿Si no a dónde voy a ir? Si abandono la verdad ya me voy a la mentira. Quién sirve a la mentira se hace esclavo de ella. Entre los que asistís a este importante acto, veo más jóvenes que otros años. Les animo a conocer bien los principios. Con esta democracia actual que ha abandonado los principios de la Tradición española, ya vemos a dónde hemos llegado a parar. Peor no podemos estar y siguen cantando la Marsellesa (o el himno de Riego). La democracia actual es entender que no hay que entenderse. La democracia de hoy es una demogresa. Por el contrario, en el Carlismo se está bien porque tiene principios. Los jóvenes deben profundizar en ellos, en los principios y en las actitudes.

Profundizar en los principios es la base sólida para construir sobre roca. Así seréis carlistas pase lo que pase. Al Carlismo no puede darle la puntilla nadie, porque el Carlismo es inmortal por sus principios (Aplausos).

Vosotros, jóvenes, sois capaces de salvar a España, con el rey a la cabeza o huérfanos de rey. Mientras haya principios habrá Carlismo, habrá carlistas, y mientras haya Carlismo podéis salvar España.

Miremos la economía, la sociedad, la familia, la natalidad. Los liberales que defienden la unidad de España dan argumentos fatales como el decir (a los nacionalseparatistas catalanes –malos catalanes-): “si salís de España salís de la UE”. Pues bien, es mucho más fácil decir: España no se puede romper porque España es una unidad en la lealtad a Dios y la lealtad a un rey. Esta Constitución de 1978 ha arrinconado a Dios y nos ha puesto un rey que no es rey, pues no le dejan hacer justicia. Y sin justicia no hay lealtades. Y sin lealtades no se concita la unidad a España.

Hago un homenaje a Jaime Bordegaray, natural del Señorío de Vizcaya. No puede venir a estar en este importante acto por motivos de salud: pierde el oído, y va perdiendo la vida. Siendo ordenanza de profesión, ha aportado mucho apoyo económico a la Causa. (Para que luego digan que el carlista antes dará la vida que su hacienda). La salud y los años le han impedido venir hoy aquí. Acordaos de cuando cantaba sobre Aguirre, el chocolatero, el cinturón y el pantalón, todo ello junto. Con eso ya he dicho bastante.

Jóvenes, el carlismo os dará disgustos pero no os defraudará. Los que han marchado a otros partidos ya están desengañados. Los principios son tan buenos y sólidos que es que no hay otros”.(Grandes aplausos)

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