Reposición de la Cruz de la “Mata de los Carlistas” en Ayuela de Valdavia

La Cruz de la "Mata de los Carlistas" en Ayuela de Valdavia

La Cruz de la “Mata de los Carlistas” en Ayuela de Valdavia

Siguiendo con la idea, entendida como necesidad, de recuperar la memoria y las tradiciones históricas de la provincia de Palencia, el pasado  siete de diciembre, una delegación de la ACT Fernando III el Santo repuso la desaparecida Cruz de la “Mata de los Carlistas” en la localidad de Ayuela de Valdavia; intentando que esta reposición fuese lo más fiel posible a la medida, forma, consistencia y lugar que explican los viejos textos, y los ancianos de la localidad.

Esta cruz, -creada poco tiempo después de la aniquilación en el lugar de una partida carlista a manos del ejército “cristino” en el año 1837 durante el curso de la “Primera Guerra Carlista”– se conservó hasta hace unas décadas, cuidada por gentes anónimas de Ayuela de Valdavia. Con el paso del tiempo, sumado a las labores forestales, así como el desinterés creciente en todo lo que suponen los hechos históricos, la hicieron desaparecer.
Próximamente, tras reponer la Cruz, la ACT Fernando III el Santo colocará además en el mismo lugar una placa, que sirva como homenaje y recuerdo a lo sucedido hace ya casi dos siglos en tierras de la Valdavia.

Un poco de historia.

En el año 1837, transcurría el quinto de la denominada “Primera Guerra Carlista” en España, y la situación no era la mejor para el valiente ejército legitimista carlista. La muerte del general Zumalacárregui en 1835, añadida a la constante ayuda militar y económica proporcionada por Gran Bretaña y Francia a las huestes del bando “cristino” liberal habían debilitado notablemente las posibilidades de victoria de los leales al rey Don Carlos. Aún así, los ejércitos carlistas, a sabiendas de ser los portadores de la legitimidad, de tener el apoyo del noble pueblo, y de la miseria que le esperaba a la Patria en caso de derrota, mantenía la moral intacta aunque ya más que como un ejército, sus huestes funcionaban en la mayoría de los casos como partidas de guerrilleros subordinadas al mando de mayor graduación que se mantuviese en cada partida.

Así, ocurrió que una de estas partidas carlistas que se encontraba combatiendo en la zona norte de Palencia, se instaló en un paraje conocido por entonces como “La Manguilla”, sito en la pequeña localidad de Ayuela de Valdavia. Este lugar, a apenas un kilómetro de dicha localidad, y a unos cinco de Buenavista -la cabeza de la comarca-, era idóneo como refugio; pues además de la cercanía a dichos pueblos -la población de la zona ayudaba en lo que podía a los legitimistas-, se trataba de un amplio cerro constituido por una frondosa mata de roble, cercano al río Avión, y con una importante vista sobre la comarca desde el “Cabezo Alto”, que con sus 1047 metros de altura, corona la mata.

Allí se mantuvo la partida durante un tiempo esperando órdenes, al mando del capitán Portillo, cuando una noche -finalizando ya el verano- fueron localizados y rodeados por un batallón mucho más numeroso de tropas enemigas. Los “jacobinos”, fieles a su estilo, no se detuvieron en su afán criminal hasta matar al último de los carlistas, aunque milagrosamente, dos de los hombres consiguieron sobrevivir a la masacre de la hoy llamada “Mata de los Carlistas”. Uno de los que consiguieron escapar fue el propio capitán Portillo, quien malherido consiguió atravesar el río Avión, y refugiarse en otra mata, donde desgraciadamente fue localizado al día siguiente y fusilado allí mismo, en un paraje que hoy se llama “Mata Portillo”. El otro fue un joven carlista, que consiguió llegar hasta Ayuela, donde un pastor lo llevó hasta su casa, cediéndole sus ropas para que pudiese escapar; se desconoce el nombre y el destino del joven superviviente, aunque se cree que pudo unirse a alguna de la partidas que aún quedaban en pié por tierras leonesas..

La guerra terminó, con la consabida victoria de los “cristinos”, y aunque España con ello se adentró de lleno en las ideas “ilustradas” extranjerizantes que aún hoy padecemos, lo sucedido en Ayuela no se olvidó. Así, sabemos que al poco tiempo de la masacre se forjó una cruz en el lugar como recuerdo a los valerosos hombres que allí dejaron la vida luchando por Dios, la Patria y el Rey; y que esa cruz se mantuvo firme hasta hace pocas décadas mantenida por gentes anónimas de Ayuela. La pérdida de identidad y sentido del deber que hemos padecido desde hace ya demasiado tiempo en España, lograron que poco a poco la cruz, y con ella el recuerdo de lo allí sucedido se acabase olvidando, no solo físicamente, sino incluso en la memoria del pueblo.

El recuerdo de lo sucedido, y la lealtad a quienes lucharon por la verdad, no debe ser olvidado, pues es el fértil abono en que se arraiga la tradición y la dignidad de un pueblo.

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