Eudocio Ravines y su decepción del marxismo

Eudocio Ravines y su decepción del marxismo

Jamás pensé que en algún momento podría estar de acuerdo con unas manifestaciones realizadas por un líder socialista. Reconozco mi error y asumo humildemente lo dicho, con motivo de la Ley de Memoria Histórica, por D. Alfonso Guerra: “Vivimos una democracia imperfecta porque no practicamos la libertad de recordar”.

De acuerdo, recordemos. Lleva razón. Tan imperfecta es la democracia que vivimos que el Gobierno del Sr. Zapatero decidió rebobinar aquella triste etapa para volver a contar la Historia a su modo y manera. La llamada derecha, o mejor, la no izquierda, había seguido el ejemplo de tantos mártires masacrados en esa época en la que murieron pidiendo perdón para sus verdugos y había “pasado página”. Se hace necesario, por tanto, recordar la actuación de las izquierdas a lo largo del período que ampara la referida Ley mientras nos sea permitido practicar la “libertad de recordar”, con la intención de que ese olvido, al que alude, no contribuya a dicha imperfección.

Empecemos, pues, por recordar las “bondades” de sus teorías políticas, a veces impuestas amedrentando de una u otra forma a sus seguidores. En este sentido se recuerda la figura de Eudocio Ravines, persona compenetrada con el marxismo y vinculada a la élite del aparato soviético, responsable de haber organizado los movimientos comunistas en España, Chile, Argentina y Perú por lo que obtuvo los Premios Stalin y Mao.

Ravines nació en un pueblito peruano en 1897, en extrema pobreza y pronto quedó huérfano, subsiguientemente, tuvo que trabajar desde temprana edad para mantener a sus hermanos menores. En su primer trabajo fuera de su casa, en Lima, en el comercio de Albert Kobrick, se hizo con algunas de las obras de Lenin, Marx, Trotsky y Engles, que leyó con avidez en poco tiempo, de las que  emergió, naturalmente, un comunista convencido. Fue amigo cercano de José Carlos Mariátegui[1] y también de Víctor Raúl Haya de la Torre[2], y se esforzó incansablemente en organizar y fortalecer a las izquierdas políticas. Fundó el Partido Comunista del Perú, organizó la CGTP y  bombardeó a la opinión pública con acérrimas columnas de opinión, primero en “La Razón” y en la revista “Claridad”, luego funda “Rincón Rojo”. Por estas actividades el gobierno lo deporta a Chile, desde donde, a su vez, es deportado a Argentina. En este país toma contacto con José Ingenieros, Juan B. Justo, Rodolfo Ghioldi, Nicolás Repetto, Carlos Sánchez Viamonte y Vittorio Codovila[3], todos admiradores de la revolución rusa y con los que participa en la Liga Anti-Imperialista y ayuda a consolidar el Partido Comunista.

Con lo que pudo ahorrar en su precario trabajo viaja a París donde colabora en la formación y en la plataforma de la Alianza Popular Revolucionaria (APRA) en estrecho contacto con Víctor R. Haya de la Torre que por entonces se encontraba exiliado en Londres, documentos que enfatizaban la “nacionalización de la tierra y las industrias”. En Francia conoce a Henry Barbusse que dirige “Monde” donde Ravines comienza a colaborar periódicamente. En 1927 es designado delegado argentino del Partido Comunista al Congreso en Bruselas y en 1929 delegado del grupo socialista-comunista de Perú al Congreso de Frankfurt.

Ese mismo año es invitado a Moscú.  Y aquí sufre un pequeño shock al observar que una cosa eran las teorías que con tanta fe y ardor había defendido y otra la realidad que veía. La primera sorpresa la experimenta en el tren ruso: las porciones para el desayuno eran mínimas y a precios varias veces superiores a las raciones suculentas de los desayunos parisinos. La segunda sorpresa se la produce el ver el estado miserable de la gente, la mugre y el hacinamiento a medida que el tren iba recorriendo diferentes lugares, a lo cual, los comisarios encargados de vigilarlo le explicaron que era “la herencia recibida” aún después de doce años de iniciada la revolución. La tercera sorpresa, fue comprobar en Moscú la opulencia con que vivían y las comidas y las bebidas que se servían en las mansiones de los jerarcas del partido; pero aceptó (ingenuamente, añado) que se trataba de “los dolores del parto provocados por la transición al nuevo régimen”.

Sin embargo, a pesar de la decepción que le causaron estos descubrimientos, Ravines mantuvo su fe para con el marxismo y llegó a sostener entrevistas tanto con Joseph Stalin como con Mao Tse Tung. Aparentemente, el Kremlin llegó a tenerle gran confianza y lo contrató para que organizase células comunistas en universidades y, también, dentro de la iglesia católica. Pronto, Eudocio Ravines se había convertido en el principal agente de la política exterior Soviética en la América Latina. Forma el Partido Comunista en Lima y, en 1930, es, primero preso y luego deportado nuevamente por el gobierno, a Santiago y luego a Buenos Aires, desde donde es llamado a Montevideo para encargarle la urgente misión de sacar todos los archivos del Partido Comunista de Argentina y llevarlos a Perú dado el inminente golpe militar contra Yrigoyen. Por ello fue financiado por la Unión Soviética para aparecer como hombre rico y no despertar sospechas (le hicieron comprarse varios trajes, muchas corbatas, zapatos y camisas y alojarse en el Plaza Hotel). A pesar de las múltiples dificultades por las que tuvo que atravesar, cumplió con el cometido y voló a Lima vía Montevideo y Bolivia, donde participó activamente en la radicalizada Conferencia General de Trabajadores en 1932, a raíz de lo cual fue otra vez detenido y condenado a 25 años de prisión donde enfermó gravemente de paludismo. A los pocos años se fugó de la prisión ayudado por los soviéticos quienes se encargaron de llevarlo a Rusia con la idea de aprovechar sus consejos y curarlo.

En esa nueva estancia en el paraíso moscovita, se llevó otras tres sorpresas, otras tres decepciones. La primera es que se asombró de no ver nunca un obrero ni un campesino en las deliberaciones del partido a pesar de que teóricamente todo sería realizado por los proletarios. La segunda fue como consecuencia de su enfermedad cuando preguntó la razón por la que faltaban medicamentos: le respondieron que era indispensable gastar en armamentos debido a los “ataques permanentes de Occidente” y la tercera, el comienzo de las terribles purgas de Stalin liquidando a sus propios camaradas (comenzando por su segundo, el otrora poderoso S. Kirov).

La posición privilegiada que tenía Ravines dentro de la URSS le permitió acceder a conocimientos más ocultos. Paulatinamente, fue enterándose sobre deportaciones masivas, matanzas y campos de concentración. Además, pudo contrastar el lujo con el que vivían los miembros de los partidos comunistas con la miseria generalizada que imperaba entre los campesinos chinos y rusos. De todos modos, Ravines prosiguió con sus actividades y mantuvo entrevistas con Stalin y con Mao (en ese momento en Moscú) durante las cuales escuchaba sorprendido largas peroratas sobre “las maravillas del Segundo Plan Quinquenal”. En esas reuniones se planteó la necesidad de organizar Frentes Populares en España y en Chile como método de penetración y asistió a sesiones con el cuerpo de asesores de Dimitrov donde se explicaba la importancia decisiva de ocupar cátedras universitarias e infiltrarse en diversas manifestaciones religiosas, en especial en la Iglesia Católica.

Le incomodaba, pero pasaba por alto el hecho de que no pudiera recibir visitas sin que se registraran en la conserjería del hotel donde se hospedaba, las preguntas periódicas que le formulaban agentes de la policía y los seguimientos de que era objeto. Finalmente viaja a Santiago con documentación falsa y bajo el nombre de Jorge Montero organiza el Frente Popular a través de la “Liga de los Derechos del Hombre” y de “Casa América”. Comienza a dictar clases, se enamora de una de sus alumnas- Delia de la Fuente- , se casa y tiene dos hijas.

Es llamado nuevamente a Moscú donde se le encarga trabajar en un Frente Popular en España y funda el periódico “Frente Rojo”. El Partido Comunista que ya había iniciado una serie de alianzas obreras, siguiendo las directrices de Moscú, bajo la tutela de Ravines, propone oficialmente la creación del Frente Popular de España, al que se unieron comunistas, republicanos de izquierda y socialistas. La CNT pese a no participar en él, sí que dio su apoyo llegando a pedir el voto a sus seguidores y afiliados. El 16 de febrero de 1936 el Frente Popular ganó las elecciones. Aunque la ventaja no fue muy grande, tuvo eco en toda Europa. Tras esta victoria se volvió a una defensa de las reformas de 1931 que habían sido eliminadas o paralizadas por el anterior gobierno. Se expropiaron latifundios, aumentó el asociacionismo obrero. El Estado hizo efectivo el artículo 26 de la Constitución realizando de forma fáctica la laicidad, llevándola al extremo de perseguir y reprimir de manera sangrienta y brutal a terratenientes, sacerdotes y religiosos y a todo aquél que participara en actos religiosos y a las derechas, en general. Supuso también una alianza efectiva de distintas fuerzas para, como ocurriría más tarde, enfrentarse a cualquier fuerza disconforme con sus ideas.

Según las memorias de Ravines, le tocó presenciar y participar en las relaciones controvertidas entre el Komintern en España, los anarquistas y los llamados trotskistas españoles y vivió las persecuciones y purgas a que fueron sometidos. Todavía en España, a través de los compañeros de otros tiempos se entera que siguen las purgas en Rusia. De España habría sido llamado a “informar” a Moscú, donde es “investigado” por la Comisión Internacional de Control del Komintern y luego por NKVD acerca de sus supuestos contactos con “trotskistas” en España. La descripción de las acusaciones, lenguaje oficial, nombres y descripciones de personas que operan como acusadores e investigadores internos, incluso formas de interrogatorios y torturas coinciden con múltiples testimonios de otras víctimas, lo que fortalece su credibilidad.

Entre 1937 y 1938 vivía en un hotel de Madrid. También estaba allí alojado un camarada y amigo de origen italiano de apellido Marcucci. Una noche en que ambos escuchaban por radio las noticias, se enteraron de que el Comité Central del Partido había ordenado matanzas a quienes operaban en el mercado negro en Rusia y sus satélites. Marcucci muy impresionado le habla largamente, muy desilusionado y angustiado sobre cómo  había entregado su vida al sistema comunista al que se refiere como “la gran estafa”.[4] Esa noche Eudocio Ravines escucha un disparo proveniente de la habitación contigua y encuentra que su amigo se había suicidado. Fue un duro golpe, sus ideales se resquebrajan,  pese a lo cual vuelve a Moscú en 1938 con la preocupación de sentirse rehén del aparato al tiempo que intentaba por todos los medios que su familia fuera trasladada a Francia desde España. En esos momentos tiene lugar la tercera purga y Hitler firma el tratado con Stalin (Molotov-von Ribbentrop). Es trasladado a Chile una vez más y allí, harto del “paraíso comunista”, decide romper con el círculo soviético pero mantiene su fe marxista. ¡¡Consideraba que el problema radicaba en la irresponsabilidad de los administradores del régimen!!.

A pesar de echar la culpa solo a los dirigentes y de continuar avalando el sistema, varios emisarios le advierten que “dentro del Partido no se toleran las abjuraciones”. La venganza de los comunistas para con Ravines no se hizo esperar y fue bastante feroz. El general Velasco Alvarado le retiró su nacionalidad peruana y le prohibió regresar al país. Asimismo, tuvo que afrontar numerosas amenazas y humillaciones, e inclusive intentos de asesinato. Naturalmente, en plena Guerra Fría, el Kremlin hubiera tenido miedo de que alguien como Ravines desertara a las filas de Washington. Al tiempo, conoce a Pedro Gerardo Beltrán[5], destacado periodista liberal y economista peruano cuyos postulados eran rígidos en cuanto a defender una economía de libre comercio y de libre cambio, desterrando así al estatismo burocrático, alentando la iniciativa privada y manteniendo un férreo control del gasto público. Mantenía que el equilibrio presupuestario y el aumento de la producción nacional son los puntos básicos de la economía de un país. Influyó grandemente en Ravines, por él comprendió las ventajas del mercado libre y el liberalismo en general con lo que abandonó el socialismo-marxista y se convenció que no es una cuestión de hombres sino de sistema y que la sociedad abierta es lo que mejor saca a los pueblos de la pobreza.

Después vivió en Guatemala, Buenos Aires y Méjico con pasaporte boliviano y nunca más pudo regresar a su país. Pero Eudocio no se amilanó ante tales extorsiones. Armado de valor, recorrió Méjico, Centroamérica y Argentina denunciando continuamente al totalitarismo, aunque fuera de izquierdas. En 1952 publicó su autobiografía titulada “La Gran Estafa” donde daba a conocer la ferocidad e ineficiencia de los regímenes comunistas alrededor del mundo. Este libro tuvo gran éxito editorial y llegó a traducirse a una veintena de idiomas. Escribe en el prólogo a la décima edición de sus memorias: “La economía de mercado condenaba íntegramente, sin redención posible, al marxismo y al socialismo, a la economía dirigida, al estatismo y a todas las formas de New Deal que pululan arrojando pérdidas, frustraciones y miseria sobre la Tierra […] La realidad me convenció de que si el comunismo se arrepintiese de sus crímenes con la más sincera de las contricciones, si renunciase a sus métodos de opresión y se postrase humildemente ante la libertad, sería obligatorio seguir combatiéndolo por inepto […] Se me anclaron, con ésta, dos firmes conclusiones: el socialismo y la miseria dolorosa y depravada de las masas, son inseparables. La opresión y la miseria siguen al socialismo como la sombra al cuerpo”…

Cada vez que mencionaba su conversión del sistema totalitario al de la libertad se emocionaba vivamente y decía que era como el camino a Damasco de San Pablo y que escribiendo todos los días en diferentes periódicos de América latina y Miami y pronunciando conferencias en todas partes donde lo invitaran, intentaba reparar el inmenso daño que había causado. A partir de su abandono de las filas comunistas estaba perfectamente al tanto de los riesgos que corría pero los asumió y se entregó como mártir de la libertad. Fue asesinado[6] en Méjico el 23 de noviembre de 1978, a los tres meses de haber recibido su última advertencia, por una feroz paliza que le propinaron seis sujetos encapuchados. Aunque nunca se descubrió al autor intelectual de este asesinato y se echó tierra sobre el asunto, dadas las circunstancias, pueden hacerse algunas plausibles deducciones.

Hasta aquí una pequeña contribución para que, siguiendo el pensamiento del Sr. Guerra, “practiquemos la libertad de recordar” y meditemos, como nos propone Ravines en “La Gran Estafa”, lo que supone el comunismo y sus derivadas totalitarias.


 

[1] José Carlos Mariátegui La Chira, considerado el Amauta de América Latina, nació en Moquegua, el 14 de junio de 1894. De familia humilde, hijo de don Javier Mariátegui y de doña Amalia La Chira. Era el segundo de tres hermanos, María Guillermina y Julio César. Cuando estaba cursando la primaria (en la ciudad de Huacho), Mariátegui, a la edad de 8 años, jugando en el patio del colegio, tuvo una caída fuerte, provocándole una hematoma en la rodilla de la pierna izquierda. Fue trasladado al Lima y hospitalizado en una clínica, cuyo diagnóstico fue una anquilosis Osteomielitis de por vida (falta de movilidad en una articulación). Por causa de ese accidente, José Carlos, tuvo que dejar la escuela, convirtiéndose en un autodidacta aplicado.

En 1909, a la edad de 14 años, entra a trabajar en el diario La Prensa, pero como alcanza rejones. Al año siguiente lo hace como auxiliar de linotipista. En 1912, trabaja como ayudante de redacción. Y dos años más tarde (1914), publica su primer artículo en La Prensa usando el seudónimo de Juan Croniqueur (usó ese seudónimo porque solía criticar la sociedad limeña de esa época). También trabajó publicando artículos para varios diarios y revistas. En 1917 funda la revista Nuestra Época, y al año siguiente, el diario La Razón.Por sus constantes críticas al Gobierno de Augusto B. Leguía, éste decide darle una beca para estudiar en Europa (1919). Dicho viaje enriqueció su conocimiento cultural, social e ideológico. En Italia conoció y se casó con Ana Chiappe Giacomo, con la tuvo 4 hijos.

En 1923, retorna al Perú. Trabaja dictando conferencias en la Universidad Popular Gonzales Prada, lo hace también con organismos obreros. En 1924 le amputaron la pierna izquierda. Al año siguiente fundó la Editorial Minerva. En 1926 fundó la Revista Amauta. Estuvo preso debido a sus publicaciones socialistas y marxistas y acusado de comunista. En 1928 fundó el Partido Social Peruano, la revista proletaria Labor y publica su monumental obra Los 7 ensayos de interpretación de la Realidad Peruana. Al año siguiente (1929) funda la Confederación General de Trabajadores del Perú.Debido a la dolencia arrastrada desde su niñez. José Carlos Mariátegui muere el 16 de abril de 1930.

[2] Víctor Raúl Haya de la Torre nació en Trujillo (Perú) el 22 de febrero de 1895. Sus padres fueron Raúl Edmundo Haya y de Cárdenas y Victoria de la Torre y de Cárdenas. Estudió en el colegio San Carlos y en la Facultad de Letras de la Universidad de Trujillo.En 1917 se trasladó a Lima e ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde se convirtió en un destacado dirigente estudiantil durante la Reforma Universitaria. También realizó trabajos periodísticos y manifestaciones contra el gobierno de Augusto B. Leguía. Por ello fue deportado en 1923 y se instaló en México. Aquí colaboró con el gobierno de Álvaro Obregón y en 1924 fundó la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), de tendencia izquierdista y antiimperialista.

Después de una estadía en Europa, regresó al Perú y lanzó su candidatura presidencial en las elecciones de 1931. Al ser derrotado, se rebeló contra el presidente electo Luis Sánchez Cerro, por lo que sus partidarios fueron reprimidos duramente. Estuvo encarcelado entre 1932 y 1933 y exiliado entre 1934 y 1945. Durante el gobierno de Bustamante y Rivero su partido recuperó la legalidad, pero entre 1948 y 1956 fue perseguido por el dictador Manuel A. Odría. Entre 1949 y 1954 Haya de la Torre estuvo asilado en la embajada de Colombia.

En 1956, regresó al Perú y colaboró con el presidente Manuel Prado Ugarteche (La Convivencia). En 1962, estuvo cerca de ser elegido Presidente del Perú, pero las Fuerzas Armadas dieron un golpe de estado. En las elecciones de 1963, Haya fue derrotado por Fernando Belaúnde Terry. Entonces, pactó una alianza parlamentaria con los conservadores odriístas (Coalición APRA-UNO). En 1978, fue elegido presidente de la Asamblea Constituyente que aprobó la Constitución de 1979.Falleció en Chaclacayo (Lima) el 2 de agosto de 1979.

[3] Victorio Codovilla (8 de febrero de 1894 en Ottobiano, Italia, y falleció el 15 de abril de 1970 en Moscú, Unión Soviética) fue un dirigente político comunista de nacionalidad argentina y que llegó a ser el dirigente más importante del comunismo argentino y sudamericano.Apodado “El Gordo”, algunos de los seudónimos utilizados a lo largo de su vida fueron Luis Medina, Louis, Blanchet, Colombo, Banquero, Luis Pérez Carpiz, Tomás y Víctor Medineuse. Nacido en un hogar de clase media, era el menor de los siete hijos de Venancio Codovilla y Juana Ferrandi. Su padre había sido jornalero agrícola y luego había instalado una pequeña taberna. Victorio cursó estudios secundarios en una escuela comercial de Mortara y allí conoce a Egisto Cagnoni, un dirigente socialista por cuyo intermedio se afilia a la juventud socialista italiana. Cuando debe dejar sus estudios por razones económicas ingresa a trabajar en 1910 a la compañía de telégrafos y al año siguiente ingresa en el Partido Socialista de Italia (PSI), en el que se alinea en la corriente internacionalista.

El 12 de diciembre de 1912 llegó a Buenos Aires enviado por el PSI, y se integra a la juventud socialista de Argentina, castellaniza su nombre original “Vittorio” tornándolo “Victorio”, pero pronto abandona los grupos socialistas moderados y se une a los socialistas partidarios de la joven Unión Soviética, que devendrían después en el Partido Comunista Argentino, donde asciende rápidamente a cargos directivos.En 1924 Codovilla obtiene la ciudadanía argentina. En el VII Congreso del Partido Comunista Argentino fue elegido miembro del Comité Central y puesto a cargo de los grupos idiomáticos, mientras que en ese mismo año participa en las reuniones del Comité Central del Comintern en Moscú y desarrolla su carrera política.

Luego de la proclamación de la Segunda República Española en abril de 1931, Codovilla viaja a Madrid y en agosto de 1932 participa del desplazamiento de la dirección del Partido Comunista de España (PCE) encabezada por José Bullejos y su reemplazo por la orientada por José Díaz Ramos, Jesús Hernández Tomás y Dolores Ibarruri, instando al PCE a alejarse de otras fuerzas de izquierda partidarias de la República y preparar soviets para detener por las armas una “contrarrevolución” inminente. Cuando Codovilla fue arrestado por la policía española junto a otros miembros del partido no fue identificado –usaba el seudónimo de Luis Medina- y fue puesto en libertad al poco tiempo.

Codovilla permaneció en suelo español como enlace de Comintern con el PCE, posición que mantenía al estallar la Guerra Civil Española en julio de 1936. Originalmente encargado de coordinar las actividades de política interna del PCE con el Comintern, la lealtad de Codovilla fue muy apreciada por Stalin pero aun así fue desplazado gradualmente por el comunista húngaro Erno Gerö y el italiano Palmiro Togliatti, juzgados por Stalin como más eficaces que Codovilla para trabajar bajo las tensiones propias de la guerra, en especial en la represión política contra trotskistas y anarquistas, siendo llamado Codovilla a trabajar en Moscú desde setiembre de 1937. Volvió a Argentina en 941 para seguir manteniendo el control y desarrollo del comunismo en Hispanoamérica.

Ya enfermo, partió a Moscú, donde recibió en 1969 la Orden de la Revolución de Octubre y allí murió el 15 de abril de 1970 luego de una larga internación. Recibió honores oficiales del gobierno de la URSS en su entierro, realizado en el cementerio Novodévichie.

[4] Nombre que mucho después Ravines utilizó para escribir sus memorias, fuente principal de la información disponible que resume Federico Prieto Celi en su biografía.

[5] Pedro Gerardo María Beltrán Espantoso. (Lima 1897- id., 1979)Fue un destacado periodista, economista y político peruano. Fue Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Hacienda y Comercio, y desde tal cargo orientó a su país a una economía de tipo liberal. Economista peruano. Fue el representante de Perú en la conferencia de Bretton Woods y delegado de su país en numerosos organismos económicos internacionales. Presidente del BIRD entre 1948 y 1950. Desde 1960 fue profesor honorario de la London School of Economics.

[6] Le dieron el mismo fin que a Oswaldo Payá, Orlando Zapata, el padre Julio Meinvielle u Onofre Pérez y tantos otros que osaron mostrar su disidencia.

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