El espíritu del glorioso Alzamiento de 1936

Por Octavio F. Lima, Redactor, El Nuevo PATRIA, desde Miami, Florida.

El espíritu del glorioso Alzamiento de 1936

La supresión de los crucifijos de las escuelas, la violación de monjas, los asesinatos en las calles, la quema de iglesias y conventos y las fotos de los enemigos de Dios, Lenin y Marx en la Plaza de la Independencia de Madrid, entre otras cosas, generaron un ambiente irrespirable para todos los españoles que, hijos de su tradición, querían seguir siendo españoles y profesar su fe cristiana.
 
La explosión de odio hacia la España auténtica abortó un entorno político y social absolutamente asfixiante. Este entorno hizo indispensable en España el glorioso Alzamiento Nacional del 18 de Julio de 1936.
 

 

 MAS QUE UN ALZAMIENTO, UNA CRUZADA 

Profanacion iglesias
El saqueo e incendio de iglesias, la tortura de cristianos y el asesinato de
sacerdotes por los criminales rojos provocó la gloriosa Cruzada de 1936
Por eso un día como hoy, hace 80 años, españoles llenos de amor por su fe y su patria decidieron alzarse frente a un desgobierno amoral constituido en enemigo del pueblo. La Cruzada de Liberación Nacional, denominada así por una Carta Pastoral del episcopado español, fue, más que un conflicto militar y político, una batalla por el alma de un pueblo. Fue, sobre todo, una guerra de religión entre el marxismo ateo y el cristianismo. Posiblemente la última guerra “romántica” de la historia en la que un pueblo cristiano se levantó frente a la barbarie y la blasfemia atea; frente al odio y el terror marxista.
 
Ese odio y terror, que quemaba conventos y que terminó fusilando la imagen del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles (Getafe, Madrid), dio el saldó trágico de 13 obispos y varios millares de sacerdotes asesinados sin piedad por el odio a la fe. 
 
Por esta razón, los obispos españoles tan acertadamente calificaron el Alzamiento Nacional, de Cruzada de Liberación. Y por esa misma razón, la contienda cuenta con varios miles de fallecidos elevados a la categoría de mártires que murieron por defender su fe.
 

 LA DEFENSA DE LA FE 

Misa Carlista en Bilbao
Requetés Carlistas de la Comunión Tradicionalista hacen guardia de honor
durante una misa en Bilbao en Acción de Gracia por la victoria en 1939.

Del “espíritu del 18 de Julio” hoy prácticamente sólo queda el recuerdo de los más mayores. Desde ámbitos al servicio del error y la disolución se ha tratado de equiparar ese espíritu de defensa de la fe con planteamientos políticos incompatibles con la misma.
 
La fe en Jesucristo Hijo de Dios y Salvador nada tiene que ver con el pacifismo, el entreguismo o con ideologías que le rinden culto al Estado. La defensa del espíritu eminentemente cristiano del 18 de Julio que alentó el devenir de la historia de España no encaja bien con ese “ecumenismo” falso y suicida, o con la sumisión abyecta al socialismo propagada por los modernistas infiltrados dentro de la jerarquía eclesiástica; modernistas que hoy les sirven de pala a tiranos como Fidel y Raúl Castro.
 
Creemos en la grandeza de una fe en un Dios encarnado en historia que nos ama con la locura de la Cruz y nos saca del fango del pecado. Esta fe nos mueve al compromiso con los demás, en especial con los menos favorecidos en un ejercicio de caridad (que no es filantropía). Creemos en la grandeza de España, y de todos los pueblos cristianos de la tierra, contingente al fin y al cabo, en la que la religión cristiana es su gran motor histórico.
 
Recordemos agradecidos, pues, a quienes hace 80 años ofrecieron sus vidas para que España no dejara de ser católica en testimonio martirial de nuestra fe. Y por todos aquellos héroes que ofrecieron y ofrecen su vida en el martirio diario del compromiso por una humanidad más justa, por una sociedad donde se viva un verdadero ejercicio de solidaridad cristiana. En definitiva por todos aquellos que queman su vida por la extensión del Reino de Cristo que no más que la Civilización del Amor.
 

 EL VENENO DE LA HEREJÍA MODERNISTA 

JP II y Castro 03
El veneno Modernista, que relativiza la Fe, contemporiza con el error y traiciona
a Nuestro Señor Jesucristo, viene asfixiando silenciosamente al cristianismo
a partir del trágico Segundo Concilio Vaticano.
Hoy, esa España, y el mundo cristiano entero, yace paralizada por un terrible veneno anticristiano: la herejía Modernista. Un veneno formalmente señalado y firmemente condenado por el gran Papa San Pio X en su magistral encíclica Pascendi dominicis gregis.
 
Este veneno Modernista, que a partir del trágico Segundo Concilio Vaticano se le inyectó al Cuerpo Místico de Cristo con la complicidad criminal de las cúpulas más altas de la Iglesia, ha asfixiado la piedad, la virtud y el espíritu cristiano en naciones enteras. El Modernismo suprimió laSanta Misa Tradicional y el canto Gregoriano, vació los seminarios y conventos, acabó con las órdenes religiosas, ha perseguido a los católicos fieles, ha exterminado la piedad cristiana y le abrió las puertas a una plaga abominable de curas corruptos y maricones, curas verdaderamente dignos de haber sido fusilados por los rojos en 1936.
 

 LA NECESARIA CONVERSIÓN DEL PUEBLO 

Carlismo en marcha
Con Dios, nada es imposible. Un pueblo decidido, fiel a Dios y a su herencia
cristiana es invencible y puede rescatar a la patria de las garras de sus enemigos.
 
Pero aunque el momento es grave y aterrador, el corruptor veneno modernista no es irreversible. La historia nos enseña que cuando los hombres resuelven cooperar con la gracia de Dios, se operan insignes maravillas en la Historia: la conversión del Imperio Romano, la formación de la Edad Media, la reconquista de España a partir de la batalla de Covadonga y la gloriosa Cruzadade Liberación Nacional de 1936.
 
Todos estos acontecimientos se dan como fruto de las grandes resurrecciones de alma de que los pueblos son también susceptibles. Resurrecciones invencibles, porque no hay nada que derrote a un pueblo virtuoso y que verdaderamente ame a Dios. Hoy, 18 de Julio, Día del Alzamientocontra las fuerzas del odio, la esclavitud y la muerte en España, hacemos votos por esa anhelada y necesaria resurrección de los pueblos cristianos, fruto de un regreso a los valores eternos y principios inmutables de la Tradición.
 
¡Tradición que no es la veneración de las cenizas del pasado, sino la transmisión de la llama viva que nos alumbra el presente y nos asegura el futuro!

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