La peligrosa utilización de una sugerente imagen.

La peligrosa utilización de una sugerente imagen.

 

Peligrosidad:Posibilidad o riesgo que hay en algunas situaciones de que ocurra un daño o un mal”

Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.

«La verdad es una trampa: el único modo de llegar a ella es dejarse atrapar».

Soren Kierkegaard

 


 

Hablamos de peligrosidad, verdad y aún de sugerencia, porque todo ello, sin pretenderlo, fue suscitado hace ya muchos años por esta maravillosa imagen. Peligrosidad, porque al dejarse arrastrar escritores y blogueros por una noticia falsa, sin sentir la necesidad de atrapar la verdad, como decía Kierkegaard, (seguramente atraídos por el poderoso imán de tan sugerente fotografía), han causado perjuicio a un personaje inocente, que, además, no puede defenderse.

Define el DRAE como sugerente aquello que provoca ideas y emoción que resulta muy atrayente, añadiendo los psicólogos que si la imagen en cuestión es una fotografía,  el nivel de iconicidad es muy alto, por lo que tendemos a confundir la imagen con la REALIDAD misma. Así a la subjetividad inherente del fotógrafo  al sacar la foto, hay que añadir la del receptor, que interpretará el mensaje de diferente manera según sea su propia percepción de la realidad, sus conocimientos, su cultura, sus deseos, su contexto en definitiva.

Sirva esta pequeña introducción para comprender por qué se produjeron tantas exageraciones en la literatura explicativa de tan maravillosa imagen, que llevó a muchos, por esa fuerza que transmite y, en función, como dice el psicólogo, de sus deseos, a adjudicarla, sin la más elemental prudencia en la comprobación, a la personalidad de un beato, el beato Martín Martínez Pascual. De modo que ahora, para delicia de muchas páginas y blogs de izquierda les sirve de motivo de burla e ironía el hecho de que, aquél al cual han dado la personalidad de un beato, dedicado a rezar, preocuparse por los demás, ejercer como profesor que murió asesinado “in odium fidei”, en realidad era un anarquista cercano a Durruti; es decir, podría haber sido miembro de cualquiera de sus columnas: “Aguiluchos”, “Roja y Negra”  o quizás aún peor, de  “los Sin Dios”; es decir, todo un contrafuero, un contrasentido.

Estas “carreras” por otorgarle la personalidad del beato Martínez Pascual causaron no pocos “resbalones” en ediciones de libros como “Holocausto Católico. Los mártires de la Guerra Civil” publicado por “La esfera de los libros”, cuyo autor, Santiago Mata, se dejó arrastrar por la fascinación de la imagen y la utilizó como portada del mismo, se supone que con el mismo objetivo de que los posibles compradores se sintieran motivados a leer su contenido, atraídos igualmente por la fuerza que emana de la efigie. Y naturalmente múltiples y variopintas publicaciones de internet, tanto de laicos como de iglesia (Infovaticana, Religión en Libertad, Hispaniainfo, Aciprensa, Derecho a vivir, provincia de Tenerife, Pregunta Santoral, etc.) se hicieron eco de que la fotografía era de un sacerdote asesinado en Siétamo durante la guerra civil de 1936. Pocos han sido capaces de reconocer noble y públicamente su error; a lo más que han llegado (algunos) es a retirar su hagiografía del beato.

Kierkegaard tiene razón. El colosal resbalón se ha producido porque no profundizaron en la verdad y se dejaron arrastrar por la fuerza de la imagen. Como explica el psicólogo, su subjetividad les arrastró a considerar que, como me contestó a mí personalmente un hombre de iglesia que ha trabajado mucho recopilando biografías y reivindicando valores de Siervos de Dios, especialmente de su diócesis: Si non e vero e ben trovato”. Y es, hasta cierto punto, comprensible, viendo esa mirada limpia y honesta. No es tan justificable que retorcieran los argumentos hasta lo ridículo defendiendo que esa postura arrogante mirando al “supuesto” asesino demostraba la valentía del mártir. Nada más alejado de la realidad. Los mártires morían rezando, perdonando a sus asesinos y hasta dando gracias a Dios por el martirio y siempre, según los testimonios, adoptando una actitud humilde y contenida absolutamente alejados de la idea que transmite la foto y de las exageraciones hagiográficas de algunos biógrafos.

Y ¿cómo se llegó al absurdo de que gran cantidad de variopintas personas cayeran en el error de considerar mártir, beato y en camino de santidad, a un hombre que vino a España, en el mejor de los casos llevado por sus ideales revolucionarios de izquierdas, dispuesto a matar a semejantes por ser de ideas contrarias? La cuestión es clara:”el copieteo”. Copiar sin más, sin investigar lo cierto, sin “dejarse atrapar por la verdad”, lleva a la multiplicación del error de manera exponencial por el peligro que supone las posibilidades de comunicación que proporciona la red.

2016-10-02-durruti

La primera vez que apareció publicada la foto fue en el año 2005 en la colección de El Mundo “La Guerra Civil Española Mes a Mes”, tomo 4, pág 23, y en el tomo 3, pág 176, se le ve en segundo plano detrás del anarquista Buenaventura Durruti quien junto a Manzana y el capitán Cotl, observa los efectos provocados por los disparos de cañones en el campo enemigo en el frente de Huesca. El Mundo, no identifica al personaje, pero en esta última se aprecia con claridad que no puede ser un sacerdote a punto de ser fusilado, porque mantiene una actitud de miliciano expectante como los personajes anteriormente mencionados. El Mundo, se limita a poner el mismo pie que según la Agencia EFE consta en la foto original, en el cual nos indica fecha y lugar el propio Guzmán:

 “SIÉTAMO (HUESCA), AGOSTO 1936.- Sacerdote capturado por las fuerzas republicanas, instantes antes de ser fusilado” (las mayúsculas son nuestras –dice EFE), nosotros, además, añadimos:(pie de foto original). EFE/Juan Guzmán. Respecto a la identidad de este personaje, a nosotros nos es desconocida y no podemos aventurarnos a identificarle”. 

Sin embargo, Alfa y Omega le da la personalidad del beato Martín Martínez Pascual, así sin más. Según el blog “escritosdeignacioalmudevar” del 4 de octubre de 2010, explica lo siguiente:” Apareció en un libro la fotografía que representa a una figura de un hombre, que “sin duda que la enorme fuerza de la mirada del sacerdote a las puertas del cielo debió desconcertar a sus verdugos que esperarían de su víctima una actitud menos digna con la de tranquilizar sus conciencias adoctrinadas por los que ahora son llamados en colosal sarcasmo, ¨ luchadores por la libertad y la democracia¨. No se sabe el nombre ni se conoce si era un sacerdote secular o si pertenecía a una Orden Religiosa, pero su fotografía la guardan muchos que la pudieron adquirir. Por ejemplo: ”la fotografía la tenía en su despacho el Decano de la Facultad de Teología de San Dámaso, Pablo Domínguez, recientemente fallecido (2010) en accidente de montaña. Según informa Alfa y Omega, preguntado éste por la fotografía afirmó: ¨ La conseguí en Moscú, en un congreso. Me gustó y, al leer las frases del recuadro, me interesé mucho más. Es la fotografía-lo explicaba brillándole los ojos, se sentía emocionado y con ganas de imitarle; parecía que hablaba de sí—de un sacerdote español, el Beato Martín Martínez, operario diocesano, natural de Valdealgorfa (Teruel), diócesis de Zaragoza. Se la tomó un fotógrafo ruso-hoy sabemos que es alemán-que estaba entre los republicanos, durante la guerra civil española. Fijaos bien en su mirada firme, los brazos en jarras, seguro y valiente…Se la tomaron unos segundos antes de fusilarlo”. “A mí me han afirmado que en la foto del Decano de Teología, ponía el nombre de Martín Martínez con un interrogante”.

El achacar la adjudicación de personalidad de la imagen en cuestión, a un personaje fallecido es cómodo, por cuanto no te lo puede rebatir. Si además esta persona era Decano de la Facultad de Teología de San Dámaso, por su autoridad todo queda validado, aunque en el mismo escrito aparezcan claras incongruencias: Alfa y Omega afirma que “no se sabe si era un sacerdote secular o si pertenecía a una Orden Religiosa,” cuando el propio Decano, afirma que Martínez Pascual pertenecía a los Hermanos Sacerdotes Operarios Diocesanos (HSOD). No se molestaron en comprobar las listas de los siervos de Dios que presentaba la Iglesia para su posible beatificación. En la correspondiente, aparece la verdadera efigie del beato Martín Martínez Pascual. Deprimente que un periódico oficial de la Iglesia, no comprobara los datos de uno de sus miembros más caracterizados.

Verdadera imagen del beato Martín Martínez Pascual

Verdadera imagen del beato Martín Martínez Pascual

Con anterioridad al escrito de Almudévar, me puse en contacto el 21 de abril de 2010 con el administrador del blog 1936-1939.com 1936guerracivil1939@gmail.com que mantenía un foro de discusión sobre este tema y le mandé la verdadera foto del beato que consta en las listas oficiales de los siervos de Dios que y en libros publicados por los Operarios con las biografías de sus mártires. Con ella y la foto del desconocido hicieron una composición, a la vista de la cual se observaba sin lugar a dudas que las efigies corresponden a dos personas distintas. No obstante y a pesar de exponerlo, las páginas dichas anteriormente, supongo que por aquello de “Si non e vero e ven trovato” y sin tener en cuenta que no siempre los valores estéticos se corresponden con los valores morales (y viceversa), siguieron adjudicando la imagen del desconocido a la personalidad del beato. Es más fácil continuar con la bola de nieve que rectificar. El colmo del absurdo fue que se imprimió una oración al beato con la efigie del desconocido anarquista.

En la comunicación que mantuve con la Agencia EFE el documentalista de EFE, añadía: “En internet, cuando documenté esta foto, localicé varias páginas que insistían en identificar al sacerdote en cuestión con el padre Martín Martínez Pascual, y localizar la foto en Valdealgorfa. (Teruel) A este respecto, me remito a mis anteriores indicaciones: no tenemos constancia de que la columna a la que se unió Gutmann/Guzmán estuviera jamás en Valdealgorfa.[1] El funcionario de EFE, comprende, prudentemente, que no puede dar por buena la personalización que circulaba tan abundantemente por internet.

Motivada por lo que yo considero una clara suplantación de personalidad, como la primera referencia es a Siétamo, escribí un artículo (http://www.valentinaorte.es/el-cerco-a-huesca-sietamo/) para dejar constancia, creo que con bastante amplitud, de los hechos que allí sucedieron. Ningún sacerdote fue asesinado en el pueblo. Mosén Marcelino Playán, el párroco, (quien debido a su edad no podía ser confundido con la imagen) pudo huir con otros vecinos[2] a Estrecho Quinto cuando la defensa del pueblo se hizo imposible. Sí que era natural de Siétamo el padre claretiano Gregorio Chirivas Lacambra pero fue asesinado en la matanza de Barbastro. Del párroco de Casbas no se sabe donde fue asesinado pero con sus 55 años no podía ser confundido con la imagen en cuestión. El hecho de que Gutman escribiera Siétamo pudo deberse a que lo consignara más tarde, cuando no tuviera ya sus recuerdos muy vivos. Ahora vemos que el hecho de hacer constar “sacerdote” parece corroborar lo antedicho.

Lo que consta fehacientemente es que el beato fue asesinado a las afueras de su pueblo junto a otros vecinos y sacerdotes. Don Pedro J. Bel, escritor que ha dedicado mucho tiempo a la historia del Bajo Aragón, visitó Valdealgorfa y pudo hablar con una pariente del beato, entonces muy niña, pero que recordaba perfectamente los asesinatos causados. No los asesinaron en la plaza del pueblo ante la gente y no había fotógrafos, hecho que hubiera recordado con facilidad al haber sido muy llamativo para una niña de pueblo en el año 1936. Diferente en Siétamo, donde con las columnas llegaron a la zona multitud de fotógrafos atraídos por la propaganda republicana de entrar enseguida en Huesca. Kati Horna, Roberto Capa, Oltra, Centcelles, Guttman, pioneros de la cinematografía como Adrián Porchet, Pablo Willy, Félix Marquet o Juan Pallejá y, desde luego, escritores; todos se dieron cita en la zona, al contrario que en Valdealgorfa. Sin embargo, los de la ”bola de nieve” no quisieron escuchar.

2016-10-02-miliciano

Ahora surge la noticia de que la tal foto pertenece a un miliciano. Se basan  en la publicación del libro ‘Live Souls’ (Comanegra), con imágenes inéditas de la guerra civil del voluntario inglés Alec Wainman. Es cierto que aquí el individuo se muestra con mono y los arreos propios, pero, como ya dijimos, en la página 176 del tomo 3 de la mencionada colección de El Mundo ya aparecía en línea con otro miliciano y detrás de Durruti, Manzana y el capitán Cotl con la misma ropa que la imagen origen del equívoco, adoptando una actitud expectante a lo que determinen los jefes. Las características físicas del retratado nos lleva a pensar que, por sus características físicas, este miliciano no parece ser un español de 1936; podría ser un voluntario británico o un comunista alemán perteneciente a la centuria Thaelmann. Al parecer, Wainman actuó como fotógrafo aficionado, lo que quizás explica que no figure en la relación de fotógrafos que, como tales actuaron en el frente. Él trabajó como conductor de ambulancias en el frente de Huesca y en sus ratos libres hacía fotografías. Así tuvo la oportunidad de captar de nuevo la imagen de aquél que nueve días antes había posado ante Guttman.

La noticia ha causado gran impacto, aunque solo nos ha aportado el nombre de un fotógrafo. Seguimos sin conocer al personaje (por cierto, que ya había aparecido en esta otra foto al lado de un miliciano demostrando compañerismo). Y, por supuesto, ha sido aprovechada por páginas como Lista Digital.es, El Periódico.es o Diario de Córdoba, con clara intención de desacreditar por los excesos hagiográficos y la equivocación en la adjudicación de la personalidad, incluso al pobre e inocente  beato. Ahora, se apresuran a ridiculizar aquellas actitudes. En ”MIXTIFICACIONES DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: No era un mártir, era un miliciano”[3] se denuncia “la difusión de una imagen, hasta entonces inédita, que fue utilizada como icono de la persecución religiosa contra el clero español: una instantánea tomada por Guzmán en 1936 que supuestamente mostraba a un sacerdote, desgreñado, mirando serenamente, casi alegre, a la cámara “instantes antes de ser fusilado”, según el pie de foto de la fototeca de Efe”. “El sacerdote de la foto espera con un gran coraje una ráfaga de balas que le envíen directamente al cielo con la corona del martirio puesta”; se han filmado y representado reconstrucciones de su muerte, se han editado estampas con su efigie”. Se burlan de que “la imagen ante la que muchos devotos han rezado no es la del beato, y con toda probabilidad ni siquiera es la de un sacerdote, y mucho menos instantes antes de su muerte”.

No puedo dejar de pensar que estas turbulencias que ha provocado el descubrimiento del álbum de Wainman, podrían haberse evitado si mis llamadas de atención a las incongruencias que se advertían en la adjudicación de la personalidad de la imagen no hubieran sido desoídas. Creo que se utiliza en exceso aquello tan español de “sostenella y no enmendalla:

 

                                         Esta opinión es honrada

                                         Procure siempre acertalla

                                         el honrado y principal;

                                         pero si la acierta mal,

                                         defendella y no enmendalla[4]


 

[1] Julio García Bilbao:( documentalista de la fototeca de EFE) contestación por correo electrónico el 25 de junio de 2013 

[2] Huyeron a refugiarse en Estrecho Quinto los pocos vecinos y defensores que sobrevivieron. Sin embargo, ya hay páginas en internet que aseguran que los llevaron como rehenes. Una nueva mentira que circulará abundantemente.

[3] http://www.diariocordoba.com/noticias/cultura/no-era-martir-era-miliciano_1074663.html, Ernest Alós, de 03/09/2016   

[4] Guillén de Castro:” Las Mocedades del Cid” siglo XVII. En la idea de que un caballero no debe humillarse pidiendo perdón ni aún cuando se haya equivocado y que, aunque advertido de su error, debe mantener su opinión, caiga quien caiga.

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