¿Por qué los principales partidos políticos españoles promueven el feminismo “de género”?

¿Por qué los principales partidos políticos españoles promueven el feminismo “de género”?

Si buscamos antecedentes de lo que algunos tuvieron la feliz ocurrencia de llamar “perspectiva de género,” posiblemente los encontremos ya en la antropóloga Margaret Mead cuando terminaba el primer tercio del siglo XX, pero no será hasta 1963 cuando Robert Stoller hable de “identidad de género” e “identidad sexual” y añada que lo que él denomina “género” (que bien traducido al español habría que denominarlo “sexo psicosocial” o algo parecido) es una “construcción”, resultado de la educación y del entorno, y que apenas en nada o casi nada está determinado por la herencia, por los rasgos anatómicos, biológicos con los que el común de los mortales aparece por este mundo.

Entre otras muchas cuestiones, la “perspectiva de género” niega que los humanos seamos parte de la Naturaleza, e inspirándose, también, en el libro de Federico Engels, “La familia, la propiedad y el estado” afirma que la familia tradicional es el lugar en el que se maleduca a las personas y se les inculca lo que sus partidarios llaman “el patriarcalismo” y la idea de que los hombres son superiores a las mujeres y merecedores de trato de favor y más y mejores derechos que las mujeres, o el tres por ciento de la población que es más o menos el número de personas homosexuales; por descontado, añaden (contradiciéndose a sí mismos y sus peculiares teorías) que los varones tienden por naturaleza “y cultura” a establecer relaciones de dominación, vejatorias, desiguales, intrínsecamente o explícitamente violentas con las mujeres… y rematan la faena afirmando sin ruborizarse que las únicas relaciones “igualitarias” posibles son las que se dan entre personas del mismo sexo.

Por supuesto, todas estas ideas disparatadas, y algunas más son la base, los principios, los argumentos en los que se apoyan quienes abogan por una nueva sociedad, “un nuevo ser humano”, una nueva moral colectiva que en lo político se traduciría en una especie de dictadura, un régimen de apartheid por razón de sexo, en el que estaríamos gobernados por un grupo de sabias lesbianas y homosexuales; un régimen de apartheid en el que, tal cual ya se viene ensayando en lugares como España, los varones son ciudadanos de segunda categoría, privados de los más elementales derechos constitucionales, tales como la presunción de inocencia…

Lo que en principio fue considerado estúpido, extravagante en aquellos años, acabó destruyendo el feminismo hasta entonces existente, aquel  que surgió a partir de las sufragistas de finales del siglo XIX, que simplemente pretendía un trato justo y ausencia de discriminación para las mujeres.

Sirvan como muestra las palabras que siguen, de la feminista Shulamith Firestone: “… asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños. Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser igualmente -a diferencia del primer movimiento feminista- no simplemente acabar con el privilegio masculino sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente”.

Pero ¿Por qué acabo sucediendo esto, cuál es la razón de que el primitivo, o genuino feminismo haya desaparecido o apenas quede nada de él?

El feminismo de género, también denominado “feminazismo” echó a andar de la mano de las fundaciones Ford y Rockefeller, es decir, lo que algunos llaman “ultra capitalismo”.

En 1995, la ONU celebró la primera Conferencia de Pekín (Cumbre de Beijing 95) para abordar la situación de las mujeres en el mundo, su problemática, todo lo concerniente a las mujeres y, “casualmente” ambas fundaciones se hicieron notar especialmente.

En España el Gobierno del Partido Popular, presidido por José María Aznar, siguiendo los pasos del gobierno “socialista” de Felipe González (que pasará a la Historia por haber importado el engendro, y ser el principal promotor de la ideología de género en España, creando el Instituto de la Mujer…) y plagiando al Partido Republicano estadounidense, actuó siguiendo las directrices de la ya mencionada conferencia de la ONU, y profundizó en el camino emprendido por el socialista Felipe González y su partido.

Todo ello pese a las voces en contra que fueron surgiendo en el mundo occidental judeocristiano que alertaban de las terribles consecuencias que la divulgación de la perversa ideología neomarxista podría acarrear. Todo ello pese a que fueron muchos los que se acercaron con atención a la doctrina totalitaria y liberticida de la que vengo hablando, e inevitablemente acabaron vaticinando los  peligrosos alcances que podrían llegar con su aplicación.

El “popular” Aznar amplió el camino iniciado por el gobierno de Felipe González y lo convirtió en una autopista, que por supuesto publicitó luego con bombo y platillo. Fue su gobierno el que creó y consolidó los diversos Institutos de la Mujer en las diversas regiones (léase “comunidades autónomas”). También fue el gobierno del PP, presidido por Aznar el que sentó  las bases para la futura “ley integral contra la violencia de género” y demás leyes de apartheid y de discriminación “positiva” contra los varones.

Por entonces comenzó a ponerse en marcha un enorme tinglado, mafioso y fraudulento –a costa de nuestros impuesto, y con subvenciones de la Unión Europea- una gran ubre, de mega subvenciones para grupos “de mujeres” que fueron surgiendo “ad hoc” por doquier, como setas, y cuyo último objetivo es la financiación fraudulenta de los partidos, sindicatos, y ONG-lobbies que están detrás de los mencionados grupos de mujeres.

Algunas de las consecuencias de la implantación del feminismo de género, en Europa y en el Tercer Mundo, están siendo entre otras la desestructuración de las familias, el control de la población y la desestabilización de las sociedades, enfrentadas en guerras de sexos, así como la erradicación de las culturas locales de los países pobres, en especial los de África y Asia.

El feminismo de género considera a un 50% de la población –las mujeres- “minoría discriminada”, y por tanto merecedora de cuantiosas subvenciones y ayudas; “deudas históricas” y cosas similares, lo denominan los neo-marxistas e izquierdistas políticamente correctos.

Desde el año 2000 se vienen poniendo en funcionamiento en España de manera acelerada las Políticas de Género basadas en la agenda de la Unión Europea. Desde entonces tres de los cuatro principales cargos en el Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional fueron ocupados por tres españoles, con la aprobación y complacencia de quienes controlan y financian tan importantes instituciones promotoras de las Políticas de Género.

España se ha convertido en el líder mundial de referencia en la aplicación de Políticas de Género, con la aprobación el 28 de diciembre de 2004 –día de los Santos Inocentes en el santoral católico- de la denominada “Ley Integral contra la Violencia de Género”.

Dicha Ley, que viene aplicándose desde hace más de una década y cuyo resultado ha sido el procesamiento de más de 1.500.000 hombres,  consagra el Derecho Penal de Autor, es decir discrimina entre hombre y mujer estableciendo diferentes tipos de sanciones para un mismo delito, en función del sexo del autor y de la víctima. No existe precedente mundial de una ley similar.

Y para más recochineo, en España existen en la actualidad asociaciones “de mujeres” que reivindican la Prisión Provisional automática para cada orden de alejamiento dictada contra un hombre, lo que conllevaría el ingreso en prisión de varias decenas de miles de personas. Parece que aún no tienen suficiente con que más del 15 por ciento de la población masculina reclusa sea por sentencias de los tribunales de excepción que la LVIOGEN puso en marcha, en los que se condena a los hombres con la versión de las mujeres supuestamente maltratadas como única prueba… También ha habido políticos y políticas feministas de género que han llegado incluso a exigir que se establezca que tres policías se turnen para proteger a cada mujer presuntamente maltratada.

Mientras se condena a hombres por haber expelido un pedo, o por decirles a las madres de sus hijos que son unas “malas madres”… ellos y ellas –quienes viven de los suculentos beneficios del tinglado mafioso, de la industria del maltrato- dicen que las denuncias falsas no existen, y que hay que endurecer -¿más?- las leyes.

Aparte de cualquier otra consideración, y desde un punto de vista estrictamente económico, estas posturas disparan mortalmente contra la línea de flotación del sistema social español, dado que los recursos sociales, simplemente son limitados y escasos.

La actual legislación considera que es suficiente una simple denuncia, como documento acreditativo de la condición de “Mujer Maltratada”, para abrir la puerta a la recepción de ayudas sociales y recibir trato de favor en multitud de ámbitos, y es ya una realidad legal consolidada en los distintos Boletines Oficiales de España.

Somos muchos –y seguro que usted que está leyendo estas líneas también- los que pensamos que la conculcación del Derecho a la Presunción de Inocencia y la más que presunta malversación de fondos públicos, son práctica común en nuestro país, y pese a que el ministro de justicia de José Luis Rodríguez Zapatero lo afirmara sin ponerse colorado (aunque luego acabaría sufriendo en sus carnes su propia medicina) la “ley de violencia de género de 28 de diciembre de 2004” no es un daños soportable, un mal menor al que hay que resignarse y menos aguantar.

Si uno de los aparentes objetivos de las Políticas de Género es el combatir la Violencia Doméstica, (o al menos la denominada Violencia de Género) los resultados de la aplicación de esta clase de políticas en otros países no dejan lugar a dudas. Países “Feministas de Género” como Suecia –siempre citados como ejemplo a seguir por el Feminismo de Género- son un pésimo modelo social a imitar, pues presentan las tasas de Violencia Doméstica más altas de la Unión Europea, en oposición a Irlanda, Grecia o Italia (países supuestamente de tradición machista. Desgraciadamente Suecia tampoco es modelo socialmente de casi nada esencial – a pesar de la deformada buena imagen de éste país- pues sus tasas de suicidio y de maltrato a la infancia lo sitúan por desgracia en los primeros lugares de la lista de lo que podríamos denominar lugares donde “falta felicidad social”.

Algo especialmente destacable es que Suecia presenta una tasa de Maltrato a la Infancia que sólo es superada por Rumania de entre los países de la OCDE.

Suecia por otra parte presenta una cultura de divorcio muchísimo más desarrollada que España, sistemas de Mediación Familiar, y una aplicación extensa de la Guarda y Custodia Compartidas.

Pero, volvamos al asunto que nos ocupa: Existen algo más que sospechas, suficientes indicios que indican que el supercapitalismo (Ford, por ejemplo, mantuvo excelentes relaciones con los nazis, era antijudío y “antinegros”) ha manipulado el feminismo con claros objetivos, el más destacable es el de suplantar las tensiones sociales o lucha de clases por una lucha de sexos inducida. De esa manera la gente acaba poniendo más atención, en el hecho de que se haya producido la muerte de cincuenta y tantas mujeres por violencia intrafamiliar durante el último año (todo queda en familia y se echa la culpa “a la violencia masculina/machista”, es decir, a los trabajadores varones) y le pasa desapercibido que se produzcan más de 1.500 muertos durante el año en accidentes laborales o en accidentes de tráfico, en los que también mayoritariamente fallecen hombres. Por idénticos motivos, nadie habla del millar de hombres separados que se suicidan anualmente en España tras el divorcio.

Se desactiva el conflicto social, para evitar que las grandes empresas salgan perjudicadas; se divide a los trabajadores y a los ciudadanos en general, creando un ambiente contencioso entre sexos; se acaba con la familia nuclear para pasar a unidades minifamiliares atomizadas en las que todos son consumidores individuales, cada vez más desarraigados y manipulables, dando entrada a consumidores adolescentes y niños.

¡Negocio redondo!

Todo lo que vengo narrando tiene también otra importante consecuencia, otro perverso resultado: desviar las metas y preocupaciones de progreso hacia las luchas de género;  raro es el país en el que la diferencia de ingresos entre los más ricos y los más pobres sea, por ejemplo, de 1 a 60; y entre mujeres y hombres de 1 a 1,3 y sin embargo, la machacona publicidad del feminazismo ha logrado que haya una mucho mayor preocupación social por disminuir esta última, acabar con lo que denominan “brecha salarial de género”.

Otro asunto especialmente importante, es que las mujeres suelen ser más conservadoras y más “pasivas” políticamente que los hombres. Es por ello que se les van otorgando cada vez más derechos, a la vez que se va privando de ellos a los hombres, lo cual conduce cada día a una mayor  desmovilización social y un mayor conformismo.

Por otro lado, las iniciativas de todo tipo, encaminadas a destruir lo que siempre se ha llamado “la familia”, fomentando el divorcio, familias “monoparentales”, uniones homosexuales, etc. origina una mayor descohesión social y una sociedad muchísimo más fácil de manipular. Se está creando de esta manera una sociedad acéfala.

Estoy hablando de una política consistente en buscar “un problema” –lo haya o no, eso es lo de menos-, “encontrarlo” a fin de aplicar lo que les interese a determinados políticos, diagnosticar erróneamente, decretar soluciones duras e injustas y luego aplicarlas a medias.

No puedo terminar sin decir que es urgente, imprescindible mirar con lupa las consecuencias de la progresiva implantación de las políticas “de género” en el mundo, es imprescindible denunciar la política de apartheid por razón de sexo, los intentos megalómanos de imponer y crear “el hombre (y la mujer) nuevo”,… la aplicación teorías de semejante calibre siempre han producido enormes desastres, basta con leer un buen libro de historia del siglo XX y detenerse en los totalitarismos marxista-leninistas y nazi-fascistas.

 

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