En torno a las vicisitudes de la primera casa consistorial del concejo de Ribadedeva,

Informa Agencia Faro

En torno a las vicisitudes de la primera casa consistorial del concejo de Ribadedeva,

Los lectores de FARO ya conocen la nota de la Comunión Tradicionalista del Principado de Asturias refutando los errores en que, a propósito de las vicisitudes de la primera casa consistorial del concejo de Ribadedeva, incurrían varios medios de información asturianos. Uno de ellos, La Nueva España, contestó. Y ésta es la réplica, con enlace a la contestación, de la Comunión Tradicionalista de Asturias el 28 de enero último:
“Arturo Román”, pseudónimo algo así como colectivo de la redacción de La Nueva España, responde hoy elípticamente (“En corto y por derecho: Carlismo en Colombres. La clave de la polémica sobre la datación de la Casa Consistorial de Ribadedeva“) a la nota de la Comunión Tradicionalista de Asturias “Carlistas en Ribadedeva: a la prensa le fallan las fechas“.

La respuesta de “Arturo Román” es ingeniosa, aunque deje algún regusto wikipédico. Vamos a desmenuzarla un poco.

Andan revueltos los carlistas asturianos que integran el colectivo Comunión Tradicionalista. A los defensores del lema “Dios, Patria, Fueros y Rey Legítimo” no les ha hecho ni pizca de gracia que en el Archivo Histórico de Colombres se hable de carlistas en el año 1824, nueve años antes de que la muerte del rey Fernando VII iniciase el conflicto bélico por su sucesión entre su hija y futura reina, Isabel II, y el hermano del rey, Carlos María Isidro.
Quizá sea ésta la primera vez que a la vieja Comunión Tradicionalista alguien la llama “colectivo”. No andan “revueltos” los carlistas asturianos por tan poca cosa. (Aparte de que, llegado el caso, la costumbre carlista es más alzarse que revolverse). Tampoco nos detendremos demasiado en señalar que la guerra no fue entre el legítimo Rey Don Carlos María Isidro y su sobrina Isabel, pues en 1833 ésta era una niña pequeña, sino entre Don Carlos V y la legalidad y legitimidad institucional española, de un lado, y del otro la “Regente” María Cristina de Borbón Dos Sicilias (madre de la niña Isabel) y su camarilla de despóticos, oligarcas, liberales saqueadores y militares golpistas.

El asunto es el de las fechas. Las fechas en las que tan disparatadamente fallaban tanto La Nueva España como otros medios, haciendo a los carlistas ocupar la antigua casa consistorial de Ribadedeva nueve años antes de existir el Carlismo como tal. “Arturo Román” lo resuelve, o así le parece:

Si bien es cierto que el carlismo no nace de manera oficial hasta el fallecimiento de Fernando VII, en 1833, hay historiadores que defienden que durante la década anterior, también conocida como “Década ominosa” (1823-1833), los miembros de la facción más tradicionalista de la monarquía y defensores del absolutismo veían en el hermano del monarca, Carlos María Isidro, a su gran esperanza, comenzando a ser conocidos como carlistas en este periodo en contraposición a los reformistas, partidarios de los nuevos aires que soplaban en la Corte.
http://www.lne.es/suscriptor/asturias-opinion/2017/01/28/carlismo-colombres/2048455.html

Por supuesto que hay historiadores que hablan de “precarlismo”. Lo hace la práctica totalidad de los historiadores, incluyendo a los historiadores carlistas. Pero ése es un término acuñado para las explicaciones historiográficas a posteriori. Y para definir ese “precarlismo”, “Arturo Román” se vuelve a hacer un lío.

A pesar de que fue una restauración imperfecta, lo que los liberales llamaron “Década ominosa” fueron, por cierto, diez años en que hubo muchos menos detenidos, ejecutados y exiliados que durante el “Trienio Liberal” previo. Pero, claro, aquellos liberales se veían lejos del poder, y ya se habían acostumbrado a mangonear a su antojo y saquear sin freno. Hasta que en las postrimerías de dicha década pactaron con los entonces llamados despóticos (la postura de los “despóticos” es la que posteriormente sería conocida como “absolutista”; en la primera mitad del siglo XIX, el término “absolutista” tenía un significado diferente). De ese pacto salió la violación de las leyes sucesorias de la Monarquía para imponer a la niña Isabel y continuar la revolución liberal. Que no tuvo nada de “reformista”.

Durante ese período muchos pusieron sus esperanzas en el Infante heredero, Don Carlos María Isidro de Borbón. Era natural. Varón piadoso, de vida ejemplar, protector de las universidades, de las artes y de las letras, de la agricultura, de la investigación científica… Se esperaba que su acceso al trono trajera las reformas necesarias en la continuidad de la vieja Monarquía hispánica, y al tiempo pusiera fin a las intrigas de los liberales (de los que sólo se recordaba destrucción y abusos, pues nada más había que recordar) y de los cómplices de éstos. Pero a aquellos españoles se les conocía como “realistas”. De hecho el mismo término “carlista”, derivado del nombre del rey legítimo a partir de 1833, tardaría aún algunos años en generalizarse.

De modo que podemos afirmar que quienesquiera que ocuparan la casa consistorial de Ribadedeva en 1824 ni se llamaban a sí mismos ni eran llamados carlistas. Al menos hasta el año 2017.

 

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