La tragedia del pequeño Charlie Gard

La tragedia del pequeño Charlie Gard

Charlie, que nació el 4 de agosto último, tiene un trastorno llamado síndrome de agotamiento mitocondrial, una enfermedad rara que afecta a los elementos genéticos que dan energía a las células, por lo que causa una debilidad muscular progresiva y un grave daño cerebral que los especialistas del Hospital Great Ormond Street, (Gran Bretaña), donde está ingresado, aseguran que el bebé, de ocho meses, tiene un daño cerebral irreversible.

En consecuencia, la Justicia británica ha permitido a los médicos desconectarle de los aparatos que le facilitan seguir con vida. El juez Nicholas Francis ha asegurado que tomó la decisión con mucha tristeza pero con la “absoluta convicción” de que sería lo mejor para el niño. “Sé que este es el día más triste para los padres de Charlie, pero espero que con el tiempo lleguen a aceptar que esto es lo mejor para Charlie, dejar que descanse en paz”.

El juez se basa en la creencia de que los especialistas no se equivocan, pero los padres, Connie Yates y Chris Gard, recordaron el caso del bebé del Hospital General Pandit Bij Sunder Sharma de Bundi, en Rajastan, donde el equipo médico aconsejó incinerar a un bebé prematuro que nació tras 24 semanas de gestación, solo pesaba 350 gramos y parecía totalmente inmóvil, por lo que lo dieron por muerto. Sin embargo, cuando los familiares estaban preparando al bebé para llevar a cabo su cremación, se dieron cuenta del error que habían cometido en el hospital porque podían notar los latidos de su corazón. Tras esto, llevaron al bebé de nuevo al hospital, donde fue ingresado en cuidados intensivos y allí continua luchando por vivir.

O el de la pequeña Marwa. Marwa es una bebé de un año que “gracias a Dios” despertó del coma inducido en el que se encontraba por un virus que la afectó gravemente y a quien los médicos querían desconectar de la máquina que la mantiene con vida, algo a lo que siempre se han opuesto sus padres. Los médicos alegaban que Marwa no podía seguir conectada por más tiempo al respirador. Igual que a Charlie.

Pero Marwa ha tenido más suerte. “Su corazón está latiendo de nuevo, se recuperó para moverse mientras estaba completamente inerte y reacciona al sonido de mi voz”, aseguró el padre a la vez que pedía “darle tiempo”. Al final la Justicia dio la razón a los padres. El Tribunal Administrativo mandó al centro médico que continuase con el cuidado del bebé a la espera de la evolución. “Nosotros como musulmanes simplemente rechazamos que la maten y queremos que siga conectada hasta que Dios decida su futuro”, explicó.

Más o menos lo que dicen los padres de Charlie, aunque estos pretenden llevarlo a USA por si allí pudieran ofrecerle más alternativas al niño. Todo se les niega, excepto lo que llaman “muerte digna” que significa, lisa y llanamente, dejarlo morir, olvidando el art.3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que afirma que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Debemos considerar al niño como uno de nosotros y por eso mismo hacernos reacios a matarle. Como dice Richard Stith, profesor de bioética, debemos respetarle, no valorarle en sus capacidades ni en sus posibilidades, lo que de otro modo nos llevaría a los totalitarismos que, de un signo u otro, coinciden en lo mismo, la dominación de un sector de la humanidad.

Se va camino de ello. Hitler es criticado y odiado por haber llevado a la “solución final” a tantos seres humanos, incluidos niños, con sus experimentos sobre la eugenesia. Ahora, muchos abogan por la implantación en el mundo de esta nueva versión de la solución final y una sociedad inhumana los mira perplejos, no sabe qué hacer ante el drama del dolor, aborregada, lo acepta como un acto de piedad y misericordia hacia el enfermo (al que encima le hacen pedir su propio asesinato).

Lo plantean de esta forma porque no se atreven a decir que estos tratamientos son costosos para la seguridad social y no hay perspectivas de que el enfermo se recupere para devolver “la inversión” que requiere su terapia. Naturalmente declararlo así provocaría reacciones adversas, de ahí que para evitarlas se organiza un aparato de presión cultural y se induce a las víctimas a pedir su propia eliminación, todo por codicia, homicidio, e hipocresía, revestido de misericordia.

Distinguen en esta industria de la muerte, entre eutanasia activa que busca acelerar la muerte del paciente en etapa terminal con su consentimiento (o de su familia),  (es provocada por un tercero, generalmente un médico que se olvida de su juramento hipocrático) y la  eutanasia pasiva que consiste en la muerte asistida de alguien por omisión de tratamiento terapéutico necesario.

Desafortunadamente, los niños no están exentos de estos padecimientos. Los menores que, en general, no tienen responsabilidad, ahora van a poder decidir sobre el final de su vida. No en el caso de Charlie y Marwa, porque son demasiado pequeños, pero ya ha ocurrido en Bélgica donde como en Holanda ha sido legalizado aplicarla a niños por su pedido y con el consentimiento de los padres. Es una dramática decisión que introduce un perverso mecanismo de descarte de quienes son menos útiles a los ojos del mundo. El parlamento belga quiere que los niños tengan en sus manos su vida o su muerte, una decisión dramática para cualquier ser humano, pero inconcebiblemente más terrible para un niño. En definitiva, es una gran claudicación del deber de buscar siempre el bien para el paciente y una indebida transferencia de la responsabilidad que compete a los padres, al médico y al Estado en cuidar la vida de los niños.

No estamos jugando a ser Dios, son vidas que igual van a terminar en cualquier caso“, argumenta el equipo médico del hospital pediátrico Great Ormond Street. “Su final natural puede ser miserable, muy doloroso u horrible y seguramente habrán visto a muchos amigos en instituciones u hospitales morir de la misma enfermedad. Si ellos afirman ‘no quiero morir de esa forma sino a mi manera’ y es lo único que podemos hacer por ellos como doctores, entonces creo que deberíamos tener la capacidad de hacerlo”.

El médico no es, no puede ser juez de la vida y de la muerte. Esta falsa misericordia ante la enfermedad incapacitante o ante la proximidad de la muerte les sirve para ocultar la fibra nietzscheana que late en el fondo: basado en las exigencias de la razón, el sentimiento y el instinto, hizo de la voluntad fundamental de estar sano el principio fundamental de la dignidad humana; el enfermo no incita a ser compadecido en su debilidad, sino que impele al desprecio y, en consecuencia, a la aniquilación.

Está sucediendo ya en Holanda, donde el llamado protocolo Groningen establece la eutanasia para bebés nacidos con malformaciones, (lo tienen fácil, basta poner veneno en el chupete[1]. Ya en 2009, el “Osservatore Romano” daba a conocer un informe divulgado por la revista “Archives of Disease in Childhood”, en el que se denunciaba la alarmante tendencia de los médicos a no reanimar a los neonatos prematuros que nacen con graves patologías. En otras palabras, cada vez son más los médicos que se abstienen de salvar la vida de recién nacidos, aunque existan grandes posibilidades de supervivencia, si piensan que el niño vivirá con una grave discapacidad.

Y uno se pregunta si alguna de las muchas instituciones que dicen defender al niño, Defensor del Menor, UNICEF,[2] etc., cumplen con ello. Creemos que no; la última, UNICEF, en vez de proteger a los niños, lleva más de 15 años alineada con la ideología abortista y antinatalista, olvidándose de uno de los primeros derechos que según su constitución dice:  el niño tiene

El derecho a la vida, a jugar, a la supervivencia y el desarrollo: todos los niños y niñas tienen derecho a vivir y a tener un desarrollo adecuado”.

Por esa indiferencia e indolente actitud en la defensa de los que deberían ser sus protegidos, fue preguntada la delegación en España de la citada asociación. No es de extrañar que manifiesten que no tienen una postura oficial, es decir, como Pilatos, se lavan las manos sobre la eutanasia infantil. No importa que se continúe matando niños; lo esencial es seguir manejando las ingentes cantidades de dinero que la gente entrega confiada en que será utilizada para beneficio de los infantes.

Subyace en el fondo un debate sobre la libertad y si predomina la libertad individual  (que el padre debe tener en la defensa de la vida de su hijo) o la libertad social o colectiva (en la que prima más el interés del Estado, es decir, en este caso un interés economicista, por los gastos que ocasiona el tratamiento de estos enfermos).

Friedrich von Hayek[3] acierta cuando, en su fundamental «Camino de servidumbre» afirma que el individuo está antes que la sociedad, que “La libertad es la independencia frente a la voluntad arbitraria de un tercero” y que La libertad es “el estado virtual del cual un hombre no se halla sujeto a coacción derivada de la voluntad arbitraria de otro u otros.

Y esa sujeción de la libertad individual a la voluntad arbitraria de otro u otros, se manifiesta, por mor de aquellos que mueven los hilos de los gobiernos mundiales en la aceptación por éstos del asesinato legal que encubren bajo eufemismos embusteros. Al aborto llaman “interrupción voluntaria del embarazo”, como si se pudiera reanudar después. Lo hacen con el fin de disimular el asesinato del nasciturus y para esta situación actual se sirven de la palabra eutanasia o “bien morir” considerada como la acción u omisión que realizan una o más personas motivadas por un sentido humanitario para acelerar la muerte de una persona con enfermedad terminal.

Al igual que ocurrió con el aborto, se empieza exponiendo unos casos excepcionales para luego generalizarlo bajo el atractivo ropaje de la autonomía, el derecho se convierte en mero legitimador de esta cultura del descarte y pierde su esencial dinamismo de justicia, ese dinamismo que lleva a buscar siempre dar a cada uno lo suyo. En este caso los niños se ven privados de lo suyo más básico, la vida[4], para ello solo bastan dos opiniones médicas, el consejo de un psicólogo o psiquiatra y el consentimiento por escrito de los padres o tutores. Es decir, en breve, estamos abocados a estar inmersos en una sociedad en la que un mismo juez

* condene a un padre por abandono material de su hijo y

* exima de culpa a otro progenitor que contribuyó a la muerte de su propio hijo. Pero también,

* impida a unos padres defender la vida de su hijo

¿No será una sociedad esquizofrénica y kafkiana?

Desengáñense, no es un desvarío de Gran Bretaña, Holanda o Bélgica, los del NOM tratan de imponer su afán de dominio mundial basados en el control

* de la población y

         * de la libertad de los individuos

        


[1] http://eligelavidanet.blogspot.com.es/2013/05/veneno-en-el-chupete-el-drama-de-la_15.html

[2] Organismo especializado y permanente para la protección de la infancia (denominándolo oficialmente Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

[3] Friedrich August von Hayek (Viena 8 de mayo de 1899-Friburgo, 23 de marzo de 1922) fue un filósofo, jurista y economista de la Escuela Austríaca, discípulo de Fiedrich von Wieser y de Ludwig von Mises. Es conocido principalmente por su defensa del liberalismo y por sus críticas a la economía planificada y al socialismo que, como sostiene en Camino de servidumbre, considera un peligro para la libertad individual que conduce al totalitarismo. Fue galardonado con el Premio Nóbel de Economía en 1974.

[4] Jorge Nicolás | Fuente: centrodebioetica.org , tomado de Catholic.net

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