Juan Sánchez Requena: la conversión de un maestro reiki

La Fundación EUK Mamie-HM Televisión ofrece un nuevo testimonio en Cambio de Agujas, tremendamente clarificador en lo que se refiere a la Nueva Era y, en concreto, al reiki.

Juan Sánchez Requena es de Cartagena (Murcia, España). Un serio problema de salud, le acercó al mundo de la naturopatía. La naturopatía le llevó hasta el reiki. Llegó a ser maestro reiki y, además de practicar reiki a miles de personas, formó a unos 1500 o 1600 maestros reiki, entre ellos algunas religiosas. En una terrorífica experiencia, vivida mientras hacía reiki a una señora, pudo percibir claramente la presencia del demonio. Las vendas sobre las supuestas bondades del reiki comenzaron a caer de sus ojos. Pero su verdadera conversión llegó unos meses después, en oración junto a un sagrario, durante unos ejercicios espirituales. Al día siguiente de comprender que el Señor quería que dejara el reiki, escribió o llamó a todos los alumnos que pudo localizar anunciándoles que dejaba el reiki. A día de hoy sigue recibiendo ataques de muchos alumnos que quieren hacerle callar. Pero Juan sabe que no debe callar, y a través de su blog https://acunaturajuan.blogspot.com.es/search/label/Art%C3%ADculos , de las redes sociales y acudiendo a dar conferencias a donde le piden hablar, trata de reparar el mal que sabe que ha causado.


Juan Sánchez Requena es de Cartagena (Murcia, España). Con diecisiete años, al entrar en la Armada comenzó a apartarse de Dios. Como él explica: «Mucha fiesta. Ya no tenía tiempo para Dios. Toda mi vida era una fiesta». Así fue su vida hasta que conoció a Silvia, su esposa, cuando tenía veinticinco años: «Ella me enderezó mucho, porque si quería estar con ella y seguir con ella, no tenía mas remedio que ir con ella a la iglesia los domingos. Y, bueno, pues fui cogiendo otra vez pues aquello que había abandonado y que había tenido muy presente en mi vida».
Un serio problema de salud, le acercó al mundo de la naturopatía: «Me daban unos ataques de asma que me moría. En aquellos momentos yo estaba en vuelo. Al estar en vuelo, la medicación que me había recomendado el médico de cabecera no era compatible con que yo estuviera en vuelo. Entonces, había dos soluciones: o dejar de volar, con lo cual perdería el destino; o bien, buscar otra alternativa. Y me acerqué a la naturopatía. La naturopatía en sí es normal, pero está muy cerca de otras muchas técnicas. Haciendo cursos, una vez ya formado, empecé a oír hablar de reiki. Al principio no le hice ni caso, después me lo presentaron otra vez, y ya aquello me empezó a llamar la atención por los supuestos beneficios que tenía. Y digo supuestos porque luego en realidad pasa una factura enorme».
Juan era curioso, y empezó a buscar información sobre el reiki. Y se lanzó a hacer el curso de reiki: «Decidí hacer un curso de reiki allá por el año 1997. Los efectos que noté fueron muy grandes. Yo me relajaba mucho, estaba bastante más tranquilo… Al final era falso, porque lo que tenía era un vacío enorme. Mis clientes mejoraban mucho más rápido que cuando les practicaba reiki. Entonces dije: “Bueno, es una cosa buena”». El curso para el segundo nivel lo hizo pocos meses después: «Hice el segundo nivel, en julio del 97, en el mismo año. Fue mucho más porque, con el primer nivel, los efectos son sutiles, pero con el segundo nivel ya puedes mandar reiki a distancia, puedes enviarlo, puedes hacer muchas cosas… Ya eres un gran médium, que es en lo que te conviertes cuando haces el primer nivel de reiki. Y aquello siguió. Seguí porque me gusta entrar en las cosas a fondo, hasta donde pueda llegar. Y terminé haciendo la maestría como dos años más tarde, y ya con la maestría era el jefe de los médiums, ya podía hacer médiums. En el tiempo en que estuve siendo maestro, inicié a 1500 o 1600 personas. Y después, era una pirámide entera, porque yo hacía diez maestros, y cada uno hacía otros diez, con lo cual el daño que hicimos fue bastante serio».
Las consecuencias no tardaron en llegar, en primer lugar en la misma vida familiar: «En mi vida familiar noté que la abandoné. Yo estaba en casa, pero realmente lo que estaba haciendo era buscar otras técnicas, estaba buscando siempre, con un vacío tan grande que tenía que llenarlo de alguna forma. Y esa forma era el buscar continuamente técnicas, porque el reiki —igual que toda la Nueva Era— lo que hace es minimizar a Dios. Hace que no creas en Jesucristo, aunque estés dentro de la Iglesia como yo estaba. Yo era catequista, estaba haciendo cursos de teología, estaba formándome… Es decir, que mi delito es mayor todavía. Y claro, todo era ir buscando, ir buscando, ir buscando algo que realmente no me saciaba, no me llenaba. Te vuelves un gran egoísta, porque el tiempo es tuyo, y los demás… Bueno, si tengo tiempo ya se lo daré. Tienes otras prioridades, te aleja del todo de lo que es una vida de fe. Sin embargo, yo era el doctor Jekyll y mister Hyde porque, en ambientes religiosos yo no contaba nada del reiki, y cuando estaba en los ambientes de la Nueva Era decía que el cristianismo y todo esto no estaban reñidos en absoluto. ¿Qué iba a decir si yo estaba dentro de la Iglesia y además era maestro de reiki?».
Juan recuerda con dolor su práctica de esos momentos: «Iba a Misa, porque nos hicimos casi cargo de llevar una capilla. Pero yo no me confesaba, porque yo ya me confesaba con Dios. El listón lo tenía tan alto, lo tenía puesto de tal forma, que el pecado para mí prácticamente no existía. Sí comulgaba, prácticamente todos los domingos, eso sí, sacrilegio tras sacrilegio».
Pero hubo un momento en que Juan pudo percibir claramente la presencia del demonio. Y las vendas sobre las supuestas bondades del reiki comenzaron a caer de sus ojos: «Había una señora que empecé a hacerle  sesiones de reiki, que era lo único que requería. Yo el reiki nunca lo cobré. Hacía consulta también de acupuntura, pero cuando estaba en las terapias si hacía falta hacer reiki ahí estaba. Esta señora nada más que quería reiki. Nunca le pregunté qué problemas tenía, porque no me interesaba. Si hubiese ido a consulta pues sí… Cuando ya era la tercera, cuarta o quinta sesión, no recuerdo exactamente, llevábamos ya unos días, cuando faltaban quince minutos para terminar la sesión de reiki, aquello fue terrorífico. Fueron unas convulsiones… Vamos, la niña del exorcista no tiene nada que ver, es como dibujitos animados para niños. Un rostro totalmente desfigurado, se levantaba de la camilla. Yo lo único que hice en aquel momento fue redoblar la oración, porque ya pasé una época en la que durante el tiempo que en el que estaba haciendo reiki rezaba el rosario. Dejé de practicar con los símbolos porque ya había tenido otras sensaciones un poco extrañas, que nunca supe de que venían ni nada. Esta señora, cuando terminamos la sesión, estaba perfectamente normal, no recordaba en absoluto qué había pasado en ese periodo que había tenido esas convulsiones. Después de un mes y medio, hablando con un exorcista, me confirmó que —efectivamente— era una posesión demoníaca. Pero yo, cabezón que era, seguí haciéndolo, porque siempre lo hice para poder beneficiar a los demás. Como he dicho, yo no cobraba por el reiki nada en absoluto. Incluso los cursos que daba, ponía un sobre, y quien quería ponía dinero, luego cogía lo que habían costado las fotocopias y el resto lo donaba a Caritas. Era una forma de disculparme, pero bueno, ahí estaba mi intención de no lucrarme».
Un diácono y su esposa siempre le decían que lo que estaba haciendo no estaba bien: «Este diácono llegó a darme un documento de los obispos de EEUU que hablaban de Reiki. Yo lo cogí y dije: “Vale, está muy bien. Pero esto es porque no saben lo que es el reiki. Ignorante que yo era, ¿verdad?» Pero no fue hasta la llegada de un nuevo sacerdote a la parroquia, cuando Juan empezó a comprender dónde estaba metido: «En noviembre de 2014 dejé el reiki. Unos meses antes cambiamos  de párroco. Yo llevaba la página web de la parroquia, y le dije: “Tenemos que hablar de la página web de la parroquia”. Como acababa de llegar, para que supiera cómo iba y qué planes teníamos. Menos de la página web hablamos de todo. Yo fui para diez minutos, y estuve más de tres horas charlando con él. Empezó a anotarme documentos de la iglesia y otros documentos, ahora mismo están todos colgados en mi blog. Con lo que ya me había dicho mi mujer, con lo que ya me había dicho el diacono, que de vez en cuando me preguntaba que si estaba seguro de que lo que estaba haciendo estaba bien. Y ya con lo que me dijo el párroco, pues ya empecé a más hacerme preguntas, muchas preguntas. En unos ejercicios espirituales fue el cambio total. (…) Me encontré delante del sagrario completamente convencido de que lo que el Señor quería es que lo dejara. Los ejercicios empezaron el viernes a medio día, el sábado por la noche les dije que yo había decidido dejar el reiki. Algunos no sabían que yo practicaba el reiki. El domingo escribí una carta que mandé a todos mis alumnos, a todos los que habían optado por llegar a la maestría y de los que yo tenía el correo electrónico, a otros los llamé por teléfono. A partir de ese momento me dediqué fue a intensificar mi vida de oración. El domingo me confesé en aquel santuario donde estábamos haciendo los ejercicios y hasta ahora».
Juan escribió a sus alumnos pidiéndoles perdón por haberles iniciado en el reiki porque tenía conciencia de haber hecho algo equivocado. Hasta la fecha, sigue recibiendo ataques en las redes sociales, algunos por teléfono, por correo electrónico: «Pero bueno, da igual, el Señor está conmigo, y tenemos que tirar para adelante».
Juan siente la necesidad de dar algunos avisos que nacen de su propia experiencia: «Esto lo que hace es vaciar a la persona, hasta llegar a destruirla. Que analicen también si son curaciones de verdad, porque muchas veces la enfermedad se va agravando mucho más, o incluso cambia y viene otra enfermedad peor de la que tenían. Que se den cuanta también de cómo está siendo su vida, qué es lo que están dejando, cuales son sus actitudes cuando les hablan de que el reiki no es bueno, que todo lo que practicas o puedes estar practicando de la Nueva Era no está de acorde al fe de los católicos. Este mensaje es, sobre todo, para los católicos, y para el resto que se vayan examinando también, porque el demonio cuando entra, entra muy sutil, se disfraza, nos da el caramelito, nos da la tarta, nos da lo que más nos gusta, pero luego pasa la factura y la factura es terrible».
Para Juan, el peor de los daos que hace el reiki es alejarte de la fe: «Sí, alejarte de la vida de fe. Porque llegas a creerte que tú eres algo, que tú eres el que cura, que tú eres el que tiene el poder sobre esa supuesta energía que está supuestamente al alcance de todos. Y cuando te crees algo, eres un orgulloso, eres un engreído, y eres un egoísta total».
La vida espiritual de Juan ha dado un vuelco total. Todavía se emociona cuando piensa en cuánto le ha perdonado Dios: «Mi vida espiritual está completamente llena. Estamos haciendo adoraciones eucarísticas. Un rosario para mí puede durar una hora, buscando una verdadera contemplación. En casa también rezamos, cada vez que salimos de viaje no nos falta el rosario, la coronilla de la Divina Misericordia. También mucha meditación de la Biblia. Estoy documentándome mucho de la verdad del demonio a través de los libros que hay, que han escrito los exorcistas, porque yo ceo que tenemos que conocer también esa realidad para aprender donde estuve metido, y entender como estoy entendiendo ahora algunas de las cosas que me ocurrieron, y para poder dar razones cuando voy dando las conferencias donde me llamen».
Juan comparte su experiencia a través de las redes sociales, de Facebook, de su blog, acudiendo a dar conferencias donde le llamen: «De momento no puedo hacer otra cosa: conceder estas entrevistas cuando se me piden, ir a donde me llaman para dar las conferencias, y dar pues toda la información. Hace un par de semanas que me mandaron callar antiguos alumnos mios, piden que los deje vivir. Es la lucha que llevo, pero tampoco creo que sea tanta lucha. Es la misión que me ha encargado el Señor».
Juan habla claramente de las mentiras que ha tenido que contar el reiki para introducirse en occidente: «Bueno, en occidente tuvo que entrar con mentiras, como entra toda la Nueva Era, siempre parten de una filosofía cuyas premisas son falsas. Mikao Usui era japonés. Tuvo que inventarse una historia para que entrara en occidente, y la historia fue que era un sacerdote católico, cosa totalmente falsa; que había estudiado en la Universidad de Chicago, también falso. Pero así era la forma de poder acceder a occidente. En EEUU, país religioso, y además si había estudiado lo aceptaban como uno de los suyos, y a partir de ahí fue como se pudo introducir. Luego ya saltó a Europa, y a miles de escuelas totalmente distintas».
Para Juan es especialmente doloroso ver el reiki infiltrado en la misma Iglesia católica: «Yo inicié a varias religiosas. También a algún consagrado. Hasta hoy, una de ellas se que persiste. Una conferencia que di hace un par de meses en Rota, un pueblecito de Cádiz, me llamaron por teléfono y me dijeron que había un grupo que no iba a ir, porque su párroco les había dicho que el reiki era cosa buena. Sé que hay sacerdotes que practican reiki, entre ellos uno por Barcelona, que también lo dejó por cierto. Tuvo un encuentro fatídico con el demonio, ¡gracias a Dios!, y abandonó el reiki. También he dado una conferencia en una parroquia en Jerez, en la cual el párroco anterior era maestro de yoga. Es decir, que toda la Nueva Era está muy introducida en la Iglesia, y el gran peligro es que entra como cosa muy sutil. Por ejemplo, ahora está entrando a través de la meditación Zen católica. La meditación Zen es budista, y no puede ser católica en la vida. Y ahora, bueno, le cambiamos el nombre y le ponemos Mindfulness: “encontrarte bien”. Pero empezamos a desplazar al Señor, ¿Y quién está provocando todo esto? Bueno, pues están provocándolo tanto sacerdotes católicos, algunas religiosas, y profesores católicos. O sea, es algo que tenemos ahí, en casas de ejercicios se han estado dando encuentros. Entran engañando como siempre, porque no pueden tener otra forma, engañando a la comunidad que tiene la casa de ejercicios, diciendo: “Vamos a hacer un retiro en silencio”. Pero ese retiro de silencio es con otras expectativas, porque vamos, manejan muy bien la Biblia, pero siempre para darle la vuelta, para quitar a Dios, quitar a Jesucristo. Para toda la Nueva Era Jesucristo es un maestro portador de enseñanzas, no tiene divinidad, con lo cual es una herejía. También creen que se puede salvar uno por sí mismo, sin la revelación Divina, que yo puedo llegar a ser Dios, que todo es Dios. Vamos a ver, todo no es Dios: Dios ha creado todo, pero todo no es Dios. Ese es el gran peligro, pero como entra muy sutil… Primero atacan a la Iglesia católica, quitan a los sacerdotes, pero dejamos a Dios. Y, al final, llegan a quitarlo todo. Hacen rituales muy parecidos a los católicos. Está entrando, y tenemos que ser capaces de decirlo en voz alta, en voz alta, y no tener miedo, porque es nuestra Iglesia».
Juan conoce también muy bien la realidad del yoga: «El yoga, desde el principio, cualquier movimiento que se hace, cualquier postura, es una forma de canalizarse hacia las deidades hindús. No hay una parte que sea física solamente, sino que todo es para poder conectar con el nirvana, con sus deidades… Con lo cual, es imposible que sea católico, si lo que queremos es hacer son ejercicios de estiramiento, pues tenemos los estiramientos de toda la vida, la gimnasia que hemos hecho en el instituto, en el colegio, que son estiramientos y no tiene nada que ver. El reiki no puede ser católico, porque se está llamando a unas energías que no vienen de la Santísima Trinidad. ¿De dónde vienen? Nosotros conocemos ángeles y demonios, el bien o el mal, no conocemos otra cosa. Se ha introducido también la parte del Zen, la parte de la meditación, pero vamos, ¿qué mejor meditación que la Palabra de Dios? La Lectio Divina es preciosa en eso, ¿no? ¿Porqué tenemos que buscarnos una técnica oriental para estar tranquilos? Lo que recomiendo es una horita delante del Santísimo. Os lo aseguro: hace milagros».

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