El papel de la masonería en la independencia americana

Por Alberto de la Bárcena Pérez (resúmen de la ponencia pronunciada en el Foro Alfonso Carlos I sobre la Hispanidad en Madrid el 9/9/2017)

La rebelión abierta contra España en los virreinatos americanos responde, co­mo todo proceso histórico, a una confluencia de causas diversas en un momento concreto. Pero, al margen de las mismas, o por encima de ellas, planea la acción de la masonería de manera incuestionable. V no fue algo anécdotico sino que tuvo una importancia capital a la hora de asegurar el éxito de los independentistas. Baste centrarnos en un personaje clave como fue Francisco Miranda: nacido en Venezuela y oficial del ejército español, durante años sirve a España en diferentes campañas, como en el norte de África o en la guerra de la Independencia de las colonias britá­nicas, en que la ayuda española, aunque menos conocida que la francesa, resultó decisiva. Sin embargo, en 1783, Miranda, apadrinado por La Fayette, se inicia en la masonería y su trayectoria cambia radicalmente: pasa a combatir la soberanía espa­ñola de manera tenaz hasta el final de sus dias, creando logias a tal fin como fue “La Gran Reunión Americana”, e intentando, siempre con ayuda inglesa y americana, el desembarco en Venezuela para prender allí la revuelta criolla. Y esto ya en 1806, an­tes del inicio de la guerra de Independencia española, considerada tradicionalmente el punto de arranque de las independencias americanas.

Todo el proceso contará con la ayuda masónica; potenciando la acción de los “libertadores”, sin contar en absoluto con la voluntad popular. Por eso, Bolívar, des­pués de servirse a fondo de la secta, acabó prohibiéndola en cuanto tuvo poder pa­ra hacerlo.

El éxito final de los independentistas se debe también a un golpe de Estado completamente masónico: el de Las Cabezas de San Juan, en 1820, cuando varios oficiales masones, como Riego, lograron impedir que el ejército expedicionario pre­parado para poner fin a la rebelión de Ultramar partiera de Cádiz para dirigirse a Madrid imponiendo la Constitución de 1812, y poniendo en marcha una verdadera revolución liberal en España, según el modelo de la Francesa. Ya no fue posible re­cuperar el terreno perdido y las dos Españas se enfrentarían en una sucesión de guerras civiles hasta bien entrado el siglo XX. Otro proceso presidido por la maso­nería de principio a fin. con los objetivos de siempre: poner en práctica una ii genie- ria social anticristiana, disfrazada de lucha por las libertades políticas, cuya paterni­dad se atribuyen incluso en la actualidad. Ocultando siempre cuidadosamente el designio espiritual que ha movido siempre la acción de las logias.

 

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