El relativismo y dos historias de soledad

El relativismo y dos historias de soledad

“Debemos destruir y terminar la obsoleta unidad familiar”

(H. G. Wells)


Eso decía Wells y se está cumpliendo. De modo que continuamente se vienen produciendo, en todo el mundo, historias de soledad y egoísmo, de indiferencia y aislamiento, en esta época de relativismo de amplio espectro.

El relativismo es el concepto que sostiene que los puntos de vista no tienen verdad ni validez universal, sino que solo poseen una validez subjetiva y restringida a los diferentes marcos de referencia. Afirma que la ética no posee carácter objetivo, sino que lo bueno y lo malo dependen de la opinión de cada uno, es decir, considera que no existe ninguna forma universal de saber lo que está bien y lo que no lo está. Eso significa que desde la perspectiva del relativismo moral existen diferentes sistemas morales que son equivalentes, es decir, igual de válidos o no válidos.

Partiendo de ese relativismo moral, se puede llegar a afirmar algo que va más allá de la descripción de estos sistemas de moral opuestos entre sí: que por encima de ellos no hay nada, y que por eso mismo ninguna posición moral puede ser objetiva. Hoy hay una fuerte campaña a nivel mundial, promovida por muy importantes organizaciones internacionales y gobiernos como los dos últimos que hemos tenido en España que han sido descaradamente relativistas hasta negar, tanto la existencia de una Verdad objetiva, como la propia Ley Natural. Su mentalidad era y es claramente hedonista y pretenden tanto promocionar la ideología de género, como destruir la familia con toda una legislación encaminada a ese fin.

Esa es la gran amenaza, la dictadura relativista. Hasta ahora habíamos visto como causa de la crisis de la familia un malentendido de la esencia de la libertad humana, pero ahora se ve claro que aquí está en juego la visión del ser mismo, de lo que significa realmente ser hombres. Es por ello que fuerzas poderosas ancladas en el inmanentismo antropocéntrico tratan de subvertir el orden natural y social establecido por la ley natural.

¿Y quiénes son esas fuerzas poderosas? Organismos internacionales políticos y económicos son los promotores visibles de esta guerra imperialista no convencional contra la civilización cristiana, los cuales, con una auténtica planificación estratégica, táctica y operativa, persigue la instauración de un nuevo orden mundial totalitario y uniformador. Se trata de deconstruir por todos los medios a la familia. Estamos hablando del NOM.

Destacó en este empeño Adam Weisshaupt[1], quien afirmó: “se buscará la destrucción de la familia” y apostilló Charles Darwin[2]: “si podemos motivar a las mujeres a ir detrás de los beneficios materiales, dejarán de tener hijos.” Y Julián Huxley[3] planteó lo que ahora ya está presente en nuestra sociedad, lo que él llamó el transhumanismo, el cual, para levarlo a cabo dio sus instrucciones como director general de la UNESCO: “Si introducimos una sociedad que devalúe la vida humana y sacamos a la humanidad de su altar como ser privilegiado del planeta, entonces podremos llevarlo a nuestra sociedad controlada como población útil.”. Contaron también con el gran manipulador de masas, el inventor de la ingeniería social tal como la conocemos, Edward Bernays, hombre capaz de moldear hábitos y opiniones según le interesara al poder. “Ese (que manipula) es el gobierno invisible que detenta el verdadero poder que rige el destino de nuestro país”, inculca ideas, modas, actitudes a seguir por las masas en función de lo que a él le interesa, según dice “para poner orden en medio del caos”, aunque a la larga comprobemos que el caos que sus cambios han provocado es aún mayor

Lord Bertrand Russell, filósofo eugenista “The Impact of Science on Society” (1951) ya nos habla de una sociedad diseñada y fabricada por una tiranía tecnocrática, que daría lugar a una sociedad narcisista en donde todos están preocupados por sí mismos, la población no se levantará por nada ni nadie; y así el gobierno dominará a cada individuo directamente. A partir de la segunda mitad del siglo XX, comienza una escalada de ataques a la estructura social y familiar de todo el mundo, con periódicas revoluciones culturales y tecnológicas que arrasarán los resquicios de sustratos culturales genuinos.

En esa revolución entra la devastación de la mujer, elemento temible para los globalistas, que la consideran el enemigo a batir en su “sociedad ideal”. Si la fuerza política quiere adoctrinar a las nuevas generaciones, saben que tienen que: a) aniquilar a las madres; o b) convertir a las madres en estériles repetidores de propaganda. ¿Qué hicieron? Hicieron ambas cosas.

Todo el movimiento feminista fue financiado y soportado por las mismas instituciones públicas y privadas que manejan los hijos del NOM y que han conducido a que millones de mujeres ejerzan como tales, como esposas, como madres, como compañeras de vida. El Novus Ordo Seclorum busca la erradicación de las diferencias sexuales en su dimensión sacra y eminente. Por ello, la mujer moderna cada vez más es sólo mujer en el aspecto exterior donde aún tiene utilidad publicitaria y económica. Si las mujeres están cada vez más transformadas por los nuevos dominadores, ¿Qué está ocurriendo con los hombres? Lo mismo que con las mujeres. También se está produciendo su devastación. Han conseguido neutralizar los activos viriles que necesita toda comunidad para defenderse: el vigor, la valentía y la lealtad. Para ello, la ingeniería social globalista se ha servido de instrumentos de programación de las masas, como el deporte, el erotismo a través de la psicología conductista. Todo esto ha conducido a una situación difícil. La familia no ha muerto en menos de un siglo por un proceso natural; se ha cometido un asesinato con alevosía. Existen presupuestos anuales de millones de dólares dirigidos a instituciones, fundaciones y think-tanks que buscan optimizar el control tecnocrático sobre una población valorada como un rebaño de ovejas. Departamentos militares, servicios de inteligencia, ministerios públicos, instituciones filantrópicas, todos con el mismo objetivo: cambiar la sociedad, transformando la familia.[4]

Así pues, aquellos entes que pugnan por conseguir esa destrucción podemos clasificarlos en dos grupos: enemigos ideológicos, como son la Masonería, el Marxismo y el Liberalismo; y enemigos demoledores del orden social, conexos con los anteriores en cuanto que éstos desde el poder, legislan permisivamente el divorcio, el aborto, la pornografía, la eutanasia o el mismo infanticidio.

La Masonería y los poderes ocultos ligados a ella no reconoce ni la idea de un Ser Supremo, de una religión divina que guíe a la persona humana, ni la de un ente o institución que se encuentre por encima de la propia persona. Ya Gregorio XVI (Mirari vos, 1832)  señala la Masonería como “la principal causa de todas las calamidades de la tierra y de los reinos” y como el “sumidero impuro de todas las sectas anteriores”. Leon XIII en la Humanum Genus (1884) incluye a la Masonería en la ciudad de Satanás, que trabaja por su reinado, con la desobediencia y la guerra a Dios, a Jesucristo y a su Iglesia. Persigue con odio implacable a la Iglesia, al clero y a la enseñanza cristiana. Niega las verdades más fundamentales conocidas por la razón natural como la existencia de Dios, espiritualidad e inmortalidad del alma.

También el Marxismo se opone a la familia por ser ésta una institución conservadora, burguesa y por estimar que los primeros lazos del individuo deben establecerse con una institución supra-familiar como es el Estado, que es dueño de todo, el partido o la clase social. Violando el principio de subsidiaridad se atribuye funciones educativas que corresponden a los padres. Esta concepción colectivista radical supedita a la familia y a la persona a una estructura social impersonal como la clase social, el partido o el Estado. En la práctica es la pura despersonalización del individuo. Y esa “cosificación”, conlleva una sensación de soledad, de pérdida de esperanza, en cuya raíz está el intento de hacer prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo.

Esta forma de pensar ha llevado a considerar al hombre como “el centro absoluto de la realidad, haciéndolo ocupar falsamente el lugar de Dios y olvidando que no es el hombre el que hace a Dios, sino que es Dios el que hace al hombre. La consecuencia es que se multiplican las divisiones y las contraposiciones, grave fenómeno de las crisis familiares y se produce el deterioro del concepto mismo de familia. El egocentrismo que encierra en sí mismo a personas y grupos, da lugar al crecimiento de una indiferencia ética general y una búsqueda obsesiva de los propios intereses y privilegios. Junto con la difusión del individualismo, se nota un decaimiento creciente de la solidaridad interpersonal que lleva al abandono y al desamparo, sobre todo de los más débiles, niños y ancianos[5].
Ese desamparo tiene consecuencias sobre las personas como ser social y originan problemas que afectan directamente a sus emociones, salud,  sentimientos, etc. La tercera edad se ve afectada en un principio con un abandono social familiar, es decir, se rompe la comunicación dentro de su propio grupo, los sentimientos pasan al olvido en combinación con el aislamiento desplazando al sujeto a un margen del olvido que es una persona y no un objeto que sirve para decorar el hogar. Los lazos afectivos se rompen ocasionando una quiebra dentro de una familia al igual que las personas afectadas. La comunicación se interrumpe cortando toda relación e interacción entre los componentes familiares y el sujeto de la tercera edad. Sus emociones también sufren un cambio en el proceso del olvido, transformándose el adulto mayor en personas sensibles que se ven afectadas por cualquier tipo de situación y/o problemas que hacen que caigan en cuadros depresivos que en consecuencia afectan su salud, su percepción de los estímulos y sensaciones. La conducta se transforma, su sensibilidad crece y todo a su alrededor le molesta, ruidos, cosas en general, etc. Esa soledad se ve reflejada muchas veces en el desear la muerte, para no ser carga de nadie y también para no ser una molestia. Anímicamente decaen siendo vulnerables a cualquier cosa que los pudiese afectar; lo primero la salud psicológica. La percepción de la realidad cambia no es la misma que los demás perciben, a lo que debemos agregar la responsabilidad que creen tener por  ese abuso físico que muchos adultos mayores sufren por parte de sus familiares (hijos, nueras, yernos, nietos, etc.), esto, además de los estímulos externos, en sus alteraciones nerviosas, etc., ocasionan un desequilibrio en su personalidad que afecta a sus relaciones como ser social. Es decir, estamos de nuevo ante lo que los japoneses llaman kodokushi, o lo que es lo mismo, soledad, abandono, por parte del entorno de la víctima.

Un ejemplo de esa desatención lo encontramos en el caso de Marcelle Pichon. Alta, morena mujer elegante y bella en los años 50, fue modelo de la casa de Jacques Fath, un sastre chic de la época. Dos matrimonios, dos divorcios, dos hijos, gente toda que si la rodeó un día, sólo fue para irla olvidando con el correr de los años, especialmente cuando comenzó a envejecer y, por tanto, a no disponer del nivel de vida que había disfrutado. Poco antes de cumplir sus 64 años, sin familia ni amigos, compró un pequeño estudio en un elegante edificio a espaldas del cerro de Montmartre. Solitaria, silenciosa como la mayoría de los ancianos, no recibía visitas y sus vecinos tampoco la frecuentaban. Sólo recuerdan haberla visto algunas veces cuando salía a hacer compras.

Un día, Marcelle rompió su silencio al participar en un programa televisivo de Anne Gaillard, dedicado al tema de la soledad, difundido el 27 de enero de 1984. “Lo más terrible -había dicho la anciana ante las cámaras- es llegar a casa y no tener a nadie que te diga: buenas tardes, querida, ¿cómo te fue hoy?…” Es decir, la falta de cariño, de empatía, de una mano amiga que te acoja con desinteresado amor.

Pero ese mensaje, con el que ella intentaba sacudir la indiferencia general, destruir la creencia de que los viejos adoran estar solos, no sería recogido por nadie. Marcelle Pichon continuaría su vida de exilio interior atrapada cada vez más por las dificultades materiales. Sin suficiente dinero, sin víveres, con las cuentas de cobro acumulándose bajo el dintel de su puerta, con el gas y el teléfono cortados, con un invierno que empezaba a avisar su llegada, la desolada señora toma una decisión: va a dejarse morir de hambre. Tenía 64 años pero el gusto por la vida había sido minado por los problemas y la falta total de perspectivas. La embarga un abandono total. Sobre un cuaderno escolar empieza entonces a anotar sus impresiones sobre el proceso de consunción que ella, al parecer, inicia el 23 de septiembre de 1984. “Tengo graves problemas financieros. Estoy cansada de la vida”, escribe en un primer momento. Desde esa fecha hasta el 6 de noviembre, la dama registrará cada fase de su agonía, con escalofriante meticulosidad clínica. “9 de octubre. Décimo séptimo día de ayuno. Medio litro de agua por día. Toilette sentada. El corazón se agota. 45 kilos…”.Miércoles 24. Crisis espantosa del hígado. Por un tazón de caldo, un trozo de melón, una naranja, vendería mi alma”. Las anotaciones se van haciendo más escasas a medida que avanza el tormento, hasta llegar al 6 de noviembre, día en que hace el último apunte: “El hambre es la muerte más horrible que hay… Ya no me puedo levantar. Mi orina está roja de sangre. Estoy mal de los riñones”. El deceso probablemente sobrevino durante la noche siguiente.
Como perseguida, aún más allá de la muerte, por un designio maldito, la fallecida señora Pichon tuvo que esperar diez meses para ser descubierta por alguien. Fue la policía quien, alertada por los vecinos unos días antes, descubre el cadáver semimomificado de Marcelle. Durante esos largos meses nadie se había inquietado ni preguntado por la suerte de la dama discreta del sexto piso.
La portera del edificio, inmutable en su desinterés profesional, deslizaba una y otra vez bajo la puerta el correo de la anciana. Hasta que un día, alguien creyó sentir un olor desagradable cerca de aquel impenetrable estudio. Fue quizás eso lo que los movió a indagar qué pasaba allí dentro. El viernes 23 de agosto los de Medicina Legal recogerían el cadáver, de por sí ligero, de la solitaria señora. Interrogados por los periodistas, los vecinos se mostraron huraños después de descubierto el asunto. Apenas abrían unos centímetros sus puertas a los investigadores. “Creíamos que estaba de vacaciones“, dijo alguien.

La situación de crisis económica vivida por España ha hecho que la frase desahucio por falta de pago” se haya instaurado en los medios de comunicación y, por tanto, en nuestras vidas. Se trata de un procedimiento que se inicia cuando el inquilino no paga una o varias rentas al propietario de la vivienda, tratándose de un incumplimiento de contrato por parte del inquilino. Este fue el caso de un vecino de Madrid, llamado Agustín, por lo que el propietario de la vivienda en que vivía, inició un procedimiento de desahucio por falta de pago. Siguiendo el procedimiento, por orden del Juzgado de Instrucción correspondiente los servicios judiciales acudieron diligentemente con un cerrajero al ver que, pese a las insistentes llamadas, nadie abría la puerta. Al penetrar en el piso no encontraron desorden ni señales de violencia, y el cuerpo de Agustín, de 56 años, momificado.

Se cree que murió en otoño de 2013. Por entonces había comunicado a sus amigos que se encontraba enfermo, lo que confirman sus vecinos que vieron una tarde como una ambulancia se lo llevó. Estaba separado y tenía una hija, pero ni sus familiares, ni sus amigos ni los vecinos que lo vieron irse en ambulancia, se preocuparon de cómo estaba; es más, cuando lo supieron no lanzaron una palabra de conmiseración hacia el vecino muerto, sino más bien por ellos mismos: “Es increíble pero hemos estado cuatro años conviviendo con un cadáver sin saberlo”. Tampoco se preocuparon los servicios médicos que le atendieron, se supone que de urgencia. Nadie se preocupó de recuperar al hombre, al ser humano, sólo se preocuparon de recuperar el dinero que debía. Es triste pensar que si el piso hubiese sido de su propiedad, al no tener que reclamarle ninguna deuda, nadie se hubiera preocupado de si vivía o no. ¡Qué diferencia con la atención que se presta al lince ibérico o a los huevos de buitre leonado!

La prensa tampoco le prestó atención. Ni la parisina ni la madrileña hicieron gran despliegue del caso sucedido en su zona. No hubo el esperado concierto de notas editoriales sobre el trágico aislamiento de los viejos en una sociedad opulenta, incapaz de garantizarles atención y afecto. Al fin y al cabo, esta sociedad relativista solo quiere quedarse con el “cogollo” de la población. Se deshace de los dos extremos que son los grupos que por sus características, exigen o deberían exigir que se les prestara más atención y por tanto, generan más gastos y problemas a esta sociedad hedonista, así que ni niños ni ancianos.

En la fase inicial de la vida con el aborto generalizado y las teorías eugenésicas y en la de aquellos que están al final de la vida, personas que no generan bienes pero sí gastos, incluida la pensión, por pequeña que ésta sea, introducen la eutanasia que venden a la sociedad como un bien para que el enfermo no sufra, ni dolores físicos ni de soledad y abandono, aunque no dejará de tratarse de otro asesinato, como el aborto. En definitiva, están poniendo en práctica las ideas expresadas en Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley, en el que las enfermedades y la vejez han sido erradicadas ¡pero no la muerte! La eutanasia se administra mediante una sobredosis de soma, una droga que alivia la depresión y libera neurotransmisores del placer. Esto lo deciden los alfas de esa sociedad ideal que proponen dividir a la gente en grupos jerárquicos: Alfa, Beta, Gama, Delta y por último los Épsilon, a los cuales se les reduce el nivel de oxigeno durante su gestación para provocar un leve retraso mental y puedan adaptarse a los trabajos más humillantes o repetitivos. A los ancianos ya ni grupo les asignan.


[1] Johann Adam Weishaupt ​ (nacido el 6 de febrero de 1748,Ingolstadt, Alemania- m. 18 de noviembre de 1830, Gotha, Alemania) fue un alemán de origen judío​ un ex sacerdote católico y Jesuita que trabajó como profesor eclesiástico de Derecho Canónico en la Universidad de Ingolstadt. Fundó el 1 de mayo de 1776 los Illuminati de Baviera, sociedad secreta, mezcla de las ciencias ocultas de la Masonería y el Rosacrucismo, pero mentras éstas conspiraban para lograr objetivos políticos precisos, los Illuminati de Baviera buscaban activamente un cambio profundo del mundo. No todas las Sociedades Secretas moraban en lo espiritual y no todas ellas se involucraban en las maquinaciones políticas. Los Illuminati de Baviera sí operaban en ambas esferas; enseñaron una doctrina de liberación política y social que giraba en torno a la igualdad del hombre, la adhesión al racionalismo, y la negación de la Corona y la Iglesia como instituciones legítimas para la regulación de los valores sociales y morales.

[2] Charles Robert Darwin (n. 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, Reino Unido -m. 19 de abril de 1882 en Downe, Reino Unido) fue un naturalista inglés, reconocido por ser el científico más influyente de los que plantearon la idea de la evolución biológica a través de la selección natural, justificándola en su obra de 1859. “El origen de las especies” es la teoría de una evolución animal que se considera de su autoría, aunque no fue ideada por él sino  que fue preconcebida años antes por su abuelo: Erasmus Darwin. El abuelo de Charles fue  un personaje perteneciente a distintas logias masónicas de categoría en el Reino Unido como la Canongate Kilwinning de Edimburgo. Estaba conectado también con los masones de Francia y con los Illuminati, que habían hecho del trabajo antirreligioso su fin primordial. Además, fue quien introdujo al joven Darwin en la idea de una supuesta evolución de las especies. Charles recibió de grupos masónicos y eugenistas pertenecientes a las clases más ricas de Inglaterra, amplia financiación. La teoría de la evolución ha presentado en sus argumentos un serie de eslabones pertenecientes, supuestamente, a la cadena evolutiva, porque algunos se han demostrado falsos y otros no son verdaderamente fehacientes. El supuesto ideólogo de dicha teoría, ha sido durante toda su vida partidario de ideas pro eugenistas tales como la erradicación del hombre irlandés amparándose en la interpretación que el mismo realizó tras fijarse en modelos de comportamiento sociológico. Definía al irlandés violento. Por el contrario, definió al escocés como un hombre sereno, apacible y amable.

[3] Julian Sorell Huxley ( 22 de junio de 1887- 14 de febrero de 1975)nació y murió en Londres, Reino Unido. Formaba parte de una familia distinguida. Su hermano era el escritor Aldous Huxley y era medio hermano de otro biólogo, el premio Nobel Andrew Huxley. Su padre fue un escritor y editor Leonard Huxley y su abuelo paterno el biólogo T. H. Huxley, famoso por ser colega y apoyar a Charles Darwin. Julián fue promotor de un “nuevo humanismo” y primer director general de la UNESCO la cual  forma parte de este plan de dictadura global, no novelesco, sino real.

[4] https://legnalenja.wordpress.com/2013/04/27/plan-global-de-destruccion-de-la-familia/

[5]http://www.notivida.com.ar/Articulos/Matrimonio%20y%20familia/El%20Nuevo%20Orden%20Mundial%20frente%20a%20la%20familia.html

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