El eclipse del sentido de Dios

San Juan Pablo II: Evangelium Vitae, párrafo 21

El eclipse del sentido de Dios

Cuando acaba el año es costumbre que la prensa ofrezca un reportaje con las biografías de “los que se fueron” en un eufemismo con que los “valientes” del pensamiento esconden la muerte utilizando la misma filosofía con que ocultarán la realidad del aborto. Así viene ocurriendo desde el siglo XIX. Entonces los folletos que circulaban a principios del siglo XIX para divulgar los métodos para abortar se referían a esta práctica como “interrupción de la menstruación”; en el siglo XX el aborto pasó a denominarse “interrupción del embarazo” cuando la II República Española legalizó el aborto siendo ministra de Sanidad Federica Montseny.

Y ya en nuestro siglo XXI cuando se ha impuesto la cultura del engaño, no está permitido poner imágenes de prácticas abortivas, a través del vídeo corto en las redes sociales, porque, aunque no son bellas y sí muy duras, son muy instructivas del crimen más abyecto que se pueda cometer contra la persona más indefensa. Por eso son consideradas peligrosas; porque son instructivas ya que hacen que mucha gente abra los ojos al horror que suponen, aunque se nieguen a llamarlo “homicidio”, “crimen”, “asesinato”; lo que es lógico, puesto que se vuelve en contra de sus teorías, de sus razones basadas en la salvaguarda de la vida de la madre y dicen que también en  la del niño, al que dicen que así libran de enfermedades y taras. Conviene saber, sin embargo, que al generalizarlo, termina siendo un eugenismo individual, casi colectivo. Es por ello que viene a cuento recordarlo a pocos días del 28 de diciembre en que los cristianos conmemoran  la matanza de los niños menores de dos años nacidos en Belén (Judea), ordenada por el rey Herodes I el Grande con el fin de deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret.

“Nunca se puede justificar la muerte de un inocente”, gritó San Juan Pablo II, ante la utilización de tantos eufemismos para quitar importancia al hecho. Así “interrupción voluntaria del embarazo” una mentira basada en una imposibilidad, lo convierte en intervención legal.  Pero como en ambos casos la sustancia es que se mata al hijo, se manifiesta la perversa función atribuida a la ley: el intento de cambiar la propia naturaleza de un acto. En consecuencia, se puede decir que la novedad de nuestro tiempo no es tanto el hecho de que se mate al hombre inocente cuanto la legalidad de este mismo hecho. Por este motivo, el Papa afronta con claridad el tema de la relación entre ley civil y ley moral hasta llegar a la conclusión de que las leyes que autorizan y favorecen el aborto y la eutanasia están privadas totalmente de auténtica validez jurídica”.[1]

La legislación permisiva sobre el aborto es un fenómeno del siglo XX. A comienzos de siglo el panorama legislativo era uniforme. En todos los Estados el aborto se castigaba como crimen con penas de una cierta severidad, aunque inferiores a las previstas en caso de homicidio. La prohibición penal de suprimir el fruto de la concepción era una constante desde la época de los emperadores romanos Septimio Severo y Antonino Basiano “Caracalla”. Aunque la jurisprudencia romana había oscilado entre la visión del concebido como parte del cuerpo de la madre y el reconocimiento del valor autónomo del nasciturus, desde entonces se consideraba el aborto como una grave ofensa a la dignidad humana, aunque no se conocieran bien los procesos de la generación, llegando en ocasiones a equiparar el aborto con el homicidio e un intento de defender la vida humana que constituía el bien protegido.

Siglos después, el materialismo teórico se convierte en doctrina oficial en la Unión Soviética, se imparte en las universidades y transforma las iglesias en museos del ateísmo y con la afirmación del mismo en todos los países de su órbita, se imponen varias medidas liberalizadoras, entre ellas, el aborto, de modo que allí su legalización es 47 años anterior a la Abortion Act de Gran Bretaña; en todo Occidente hubo mayor resistencia para considerarlo un hecho legal. Sin embargo, ha ocurrido a medida que se ha ido afirmando un materialismo práctico que no se atreve a negar a Dios, ni mucho menos la posibilidad de la trascendencia presente en el hombre, pero que pretende e impone comportamientos prácticos en los que pretende la no intervención de Dios ni esa trascendencia presente en el hombre. Es por ello que se desarrolla una legislación permisiva a partir de los países anglosajones, tan influidos por el relativismo de la masonería con sus principios que ellos adaptan sobre la Moral Universal y la Ley Natural[2].

Es por ello que desde hace algunas décadas, Europa, bajo su apariencia de continente civilizado y en progreso, está resucitando el mito de Cronos, dios de la mitología griega que devora a sus propios hijos para impedir que le sucedan y quedarse como dueño absoluto del mundo. Descriptiva imagen que Gérard François Dumont, autor de “El festín de Cronos: el futuro de la población en Europa”, elige para definir la tendencia demográfica predominante en los países europeos: el envejecimiento de la población por la caída de la fecundidad y por el aborto. Opina este autor que España e Italia que están a la cola del tren demográfico tienen un futuro ensombrecido como consecuencia de las siguientes causas:

*prioridad de lo material

*imperio de los pseudovalores

*la tiranía del “corto plazo”

*la civilización del ego

No obstante, Dumont habla de esperanza. Cree que Cronos puede ser derrotado si la sociedad utiliza una estratagema a imitación de Rea para engañar al dios griego en evitación de que siga devorando a sus hijos. Esa estratagema política consistiría en volver a respetar los verdaderos valores que caracterizaron a la sociedad. Tarea ímproba por cuanto las fuerzas que desde siempre luchan contra el reforzamiento de dichos valores en la sociedad, parecen ir ganando.

Juan Pablo II viendo llegar la magnitud de la catástrofe, manifestó la necesidad que la sociedad tiene de clarificar los principios fundamentales de la teología moral a través de la Humanae Vitae y la Familiaris Consortio exhortando a la sociedad a que encuentren el lugar adecuado en la pastoral familiar. Consideraba este santo Papa que los vínculos familiares son el primer lugar de preparación para las formas sociales de la solidaridad y porque una cultura de la familia contribuye a desarrollar la cultura de la vida, que era necesario  profundizar en la naturaleza del sacramento del matrimonio y defender el ámbito del amor de los esposos y la mediación corpórea del acto conyugal para la procreación, manifestándose en contra de que por presuntas justificaciones médicas y científicas de calidad de vida o de progresos en la investigación con embriones humanos y para su producción, algunos pongan la vida humana a merced de un poder arbitrario e ilimitado.

El haber llegado a esta situación, San Juan Pablo lo achacaba a lo que definió como El eclipse del sentido de Dios  que se extiende por toda la sociedad y ha provocado tal desequilibrio hasta en la propia Iglesia que tres obispos de Kazajistán se han visto obligados a publicar una «Profesión de las verdades inmutables respecto del matrimonio sacramental». Mons. Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la archidiócesis de Maria Santísima en Astana, su obispo auxiliar Mons. Athanasius Schneider y Mons. Jan Pawel Lenga, arzobispo (ad personam) y obispo emérito de Karaganda, han estimado oportuno salir en defensa de la doctrina católica sobre el matrimonio, poniendo los puntos sobre las íes para volver al “sentido de Dios”.  La difusión de normas pastorales eclesiásticamente aprobadas han causado una notable y creciente confusión entre fieles y en el clero; confusión ésta que toca manifestaciones centrales de la vida de la Iglesia, como lo son el matrimonio sacramental que da origen a la familia, la iglesia doméstica y el sacramento de la Santísima Eucaristía. Es por ello que han querido recordar la enseñanza católica tradicional al respecto en una Profesión de las verdades inmutables respecto del matrimonio sacramental

Desde el inicio de su existencia, la Iglesia ha concedido gran importancia a la familia cristiana, a la que concede una esencial dimensión eclesial, ya que necesita de la Iglesia para que ésta promueva sus ideales y les ayude a entender mejor su vocación, pero, a su vez, la Iglesia necesita de las familias cristianas, pues la vitalidad de la Iglesia está estrechamente vinculada a la vitalidad auténticamente cristiana de los matrimonios. En la medida en que la familia cristiana acoge el evangelio, se hace signo vivo de Cristo y presencia de la Iglesia en medio del mundo.[3] Es por ello que el plan de destrucción de la Humanidad por parte de Satanás requiere necesariamente la destrucción de la familia, y en especial de la familia cristiana, siendo el instrumento a emplear la ideología de género, pero este proceso no se puede realizar repentinamente sino que exige cambios paulatinos y discretos, como hemos visto por ejemplo con el aborto, que primero se despenalizó, para pasar a ser luego un derecho, (la ley y la misma sociedad, conceden a la madre el derecho a asesinar a su propio hijo, a ese hijo que siente dentro de sí). Buscan así que la gente lo acepte al verlo como normal, acompañado de constantes apelaciones a la libertad y a la democracia, así como de severas sanciones hacia aquéllos que se atrevan a discrepar.

Se trata de terminar con los valores morales. Para algunos padres resulta muy moderno que los niños no reciban clase de religión católica, sin embargo, abogan porque haya clase de Corán. Ese eclipse del que hablaba Juan Pablo II, se ve también en los bautizos: de los 420.290 nacimientos, los bautizos superaron ligeramente la mitad de ellos, es decir, 231.254 y de éstos, muchos lo serán por una cuestión social como ocurrirá luego con la primera comunión. La inane sociedad que sufrimos no se preocupa del espíritu, defiende el hedonismo (aunque termine destruyéndole), favorece a tope el feminismo radical, el abortismo y el homosexualismo.

La ideología de género con sus aberraciones LGTBI que quieren imponer a menores, es hija del del marxismo y del relativismo que tanto defiende la conocida secta. Es sabido que, según ellos, no existen ni la Verdad ni el Bien objetivos, ni siquiera la Ley Natural. De modo que esa libertad sin freno nos lleva a esos disparates científicos que afirman que cada uno puede tener la identidad sexual que le dé la gana, aun prescindiendo de su biología y abriendo la puerta a la promiscuidad más abyecta, en la que no está ausente ni la pederastia. Pero esa misma libertad con que ellos defienden esa aberración, no permite a los que defendemos una sexualidad con arreglo a la Ley Natural, defenderla. Somos perseguidos, castigados, multados…

Y naturalmente, empiezan por adoctrinar a los más débiles e indefensos abusando de su inocencia en el momento en que los niños están más expectantes en su fiesta más ilusionante como es la llegada de los Reyes Magos. Asi se comportan los llamados “ayuntamientos del cambio” revolucionando el panorama navideño de muchas ciudades: “reinas magas”, “cabalgatas republicanas”, estilismos imposibles, drag queens… Todos con el mismo objetivo: desvincular la Navidad de su esencia cristiana. Un ejemplo claro lo constituye la actuación de la  señora alcaldesa de Madrid quien ha publicado un mensaje con motivo de esta festividad, en el que no ha dedicado una palabra al argumento principal: el Nacimiento del Niño Dios y ha expesado su asentimiento a que en la Cabalgata de Reyes de este año en el popular barrio de Puente de Vallecas figure una carroza LGTBI que ya me dirán qué pinta en una cabalgata que conmemora el viaje de tres reyes de oriente para adorar al Niño Jesús. Y con la hipocresía que les caracteriza lo visten bajo el ropaje de la diversidad y la igualdad pero es una mamarrachada ideológica más a la que nos tiene acostumbrados Ahora Madrid (quienes felicitaban las fiestas con un árbol de Navidad ardiendo –debe de ser su idea de paz y amor−), y su reina maga Manuela Carmena. La cuestión es desnaturalizar las navidades” ante la actitud pasiva y borreguil de la mayoría de ciudadanos.

El Padre Aberasturi se refiere, en un magnífico artículo en InfoCatólica a esta actitud bastante generalizada, con el nombre de fariseísmo. Y lo explica comparando la actitud mantenida por la sociedad ante las 48 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, sin que se faciliten datos, porque no interesa saber lo que se está DESTRUYENDO -que no “construyendo”-, con las leyes que están sacando adelante, país a país, incluso con amenazas y “multas” o “castigos”, los auténticos amos del mundo: los del NOM; esas fuerzas poderosas, organismos internacionales políticos y económicos, promotores visibles de esta guerra imperialista no convencional contra la civilización cristiana, los cuales con una planificación estratégica, táctica y operativa, persigue la instauración de un nuevo orden totalitario y uniformador. Se trata de deconstruir por todos los medios a la familia. Esto es el Nuevo Orden Mundial.

48 mujeres asesinadas es un horror que no debería suceder, pero tampoco representan tanto al lado de los 110.000 bebés asesinados durante el mismo período en el propio vientre de sus madres. Es evidente que la comparación es imposible en cuanto a cantidad, pero como se calla y oculta el aborto mientras se hacen manifestaciones, concentraciones y pancartas en recuerdo de esas pobres 48 mujeres, es de suponer que para esta farisaica sociedad, son más importantes que los 110.000 seres inocentes asesinados. Solo unos valientes del grupo Provida encabezados por el doctor Poveda, se manifestaron en su defensa ante la clínica abortista Dator como suelen hacer habitualmente cada 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, recordando, en palabras del doctor que “Estar a las puertas de la Dator es como estar a las puertas de Auschwitz“, tan gran genocidio está resultando.

Y en esta pérdida de valores cristianos echamos también de menos el respeto a los ancianos. Aquel sacrosanto respeto que se les tenía se ha perdido. Han pasado a ser personajes incómodos, que generan muchos gastos de médicos, medicinas, pruebas de todo tipo, y el pago de la prestación por jubilación. Y encima viven muchos más años y no son productivos, esa palabra que tanto se utiliza hoy día, de modo que la pirámide poblacional aparece desfasada, con una base mínima puesto que no hay relevo generacional al no nacer niños, unos porque las hedonistas  parejas actuales evitan los embarazos y otros, más drásticos, los matan. A los ancianos siguen los enfermos, tengan la edad que tengan, y luego seguirán los que tengan cualquier defecto físico, lo de menos es el motivo.

La cuestión es que como advierte Alejandro Macarrón, experto en demografía, España se enfrenta a unos retos por la falta de hijos, tan grave que lo califica de Suicidio Demográfico que nos lleva a ocupar el segundo lugar como el país más viejo del mundo, sólo superado por Japón. La solución la empiezan a plantear siguiendo sus parámetros morales: la eutanasia que también nos venden como un favor que nos hacen porque así dejamos de sufrir.

Ante el naufragio humano y moral más o menos generalizado es fundamental la tarea de la Iglesia y el humanismo cristiano. Hasta ahora el sentido religioso, de fe y ciertas tradiciones eclesiales siguen arraigadas en una generación ya madura de personas, pero ¿hasta cuánto tiempo más? No será diluyendo la fe como se logrará acercar a los que se han alejado o a los indiferentes, sino en la medida que seamos capaces de proponer la radicalidad de la fe, aunque esto suponga más esfuerzo que el dejarse arrastrar por el conformismo de esta sociedad.

Llaman la atención las palabras del joven J. Ratzinger, escritas en 1968: “Cuando Dios haya desaparecido totalmente para los seres humanos, experimentarán su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. La Iglesia tendrá que comenzar todo desde el principio”. Después de cincuenta años, esta percepción de Benedicto XVI adquiere toda la actualidad[4].


[1] Consejo Pontificio Para La Familia: Lexicón: Términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas, pg 667

[2] La moral universal se identifica con los principios y valores éticos y sociales comúnmente aceptados en una comunidad cultural plenamente identificada como tal. Su fundamento es la doctrina cristiana con sus 10 Mandamientos, entre los cuales (referido al aborto) se establece el mandato “no matarás”.  La ley natural que se llama así no por referencia a la naturaleza de los seres irracionales, sino porque la razón que la proclama pertenece propiamente a la naturaleza humana, expresa el sentido moral original que permite al hombre discernir mediante la razón lo que son el bien y el mal, la verdad y la mentira.  La ley natural contiene los preceptos primeros y esenciales que rigen la vida moral. La masonería no acepta la verdad objetiva de la moral universal ni de la ley natural.

[3] Pedro Trevijano Echevarría (Sacerdote diocesano, doctor en Teología por el Alfonsiano de Roma) en InfoCatólica

[4] Jesús Poyato Varo http://www.lavozdecordoba.es/fe-cultura/2016/10/23/eclipse-dios-desierto-del-hombre/

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