La violencia en la pareja: simétrica y de doble sentido.

La violencia en la pareja: simétrica y de doble sentido.

Javier Álvarez Deca ha recopilado numerosos trabajos tanto de universidades como de instituciones públicas, en los que se acredita que la violencia en la pareja no tiene sexo pues tanto hombres como mujeres se muestran violentos en similares proporciones.

En este trabajo de investigación exahustivo, se analizan los resultados de 500 estudios empíricos sobre la violencia en la pareja, recopilados a partir de las principales bibliografías especializadas en la materia y con arreglo a un único criterio: “el doble sentido”, es decir, medición de la violencia perpetrada o sufrida por ambos miembros de la pareja heterosexual. En contradicción con las tesis oficiales predominantes, que asignan al varón la condición de perpetrador-victimario y a la mujer la de víctima como roles casi exclusivos, se constatan niveles similares de perpetración y victimización para hombres y mujeres en muestras representativas de la población general; y mayores niveles de victimización masculina en muestras obtenidas entre poblaciones jóvenes. También en contradicción con las tesis oficiales predominantes, que consideran que la violencia femenina es básicamente defensiva, se constatan mayores niveles de iniciación de las agresiones físicas y perpetración de violencia física no recíproca por las mujeres.

El trabajo de Javier Álvarez Deca demuestra la mayor de las mentiras de las feministas, el maltrato sobre las mujeres, sobre el que se ha construido una ingente y lucrativa industria del maltrato, sustentada en su mayor parte gracias al erario público. Industria amparada y promovida por los partidos políticos y los gobiernos respectivos.

Ni que decir tiene que, en múltiples ocasiones, el autor y sus trabajo han sufrido la persecución del colectivo feminaziestalinista degenerado, que no duda en perseguir, difamar y calumniar a todo disidente/opositor. No olvidemos que este colectivo que se arroga la representación y la defensa de todas las mujeres, no representa más que a un ínfimo porcentaje de las mujeres y son sus miembros quienes más maltratan a las propias mujeres.

Transcribimos a continuación, como muestra de esa persecución de la que hablo, las palabras de Murray A. Strauss, uno de los que forman parte de la larguísima lista de damnificados, linchados, criminalizados… por las feminaziestalinistas por atreverse a sacar a la luz sus mentiras: Mis primeros trabajos sobre violencia de pareja se centraron en la alta prevalencia de este tipo de violencia y la relación de dominio masculino que determinaba la violencia contra las mujeres. Estos trabajos se citaron con aprobación en casi todas partes, especialmente en los círculos feministas, y fui invitado a numerosos programas de radio y televisión. (…) En 1976 se me habría considerado inmediatamente como uno de los principales investigadores feministas sobre violencia intrafamiliar. Pero, tras la publicación de nuevos trabajos en los que demostré con datos que la violencia de pareja era ejercida simétricamente por hombres y mujeres y, peor aún, mi insistencia en que para acabar con la violencia contra las mujeres era necesario tomar medidas de prevención y tratamiento de la violencia ejercida por las mujeres, fui apartado de la comunión feminista. Lo cual ha sido doloroso, porque, entonces como ahora, me considero un feminista en el sentido académico del término, aunque no en el sentido del activismo político. (…) A mis 81 años, sigo navegando contra corriente. (Murray A. Strauss, “Bucking the tide in family violence research”.  Trauma, violence & Abuse, vol. 9 nº. 4, octubre de 2008, páginas 191 – 213).

Desde 1975, año en que se llevó a cabo la primera gran encuesta nacional sobre violencia doméstica en los Estados Unidos, el número de estudios similares realizados en todo el mundo no ha dejado de sucederse.

Actualmente, varios cientos de estudios empíricos demuestran de modo concluyente:

  • Que hombres y mujeres ejercen la violencia de pareja en proporciones similares; y
  • que, estadísticamente, la mujer es la principal iniciadora de las agresiones físicas en la pareja, y
  • que es falso que la violencia femenina sea exclusivamente de autodefensa.

Ese corpus mundial de estudios sobre violencia en la pareja debería ser el fundamento estadísticamente correcto de las políticas y legislaciones sobre violencia doméstica …si no estuviese permanentemente excluido de ellas por resultar políticamente incorrecto y contrario a los prejuicios ideológicos vigentes.

En este sitio web: http://www.escorrecto.org/ Javier Álvarez muestra los resultados de una extensa recopilación de estudios sobre la violencia en la pareja, seleccionados con arreglo a un único criterio de inclusión y, a la vez, condición indispensable: que tengan en cuenta la violencia ejercida (perpetración) o sufrida (victimización) por ambos miembros de la pareja heterosexual.

Los estudios se sistematizan en los dos anexos siguientes:

Anexo 1: Recopilación de 500 estudios sobre la violencia en la pareja, con indicación de las tasas de victimización por agresiones físicas para ambos sexos, cuyos resultados globales son los siguientes:

  • los hombres sufren mayores niveles de victimización por violencia física total o leve en 254 estudios y por violencia física grave en 98 estudios;
  • las mujeres sufren mayores niveles de victimización por violencia física total o leve en 102 estudios y por violencia física grave en 44 estudios; y
  • registran tasas similares para ambos sexos por violencia física total o leve en 137 estudios y por violencia física grave en 44 estudios.

Anexo 2: Recopilación de 107 estudios con indicación de las conclusiones sobre la iniciación y reciprocidad de las agresiones físicas por sexos, cuyos resultados globales son los siguientes:

77 estudios registran mayores niveles de perpetración de violencia física no recíproca o iniciación de las agresiones físicas por las mujeres;

18 estudios registran mayores niveles de perpetración de violencia física no recíproca o iniciación de las agresiones físicas por los hombres; y

12 estudios registran niveles similares de violencia física no recíproca o iniciación de las agresiones físicas para ambos sexos. [Recopilación cerrada el 28 de agosto de 2014]

Todos esos contenidos, precedidos de un breve análisis, pueden consultarse en su versión final y refundida en el trabajo titulado “500 RAZONES CONTRA UN PREJUICIO“, en el que se han incluido también 40 estudios sobre violencia de pareja realizados en España (Anexo 3) y una bibliografía anotada (Anexo 4) de estudios publicados entre 2007 y 2012 (los años de mayor actividad en la recopilación). El trabajo completo puede descargarse desde los enlaces del menú en dos formatos, el primero de ellos para lectura (con tablas horizontales) y el segundo para impresión (con tablas verticales).

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NOTAS EXPLICATIVAS

1)    Distribución geográfica:

Los estudios del Anexo 1 abarcan más de 50 países, con arreglo a la siguiente distribución : Estados Unidos (294); Canadá (26); Reino Unido (21); España (17); Hong Kong y China (16); Nueva Zelanda (12); Brasil (9); Australia, México (7); Sudáfrica, Suecia (6); Alemania, Chile, Portugal (5); Italia (4); Corea del Sur, Filipinas, Finlandia, Israel, Países Bajos, Perú (3); Colombia, Dinamarca, Japón, Nigeria, Rusia, Suiza, Tailandia, Taipei Chino, Vietnam (2); Barbados, Bélgica, Botswana, Cuba, Francia, Ghana, Grecia, Irán, Irlanda, Jamaica, Malawi, Mozambique, Pakistán, Polonia, República Checa, Rumania, Ruanda, Tanzanía, Trinidad y Tabago, Ucrania, Uganda, Venezuela (1); y múltiples países (11).

La suma total de países (509) excede del total de estudios (500) porque algunos estudios abarcan dos o tres países. Los estudios que abarcan más de tres países se contabilizan en la categoría “Múltiples países”.

2)    Sistematización de los datos:

En lo que respecta a la sistematización de los datos sobre victimización o violencia sufrida conviene tener en cuenta las consideraciones siguientes:

Para unificar y simplificar su presentación, los resultados de los distintos estudios se han consignado en la tabla del Anexo 1 como expresión de la victimización o violencia sufrida -con independencia de que, en los estudios originales, esos datos se refieran a la perpetración, a la victimización, o a ambas- y en forma de porcentajes, que es el tipo de cuantificación más frecuente en los estudios considerados.

Se ha determinado que un estudio registra mayores tasas de victimización para uno u otro sexo cuando la diferencia entre ambas medidas es superior al 10% de la mayor de ellas; en los demás casos, las tasas se han considerado similares.

Las sumas por tramos y formas de violencia (total/leve o grave) no coinciden con la cifra real de estudios incluidos, debido a que no todos ellos contienen datos sobre ambos tipos de violencia (total/leve y grave).

En la medida de lo posible, los resultados se consignan con el mismo nivel de desglose ofrecido en el estudio original, por lo que en numerosos estudios se presentan dos filas de resultados (en general, correspondientes a las respectivas declaraciones de hombres y mujeres) o incluso más, si el nivel de desglose del estudio lo exige. En otros casos, en los que el desglose es más prolijo, se han consignado los datos de victimización de uno de los declarantes y, entre paréntesis, los declarados por su pareja.

Por último, ante la dificultad de consignar todo el nivel de desglose ofrecido en ciertos estudios (tal vez media docena en total), se ha realizado algún tipo de promedio, indicado con la letra “a” en voladita o superíndice.

En general, en el caso de los estudios que ofrecen datos (no longitudinales) tanto sobre períodos de varios años como sobre el año inmediatamente anterior a la encuesta, se han preferido los segundos, por considerarse más fiables. Por otra parte, el alcance del presente trabajo se circunscribe preferentemente a la violencia física y, siempre que el nivel de desglose de los datos ofrecidos en los estudios lo permite, se prescinde de la violencia sexual y de la violencia psicológica.

3)    Fuentes de consulta:

El presente trabajo es fruto de la consulta directa, rigurosa y objetiva de cada uno de los estudios recopilados. Las fuentes de consulta han sido las principales revistas y publicaciones especializadas en temas de violencia y familia, y determinadas publicaciones de instituciones gubernamentamentales. La inmensa mayoría de esas fuentes de consulta son fácilmente accesibles a través de internet, por ejemplo en las siguientes bases de datos: British Library, APA Databases, Sage Journals, ScienceDirect, Blackwell Publishing, Citeulike, Emerald Insight, Elsevier, Wiley Interscience, Cat.Inist, PubMed, Scielo, Pier Professional y Springerlink, entre otras. Por último, unos pocos estudios proceden de libros o publicaciones en papel.

4)    ¿Cómo se mide la violencia en la pareja?

El instrumento más utilizado en la medición de la violencia intrafamiliar y, por lo tanto, en la mayoría de los estudios incluidos en esta recopilación, son las Escalas de Tácticas de Conflictos [Conflict Tactics Scales o CTS], creadas por Murray A. Straus en 1979. La segunda versión de ese instrumento, o CTS2, está diseñada más específicamente para medir la violencia de pareja. Las CTS2 constan de 39 preguntas distribuidas en cinco apartados (negociación, agresión psicológica, agresión física, coerción sexual y lesiones) y ordenadas en función de la gravedad del maltrato. Las preguntas correspondientes al maltrato físico son 12: las cinco primeras se refieren a agresiones consideradas leves, desde dar un empujón o una bofetada hasta arrojar un objeto; las siete restantes se refieren a agresiones graves (desde dar puntapiés hasta utilizar un cuchillo o un arma). Las preguntas sobre lesiones son seis, y abarcan desde los moratones o esguinces hasta las visitas al médico o las fracturas óseas. Para cada pregunta se ofrecen cinco posibles respuestas, que van desde “nunca” hasta “muy frecuentemente”. Naturalmente, los cuestionarios pueden adaptarse para obtener cualquier otro tipo de cuantificación.

Salvo en el caso de algunos estudios cuyo nivel de desglose no lo permite, la presente recopilación se refiere exclusivamente a los datos sobre violencia física, debido a que son más homogéneos entre los diversos estudios y reflejan comportamientos más fáciles de cuantificar por los propios encuestados: empujones, patadas, bofetadas, agresiones con objetos, etc. En cambio, los comportamientos considerados como violencia psicológica o sexual son muy heterogéneos entre los distintos estudios y su valoración por los propios encuestados depende más de factores subjetivos. Esa heterogeneidad es especialmente amplia en el caso de la violencia sexual, que algunos estudios circunscriben a comportamientos no físicos (miradas atrevidas, insinuaciones, comentarios obscenos, acercamiento excesivo, etc.), mientras que otros incluyen desde agresiones verbales hasta violaciones consumadas. En el caso de la violencia psicológica, los cuestionarios pueden incluir aspectos como “tener celos”, llamar “anticuada” o “gorda” a la pareja, “hablar mal de las mujeres delante de ella”, o “tu pareja te ha culpado de los problemas”, etc., muy dependientes de la percepción subjetiva y susceptibilidad de cada persona y, por lo tanto, más difíciles de evaluar con objetividad. Por no entrar a considerar su relevancia, ya que en ocasiones se trata de comportamientos banales.

CONCLUSIÓN FINAL

La inevitable conclusión del presente trabajo es que existen cientos de estudios empíricos sobre la violencia perpetrada o sufrida dentro de la pareja heterosexual cuyos resultados no pueden pasarse por alto, como viene siendo habitual, a la hora de formular las políticas y normas de prevención de esa violencia. O dicho de otro modo: no están justificadas las políticas y normas de prevención de la violencia en la pareja basadas en meros postulados ideológicos y en certezas preestablecidas, o en sus equivalentes encuestas diseñadas con sesgo ideológico y excluyente, sino que es preciso tener presentes los resultados de los cientos de estudios empíricos que analizan el fenómeno de la violencia con criterio imparcial y omnicomprensivo, es decir, teniendo en cuenta los comportamientos de hombres y mujeres.


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