Historia

El mayo catalán

 

No ha adquirido la fama del “mayo francés”, quizá por los sucesos que sacudieron Europa poco después, o, posiblemente, por ese afán de los comunistas de ocultar los hechos en los que fueron protagonistas decisivos. Hablamos de los sucesos de mayo de 1937 en Cataluña, pero con especial incidencia en Barcelona.

El comunismo español, como todos los que mantenían la obediencia a la III Internacional, seguía fielmente la doctrina estalinista sobre el trostkismo[1]. Carrillo fue adoctrinado en esta consigna en su primer viaje a Moscú en los años 30 y volvió convencido de la existencia de dicha conjura trotskista para acabar con la Patria del Proletariado, o sea, con la URSS. Su primera acción al respecto, fue la unificación de las juventudes socialistas y comunistas de las que fue Secretario General. Largo Caballero que antes del 18 de julio del 36, era partidario de la fusión de los partidos comunista y socialista, al ver que la reunificación de las juventudes había entregado el poder a los comunistas y la acción proselitista de éstos, principalmente en el ejército, le habían desilusionado, de modo que se volvió renuente. Sin embargo, le duró poco. Recibió un “saludo fraternal” de Stalin, Molotov y Vorochilov y, al tiempo que le pide se “chive” sobre la actuación de Marcel Izrailevich Rosenberg, embajador ante la II República española, le da “cuatro consejos amistosos” sobre lo que debe hacer. Largo Caballero respondió a mediados de enero de 1937, enviando también saludos fraternales pero sin comprometerse, así que Stalin le mandó “otro recadito” esta vez en mano, por medio del embajador español en la URSS Marcelino Pascua, en la que le conminaba a que unificara los partidos comunista y socialista. El embajador Rosenberg insistía una y otra vez sobre este particular y Caballero terminó echándole de su despacho.[2]

Al tiempo. La Comisión Ejecutiva estaba profundamente disgustada por la política comunistoide que seguía respecto al orden público, el ministro Ángel Galarza. Las quejas contra el ministro por la impunidad con que obraban los milicianos, eran constantes en las noticias y editoriales de El Socialista. Largo destituye a varios comisarios comunistas y al gobernador de Murcia “por arbitrariedades y propaganda proselitista que dañaban la unidad del ejército”[3] y esto hizo que el Partido Comunista desatara una gran campaña contra él.

En Cataluña la situación era más complicada aún. A principios de 1936, el POUM[4] había suscrito el pacto del Frente Popular y cuando estalló la guerra, entró en el Gobierno catalán y secundó a los anarquistas de la CNT en la política revolucionaria de colectivizaciones. Entraba así en conflicto con el PSUC, el partido estalinista catalán, y con la UGT partidarios de las posiciones de Moscú, lo que produjo enfrentamientos entre ambas facciones. En Valencia, en abril de 1937 asesinaron al comunista Miguel Ferrandis Alonso y,  poco antes, al también comunista Desiderio Trillas, según la CNT , “el cacique de los muelles”, y al encargado de la sección de UGT de la fábrica Hispano-Suiza.

Pero en Cataluña había más poderes en liza; desde el mismo verano de 1936, los soviéticos, a través del cónsul Antonov-Ovseenko y del agente Erno Gerö, pugnan por apoderarse de los aparatos de orden público siguiendo consignas de Moscú tratando de que toda la autoridad sobre este tema pase a una consejería de Seguridad Interior capitaneada por un miembro de Esquerra, Artemio Aiguadé, aunque la autoridad real la desempeña el comunista Rodríguez Salas[5] el cual, el 24 de abril de 1937 sufre un atentado que se atribuye a elementos anarquistas. Aunque resulta ileso, el PSUC y la UGT de Cataluña reclaman “guerra implacable contra los agentes provocadores al servicio del fascismo nacional e internacional”. Al día siguiente es asesinado Roldán Cortada, de la UGT y del PSUC, sin que jamás se llegase a averiguar quién lo hizo y aunque tanto CNT como POUM condenan el asesinato, el entierro de Cortada se convierte en un mitin contra cenetistas y poumistas denunciados como “agentes al servicio del fascismo”. Los guardias de asalto de Rodríguez Salas entran en la sede de la CNT en Hospitalet y se produce un choque con los anarquistas del que resulta muerto, entre otros, Antonio Martí. Además, el Gobierno de la República colabora en el acoso: los carabineros del ministro de Hacienda, Negrín, empiezan a desalojar a los milicianos de la CNT que controlan los puestos fronterizos. En respuesta, el 29 de abril las milicias de la CNT ocupan las calles de Barcelona armadas con fusiles y granadas.

Así se plantean los frentes de la batalla urbana, preparados para el primero de mayo, sábado, pero para evitar enfrentamientos la jornada es declarada laborable y el Consejo acuerda respaldar a los consejeros de Seguridad Interior y de Defensa. Companys decide abandonar Cataluña y se va a Benicarló a entrevistarse con Largo Caballero, reunión que no se celebrará hasta el día 3, el mismo día que la violencia explota en las calles de Barcelona.

Ese día, 3 de mayo de 1937, Rodríguez Salas, de acuerdo con el consejero de Seguridad Interior, Artemio Ayguadé, de Esquerra Republicana, ordena a la Guardia de Asalto tomar el edificio de Telefónica, centro de poder de la CNT, con lo que mantenían el control de las comunicaciones telefónicas. Los guardias toman la primera planta y desarman a los milicianos que la custodiaban, sin embargo cuando intentan tomar todo el edificio, se encuentran con una ametralladora que les corta el paso. La noticia se extiende por toda la ciudad. Los “comités de defensa” que los anarquistas controlan en distintos barrios se lanzan a la calle. Barcelona se cubre de barricadas. Los elementos anarquistas cuentan inmediatamente con el respaldo del POUM. La Generalidad pide refuerzos a Madrid, pero Largo Caballero no interviene.

Un nuevo grupo se une a la violencia apoyando, como no podía ser de otra manera, a los anarquistas. Se trata de “Los amigos de Durruti”, facción anarquista que se había separado de la CNT porque recusaba cualquier colaboración con las instituciones republicanas, (tanto del gobierno central como catalán). Muchos de ellos eran combatientes de la columna Durruti que un par de meses antes habían abandonado el frente como protesta por la imposición de las normas del ejército a las milicias. Sus jefes eran Jaime Balius y Pablo Ruiz, quienes con su discurso exasperado y violento atraparon a las masas anarquistas descontentas y frustradas por lo que entendían que, con ello, se coartaba su libertad. El dos de mayo habían lanzado formalmente su programa: “Todo el poder a la clase trabajadora. Todo el poder económico a los sindicatos. Frente a la Generalidad, la Junta Revolucionaria”. El 3 de mayo “Los amigos de Durruti” y el POUM están en primera línea de confrontación con el gobierno republicano.

El enfrentamiento con la fuerza obrera más poderosa de Cataluña, lo hizo el consejero de Gobernación, Ayguadé, sin consultar con el presidente de la comunidad catalana, Companys, ni con el presidente del gobierno republicano Azaña, a quien le pilló las jornadas de visita en Barcelona. Ambos quedaron sitiados, el primero en el Palacio de la Generalidad y el segundo en el del Parlamento donde había fijado su residencia. La situación estaba tan dominada por los anarquistas que se cuenta que estando en conversación estos dos personajes, fueron interrumpidos por un telefonista, quien dijo que las líneas debían usarse con fines más importantes que una mera charla entre ambos presidentes. Hacía tiempo que las autoridades republicanas sospechaban que los anarcosindicalistas tenían sometidas a escuchas todas las conversaciones telefónicas de tipo oficial.

Al gobierno le interesaba restablecer el orden pero no declarar la guerra a los anarquistas, aunque por los actos realizados fueran acreedores a graves sanciones. Prieto, ministro de Marina y Aire y con conocimiento y aprobación de Largo Caballero, envió inmediatamente dos barcos de guerra a Barcelona para proteger la vida del Presidente de la República y defender la ciudad si fuera necesario. Largo Caballero decidió que el gobierno se hiciera cargo del orden público enviando una columna motorizada de cinco mil hombres al mando del general Pozas. Al mismo tiempo, los ministros anarquistas García Oliver y Federica Montseny y el ejecutivo de la UGT, Carlos Hernández Zancajo, llegaron en avión a Barcelona con intención de mediar. La mediación no tendrá efectos inmediatos, pero sirve para que los revolucionarios comprueben que la cúpula de la CNT no les respalda. Esto representa un golpe mortal para sus propósitos. Los comités de defensa de los barrios empiezan a ceder. El POUM –Nin, Gorkin, Andrade−, convoca el 4 a los Amigos de Durruti en el Hotel Palace para examinar la situación puesto que al no estar respaldados por la dirección de la CNT acuerdan organizar una retirada ordenada de los combatientes y que éstos conserven las armas. Jacinto Toryho, director de Solidaridad Obrera, se expresó en el mismo sentido, pero mientras tanto, los carabineros del ministro de Hacienda, Negrín, han completado el despliegue por las fronteras con Francia desalojando a los anarquistas que controlaban los puestos aduaneros.

Con los ministros anarquistas iban llegando a Barcelona, el secretario del comité nacional de la CNT, Mariano Rodríguez Vázquez, @“Marianet” y Pascual Tomás y Carlos Hernández, del comité ejecutivo de la UGT.​ Ninguno de ellos deseaba un enfrentamiento con los comunistas, pero el presidente del gobierno, Largo Caballero no tenía ninguna gana de emplear la fuerza contra los anarquistas. Federica Montseny diría más tarde que la noticia de los disturbios había cogido totalmente desprevenida a ella misma y a los restantes ministros anarquistas.

¿Falta de decisión política? ¿Irresponsabilidad? La cuestión fue que hacia las cinco de la tarde, fueron abatidos varios anarquistas por la policía cerca de la Vía Durruti (actual Vía Layetana). El POUM empieza a apoyar pública y abiertamente la resistencia. En los tiroteos que se producen a lo largo de este día, muere el conocido libertario Domingo Ascaso, familiar del mítico Francisco Ascaso y de Joaquín Ascaso, presidente del Consejo Regional de Defensa de Aragón. La jornada del 4 de mayo se salda con 74 muertos.

La posición de los insurrectos empieza a ser absolutamente contradictoria el día 5 de mayo. Algunas columnas anarquistas dejan las barricadas y vuelven al frente, a pesar de lo cual la violencia prosigue en las calles. Companys, acosado, nombra un gobierno provisional para resolver la crisis, pero el propio gobierno será víctima de la violencia: el nuevo consejero de Defensa, Antonio Sesé, secretario general de la UGT y líder del PSUC, es asesinado por disparos anarquistas cuando se dirige a tomar posesión de su cargo.

Barcelona es una ciudad en guerra con ella misma; se trata de una guerra civil dentro de una guerra civil más amplia, pero en la que sólo intervienen miembros pertenecientes a la II República. Nada que ver con el enfrentamiento que la República mantiene con el ejército nacional. Mueren los anarquistas italianos Camillo Berneri y Franco Barbieri, así como Francisco Ferrer, nieto de Ferrer y Guardia y gravemente herido, el coronel Escobar, recién llegado a la ciudad condal al haber sido nombrado jefe de orden público. La jornada de este día cinco se salda con un mínimo de 55 muertos.

Vidarte explica la inacción de Largo Caballero porque le repugnaba perdonar a la FAI por la influencia de sus cuatro ministros en el gobierno y ensañarse, en cambio, con los del POUM como pretendían los comunistas. Esto de no plegarse a sus imposiciones, le perjudicará gravemente. A partir de ese momento los días del Lenin español estaban contados. Había que eliminarlo del poder fuera como fuera, aun recurriendo a las peores artes. Añade Vidarte una conversación expuesta por el ex ministro comunista Jesús Hernández en su libro autobiográfico “Yo, ministro de Stalin en España”; en ella refiere una conversación en el Buró Político en la que estuvieron presentes todos los hombres de Moscú: Stepanov, Codovila, Gueré, Togliatti, Marty, Galkins, consejero de la embajada soviética, y Orlov, el hombre de la GPU. La reunión se celebró en un palacete próximo a la playa de Valencia. Según Hernández, dijo Togliatti:…..”Propongo comenzar inmediatamente la campaña para ablandar la posición de Caballero. Debemos comenzar con un gran mitin en Valencia, donde el camarada Hernández hará el discurso. Será de un gran efecto político que un ministro del propio Caballero se alce contra el presidente”. Hernández trató de zafarse del compromiso pero al final, según él, se vio obligado a seguir adelante con lo encomendado por los mandatarios de la URSS: “Pedimos al gobierno que limpie de basura la propia casa….Cuando el PC señala a un hombre que el pueblo repudia (Asensio), es una necesidad para el gobierno dar satisfacción a ese clamor de la calle”.

La crisis, virtualmente, estaba planteada. El gobierno de Largo Caballero había sido herido de muerte. Dimite a Hernández y, dándose cuenta de que en aquel momento era difícil prescindir de los comunistas, pide al Buró Político la designación de otro ministro, a lo que el Buró se niega. El “Lenin español”, presidente del Partido Socialista y presidente de la UGT, las dos organizaciones proletarias numéricamente más importantes del país, caerá como un guiñapo a los pies de Moscú, después de una intensa campaña de “agit-prop”. Los “tovarich” podían telegrafiar a Moscú: Consumatum est.

Al tiempo, el conflicto se ahoga a medida que el gobierno de la República coloca en Barcelona contingentes armados: pronto se contarán más de 12.000 hombres entre guardias de asalto y carabineros. No obstante, el 6 de mayo, con la rebelión sofocada, aún habrá 42 muertos. Según la dirigente anarquista Federica Montseny, el número total de muertos en Barcelona durante los “hechos de mayo” ascenderá a 400, más un millar de heridos. Las cifras que dio la prensa en esos días es mayor: unos 500 muertos.

Consecuencias:

*Dimisión de Largo Caballero: El 13 de mayo en la sede del Gobierno del Frente Popular, en Valencia, los comunistas del PCE presionan a Largo para que disuelva el POUM, no sólo por disolver este organismo, sino por desestabilizar al presidente de Gobierno. Caballero se resiste y los ministros comunistas del gabinete le presentan la dimisión, lo que significa que, en breve plazo, la URSS retirará su ayuda de la que no pueden prescindir., quizás por ello, otros ministros socialistas amenazan con la dimisión. A Largo Caballero no le queda más remedio que rendirse.

*Gobierno de Negrín: A Largo, le sustituirá Negrín, el ministro de Hacienda. Llama la atención que fuera Negrín precisamente, ¿por qué? La explicación está en el dominio que ya tenían los comunistas. Krivitski, el cerebro de la NKVD, lo impondrá como su candidato, no en vano, entre los méritos de don Juan se encontraba el nada desdeñable de haber sido el hombre que ejecutó la entrega del oro del Banco de España a Moscú. Negrín se da cuenta de la fuerza que tiene el comunismo, por ello, con su gobierno, los comunistas pasan a controlar directamente los puestos que Moscú ambicionaba. El mismo día en que le ofrecen el cargo, Negrín evacua consultas con Santiago Carrillo y le plantea su intención de introducir a las JSU en el Gobierno; de este modo, Federico Melchor llevaría la secretaría de Propaganda, el Comisariado General de Guerra, la Dirección General de Seguridad, y los escalones ejecutivos de los mismos. Muchos de los socialistas incursos en el nuevo gobierno son abiertamente prosoviéticos, y los que no lo son como Prieto o Zugazagoitia, van a ser rápidamente escoltados por militantes comunistas y personas de fidelidad absoluta al PCE; a éste le colocan al comunista Antonio Ortega y a Prieto, dos militares comunistas, Cordón y Díaz Tendero. La delegación de Orden Público en Barcelona, se escoge a un hombre cercano a Prieto, el socialista Paulino Gómez, pero la jefatura superior de Policía se encomienda al comunista Ricardo Burillo Sthole, militar de carrera y masón. Para controlar mejor a los comisarios políticos del Ejército, se mantiene en la Comisaría General de Guerra a Álvarez del Vayo, abiertamente prosoviético.

*Aniquilación del POUM: Parece comprobado, según José Javier Esparza, que en los sucesos de mayo de Barcelona hubo una estrategia de provocación que obedecía, al menos, a tres fuerzas distintas: UNA, la estrategia comunista, que según Krivitski provocó el choque para acabar con el POUM. OTRA, la estrategia del propio jefe de Seguridad de la Generalidad, Rodríguez Salas, del PSUC, que hostilizó deliberadamente a la CNT con el propósito de hacerla saltar. LA TERCERA, según un bien documentado trabajo de Ricardo de la Cierva, la labor de la Quinta Columna nacional infiltrada en las juventudes libertarias que estimuló la violencia de éstas.[6]

Con estas tensiones, el poder de la CNT se descompone no sólo en Barcelona sino en toda España y lleva a muchos a tomar la revancha, como ocurrió en la localidad de Santa Magdalena de Pulpis (Castellón) cuyos vecinos deciden el 23 de mayo tomarse la justicia por su mano y asesinan a siete milicianos anarquistas que en su época de poder habían creado un Comité revolucionario que tenía aterrorizado al pueblo. En junio, el Gobierno del Frente Popular ya claramente comunista, aniquila a los sectores del propio ejército que estaban en manos del POUM y de los anarquistas, todos ellos en el frente de Aragón. Los principales líderes del Consejo anarco-sindicalista de Aragón, tan comunistas libertarios, serán acusados por el Frente Popular, por iniciativa del PCE, de haber cometido una larga lista de crímenes: robos, abusos, malversación, tráfico de alhajas, asesinatos….. La ofensiva contra el POUM es implacable. Hasta en los segundos procesos de Moscú, se vieron implicados a través de la declaración, seguramente forzada, del comunista detenido por traidor, Karl Radek, quien afirmó que el POUM representaba un peligro para la Unión Soviética. El POUM estaba condenado a muerte y Radek también; será asesinado por la NKVD dos años después. ¿Qué relación tenía Radek con la situación española? Alguna vez había intercambiado cierta relación epistolar con Andrés Nin. Puro procedimiento estalinista: obligando a la “confesión” de Radek pueden llegar a inculpar a Nin.

Siguiendo las directrices moscovitas, el PCE había llamado a la aniquilación física del POUM. Lo hizo José Díaz en un amenazante discurso pronunciado en el cine Capitol de Valencia, nada más acabar con la insurrección catalana. En ese discurso reconocen al fascismo como su primer enemigo, pero

“los fascistas tienen su agente para trabajar. (…) Unos se llaman trotskistas. Es el nombre bajo el cual trabajan muchos fascistas emboscados, que hablan de revolución para sembrar el desconcierto. Y yo digo: Si esto lo saben todos y lo sabe el Gobierno, ¿Qué hace el Gobierno que no los trata como a tales fascistas y los extermina sin consideración? (Enorme ovación).

Nosotros hemos denunciado muchas veces a los trotskistas como un grupo contrarrevolucionario al servicio del fascismo, (….) Todos los obreros deben conocer el proceso que se ha desarrollado en la URSS contra los trotskistas. Es Trotski en persona el que ha dirigido a esta banda de forajidos (…) ¡Hay que barrer a los provocadores trotskistas!.[7]

La sentencia está dictada. El PCE presiona para que se abra un proceso contra el POUM semejante a los procesos de depuración de Moscú. La Komintern hará su trabajo. Comienzan las purgas en España.


 

[1] Para Stalin, Trotsky era el enemigo absoluto; cualquier desviación de la ortodoxia soviética, cualquier disidencia, cualquier discrepancia, forzosamente tenía que deberse a la obediencia trotskista del disidente y ello se esgrimirá frecuentemente como argumento para liquidar a los enemigos políticos de Stalin, ya fueran realmente trotskistas o no. (José Javier Esparza; “El libro negro de Carrillo” p 147)

[2][2] Juan Simeón Vidarte: “Todos fuimos culpables”T II P 654-656

[3] Ibidem p 656

[4] POUM: Partido Obrero de Unificación Marxista, (nacido de la fusión entre Izquierda Comunista de Andrés Nin y el Bloque Obrero y Campesino que, escindido del PCE, dirigía Joaquín Maurín). Desobedientes de Moscú, escapaban a su control.

[5] Eusebio Rodríguez Salas,(Tarragona 1885 – ¿1952?) Durante un tiempo cabeza visible del Comité Provincial de la CNT de Tarragona. Perdió un brazo durante un asalto al Banco de Tarragona, por lo que empezó a ser conocido como el manco. Cuando se proclama la República muchos militantes del sindicato se pasaron a partidos de izquierda. Él evolucionó desde el anarquismo. En 1930 pasó a formar parte del primer comité central del Bloque Obrero y Campesino  (BOC) junto a Joaquín Maurín  y la comisión ejecutiva de la  organizando grupos de choque y autodefensa. en 1935 abandonó el BOC para pasar a la Unió Socialista de Catalunya , la cual en 1936 se integró en el Partido Socialista Unificado de Cataluña  (PSUC). En 1942 fue expulsado del PSUC. García Oliver cuenta en “El eco de los pasos” que “algo raro tenía el Manco que creaba desconfianza en torno suyo, la sombra que lo envolvía perjudicaba más que ayudaba a la obra de la organización”.

[6] José Javier Esparza: “El libro negro de Carrillo” p 156

[7] Ibidem p 157

 

Andrés Nin versus Joaquín Maurín, la venganza comunista frente al perdón franquista.

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