Estados Unidos bloquea el aborto en las negociaciones del G7

Estados Unidos bloquea el aborto en las negociaciones del G7

En el período previo a la cumbre del G7 de este año en Quebec, los funcionarios canadienses fueron explícitos: las mujeres y los niños van a ser centrales, y un componente esencial de su salud y empoderamiento es el aborto. Pero cuando se publicaron las declaraciones finales, se eliminó todo el lenguaje sobre “derechos reproductivos” y, según Devex, “la delegación de los EE. UU. fue responsable de suavizar el lenguaje oficial”.

El primer ministro canadiense Justin Trudeau, siguiendo el famoso ejemplo de Suecia, ha caracterizado a su gobierno y su política exterior como “feminista”. Emplea cuotas para asegurar que la mitad de los miembros de su gabinete sean mujeres e impone regulaciones a su partido para apoyar sólo políticas y candidatos pro aborto. Por primera vez, como anfitrión del G7, Canadá estableció un Consejo Asesor de Igualdad de Género que presentó sus recomendaciones para integrar el género en el trabajo del G7. Otras aportaciones incluyeron una declaración de más de sesenta feministas que incluía una propuesta para poner fin a la “criminalización o regulación restrictiva del aborto”.

El Consejo Consultivo para la Igualdad de Género también incluyó el aborto en sus recomendaciones, que pedía la retirada de la Política estadounidense Protecting Life in Global Health Assistance (también llamada política de la Ciudad de México), la provisión del aborto como componente de la asistencia humanitaria y la financiación para la defensa del aborto y la cobertura del aborto subsidiada por el gobierno.

De acuerdo con los resúmenes de los debates del presidente, varios líderes pidieron la inclusión del lenguaje de los “derechos reproductivos” en las declaraciones oficiales, pero esto resultó imposible sin el acuerdo de los EE. UU.

Terminada la conferencia,  Katja Iversen (presidenta de Women Deliver) y la canciller canadiense, Marie-Claude Bibeau, fueron coautores de un editorial que definió la formación del consejo de Igualdad de Género como el principal resultado del G7, omitiendo cualquier mención de los documentos finales oficiales.

Una de las dos copresidentes del consejo fue la filántropa Melinda Gates, cuya disposición a poner su nombre en un documento con un mensaje tan pro aborto contrasta con su insistencia anterior de que su promoción de la planificación familiar estaría separada del aborto. Utilizando el eslogan “sin controversia”, Gates recibió críticas de grupos feministas por “estigmatizar” el aborto. Mientras tanto, los grupos pro vida notaron su voluntad de asociarse y financiar organizaciones de planificación familiar que son proponentes francas del aborto. Recientemente, Gates también ha criticado la Política de la Ciudad de México en los Estados Unidos.

La última vez que Canadá fue sede del G7 (entonces el G8) fue en 2010, cuando el entonces Primer Ministro Stephen Harper lanzó la Iniciativa Muskoka, un esfuerzo global para mejorar la salud materna e infantil en todo el mundo, sin referencia al aborto. Esto fue criticado entonces por EE. UU, siendo Secretaria de Estado Hillary Clinton. Después de las elecciones tanto en los Estados Unidos como en Canadá, las posiciones de sus administraciones sobre el aborto se han revertido efectivamente.

Cuando Harper renovó los fondos para la Iniciativa Muskoka en 2014, la reacción en contra de la exclusión del aborto volvió a estallar. En ese momento, Melinda Gates lo defendió: “La salud materno-infantil está en la agenda de salud global, en parte, realmente, gracias a lo que hizo Canadá”.

Con respecto a la controversia sobre el aborto, Gates repitió su intención de eludirlo: “He decidido no participar en él públicamente, y la Fundación Gates ha decidido no financiar el aborto”.

Si las recomendaciones del Consejo Asesor de Igualdad de Género del G7 son alguna indicación, su reticencia a participar en el aborto públicamente ya es cosa del pasado.

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