Historia

La primera purga soviética en España

«Parecía que la Unión Soviética tenía cogida a la España leal por el gaznate, como si ya fuera su dominio soviético».

Walter Krivitsky  (desertor del NKVD)


Ni la URSS ni su Internacional Comunista han podido nunca admitir la existencia en ningún lugar del mundo de partidos comunistas no oficiales, es decir, que no dependiesen o que no estuviesen adscritos a la III Internacional. Por ello, la existencia del POUM catalán era un gran problema para la dirección de la misma, porque siempre, desde la creación del Partido Comunista Catalán había sido más fuerte e influyente en todos los aspectos de la vida pública (sindical, política, etcétera) que el partido oficial dependiente de Moscú. No podían admitirlo y menos aún cuando en este país se había declarado una revolución. Tras los primeros tiempos de desorientación al comienzo de la guerra, el PCE decide apoyar la creación de una república parlamentaria de nuevo cuño y ésta será su consigna durante toda la contienda. Para ellos la guerra era un problema de antifascismo para imponer sus ideas estalinistas, no de revolución. Su actitud era contrarrevolucionaria, por eso iban contra las colectivizaciones y todo lo que significara un apoyo a la revolución que propugnaba el anarquismo.

De modo que los terribles sucesos de mayo de 1937 facilitaron que la policía junto a PCUS y UGT emprendiera la persecución más cruenta contra el POUM por el terrible delito de, aún siendo y sintiéndose comunistas, lo eran sin atenerse a la férrea ortodoxia impuesta por el estalinismo; eran partidarios de Trotsky, lo que enarbolado por comunistas como José Díaz y Santiago Carrillo sirvió para acusarles de forajidos fascistas “enemigos del pueblo que deben ser eliminados de la vida política, no solo de España sino de todos los países civilizados”[1].

Determinaron por ello el fin de los anarquistas Francesco Barbieri, Camillo Berneri, Mastrodicasa, Fantozzi, Tosca Tantiñà y Oscura Corsinovi. Ellos serán las primeras víctimas de las purgas soviéticas en España. Sobre las seis de la tarde del 5 de mayo de 1937 fueron secuestrados por comunistas. Unos 15 hombres armados que llevaban brazales de UGT, al mando de un Mosso d’Esquadra vestido de paisano, que se identificó con la placa 1109 (la compañera de Barbieri lo anotó), irrumpieron en el piso y después de un violento altercado, Barbieri y Berneri fueron llevados hacia la plaza de Cataluña, allí asesinados y sus cuerpos quedaron abandonados junto al edificio de la Generalidad. Habían criticado muy duramente la imposición estalinista en el Gobierno del Frente Popular especialmente el decreto de militarización de las Milicias, que  obligaba a los voluntarios libertarios a someterse a una cierta disciplina militar. Los italianos se negaron a aceptarla y decidieron disolverse, pero no les dieron tiempo y su disidencia les costó caro; perdieron ante los comunistas.

La Komintern hará su trabajo, dice Esparza en “El Libro Negro de Carrillo”. Se comienza a preparar el exterminio y los procesos que, a imagen de los de Moscú, emprenderían contra los dirigentes del disidente POUM. Los ataques del PCE al POUM fueron aumentando. Las acusaciones de trotskistas-fascistas, de “nidos de fascistas a sueldo de los centros de espionaje alemanes”, o de “verdaderas guerrillas de nuestra retaguardia” son constantes. Mundo Obrero, órgano central del PCE, combatió constantemente al POUM y atacó a órganos de prensa y dirigentes de la CNT que defendían al POUM como Castilla Libre o Juan López”.

Se desencadena así la primera “purga” en España al estilo e imitación soviética y lo que se trata de exponer en este artículo es el poder que la URSS tenía en la España republicana, que llegaba a disponer de vida y hacienda de aquellos que discrepaban de sus planteamientos, aún siendo ramas del mismo árbol comunista.

España, pese a tantas influencias comunistas, no era la Rusia de Stalin. No obstante, la intención era ésa, como ha confesado el propio Santiago Carrillo por ello, desde su entrada en el PCE, acató con disciplina todas las posiciones de la dirección del partido durante la guerra. No planteó ninguna discrepancia de importancia y asumió todas las consignas de la Internacional Comunista.  Es decir, pretendían instaurar un régimen en el que el Partido Comunista, a través de sus organizaciones y de sus compañeros de viaje instalados en el aparato del Estado, el Ejército y la Policía, pudiera ejercer francamente su dictadura, eliminando a todos los que se oponían a sus designios. El enfrentamiento entre las dos facciones con motivo de los sucesos de mayo 1937 en Barcelona, dio como resultado el aniquilamiento del POUM y de la CNT y la toma de todos los puestos de poder por los comunistas, incluso presionan a Largo Caballero, que se resiste a disolver el POUM. Los ministros socialistas temen que Rusia les niegue la ayuda militar, así que apoyan a los comunistas. Largo, el Lenin español, (pero al parecer, no lo suficiente), se ve obligado a dejar su cargo a favor de Negrín que tenía en su haber el traslado a Moscú de todas las reservas de oro del Banco de España.

Inmediatamente Negrín llama a Carrillo y le plantea su intención de introducir a las JSU en el Gobierno. Es el propio Carrillo quien lo cuenta, así como que seguirá muy de cerca la crisis catalana, participando en todas las reuniones decisivas. Y empezará a controlar la situación colocando a los suyos[2]. Buscaba con ello, al favorecer a los comunistas, ser más considerado por el núcleo duro, la fuerza dirigente de Stalin. La Secretaría de Propaganda será para Federico Melchor, dirigente de las JSU, con la “sombra” de Carrillo siempre detrás, Ángel Galarza, siniestro ministro de Gobernación socialista, será sustituido por Zugazagoitia, otro socialista, pero que lleva otra “sombra”, esta vez, del comunista Antonio Ortega Gutiérrez quien, siendo gobernador civil de Guipúzcoa realizó la gran hazaña de ordenar el fusilamiento de ocho civiles y cinco oficiales en San Sebastián como represalia por un bombardeo. Este individuo será quien lleve a cabo la represión sobre el POUM. A Prieto se le dará Defensa pero con Cordón y Díaz Tendero, dos militares comunistas controlando todo. El Orden Público en Barcelona lo desempeñará oficialmente el socialista Paulino Gómez, pero la jefatura superior de Policía se encomienda al comunista Ricardo Burillo Stholle quien según dirá el propio Azaña estaba sometido a tres disciplinas: la militar, la masónica y la comunista[3]. La jugada es clara: el titular será socialista, pero el poder ejecutivo, comunista. Con estos nombramientos, los comunistas pasan a controlar directamente los puestos que Moscú ambicionaba y que Carrillo contribuyó a facilitar con la profunda intención “de hacer méritos” demostrando ser un buen comunista.

Volviendo a Burillo. Desde su puesto de jefe superior de policía llevó a cabo la campaña represiva contra el POUM, un proceso impulsado por el Gobierno de Negrín. Así, el 16 de junio es clausurada, a instancias de Burillo, la sede del POUM en el Hotel Falcón que es habilitado extraoficialmente, explica Andrés Suárez en El proceso contra el POUM, como “oficina policíaca donde se interrogaba y coaccionaba a sus militantes”. Allí se encargará de desbaratar el aparato clandestino del POUM, del que fueron víctimas los dirigentes del POUM y de la JCI (Juventud Comunista Ibérica) que habían logrado escapar a la represión de junio de 1937: José Rodes, Joan Farré, Jordi Arquer y Wilebaldo Solano, caen en sus manos, lo que fue un golpe con consecuencias bastante desastrosas para la resistencia organizada de los poumistas. Se aceleraron los preparativos del gran proceso que tenía que justificar toda la operación estalinista, confundir a los dirigentes del POUM. El Tribunal Central Especial de Espionaje y Alta Traición estaba formado por hombres que simpatizaban con el socialismo y que no se rindieron ante las presiones que se ejercieron sobre ellos. Por lo demás, aparte de que personalidades como Francisco Largo Caballero, Luis Araquistain, Federica Montseny y Josep Tarradellas garantizaron públicamente que los procesados eran militantes revolucionarios con un brillante historial político, Andrade, Bonet, Gorkin, Gironella [seudónimo de Enrique Adroher Pascual] y Escuder defendieron su honor de revolucionarios, refutaron todas las acusaciones estalinistas y denunciaron vigorosamente el asesinato de Nin.

En definitiva, el POUM no cedió, no transigió, a la reacción estalinista. Además de Nin, otros miembros del partido conocen la misma suerte. El economista vasco José Mª Arenillas, el comisario político del castillo de Lérida Marciano Mena, detenido y fusilado por miembros del PSUC,  los maestros Juan Hervás, Joan Baptista Xuriguera y Jaime Trepat, animadores de la Escuela Nueva Unificada de Cataluña, y centenares de militantes revolucionarios de aquella época fueron también víctimas de los crímenes del estalinismo. De ellos las izquierdas españolas no se acuerdan. Más bien, no les interesa acordarse, porque tendrían que reconocer que se mataron entre ellos, porque eran comunistas pero no adictos; así que si fueron asesinados por los del padrecito Stalin, lo fueron justamente, por lo que no tienen derecho a que les dediquen ni memoriales ni el mínimo recuerdo. Dos de los más significados poumistas fueron Julián Gorkin (Julián Gómez García)[4] que consiguió escapar a las garras comunistas, y Nin a quien no le conceden el derecho de que se busquen sus restos por no ser comunista estaliniano.

Julián Gorkin fue uno de los fundadores del Partido Comunista de España. Su desagrado ante la figura de Stalin le aconsejó el abandono del comunismo oficial en 1929. Él cuenta elocuentemente en sus memorias sus impresiones ante los gerifaltes rusos en una visita de la delegación comunista española en 1925[5]: “…Me llevó a solicitar una reunión especial del Comité Ejecutivo Francés, con asistencia del todopoderoso delegado de Moscú, Klein (Guralski). No pareció interesarle lo más mínimo la detención, en Barcelona y en Madrid, de los mejores cuadros comunistas –y anarcosindicalistas– ni la situación y las perspectivas del país. Con la mayor tranquilidad exigió de nosotros que preparáramos el asesinato del general y dictador Primo de Rivera. Y al hacerle observar que al día siguiente de este asesinato el sanguinario general Martínez Anido asumiría sin duda todos los poderes y haría una degollina de militantes dijo con la mayor frialdad: ‘Pues organizad también el asesinato de ese Martínez Anido‘. Ante la gravedad de esa exigencia, pedí que el asunto fuera sometido al Ejecutivo Ampliado que se anunciaba para un poco más tarde en Moscú. Como paréntesis diré algo más: nunca más volví a ver a Klein, responsable principal de una insurrección abortada en Hamburgo y que había costado la vida a numerosos militantes. Leyendo más tarde Los conquistadores, primera novela de Malraux que hice traducir al castellano, me enteré que este militante terrorista había perecido en China a mano de un grupo de terroristas. Y en mí nacieron las primeras dudas sobre el bajo precio que para los hombres del aparato tenía la vida de los militantes.” Y continúa desvelándonos su decepción de las liberadoras teorías marxistas:

“¿Cómo intuí al monstruo? El viaje a la Meca moscovita era el sueño poco menos que religioso de todos los militantes; a mí los tres meses que pasé en ella, las confidencias que me hizo Andrés Nin, con el que convivía en el famoso Hotel Lux, las intrigas que observé en torno mío, la incipiente burocratización de los cuadros soviéticos e internacionales, el ambiente de ‘espionitis’ en torno a los delegados, la jerarquización y el favoritismo y el propio concepto de disciplina de arriba hacia abajo, determinaron en mí una profunda crisis moral y me llevaron a esta conclusión: que sin duda nunca más volvería al país que había suscitado –y para muchos seguía representando– una esperanza de fraternidad universal y humana. En el Kremlin me codeé con las principales figuras soviéticas e internacionales de la nomenclatura comunista; los dos rusos que despertaron en mí un fraternal interés fueron  Bujarin[6] y Rhiazanov[7], ¿Y Stalin? Ni una sola vez apareció en la mesa presidencial; sin embargo, sabía por Nin que era él quien lo manejaba todo ya. Una sola vez, y por un verdadero azar, se me ofreció la ocasión de observarle durante una hora, en el saloncito del trono de los zares inmediato al gran salón en el que se celebraban las sesiones públicas. Le habían invitado los delegados polacos a hablarle del problema de las nacionalidades. Toda su traza, su atuendo, sus rasgos groseros, sus ojos opacos y, sobre todo, su puño derecho martilleante al hablar, me sugirieron la imagen de un domador, la intuición del monstruo. ¿Quién nos hubiera dicho a Nin y a mi, sin embargo, que el destino del setenta por ciento de los cuadros que hicieron triunfar la Revolución de Octubre –y nuestro propio destino– iban a depender de este monstruo? Mi último día de estancia en Moscú visité la momia embalsamada de Lenin y me juré a mí mismo investigar si el mal de origen estaba en él mismo, en su metodología política y orgánica, o si había sido traicionado por los llamados epígonos. ¿No decía el propio Lenin que una política debía ser juzgada por sus resultados?”

“Cuatro largos y dramáticos años duró mi crisis política y moral, durante los cuales seguí dirigiendo mis actividades de revolucionario profesional, como la lucha contra la dictadura de Primo de Rivera. La deportación de Trotski a Alma Ata en 1927, y su expulsión de la URSS dos años más tarde, precipitaron mi ruptura. Había traducido un libro suyo al castellano y una especie de tribunal comunista exigió una autocrítica completa. No me presté a esa farsa: entre mi conciencia de hombre y el escalafón burocrático preferí mi conciencia.” (Tiempo de Historia, Madrid, enero 1980, 62:35-38.

Por sus desviaciones ideológicas, Gorkin fue expulsado en 1929 de la Internacional Comunista. El tiempo le dará la razón, pero dejó de cobrar el sueldo que le convertía en ‘revolucionario profesional’. Al dimitir Miguel Primo de Rivera, regresa a España, estableciéndose en Madrid, donde funda la sección de la Federación Comunista Ibérica, vinculada al BOC (Bloque Obrero y Campesino) de Joaquín Maurín, al que se afilia en 1933, trasladándose a Valencia como redactor del órgano del BOC, La Batalla. Tras la revolución de 1934 escapa de nuevo a Francia, donde permanece hasta mediados de 1935, desempeñando cierto liderazgo entre los exiliados. De nuevo en España, tras los sucesos de mayo del 37,  fue juzgado y condenado por su condición de dirigente del POUM, pero fue liberado por sus guardianes horas antes de que las tropas nacionales llegaran a la prisión de Barcelona. Vuelto a París, se convirtió en un activo colaborador de Víctor Serge, con el que intentó una reformulación del socialismo revolucionario.  Implicado desde un principio en la denuncia del estalinismo, participó en la edición de dos libros de ex militantes comunistas españoles: La vida y la muerte en la URSS, de Valentín González “el Campesino” y Hombres made in Moscú, de Enrique Castro Delgado[8].

La desaparición de Andrés Nin fue mucho más sonada y dramática, y creó inmediatamente un problema al gobierno de Negrín. Al fin y al cabo era el líder de un partido que había participado en la fundación del Frente Popular. Vidarte dice que los poumistas aceptaron el lema de los cenetistas: primero la revolución y después la guerra, pero que Negrin los habría convencido de su error, como había hecho con los líderes de la CNT, si no hubiera sido por la consigna comunista de acabar con ellos, a ser posible, físicamente. Por otra parte, el odio de los miembros de este partido a los comunistas, les llevaba a entrar en relación con cualquiera que levantara la bandera anticomunista y era natural que los primeros fueran los miembros de la quinta columna.[9] Esto le vino muy bien al PCE que, una vez más, recurrió a intoxicar a la opinión pública a través de Mundo Obrero, lanzando la versión de que Nin se había fugado con ayuda de elementos fascistas.

Carrillo, en la línea de José Díaz, llama a la aniquilación del POUM y siempre fiel a Moscú, mantendrá la insostenible versión estalinista respecto a que Nin fue liberado de una checa por sus amigos de la Gestapo, pero Nin ni era agente nazi ni tenía amigos en la Gestapo, pese a las imputaciones de Negrín y Carrillo. Todo se debió a la construcción de acusaciones falsas por la NKVD para sustentar una base sobre la que poder ejecutar la represión; de ahí que Orlov elaborara un documento “demostrando” la conexión entre elementos del POUM y los falangistas encabezados por Golfín[10]. Esta técnica fue muy utilizada en las grandes purgas estalinistas de los años treinta en la URSS y se aplicará también, desde muy temprano, sobre los militantes del POUM, con el objeto de sepultarlos en el oprobio. Ortega, el jefe comunista de la policía engrosó la mentira diciendo que los secuestradores eran elementos de la Gestapo disfrazados de soldados de las Brigadas Internacionales. Nadie lo creyó. Ortega tuvo que dimitir[11], pero en aquel tiempo, nadie pudo averiguar con certeza qué había sido de Nin.

Ante esta situación, José Javier Esparza se pregunta: ¿Tuvo Carrillo algo que ver con todo esto? Y siguiendo las manifestaciones de Wilebaldo Solano, dice que materialmente, no, (Orlov no necesitaría su ayuda), pero políticamente sí, por su actuación comopredicador ardiente de las fábulas estalinistas reclamando la supresión de Juventud Obrera y pidiendo nuestro fusilamiento”[12] en lógica afinidad con José Díaz, su Secretario general en el PCE.

Hoy se conocen casi con total exactitud los hechos. Tras su detención en Barcelona el 16 de junio de l937, el secretario político del POUM fue trasladado a Valencia y Madrid por el equipo del general Orlov. Luego lo dejaron en la prisión de Alcalá de Henares, donde no se registró su entrada. De allí se lo llevaron a un chalet que ya no existe y donde solían residir el general Hidalgo de Cisneros y su esposa Constancia de la Mora Maura, que estaba muy ligada a los servicios secretos rusos. Allí Nin fue objeto de terribles torturas y resistió a los que se proponían arrancarle una confesión como las que lograban en Moscú. El objetivo era obtener algo que permitiera poner de relieve que en la España combatiente también había “traidores trotskistas” y por ello los liquidaban.

El fracaso de las torturas (Nin fue desollado y desmembrado el 20 de junio de 1937 por los chequistas de Orlov, según investigó José María Zavala en su libro “En busca de Andreu Nin”), condujo al crimen ordenado por Moscú. Wilebaldo Solano en “El POUM en la historia: Andreu Nin y la revolución española” p. 173, dice que parece demostrado que en la tortura y asesinato participaron personalmente Erno Gerö y tal vez el militante del PSUC Victorio Sala, el propio Orlov, Juzik, es decir, José Escoy, (intérprete de Orlov y autor del texto falso en el que intentó mezclar al POUM con la Falange) y el italiano Vittorio Vidali @”Carlos Contreras”. De la Brigada especial española que utilizó Orlov, se encontraban sus jefes Fernando Valentí y Jacinto Rosell y se acusa directamente a los coroneles estalinistas Burillo y Ortega, a David Vázquez y Gabriel Morón. También estuvieron en la operación del secuestro, tortura y muerte de Nin dos hombres vinculados a Santiago Carrillo: los policías Andrés Urresola y Javier Jiménez, ambos relacionados con las checas de Madrid y la Consejería de Orden Público.

La Masonería se moviliza a favor de su hermano Andrés Nin[13]. La Segunda Internacional, La Liga de Derechos del Hombre, el Gran Oriente Francés, la Gran Logia Francesa y otros muchos organismos internacionales se estaban interesando constantemente por Nin.[14] El ministro de Justicia, Manuel de Irujo, presionado, pero que, al parecer, tenía el sincero deseo de evitar el atentado contra Nin, envió a Madrid a dos agentes de policía de su confianza con la misión de buscar el lugar en que se encontraba Andrés. Los dos agentes operaron con tal diligencia que hasta consiguieron verle. Fueron después a ver al general Miaja [Jefe del Ejército del Centro] y le dijeron que Nin se encontraba en una checa del general Orlov. Inmediatamente, Miaja llamó a Orlov y le advirtió que tenía que entregar al detenido a las autoridades del Estado. Este respondió que estaba dispuesto a hacerlo, pero que sólo podría entregarlo al ministro de Gobernación en persona… Julián Zugazagoitia, ministro de Gobernación, se trasladó de Valencia a Madrid, pero cuando se entrevistó con Orlov, éste se limitó a decirle que Andrés Nin había desaparecido del lugar en donde se hallaba. Desconocemos qué más le diría, pero Zugazagoitia regresó a Valencia sin tomar ninguna medida. Ni defendió a Nin (anarquista o no, era un español), ni se enfrentó con el ruso.

La conclusión es clara: el general Orlov, jefe de la GPU, tenía más fuerza y  poder en España que los ministros de Justicia y de Gobernación de la II República. Vidarte, en un principio extrañado y, en cierto modo, dolido, de que esto se produjera, termina pensando que “posiblemente se había establecido entre los comunistas y Negrín una especie de pacto táctico o sobreentendido…./ y que a cambio de la ayuda incondicional política que le habían prometido y del envío de las armas que España necesitaba más que nunca, por la pérdida del Norte y Málaga que había dejado en poder de los enemigos una extraordinaria cantidad de armamento y una libertad de acción…/ Negrín permitiría a los comunistas que dentro de la ley, llevaran a cabo sus propósitos de liquidación política, ordenada por Stalin…” Cuando Negrín vió que los hechos no se atenían a la ley, ordenó una investigación que se encargó al Subdirector General de Seguridad, el ex diputado socialista, Gabriel Morón, el cual informó a su superior, el ministro de Gobernación en estos términos:

“Ya que el presidente está empeñado en conocer la verdad, podeis decirle que la verdad es ésta: el secuestro de Andrés Nin ha sido planeado por el italiano Codovila, el comandante Carlos, Togliatti y los directivos del Partido Comunista, entre ellos Pepe Díaz. La orden de atormentarlo ha sido dada por Orlov y todos ellos han obrado conforme al gran interés que Stalin tenía en la desaparición del secretario y confidente del creador del Ejército Rojo. Dile esto a Negrín y si quiere que los detenga, los meto en la cárcel mañana mismo”.[15] El ministro quedó perplejo, pero, ante el alcance político que podían tener estas detenciones, ministro y presidente decidieron no volver a hablar de responsabilidades por el caso Nin.                                                                                      El proceso contra el POUM se prolongó hasta octubre de 1938. Ya a principios de 1938 los comunistas hacen circular un panfleto Espionaje en España, pura intoxicación estalinista, que pretende sustanciar los cargos contra el POUM. Firmado bajo el seudónimo de Max Rieger, oculta un equipo de la Internacional Comunista dirigido por el agente Stepanov. El prólogo escrito por José Bergamín[16], agregado cultural de la República en París y presidente de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, es un claro ejemplo del agit-prop soviético.

Ante el Tribunal Central Especial de Espionaje y Alta Traición aparecieron personalidades como Largo Caballero, Luis Araquistáin, Julián Zugazagoitia, Manuel de Irujo o Federica Montseny para defender a los acusados. Aún así, el Tribunal dictaminó la disolución del POUM, condenó a quince años de cárcel por un delito de rebelión a Gorkin, Juan Andrade Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro Bonet Cuito y a once años por el mismo delito a Jordi Arquer. Siendo ministro de Justicia Ramón González Peña, uno de los dinamiteros de la revolución del 34 en Asturias, él mismo, dará una elocuente explicación para justificar el encarcelamiento de los acusados: “De ponerlos en libertad, hubieran sido asesinados en la calle por la GPU”[17], es decir, por la policía soviética.

La peripecia de los poumistas y anarquistas represaliados por el Frente Popular fue conocida muy pronto fuera de España. A finales de 1937 llegó a Barcelona una delegación extranjera para visitar las cárceles, solidarizarse con los poumistas, anarquistas y brigadistas encarcelados por la policía comunista. El diputado escocés John Mac Govern, miembro de dicha delegación, publicó un informe al respecto: “El terror comunista en España” en el que cuenta cosas muy llamativas, como por ejemplo, que en esa fecha había en la Cárcel Modelo de Barcelona tantos presos “fascistas” como “antifascistas”: 500 de cada categoría. De los “antifascistas” la mayoría eran extranjeros procedentes de las Brigadas Internacionales. Los presos les cuentan cómo han sido torturados y por qué y critican los métodos de la Komintern. “Todos esos presos –dice Mac Govern− nos urgieron a dar a conocer las brutalidades de la Checa, con sus torturas, su tercer grado y sus asesinatos de militantes”. Después de visitar la Modelo, la comisión Mac Govern, siempre con los preceptivos salvoconductos del Ministerio de Justicia, se dirigió a la prisión secreta de la plaza Bonanova. Los vigilantes –narra el propio escocés− les negaron la entrada y los remitieron al cuartel general de la Checa en Puerta del Ángel, 24. Allí la comisión fue recibida por dos agentes: uno ruso y otro alemán. Tras una tensa conversación, los comisionados tuvieron que retirarse sin poder entrar en el edificio[18].

¡Habían descubierto cuál era el verdadero poder en España!


[1]Juan Simeón Vidarte: “Todos fuimos culpables” T II p 730

[2] Esparza en “El Libro Negro de Carrillo”p 154

[3] http://guerracivildiadia.blogspot.com/2014/02/ricardo-burillo-1891-1940.html. ,  Fue el jefe de los guardias de asalto que mataron a Calvo Sotelo y que en estos momentos ya había ingresado en el PCE donde trabajó con Orlov y, por supuesto, de acuerdo con las órdenes de Moscú. Él lo negará hasta en sus últimos momentos según confesó a Rafael Sánchez Guerra poco antes de ser fusilado.

[4] Julián Gómez García, llamado Julián Gorkin (Benifairó de de los Valles 1901-París, 20 de agosto de 1987) fue un periodista, publicista y político español que militó sucesivamente en el PCE, el BOC, el POUM y el PSOE. En la opinión del periodista Federico Jiménez Losantos, Gorkin fue «demasiado importante, demasiado honrado, demasiado libre para un país en el que toda libertad parece demasiada».​ Jiménez Losantos, Federico (6 de septiembre de 1987). “Comentarios liberales: La muerte de Gorkin”. ABC: 16.

[5] Dada la importancia, por lo significativo de sus vivencias, transcribimos parte de ellas por si todavía queda alguna persona que llevada de su ingenuidad crean cuanto dicen; mejor, fíjense en lo que hacen.

[6] Nikolái Ivánovich Bujarin​ (Moscú 1888-marzo 1938) fue un político, economista y filósofo marxista revolucionario ruso. Fue el principal ideólogo de la Nueva Política Económica durante la década de 1920, se opuso a la colectivización agrícola forzada.  Tras haber colaborado con Stalin en la derrota de la Oposición Unificada, fue apartado del poder por éste en 1929. Reapareció en cargos menores a mediados de la década siguiente antes de ser víctima de la Gran Purga. Detenido en 1937, ​ fue juzgado, condenado y ejecutado en 1938 por su oposición a la política de Stalin, acusado durante la Gran Purga de una supuesta conspiración para ejecutar un golpe de Estado armado contra el gobierno soviético.

Durante su tiempo en prisión, Bujarin escribió una última carta a Stalin en diciembre de 1937, en la que negaba que fuese culpable de los cargos que había admitido y solicitando unas últimas gracias. probablemente para tratar de proteger a su familia, lo que no impidió el posterior arresto y deportación durante veinte años a campos de trabajo de su joven esposa, Anna Larina, además de perder la custodia de su hijo −, pero se negó a aportar los detalles que exigió el fiscal  A pesar de la esperanza de que se le perdonase la vida, fue condenado a muerte junto con el resto de acusados (13 de marzo) y ajusticiado el día siguiente de terminar el juicio. Su rehabilitación oficial tuvo lugar durante el Gobierno de Mijail Gorbachov, el 5 de febrero de 1988, en un anuncio oficial del Tribunal Supremo de la URSS, tras largos e infructuosos intentos para ello por parte de su viuda y su hijo, que habían comenzado en 1961.

[7] David Zimkhe Zelman Berov Goldendach (1870-1938), más conocido como David Riazánov, fue un bibliotecólogo e intelectual marxólogo soviético, director del Instituto Marx-Engels de Moscú.Nació en Odesa (.Ucrania), entonces parte del Imperio ruso, en el seno de una familia judía acomodada.Revolucionario desde los 14 años era correo secreto de los naródnicks.. A los 16 años fue expulsado del liceo por “insuficiencia en griego antiguo”.​ Encarcelado por primera vez a los 17 años, en prisión organizó turnos de gimnasia y de lectura, preparando clases sobre Karl Marx y traduciendo los libros de David Ricardo. Hablaba varios idiomas: alemán, francés. Inglés y un poco de italiano y de polaco. Prersidente del II Congreso Panruso de los Soviets  y miembro ejecutivo del Consejo Central Sindical de Rusia. En octubre del 17 se opone a la insurrección, pero tras el triunfo de la revolución pasa a trabajar en el Comisario del Pueblo para la Educación.Aboga por un sistema pluripartidista en la naciente república socialista y critica las opiniones de Lenin y  Trotski sobre la relación entre los sindicatos y el Estado socialista.Más tarde fue nombrado director de los Servicios de Archivos. Por iniciativa del Comité Central del Partido, funda y dirige el Instituto Marx-Engels. Posteriormente, transfirió el control del Instituto al Comité Ejecutivo Central Panruso del cual Riazánov era miembro, con el objetivo de sacar al Instituto del control del Partido. Transformó la biblioteca en una biblioteca especializada en marxismo. Para ello reclutó a especialistas internacionales y se lanzó a la búsqueda de todo el material de Marx y Engels.

Riazánov fue un hombre sin pelos en la lengua. Durante una visita al Instituto, cuando Stalin vio en el despacho de Riazánov los cuadros de Marx, Engels y Lenin, pero no el suyo, le preguntó: “¿Dónde está mi retrato?”. La respuesta de Riazánov fue: “Marx y Engels son mis maestros; Lenin fue mi camarada. Pero, ¿qué eres tú para mí?”. Anteriormente ya había tenido otro roce con Stalin, a quien, en plena campaña contra Trotski, interrumpió en un congreso diciéndole: “¡Déjalo, Koba! No hagas el ridículo. Todo el mundo sabe muy bien que la teoría no es tu fuerte.”1​ (Koba era uno de los pseudónimos de Stalin). Detenido por la GPU el 15 de febrero de 1931, viviría en la miseria a orillas del Volga. Durante la hambruna de 1932-1933, compartió sus raciones de alimentos con los hambrientos, hecho que sería mencionado en su juicio como una “maniobra antisoviética“. El 21 de enero de 1938 fue juzgado, condenado a muerte, siendo fusilado ese mismo día.

[8] www.filosofia.org/ave/001/a387.htm

[9] Juan Simeón Vidarte: “Todos fuimos culpables” T II p 726

[10] La «Organización Golfín-Corujo», llamada así por el arquitecto Javier Fernández Golfín y el procurador de Tribunales, Ignacio Corujo, se dividía en diferentes secciones o grupos. El primero de ellos y más importante –en el que se incluían las dos personalidades mencionadas- estudiaba los datos militares que tenían que llegar a Burgos. El desmantelamiento de esta organización se llevó a cabo en los primeros días de mayo de 1937. Javier Fernández Golfín había dibujado, junto a su hermano Manuel, un plano milimetrado de Madrid donde se indicaban las principales defensas antiaéreas y minas terrestres. A través de Alberto Castilla (infiltrado republicano entre los falangistas) este croquis debía llegar –tras pasar previamente por las manos de la cúpula de Falange clandestina y el SIPM (Servicio de Información Político-Militar)- al Cuartel General de Franco. Castilla, por indicación de Alexander Orlov, aprovechó este valioso documento para asociar, al POUM y su líder, Andreu Nin, con los servicios de espionajes franquistas y nazis. Para ello escribió con tinta invisible detrás del plano un mensaje cifrado de fácil solución que contenía en mayúsculas la letra N, en referencia a Nin. (Dr. Antonio César Moreno Cantano: Testimonio de un espía en el Madrid republicano, https://heraldodemadrid.net/2014/09/25/testimonio-de-un-espia-en-el-madrid-republicano-i/  ) 

[11] Enviado al frente, murió asesinado de un tiro por la espalda.

[12] W. Solano: “El POUM en la historia: Andrés Nin y la revolución española” p 174

[13] Cristian Segura “Cuatro templos para la masonería más progresista”- EL PAÍS-CATALUÑA

[14] Vidarte: “Todos fuimos…” T II p 728

[15] Ibidem p 732

[16] José Bergamín (1895-1983)Empezó su carrera intelectual combinando el contradictorio catolicismo unamuniano con el activismo en pro de la República, evolucionó hacia una actitud hostil a la transición democrática, radicalizando sus posturas hasta terminar en la órbita de ETA.

[17] José Javier Esparza: “El libro negro de Carrillo” p 161

[18] Ibidem p. 162

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