Historia Opinion

Los poderes políticos y religiosos temen el recuerdo de Franco

Lobos con piel de cordero. Así son. Y taimados, muy taimados. Han aprendido y no van tan a lo bestia como en el 36, cuando Enrique Castro Delgado[1] arengaba a las masas de su Quinto Regimiento diciendo :”Matar… matar, seguir matando hasta que el cansancio impida matar más… Después construir el socialismo”. Primero había que saciar sus ansias asesinas, en segundo lugar quedaba satisfacer sus ideales políticos. De modo que, como la sociedad española es olvidadiza la mayor y la joven, deformada por una enseñanza torticera, se deja arrastrar por los ideales ya muy trasnochados de estos sus herederos, los podemitas, quienes paso a paso van en pos de sus objetivos  sin desfallecer, desvelándolos poco a poco para tratar de convencer a la masa bobalicona de la honestidad de su planteamiento.

Me refiero a su actuación respecto al Valle de los Caídos. Primero fueron contra Franco. Bueno, contra Franco no, jamás se hubieran atrevido. Sólo se atreven contra los pobres restos que queden de una persona fallecida hace 43 años, al igual que, cuando en 1936, profanaron tumbas y sacaron sus restos a la calle. Llevados quizás de su ancestral odio contra todos aquellos que, también como entonces, piensan de forma contraria a ellos, quieran emular a José Olmeda Pacheco, aquel anarquista que por sus macabras actuaciones, especialmente, pero no solo, en la iglesia del Carmen de Madrid, fue condenado a muerte  por un tribunal de la República[2] el Gobierno que les protegía, lo que da idea de la gravedad de los hechos realizados por este individuo.

Ocupación por los rojos de la madrileña Iglesia del Carmen en agosto de 1936

Aprobado el Real Decreto Ley para exhumar los restos del general Francisco Franco, el presidente en la sombra, jefe de este Frente Popular II, da un nuevo paso hacia adelante: “No hay que perder la oportunidad que se ha abierto, no queremos que el Gobierno se contente con sacar a Franco, hay que sacar a Primo de Rivera y hay que desacralizar todo el conjunto”. Esto suena a desamortización encubierta, o si prefieren, por más cercano en el tiempo y en la ideología, al ¡Exprópiese! de Chaves, porque no en balde, el régimen de Venezuela y Podemos, según afirman sus líderes, son comunistas, partidarios de esos regímenes que, aunque lo oculten, allá donde han triunfado, sea en la URSS, en China, en Corea, en Cuba, en Venezuela, etc., han implantado el imperio del mal pero con la habilidad de convertir siempre sus crímenes en triunfos, porque ellos siempre “miran por el pueblo”. Hablan de “resignificar” los edificios. También sabemos de esto: catedrales, monasterios, conventos, convertidos en almacenes, teatros o cuadras en toda la España republicana. Entonces lo vendían por necesidad de la guerra y ahora por progresismo y avance, que la cuestión religiosa está demodé. Terminarán inaugurando un puticlub. En esa resignificación entra el hallar el ADN de tantos miles de víctimas que fueron enterrados sin poder ser identificados. ¡Alguien se ha preocupado de conocer el coste de tal broma en un momento en el que se reducen prestaciones sociales, se habla del problema del mantenimiento de las pensiones y se va claramente hacia otro momento de recesión? ¿Y por qué cuando se habla de localizar víctimas sólo se habla de las de sus partidarios, nunca de las del otro lado que siguen sin identificar y que también murieron en defensa de unos ideales, no diré más nobles por no ampliar la disputa?

Cuesta creer que media Europa haya estado sometida a la tiranía comunista. Y cuesta mucho más creer que, incluso hoy, si la tiranía es esa, se evalúe con mayor condescendencia. Si el asesino se llama Lenin, o Stalin, Castro o Maduro, sale gratis y si se trata del muy fotogénico Che Guevara, los progres le dedican elogios por doquier: si es un Ayuntamiento como el de Leganés, erige un busto en su honor y los que se consideran avanzados y progresistas, lucen con orgullo camisetas con su imagen olvidando que era un verdadero asesino, y sin ninguna razón, de gente que no había sido juzgada y que,  cuando había juicios, duraban media hora o ni siquiera eso y la gente era condenada a muerte sistemáticamente bajo pretexto de haber sido esbirros de la dictadura de Fulgencio Batista, pero eso no era comprobado. No fueron juicios dignos[3]. No fue original, se limitó a copiar los métodos comunistas tan profusamente utilizados en la España republicana.

El busto del asesino Che Guevara en el municipio madrileño de Leganés

Y, por supuesto, hasta se acepta como hecho natural y lógico que el ser supremo de la doctrina, Lenin, tenga un magnífico mausoleo en el centro de Moscú. Por el contrario, el periódico The New York Times critica la existencia de la tumba de Franco y aún la del Valle de los Caídos en un duro artículo de Raphael Minder en el que denunciaba que “Alemania no tiene ningún monumento a Hitler[4] comparando a Franco con Hitler. Pura ignominia e ignorancia de un corresponsal que habla por boca de ganso sin preocuparse de estudiar mínimamente la figura que critica; la de ese general que consiguió que la España que aquellos antecesores de estos comunistas dejaron,  una España destrozada y dolorida pidiendo justicia no solo por los muertos en acciones de guerra, sino especialmente por los miles y miles de inocentes sacerdotes, religiosos, monjas, seglares hombres, mujeres, niños menores de edad, sacados de su casa y muertos en cunetas y puertas de cementerio, por envidias, odios y venganzas personales, y por odio a la fe, la transformara en uno de los diez países más industrializados del mundo con una clase media fuerte, esa que nunca había existido en España y que ahora están destruyendo estos “salvapatrias”. Y lo más importante: al contrario del de Lenin, el Valle de los Caídos no se hizo en honor de Franco, sino para honrar a los miles de víctimas, como su nombre indica.

Se justifica la exhumación por considerar que Franco había realizado una represión feroz, pero como siempre, dan cifras disparatadas solo cifras en global y nunca hablan de las causas de la citada represión. Si uno estudia las causas judiciales, leerá las desgarradoras declaraciones de mujeres, no una ni dos, a las que le han asesinado al marido y cuatro hijos sacados vilmente de su casa y no muertos en frente de guerra y las de los familiares de tantas víctimas que piden justicia y reparación. Los causantes son los llamados represaliados, pero no cuentan que algunos como Alfonso Macarro, (alias Marcos Ana), por ejemplo, condenado a dos penas de muerte, fuera puesto en libertad a los pocos años, a pesar de los asesinatos que cometió. Franco no causó la guerra, y sin embargo los rojos que SÍ la causaron, que robaron y saquearon, tienen monumentos y calles por todo Madrid, y se les ha hecho homenajes hasta en el Congreso y fue digno de ver a los diputados del PP aplaudir con entusiasmo ante la presencia de individuos como Santiago Carrillo o Dolores Ibarruri. Nadie protestó, ni recordó, había que pasar página. Y la gente aceptó que era una etapa superada de la historia, gente de buena fe que no saben o no quieren saber que éstos, en cuanto tocan mínimamente el poder imponen sus criterios a sangre y fuego llevados de su odio, rencor y envidia.

 Hay enterrados 33.872 combatientes de ambos bandos de la Guerra Civil, y por todos, rezan los monjes benedictinos

Allí en el Valle de los Caídos estamos en la mayor fosa común de España. Transmiten a la gente que es un monumento hecho a mayor gloria de Franco cuando él jamás dijo que quería ser enterrado allí. Fue cosa del entonces rey Juan Carlos y del alcalde de Madrid Carlos Arias Navarro, ambos con muchos motivos para estarle agradecido. Pero lo cierto es que además de estar enterrado Francisco Franco y el fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, hay 33.872 combatientes de ambos bandos de la Guerra Civil, y por todos, rezan los monjes benedictinos“Realmente no entiendo por qué estos comunistas quieren sacarlo”, asegura al diario estadounidense Estela Tapias, que asistió a la misa de aquel día junto a su esposo y sus dos hijos.

Pero esto es un primer paso, el plan es una actuación integral PARA LA DESTRUCCIÓN TOTAL DEL MONUMENTO. La medida estrella del mismo es la demolición de la gran Cruz que lo preside, y la idea que defienden los de Pablo Iglesias es utilizar sus escombros, una vez derruida, para “crear otro monumento de dignificación y respeto a las víctimas”, porque para estos anticlericales el estar en espacio sagrado y que una comunidad de benedictinos oren por los difuntos, no demuestra suficiente dignificación y respeto. Para conseguir su objetivo total, quieren destruir la magnífica Cruz, eliminar la basílica, echar a los benedictinos… Y estos lerdos sacan pecho ante sus radicalizadas bases presumiendo de lo que han conseguido (¡qué no harían si en vez de ser vices o sombra, llegaran a detentar completamente el poder!), sin percatarse de que son, como tantos otros en similares ocasiones, simples “tontos útiles” manejados por el verdadero AMO, ese al que monseñor Robert Hugh Benson hace referencia en “El Señor del Mundo”[5]. Aquí las consignas, especialmente las relativas a la Iglesia, las reciben a través de Europa Laica, organización que ha conseguido expandirse por todo el territorio de la hasta hace poco católica España, pero para amarrar más la actuación de su sufragáneo, se presentó en la Moncloa inmediatamente a la toma de posesión de Sánchez, nada menos que Soros (el gurú en Europa y Oriente Medio) quien se desplazó personalmente para dar instrucciones al neófito presidente, especialmente sobre dos cuestiones: el tema catalán (no hay que enfrentarse, hay que dejarlo correr a ver si se rompe España, que ya está tardando) y exhumar los restos de Franco porque no le perdonan ni su obsesión antimasónica ni su fidelidad y defensa de la Iglesia.

Esa obsesión lo fue hasta su última intervención pública en 1975, semanas antes de su muerte, cuando, con voz exangüe y lágrimas, reprodujo lo que ya la propia clase política de su régimen había dejado de tomarse en serio, pero para él, sin embargo, lo era, y creía firmemente que desde el siglo XVIII había una conspiración masónica en contra de los intereses nacionales, vinculada al liberalismo y éste, a su vez, de modo necesario, llevaba a la subversión comunista. La masonería encerraba una dosis suplementaria de peligrosidad porque, a diferencia de la clara subversión revolucionaria, podía conseguir ocultar sus propósitos decisivos bajo la apariencia inocua de sus principios (libertad, igualdad y fraternidad); Franco creía sinceramente lo que afirmaba[6]. Y en contra de lo que tanto se repite, Francisco Franco, el general más joven de Europa –a los 33 años por méritos de guerra−no era un espadón decimonónico[7], sino una persona con muy fina intuición política que supo ver la necesidad de acercarse en cierta manera a la Masonería para a través de ella aproximarse al poder de la economía mundial y encontrar un cierto reconocimiento, que lo obtuvo. Y lo hizo a pesar de la repugnancia que le merecía la secta. Por España.

Las consignas recibidas se aprecian en la inacción ante la revolución catalana y, por el contrario, el nuevo impulso dado al tema del Valle de los Caídos. Ebrios de poder olvidan el más mínimo gesto de educación, así que sin comunicación ni permiso previo del prior de los benedictinos de la Abadía, Pedro Sánchez, (como “pedro por su casa”, que se dice), envió a dos de sus más altos cargos para incrementar la presión y acelerar la exhumación de los restos de Franco. Los enviados fueron Cristina Latorre Sancho (subsecretaria de Justicia) y Antonio Hidalgo (subsecretario de Presidencia) quienes se presentaron en la Abadía con el objeto de empezar a diseñar los preparativos para la profanación porque profanación es, en cualquiera de las acepciones de la RAE, lo que pretenden hacer con unos restos acogidos a sagrado en una basílica de titularidad vaticana. Por cierto, ¿el titular del templo no va a decir nada?

Parece que no. Tanto el titular como su representante en la Comunidad de Madrid, que es donde se ubica el templo, cardenal Osoro, quieren hacer ver que se trata de una acción política, ante la cual, allá la familia y los políticos. Como Pilatos, talmente. Que entren en una iglesia a profanar tumbas, ¿ellos, jefes y guardianes de ese templo no tienen nada que decir ni qué hacer? En el Medievo, el peor malandrín se acogía a sagrado en una iglesia y era inviolable, ahora no se respetan ni los pobres huesos en una tumba y, debo reconocer, peor que en la República. Entonces a Olmeda Pacheco le encausaron y ajusticiaron después, por la profanación de tumbas, ahora es el propio gobierno quien manda a los profanadores con el silencio cómplice de la alta jerarquía eclesiástica, la cual olvida (sin mencionar a las de 1931, ni las de 1934), la gran matanza de religiosos y cristianos que causaron durante la Guerra Civil.

En la zona bajo control del Frente Popular fueron asesinados 6.832 religiosos, además de 3.911 seglares y casi 1.000 seminaristas. Un total de 11.743 personas asesinadas por el odio a la fe y que murieron, en muchos de los casos, tras haber sufrido torturas aberrantes. En Madrid, por ejemplo, varios sacerdotes fueron echados vivos a las jaulas de los leones que había en la Casa de Fieras del Parque del Retiro. En Barbastro, el obispo don Florentino Asensio, sufrió severas amputaciones antes de ser asesinado. En Camuñas, Toledo, tres sacerdotes fueron arrojados vivos a un pozo de treinta metros al que se lanzaron después objetos pesados para aplastarlos cuando todavía estaban vivos. De las 283 religiosas asesinadas, 124 fueron violadas antes de morir. Y así hasta los casi 12.000 casos que están perfectamente documentados. Además de las religiosas, también murieron a manos de la saña de los marxistas 4.184 sacerdotes, 13 obispos y 2.365 religiosos y muchos seglares que como ya denunció la propia Clara Campoamor en su libro de memorias no había día que no aparecieran en la Dehesa de la Villa más de cien muertos. ¿y quien salió a defenderlos y a evitar que no quedara ningún hombre de Iglesia? La gente de bien bajo el mando de Franco.

En sus tiempos de África, Franco no era un hombre especialmente religioso pero el carácter de persecución religiosa que tuvo la Guerra Civil levantó un enorme fervor creyente entre la mayor parte de la población del bando sublevado; la que se encontraba bajo dominio republicano tenía que ocultarlo, so pena de caer asesinada. La matanza indiscriminada de miles de curas y monjas, sin lugar a dudas, acentuó la conciencia religiosa de muchos españoles y entre ellas la del general, de modo que si muchos militares y falangistas se sublevaron para evitar la victoria del comunismo en España, hubo otra parte de la población española, carlistas, especialmente, que se sumó al alzamiento para defender su libertad religiosa.

Se le dio por ello el nombre de Cruzada. Y la jefatura de la Iglesia, en la época, supo agradecerlo. Con ocasión de la celebración del Concordato entre España y la Santa Sede, en 1953, el entonces nuevo nuncio apostólico, Monseñor Antoniutti presentaba sus nuevas credenciales al Jefe del Estado Español, Francisco Franco: «Excelencia: …Como primer acto oficial de mi gestión, me cabe el alto honor de notificar a V. E. que S. S. el Papa Pío XII, gloriosamente reinante, con ocasión de la ratificación del concordato, se ha complacido en otorgar a V. B. la más alta honorificencia de la Santa Sede: la Orden Suprema de Cristo.”[8]

En el Breve pontificio por el que se hizo concesión de tal merced, Su Santidad mencionaba, como los más recientes títulos, el Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona, en que, en representación genuina de su pueblo, Franco hizo pública y encendida profesión de fe ante el Santísimo Sacramento, así como la firma del Concordato de 1953 con la Santa Sede, mediante el cual «las necesarias relaciones que siempre existieron entre los romanos pontífices y la nación española han sido confirmadas para fruto y utilidad comunes».
El 3 de enero de 1979 se reformó el Concordato de 1953 —firmado por el Gobierno franquista bajo los principios del nacionalcatolicismo—, para adecuarlo a la proclamación de la aconfesionalidad del Estado por la Constitución española de 1978. De modo que para desacralizar el conjunto tal como quiere Podemos, a pesar de esa proclamación de aconfesionalidad, el Gobierno tendría que revisar los acuerdos de 1979 entre el Estado y la Santa Sede. Pero eso, lejos de suponer una dificultad para los de Pablo Iglesias, es un acicate. “Es que no estamos hablando de reconciliación, sino de justicia“, defendió el eurodiputado Urbán y añadió que el abad de la basílica, Santiago Cantera, “ha puesto todo tipo de problemas para exhumar al dictador”, razón que carga de razones a Podemos para defender la secularización del templo. Sin embargo, según los acuerdos del 79, los templos católicos son inviolables y cualquier actuación administrativa sobre ellos ha de contar con el permiso de la Iglesia pero ya hemos visto como se han personado para tomar las medidas que consideren necesarias para la exhumación sin contar ni con el abad y que las altas jerarquías de la Iglesia no han movido un dedo en su defensa.

Este detalle de los acuerdos había dejado más tranquilos a los católicos. Por fin, una tumba en una Basílica dependiente directamente de la Santa Sede, sería venerada!!. Pues no. De modo que ya hemos perdido la confianza de que sean estimados y de que el cardenal defienda que se respeten los templos y los enterramientos en lugar sagrado. El Estado no es una bestia ó un monstruo todopoderoso, eso no es la democracia. En todo Estado se respetan los enterramientos. Desenterrar de un templo a un fallecido contra la voluntad de su familia es una profanación. No hay ningún motivo para desenterrarle. Franco está ahí por voluntad del rey Juan Carlos. La Iglesia «acoge a todas las personas», dice Osoro… incluso puede llegar a acoger a una persona que salvó a la Iglesia española de la muerte y de la aniquilación, que reconstruyó con el dinero del estado 20.000 templos y seminarios destruidos en la persecución sádica y cruel a manos del PSOE, ERC, Anarquistas y comunistas (antecesores de  Podemos); una persona que era adorador nocturno, con una vida privada intachable, que firmó un concordato con la Iglesia que Pio XII calificó de perfecto, que recibió del Papa la condecoración más prestigiosa del Vaticano para un laico, la orden de Caballero de Cristo. Que en su muerte escribió un testamento de una belleza increible, calificándose de ante todo hijo de la Iglesia en cuyo seno quería morir. Si, como dice el cardenal, la familia tiene derecho a enterrarlo donde quiera ¿por qué no puede seguir enterrado en el Valle de los Caídos? La generosidad, caridad, compasión y misericordia no solo hay que demostrarla con Zerolo, Rita Maestre o Willy Toledo, resulta más fácil, lógico y consecuente hacerlo con Francisco Franco a no ser que las tradicionales leyes por las que siempre se ha regido la Iglesia, fluctúen, se cimbreen según los vientos políticos.

A pesar de cuanto se ha expuesto, la Conferencia Episcopal, por voz de su secretario general y portavoz de la misma, José María Gil Tamayo, ha hecho, naturalmente, causa común con el cardenal Osoro, y, “olvidando” los acuerdos del 79, ha precisado que la CEE no tiene “competenciasobre el traslado de los restos mortales de Francisco Franco, pero omiten que sí tienen competencia para evitar que sean trasegados de un lugar a otro puesto que fue inhumado en lugar sagrado del que ellos son los guardianes y custodios. Aseguran, en el colmo de la generosidad, que, puesto que la familia tiene sepulturas compradas en la cripta de la Catedral de la Almudena, la Iglesia “no puede oponerse” a acoger sus restos mortales si es la decisión de la familia y ha añadido que “los muertos no tienen carnet político”. Efectivamente no lo tienen, pero se lo imponen cuando interesa al poder político y, parece que ahora también a la Iglesia.

Sepultura de la familia Franco en la cripta de la catedral de la Almudena.

¡¡Pero Dios es Grande y Misericordioso!! Con el obligado “traslado de los restos donde la familia quiera” (Pablo Sánchez, dixit), se les crea un problema mayor que el hecho de no moverle del Valle porque el lugar elegido por la familia para el nuevo enterramiento, una cripta de la catedral de La Almudena, en pleno centro de Madrid y en una zona donde abundan los turistas, presenta un problema mucho mayor para el Ejecutivo, que desea evitar a toda costa que la nueva tumba de Franco se convierta en lugar de peregrinación con más afluencia que en el propio Valle.

Pablo Iglesias II, no ha tardado en salir a protestar porque según él Franco no puede ser enterrado en una catedral y amenaza a Sánchez con lo que más le duele: la no aprobación de los presupuestos (naturalmente su opinión viene apoyada por su segundo −después de la purga podemita−, el argentino Echenique). Pero se encuentran con otro problema añadido: la familia compró allí unas tumbas, donde ya están depositadas las cenizas de Carmen Franco y de su esposo. ¿Cómo resolverán el problema, respetarán la propiedad privada o volverán al exprópiese hasta a los muertos?

Pero aún hay más. Si finalmente sus alegaciones oponiéndose a la exhumación son rechazadas, la familia ha solicitado que el entierro se produzca allí, dispensándole honores militares puesto que el Gobierno se comprometió a hacer un traslado de los restos de Franco “con respeto y dignidad”; y la dignidad que le corresponde no es la de ser enterrado “a la chita callando” como parece que pretenden. Se basan los solicitantes en el decreto de 2010 por el que se aprobó el reglamento de honores militares, que recoge la interpretación del “himno nacional completo, con arma presentada, una descarga de fusilería y la salva de cañonazos que corresponda”. El decreto establece como destinatarios de tales honores fúnebres al Rey, la familia real y los infantes de España; el presidente del Gobierno; el ministro de Defensa; el jefe del Estado Mayor de la Defensa; el jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire y a oficiales generales. Claro que el Gobierno en ningún momento barajó la idea de hacerlo con honores, ni militares ni civiles.

De los nervios están. ¡Honores militares a aquél que quieren deshonrar! Y la catedral de Madrid convertida en centro de peregrinaje político para algunos, o turístico para otros. No saben cómo evitarlo. Quizá llevados de su profunda democracia nos prohíban a los católicos acercarnos a la magnífica cripta neorrománica; de momento ya hablan de prohibir decir, comentar o publicar noticias que no les gusten, de modo que terminaremos como, magistralmente describió Orlando Figes de la época de Stalin, en Los que susurran, seres que, tenían que ocultar relaciones y antecedentes familiares a los más íntimos y hablar muy quedo para evitar ser escuchados  por los vecinos por miedo a sus denuncias.

Estos tsunamis patrocinados activa o pasivamente por los poderes políticos y religiosos soliviantan la vida de los españoles, es por ello y por si su soberbia les permite tenerlas en cuenta, que nos permitimos recordarles las palabras del mismísimo Jesús de Nazaret:

 “Nos hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición.

Atravesamos desiertos intransitables”

 


[1]Activista desde 1927, fue nombrado miembro del Comité Central del Partido Comunista de España (PCE) en 1933. Al iniciarse la guerra civil española, en julio de 1936, fue uno de los fundadores del Quinto Regimiento y su primer comandante, cargo militar que dejó en manos de Enrique Líster Forján en septiembre de 1936, pasando a ocupar el puesto de director general del Instituto de Reforma Agraria, por nombramiento del ministro de Agricultura, el comunista Vicente Uribe. En junio de 1937, como sustituto de Antonio Mije, fue nombrado subcomisario general inspector del frente de Madrid, siendo después secretario general del Comisariado político para la guerra. Al finalizar la guerra civil en 1939, huido desde Monóvar (Alicante) se exilió en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), formando parte en Moscú, junto a Francisco Antón, Vicente Uribe y Pedro Fernández Checa, del comité directivo de la Escuela Planiernaya, institución encargada de formar a los cuadros españoles del Partido. Como representante del PCE, fue miembro de la Komintern, y durante un tiempo secretario particular del —ya muy enfermo— secretario general del PCE José Díaz Ramos. Tras el suicidio de éste en 1942 en Tiflis (URSS) apoyó la candidatura de Jesús Hernández Tomás a dicho cargo, que finalmente ocupó Dolores Ibarruri, la Pasionaria. En 1944, Jesús Hernández, afincado en México, fue expulsado del PCE. En mayo del mismo año Enrique Castro, estando en Moscú, fue expulsado del Comité Central por su apoyo a la candidatura de Hernández. A su salida de la URSS en 1945, se unió en México al grupo de Hernández, formando parte del Movimiento Comunista de Oposición. Regresó a España en 1950, donde con el apoyo de los falangistas, escribió diversos libros de cariz netamente anticomunista, colaborando en los diarios El Español y el católico Ya, bajó el seudónimo de Jorge Manrique. Murió en Madrid.

[2] (ABC 24-XII-1936, pp5/6)

[3] Mar Pichel BBC Mundo 6 octubre 2017: “Creo que hay una gigantesca mentira alrededor del Che”: Jacobo Machover, el escritor cubano que califica de asesino a Ernesto Guevara a 50 años de su muerte

[4] http://www.elmundo.es/f5/descubre/2018/07/09/5b433437468aebc5248b4649.html

[5] Señor del Mundo es una novela de ciencia ficción distópica (sociedad ficticia indeseable en sí misma), escrita en 1907 por monseñor Robert Hugh Benson. Se centra en el reinado del Anticristo y el fin del mundo. Ha sido recomendada públicamente por personalidades como: Dale Ahlquist, Joseph Pearce, ​ Benedicto XVI o el Papa Francisco, quizás para que nos vayamos enterando.

[6] Aingeru: La tumba de Wharton en hispanismo.org/historiografia-y-bibliografia/17822-la-tumba-de-wharton.html

[7] Hace décadas que el antifranquismo se convirtió en religión obligatoria de la política española. La mayoría de los dogmas de esta nueva fe fueron formulados precisamente por quienes más se habían beneficiado del régimen anterior, y que de hecho han pretendido perpetuar muchas de sus estructuras. Ese origen viciado hace que parezca imposible una reflexión sensata, histórica, objetiva, sobre Francisco Franco y su obra política. Y lo mismo sobre su carrera militar, porque como toda religión el antifranquismo ha dado lugar también a sus fundamentalistas, que no sólo adjudican cualquier villanía al estadista gallego, sino que también han llegado a menospreciar el prestigio castrense de uno de los generales más reconocidos del siglo. (La Gaceta.es 19-11-2015)

[8] La Santa Sede concede esta condecoración, la más elevada de todas las pontificias, para premiar singularísimos servicios a la Iglesia.
La Suprema Orden Ecuestre de la Milicia de Nuestro Señor Jesucristo (Orden de Cristo), como orden pontificia había sido instituida desde su sede de Aviñón — ya en la lejana fecha del 14 de marzo de 1319 — por el Papa Juan XXII tan ligado a los fastos españoles con su creación de la archidiócesis metropolitana de Zaragoza y con su fundación de la Orden Militar de Montesa, y la dejó establecida para premiar los más relevantes servicios a la Iglesia universal en la defensa de la fe católica y en la lucha contra los infieles. San Pío X, en la reforma del año 1905, en el breve que dictó acerca de esta orden, estableció «que ninguna otra le fuese superior en dignidad y que sobresaliese en todas las demás en grandeza y esplendor». Se otorgó siempre con un criterio muy restringido. Esta distinción no había sido concedida a ningún español desde el año 1894, en que se distinguió con ella al segundo marqués de Comillas, don Claudio López, fundador de la Universidad Pontificia de Comillas. La investidura de esta altísima distinción se hace ante un cardenal, y en ella el nuevo Caballero hace promesa de adhesión a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana y representa el símbolo de la Fe.

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