Opinion

“Loas” a Jorge Bustos

Este individuo, que espero que conozca a un tal Valla-Inclán, debería saber que el insigne escritor dijo de D. Carlos VII: “Don Carlos de Borbón y Austria-Este es el único príncipe soberano que podía arrastrar dignamente la capa de armiño, empuñar el cetro y ceñir la corona recamada de pedrerías con que se representa a los reyes en los viejos códices”.

El pasado viernes 13 de julio, escuchando la COPE¿qué habremos hecho los católicos españoles para merecernos tal?-, el susodicho individuo, en su programa “el bueno, el Feo y el Malo” quiso vituperar a Puigdemont asignándole el papel del malo de la semana, como si no tuviera éste méritos suficientes para endosarle ese papel todos los día del año, de consuno con otros tantos que no cito. Hasta ahí las cosas normales si no fuera porque este individuo ignorante, iletrado, zotes y como la mayor parte de los de su gremio, entendedor de todo y sabedor de nada, quiso ningunear, al nunca honorable, llamándole “el carlista del flequillo”. En ese momento se me hincharon los “pelendengues” y aún me dura la orquitis. No porque se metiera indirectamente con éste que escribe, que seguro que lo tiene merecido, sino porque insultó a todos mis mayores hasta donde llega mi memoria, pues mi tatarabuelo y su padre ya cabalgaron con el cura Merino y mi padre, niño, fue voluntario del Rey D. Alfonso Carlos.

Este individuo, que espero que conozca a un tal Valla-Inclán, debería saber que el insigne escritor dijo de D. Carlos VII: “Don Carlos de Borbón y Austria-Este es el único príncipe soberano que podía arrastrar dignamente la capa de armiño, empuñar el cetro y ceñir la corona recamada de pedrerías con que se representa a los reyes en los viejos códices”.

Este comentador de la COPE dudo que conozca a Cánovas del Castillo

Este comentador de la COPE dudo que conozca a Cánovas del Castillo del que voy a relatar una anécdota. Un diplomático español venía de Roma diciendo: “Casi he conseguido que se haga un documento semejante a los que aconsejaron a los monárquicos franceses que aceptaran como un hecho la república; quizá pueda conseguirse para España un documento por el cual se aconseje la entrada en las actuales instituciones de toda la comunión carlista”. Y Cánovas, revelando un carácter muy perspicaz dijo: “Y ¿quién le ha dicho a usted que eso iba a ser una ventaja para la sociedad española? No cometeré yo el crimen de destruir la única fuerza que puede conservar el orden social en el día en que se desencadene la Revolución. Vaya usted y diga que yo no puedo pedir la muerte de un partido que será el día de mañana la última antemuralla de la Patria”.

Ese hotentote debería saber que éstas fueron palabras proféticas, pues el arrojo y determinación de los hijos, nietos, bisnietos y tataranietos de los primeros voluntarios del Rey don Carlos fueron determinantes para parar la Revolución de 1936. Mola, el Director, que no se fiaba de sus compañeros, ni de Franco, sólo de fió de ellos, que no se lanzaron contra la República, sino contra un sistema que les impedía seguir siendo católicos, contra un sistema que iba a hacer desaparecer su forma de vida y atacaba a su Iglesia. Sí, también salieron a defender a esa Iglesia, de la que usted, chupa ahora, que no merecía ser defendida y que tal vez, como  institución, merecía -como ahora- lo que le estaba pasando. Esos hombres de los que usted se ríe indirectamente y desprecia se encuadraron en unidades tales como Tercio de San Miguel, Tercio de San Fermín, Tercio Nuestra Señora del Camino, Tercio de la Virgen Blanca, Tercio de Nuestra Señora de Estíbaliz, Tercio de Nuestra Señora de Begoña, Tercio de San Ignacio, Tercio de Nuestra Señora del Pilar, Tercio de Santiago, Tercio de Santa Gadea, Tercio de Nuestra Señora de Valvanera, Tercio de Cristo Rey, Tercio Virgen de los Reyes, Tercio de Nuestra Señora de la Merced, Tercio Virgen del Rocío, Tercio San Rafael, Tercio de Nuestra Señora de la Victoria y Tercio de Monserrat, entre otros.

Que  glorioso Tercio de Monserrat totalmente compuesto por catalanes

Usted señor Jorge –me cuesta decirle señor, porque dudo que lo sea; pero soy educado pues así me lo enseñó uno de los que se ha mofado- debería de saber, si fuera medianamente leído, y por eso se lo voy a decir, que en todos ellos, al toque de oración, se rezaba el rosario, y que cuando más duro era el fuego enemigo asaltaban las trincheras de éste al grito, entonces oficialmente prohibido por Franco y por los abuelos de los que actualmente mandan en España, de ¡Viva España! y ¡Viva Cristo Rey!. Que  glorioso Tercio de Monserrat totalmente compuesto por catalanes -como el padre de Puigdemont- fue dos veces desecho por el fuego enemigo, la segunda en connivencia con el amigo, y muchos de ellos no conocían el español, o si quiere el castellano, y se lanzaban a la muerte al grito de ¡Visca Espanya!. Que tal vez haya escuchado en algún acto militar un soneto intitulado “Los demandó en honor” y como presume de ignorancia le contaré que dicho soneto fue bastardeado por un ministro masón cambiando los dos tercetos del soneto que dicen así:

Inmolarse por Dios fue su destino,

Salvar a España su pasión entera,

Servir al Rey su vocación y sino.

¡No supieron querer otra bandera!

¡No supieron andar otro camino!

¡No supieron morir de otra manera!

Sí, señor Bustos este soneto fue compuesto por un carlista (Martín Garrido Hernando) que luchó en nuestra guerra civil, para honrar a sus compañeros caídos, y aparte de la evidencia del lema de nuestros padres que salta a la vista en el primero de los tercetos y que evidentemente fue borrado, tiene otro mensaje o, mejor, reconocimiento: “No supieron querer otra bandera” porque lo que usted no sabe, es que cuando nuestros mayores se lanzaron al combate sólo exigieron a Mola dos cosas, y una de ella era que la bandera de sus unidades, la de sus Tercios, sería la roja y gualda. Sí, durante unos meses la bandera de las unidades de uno y otro bando era la tricolor o berenjena, que es una bandera que da pena (salvo la de los requetés carlistas). A ellos, a los que desprecia, debemos que la bandera de España siga siendo roja y gualda; claro que usted la hace suya porque se votó y por tanto podría aceptar cualquiera otra que se votara. Nosotros, que sabemos que la Patria no se elige, como tampoco se eligen los padres, sabemos que los colores de la Patria, como los padres, no están al albur de las modas ni de las votaciones.

Le informaré más, pues su vacío cognitivo no se llenará ni un poco aunque lo intentara completar hasta el día del valle de Josafat por la tarde. Si hay alguien que defienda en el quehacer político el contenido de las encíclicas sociales, son los pocos carlistas que quedan, si a ello añadimos el respeto a la vida humana desde el inicio hasta su fin natural, el matrimonio como el de siempre, la filiación con un padre y una madre, el derecho de los padres a dar la educación que su conciencia les guíe, etc., sólo quedan ellos. No hay más, pues si analizamos lo que en la citada doctrina social se denomina “principio de subsidiariedad” como principio irrenunciable, le diré que ninguno lo ha estructurado, salvo ellos, política y concretamente. Cuando en 1931 lo dice como tal el Papa Pío XI, nuestros padres, cien años antes lo estaban defendiendo con su sangre, y usted sin saberlo, señor Bustos. Se llama Fueros, se llama construir la sociedad de abajo a arriba, se llama menos Estado,… lo capta señor Bustos. Como usted es un mero junta-letras ni siquiera se digna leer a sus compañeros de profesión, algunos de los cuales tienen un nivel tal, como don Juan Manuel de Prada. Este escritor, sin duda uno de los mejores de España y parte de Europa, aunque poco amigo del “establisment”, escribió sendos artículos el 4 y 11 de junio del presente año titulados “Cataluña carlista” y que si su engolamiento se lo hubiera permitido hubiera leído, y no diría la sandez que el día de autos osó decir (XL semanal).

Los carlistas son los únicos que aceptan la alocución que el Papa Juan Pablo II dio en 1979 al Cuerpo Diplomático representado en el Vaticano, cuando dijo: “La nación es la gran comunidad de los hombres que están unidos por diversos vínculos, pero sobre todo, precisamente, por la cultura”, o cuando el mismo Papa habla de la nación en su encíclica “Laborens exercens (10.3)” o cuando se habla de lo mismo en la “Instrucción pastoral de la valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias”, fechada a 22 de noviembre de 2002 que dice: “La pretensión de que a toda nación, por el mero hecho de serlo, le corresponda el derecho de constituirse en Estado, ignorando las múltiples relaciones históricamente constituidas entre los pueblos y sometiendo los derechos de las personas a proyectos nacionales o estatales impuestos de una manera u otra por la fuerza, dan lugar a un nacionalismo totalitario, que es incompatible con la doctrina católica”. De lo anterior se deduce que el concepto nación es un concepto cultural y que NO toda nación tiene por qué ser Estado. Esto los carlistas lo defendían y defienden porque ya lo entendían 150 años antes de que lo dijera la Iglesia Católica, porque siempre hemos sabido que nación viene de nacer, y por tanto no existe el paralelismo entre nación y Estado y consecuentemente puede existir una Nación de naciones, muy distinta a la ocurrente de un tal Pedro Sánchez. El problema es que usted que trabaja en la COPE debería de saberlo, y si no lo aprendiera o defendiera debería ser despedido de la COPE por ser contrario al ideario de la misma. La realidad es que no le despedirán porque ni siquiera la COPE quiere defender ni enseñar la Doctrina de la Iglesia Católica. Así nos va y así le va a la Iglesia española.

Después de lo dicho también me han entrado ganas de utilizar el insulto indirecto, pero no obstante me reportaré, cosa que usted no hizo. Así pues, me viene a la mente lo que se llamaría un ejercicio entre semántico y filológico. Nuestro idioma, rico en expresiones, tiene dos parecidas, pero no lo son, como intentaré demostrar: “hijo de puta” e “hijo puta”.

“Hijo de puta” sería y es alguien que por circunstancias de la vida se encuentra en una de ellas que no ha buscado; en el fondo es algo que le puede o podría ocurrir a cualquiera y de la que no debería pasarle ningún cargo, ya que nada tuvo que ver en ese hecho y circunstancia. Insisto, es un accidente que puede pasarle a cualquiera.  Simplemente, él pasaba por allí y sin haber querido acudir, pues nadie le pidió opinión. “Hijo puta” es muy diferente. Un “hijo puta” es alguien que lo ha trabajado y buscado, es alguien que lo ha sembrado, abonado, regado y colectado. En suma, es una auténtica responsabilidad personal y que sólo a él corresponde. Usted es un ignorante, un iletrado, un junta-letras, contumaz; alguien que podría haber disminuido todo ello pero cuya egolatría no se lo permitía. Lo suyo ES UNA AUTÉNTICA RESPONSABILIDAD PERSONAL; pero yo no le voy a decir que es “un hijo puta” aunque me lo pida el cuerpo, ni aún menos le voy a lanzar un insulto indirecto diciendo que su padre “es un cabrón”, porque ni su padre ni su madre tienen la culpa de lo suyo que es “una auténtica responsabilidad personal”. Simplemente, que sepa, que si me insulta, ya me lavaré de sus improperios o de sus mentecateces, pero no le toleraré que insulte a mis mayores, que regaron el suelo de las Españas con su sangre, para que ahora usted, que vive de la mamandurria de la Iglesia institucional, les desprecie.

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