Análisis

El pos-mercado o la fase delicuescente del capitalismo

Parece estar abriéndose la puerta a una nueva fase del capitalismo, que podríamos llamar delicuescente, por cuanto se habrá producido una casi absoluta desvinculación entre el crecimiento económico global (también cada vez más raquítico, volátil y desigual) y el empleo. En términos económicos, una gran parte de la población no será necesaria para los procesos productivos del pos-mercado

Desde hace unos pocos años (unos diez, a lo sumo), determinados indicadores socio-económicos comienzan a dar síntomas de una aproximación veloz a los grandes problemas que han ido planeando sobre las sociedades denominadas “avanzadas” (con el entrecomillado que el término merece) en las últimas décadas. Hace mucho que se habla del envejecimiento de la población, del coste de la energía, del declive moral de las sociedades, del desarrollo tecnológico de alto nivel. Pero ahora, todo parece apuntar a que estamos en una fase de tránsito hacia una etapa socio-económica nueva, donde esos factores se manifestarán con toda su crudeza, básicamente en lo que sigue:

  • Desarrollo exponencial (más aún si cabe) de las TIC. Incipiente expansión de la robótica avanzada y la inteligencia artificial. Se habla incluso de los implantes de chips en el cerebro para incrementar la inteligencia, o de la creación de robots de guerra.
  • Tendencia al estancamiento del crecimiento económico: los modelos de crecimiento basados en la demanda están agotados desde hace décadas, pero también se está agotando la capacidad de crecer a crédito, con lo que las fuentes de crecimiento de los beneficios por acción se concentran cada vez más en la reducción de costes.
  • La ley positiva se verá inevitablemente sobrepasada por los vertiginosos avances en la tecnología productiva y financiera. Como contrapeso al incremento de la criminalidad, especialmente la cibernética, se tenderá aún más hacia los estados policiales y de alarma cuasi-permanente.
  • Mantenimiento de la tendencia al envejecimiento y reducción de la población en los países avanzados.
  • Incremento imparable de brecha económica entre clases sociales. El evidente fracaso del capitalismo para distribuir la riqueza, junto con el lastre que supone para los Estados el endeudamiento a la hora de practicar políticas de redistribución, dejará prácticamente vendido a las “fuerzas del mercado” (que son las fuerzas del más fuerte y taimado, como ya recordó la doctrina pontificia), el proceso de generación y distribución de la riqueza.
  • Oscurecimiento generalizado de lo poco que quedaba de la conciencia moral, derivando rápidamente hacia una nueva fase de comportamientos crecientemente aberrantes (eutanasia, aborto incluso tras el nacimiento, violencia y creciente crueldad en los ámbitos familiar y educativo, normalización social de los denominados “trans-género” y multiplicación de las denominadas “orientaciones sexuales”, sexo con robots, extensión del culto satánico, etc.).
  • Elevada inestabilidad en el ámbito familiar, con los consiguientes trastornos psicológicos y de la personalidad. Generalización de los medicamentos antidepresivos. Incremento imparable de las tasas de suicidio.
  • Intentos crecientes de los Estados por monopolizar la formación moral de los menores, con el fin de crear masas informes privadas de criterio, absolutamente des-moralizadas e inermes frente a la ingeniería social, todo ello en el marco de la creación de un pensamiento único. Aunque esto parezca paradójico en plena era de las redes sociales y la comunicación digital, el vaciamiento generalizado y dirigido de la capacidad de razonar de los individuos, cada vez más aislados, permite que la pluralidad de información no sea un obstáculo para la creación de dicho pensamiento único, es más, constituye un factor de dilución de la verdad.
  • Aumento de la oferta de fuentes de dependencia psicológica (azúcar y grasas, drogas, pornografía, dispositivos móviles y videojuegos), que se manifiesta en las mismas consecuencias descritas en el punto anterior.

Concretamente, me voy a centrar ahora en las implicaciones que para el mercado laboral tienen y van a tener, las tendencias socio-económicas actuales.

Ya Jeremy Rifkin, en 1995 (El fin del trabajo), advirtió del advenimiento de la era pos-mercado, que se caracterizaría, entre otras cosas, por un declive definitivo de la fuerza laboral necesaria para producir los bienes y servicios demandados por la sociedad, que será reemplazada por la robótica y la informática. Pues bien, en lo dicho en los guiones anteriores se puede ver como esa previsión de Rifkin empieza a ver la luz, por cuanto empiezan a verla los elementos técnicos necesarios para su cumplimiento.

De todo lo anterior se deduce que, en términos económicos, una gran parte de la población no será necesaria para los procesos productivos del pos-mercado. No obstante, la tesis de los autores de la línea de Rifkin, consideran que seguirá siendo necesaria una minoría, generalmente ultra-cualificada profesionalmente. A lo cual yo añado lo siguiente: no sólo aquellos que estén preparados a nivel técnico, sino también a nivel moral, podrán mantenerse de manera más o menos estable en el mercado laboral (si bien se verán crecientemente presionados para la toma de decisiones inmorales en el desarrollo de sus empleos). Es más, tendrán cada vez menos competencia, porque sus virtudes serán una auténtica rara avis,  en un entorno en que los menos capacitados verán sus empleos definitivamente suprimidos en beneficio de los robots y sistemas de inteligencia artificial. El resto malvivirá subsidiado, con marihuana legal, distracción en forma de realidad virtual, y las necesidades de bragueta (De Prada dixit) bien cubiertas, a fin de evitar los altercados sociales. Quien tenga el criterio suficiente para sortear estos obstáculos, es decir, quien desde pequeño sea formado en una firme moralidad y unos sanos hábitos que deriven en una personalidad madura y estable, será un pequeño “gran” privilegiado, no solamente a nivel personal, sino también a nivel profesional.

Parece estar abriéndose la puerta a una nueva fase del capitalismo, que podríamos llamar delicuescente, por cuanto se habrá producido una casi absoluta desvinculación entre el crecimiento económico global (también cada vez más raquítico, volátil y desigual) y el empleo. En otras palabras, vamos hacia un desmoronamiento y concentración elitista de los ejes fundamentales de un orden económico sano, a saber, la propiedad y el trabajo. Es decir, a la negación de la economía en sí misma, como medio de satisfacer las necesidades materiales de la humanidad.

La economía, enferma desde la eclosión del paradigma liberal, ha muerto, convirtiéndose en el zombie del pos-mercado. ¿Alguien puede considerarlo simple alarmismo?

Reciba gratuitamente nuestras noticias en su correo electrónico

RecibA en Su e-mail todas las novedades
Ha podido leer este artículo gracias al esfuerzo de quiénes hacen posible TradicionViva, un espacio de análisis y debate lejos de los dogmas de la corrección política, que se sostiene gracias a la generosidad de sus lectores. Si quiere ayudarnos puede hacer un donativo en la Cuenta 0073/0100/52/0498126649 – IBAN ES5100730100520498126649 o realizando una donación pulsando aquí. También puede colaborar remitiéndonos sus colaboraciones, reportajes, artículos de opinión, ilustraciones, reseñas de libros, noticias de tu asociación … a nuestra dirección redaccion@tradicionviva.es.

Javier de Miguel

Javier de Miguel

Javier de Miguel (Granada, 1984), actualmente residente en Gerona, casado y padre de cuatro hijos. Es licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Ramon Llull, y Máster en Tributación y Asesoría Fiscal por el Centro de Estudios Financieros. Actualmente cursa los grados de Derecho y Sociología en la UNED. A su carrera profesional como asesor fiscal (desde 2007) une una década de estudios privados sobre la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente aquellos relativos a la filosofía y organización económica en clave cristianas, especialmente en lo que compete a la refutación de las tesis liberales, tanto en el campo teórico como praxeológico. También acostumbra al estudio asiduo de las infiltraciones de la filosofía moderna en otros campos distintos de la economía, como la Teología, el Derecho, la política y la pedagogía.
En el ámbito de colaboraciones editoriales, es articulista colaborador de las revistas Verbo y Reino de Valencia.

Añadir comentarios

Pulse aquí para comentar

Síguenos

¡SÍGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES Y ENTÉRATE DE TODO LO QUE SUCEDE EN LA HISPANIDAD TRADICIONALISTA!

Facebook