Historia

Bombardeos en Guernica y Cabra= comparativa

La localidad de Cabra tras el bombardeo republicano de 1938

La izquierda en este país ha llevado siempre a cabo una maniobra “goebbelsiana” que, no por antigua, deja de funcionar. Consiste en que, a base de repetir unas cuantas mentiras de manera sistemática y continuada en el tiempo, finalmente el conjunto de la sociedad termina por aceptarlas como verdades. Entre las mentiras propaladas con más profusión, se encuentra lo relativo al bombardeo de Guernica, durante la Guerra Civil Española, realizado por las aviaciones italiana y alemana el 26 de abril de 1937. Sobre este suceso real se propalaron interesadamente muchas exageraciones todas a favor de la República.

A partir de los años 60 del siglo XX la izquierda impuso su versión de los hechos, que la propia derecha aceptó, esa derecha que, si bien ganó militarmente la guerra, la perdió en el campo de la propaganda y la historiografía. De modo que la doctrina oficial sólo ha empezado a desmoronarse en los últimos años gracias al esfuerzo de unos pocos historiadores que se han ensuciado las manos en los archivos (uno de los más concienzudos fue don Jesús Mª Salas Larrazábal)[1], la mayoría de los cuales no trabaja en las universidades públicas españolas. En ese trabajo de la reedición de “Guernica, el bombardeo (La Historia frente al mito) de Salas Larrazábal, aporta datos que desmienten a autores anglosajones como Herbert Southworth o el novelista Max Morgan-Witts, coautor con Gordon Thomas de “El día en que murió Guernica” y a periodistas tan dispares como Hemingway, Orwell, Saint-Exupéry, o John Dos Passos no dudan en reproducir informaciones imposibles como los ametrallamientos sobre civiles, la duración de tres horas o la destrucción de la mitad de los edificios. A pesar de ello, ocultan los datos del libro y siguen propalando mentiras.

Estos son los seis tópicos más extendidos sobre el bombardeo y que las recientes investigaciones ponen en

entredicho:

  • 1 Guernica sí tenía interés militar: La propaganda de izquierdas ha insistido en que se trataba de una población indefensa y carente de interés militar, pero la villa no sólo tenía interés per se (fábrica de armas y cuarteles), sino que su toma inmediata habría permitido copar a grandes unidades del Ejército republicano, lo que habría precipitado el final de la campaña del Ejército de Franco en Vizcaya. Además era un nudo de comunicaciones y, aunque no se pretendía con la operación cambiar el curso de la guerra, sí se quería facilitar la ofensiva terrestre que se iba a llevar a cabo.
  • 2 No pudo durar más de tres horas ininterrumpidas: El historiador británico Herberth Southworth da el dato por cierto cuando es sabido que los aparatos germanos de la época no tenían tanta autonomía de vuelo. El tiempo máximo de permanencia en el aire de los cazas de acompañamiento era inferior a las dos horas y media, y a los bombarderos Junkers no les daba tiempo material de bombardear Guernica, volver a Burgos, recargar y regresar a la villa en menos de tres horas. Todo indica que duró apenas unos minutos.
  • 3 No hubo ametrallamiento de civiles: The New York Times titulaba su información sobre el bombardeo: “Histórica ciudad vasca destruida, aviones rebeldes ametrallan a civiles”. Pero era materialmente imposible hacerlo porque las calles del casco urbano de Guernica no tenían ni la anchura ni la longitud necesarias. Tampoco las escuadrillas de Junker y Heinkel tenían una carga especial de bombas, como se ha especulado. Se utilizaron las mismas que en otros bombardeos. Si los efectos fueron más destructivos se debió a lo compacto del núcleo urbano, la abundancia de casas de madera y el hecho de que los bomberos de Bilbao fueran avisados muy tarde y no llegaran a Guernica a apagar el incendio hasta las 10 de la noche, tres horas después de concluir el ataque.
  • 4 No hubo 3.000 víctimas: Los estudios de Salas Larrazábal son concluyentes. Un número tan elevado de víctimas (entre 1.600 y 3.000) era imposible. El recuento de la recogida de cadáveres arrojó un número concreto, la cifra difícilmente alcanzaría los 200 fallecimientos. Estudios posteriores los reducen aún más y dan el número de 126 víctimas.[2]
  • 5 El mercado había terminado horas antes del ataque: Los estudiosos del bombardeo de Guernica, como Paul Preston, han usado los documentos de la propaganda que se desarrolló durante los últimos meses de la Guerra Civil. Uno de sus tópicos fue que era día de mercado y que aun siéndolo, se bombardeó el recinto. Sin embargo, lo cierto es que éste apenas sufrió daños al no recibir el impacto directo de las bombas alemanas. Además, el bombardeo se produjo más de dos horas después del cierre de los puestos.
  • 6 Hemingway, Orwell y Dos Passos tergiversaron los hechos: El bando republicano no dudó en utilizar a un auténtico ejército de periodistas de medios de Inglaterra y EE UU que no dudaron en usar los datos facilitados por el mando republicano sin comprobarlos y sin entrevistar a testigos. Por eso, las informaciones de periodistas tan dispares como Hemingway, Orwell, Saint-Exupéry, o John Dos Passos no dudan en reproducir informaciones imposibles como los ametrallamientos sobre civiles, la duración de tres horas o la destrucción de la mitad de los edificios. Los 22 testigos presenciales que han declarado sobre lo ocurrido en Guernica coinciden en que la destrucción afectó a 52 edificios (14% del total), que no se ametralló a los civiles que escapaban de la localidad y que el bombardeo fue en tres pasadas, con una duración total que no superó, en ningún caso, los 15 minutos de duración.

Uno de los principales creadores del mito del holocausto de Guernica fue el periodista sudafricano George L. Steer, cuyas crónicas, publicadas en el The Times de Londres, buscaban asustar a la opinión pública británica para que reclamase al Gobierno un rearme frente al entonces poderoso III Reich. Por otra parte, el PNV empleó el mito para destacar el carácter pacífico del nacionalismo vasco, y su diferencia con los violentos españoles, para así obtener simpatías internacionales. En esta continuada línea de exageración y mentira, Iñaki Anasagasti calificó en 2001 el bombardeo de “antecedente primigenio del ataque a las Torres Gemelas” de Nueva York. Es el colmo de la exageración y de la falta de rigor. Explotando el victimismo nacionalista, el diputado aprovechó los atentados del 11-S en 2001 para arrimar el ascua a su sardina y añadir esa perla al cúmulo de infundios sobre Guernica[3].

Todos hablan de Guernica, pero nadie recuerda el asalto a las cárceles de Bilbao. Fue un ataque de las milicias de izquierdas a las cárceles, el 4 de enero de 1937, donde se asesinó a 224 presos indefensos, 100 menos que en Guernica. Pese a estos descubrimientos, hechos por aficionados, muchos historiadores académicos siguen empeñados en repetir mentiras propagandísticas ya desmontadas.

Otra falacia que ha contribuido a propalar el mito es el famoso cuadro conocido como el “Guernica” de Picasso. Se dice hasta el aburrimiento que lo realizó bajo la impresión que le produjo la masacre, (la masacre de las 3000 víctimas que no fueron). Lo cierto es que, bastante antes del bombardeo, Azaña, presidente de la República, a la que quería dar una imagen de vanguardia y modernidad y “remover los anquilosados cimientos de la España católica y tradicional caciquil,” propuso al ya internacional Picasso un mural para el Pabellón de España en la Exposición Internacional de París Artes y Técnicas de la Vida Moderna en el verano de 1937. El bombardeo de Guernica se produjo el día 26 de abril de 1937 y el día 4 de junio de 1937 presentó el enorme cuadro ¿Cómo pudo hacerlo?, pues porque utilizó bocetos varios que había bosquejado ya en 1936, hecho muy habitual entre los pintores. Quizá por ello en el cuadro no figuran los más significativos símbolos que referenciarían a la ciudad de Guernica. Por ejemplo, debería estar el roble milenario o los símbolos del Señorío de Vizcaya: lobos cebados en corderos, vascos con chapelas, bombas…Tan no estaba pensado para Guernica que ni siquiera se le dio ese nombre; se le conocía como: “Gritos de niños, gritos de mujeres, gritos de pájaros…”. Ambos aspectos prueban que no tenía como objetivo conmemorar el bombardeo. Quizá les sorprenda saber que este tan admirado cuadro hoy, no gustó mucho en aquella exposición. El público no había olvidado la Primera Guerra y veía venir la Segunda, de modo que el cuadro no le traía buenas sensaciones. Los responsables políticos del Pabellón pensaron sustituirlo, pero al no conseguirlo, se vieron obligados a reinterpretar el tema y lo relacionaron con el bombardeo de la ciudad vizcaína de Guernica, que había ocurrido por la misma fecha de la ejecución de la pintura, de modo que el Guernica es un título de oportunismo político, que nada tiene que ver con el bombardeo y ametrallamiento de la ciudad vasca[4].

En contraposición, está el silencio y prácticamente ocultamiento en que han mantenido los bombardeos de Córdoba y Cabra. Si se preguntan la razón, lo entenderán si les digo que los bombardeos los causó la aviación republicana, por eso no hablan de ello. Es la vara de medir de las izquierdas. Se conoce al dedillo las barbaridades cometidas por el III Reich, pero han negado hasta no hace mucho las que perpetraban los comunistas. Hemos hablado de Guernica, veamos Cabra.

Los bombardeos en la provincia de Córdoba durante la guerra civil por la aviación republicana, son un asunto poco conocido en general, a pesar de ser muy numerosos durante toda la contienda. Últimamente, el estudio de los bombardeos ha cobrado actualidad a raíz de los trabajos de Patricio Hidalgo Luque y de las conferencias que impartieron en Cabra Antonio Arrabal Maíz y Ángel David Martin Rubio el día 8 de noviembre de 2008, para conmemorar el 70 aniversario del bombardeo republicano del 7 de noviembre de 1938. Hoy, a 80 años del suceso, volvemos a recordarlo.

Los estudios de Hidalgo Luque sobre los fallecidos en Córdoba durante la guerra civil eleva a veintiséis el número total de víctimas de este bombardeo, con doce heridos y catorce muertos (diez fallecidos en Baena y cuatro en Córdoba). Baena fue bombardeada, al menos, los días 26 de julio, 5, 6,  8, 9 y 10 de agosto, 22 de octubre y 18 y 21 de diciembre de 1936; 8 de enero y 4 y 6 de octubre de 1937; 9 y 30 de marzo, 28 de octubre y 30 de noviembre de 1938. El bombardeo sobre Baena del día 28 de octubre de 1938 fue realizado por una escuadrilla completa de nueve aviones Polikarpov R-Z «Natacha» (4ª escuadrilla del Grupo 30, código LN), según consta en el informe fotográfico de reconocimiento. A las 08.45 horas, nueve aviones tipo Natacha efectuaron el bombardeo en dos pasadas, a unos 1.500 metros de altura, arrojaron de 35 a 40 bombas sobre Pueblonuevo (Córdoba). Allí había concentraciones de tropas y tenían un mayor interés como posibles objetivos militares; afortunadamente solo ocasionaron un herido y destruyeron 28 casas. El que sufrió Aguilar de la Frontera del día 25 de octubre de 1938, con cuarenta y tres muertos y muchos heridos, es un claro antecedente del sobrecogedor bombardeo de Cabra.

La localidad de Cabra tras el bombardeo de la aviación republicana

Lo terrible es que estos bombardeos de otoño del 38 sobre la retaguardia nacional se produjeron cuando la guerra se estaba decidiendo en los momentos finales de la batalla del Ebro y se cebaron gravemente sobre la población civil aunque tenían un valor militar discutible; podría decirse por ello que lo fueron por odio y revanchismo político, pero hasta la fecha nadie ha explicado los motivos de este extraño y cruento bombardeo. Puesto que Cabra no era objetivo militar, no se encontraba en la línea del frente sino que estaba situada a bastante distancia, el bombardeo fue militarmente inútil. El día 7 de noviembre, aunque aún era temprano aquel día, la plaza del mercado de Abastos de Cabra estaba concurrida. Los comerciantes ya habían instalado sus puestos. Algunas amas de casa acompañadas de sus hijos recorrían el mercado haciendo las primeras compras del día: leche, verduras, fiambres, carnes, carbón… Pese a la contienda, en el pueblo se respiraba una tranquilidad que en sólo unos segundos iba a saltar por los aires a base de bombas

Hacia las 7:31 horas, tres bombarderos ligeros y rápidos de procedencia soviética Katiuska SB-2, con tripulación totalmente española,​ atacaron la localidad. De acuerdo con los testimonios de uno de los observadores de los Katiuska SB-2 que participaron en el ataque, el servicio de información de la unidad a la que pertenecían los Katiuska fue advertido de la presencia en Cabra de una unidad italiana de paso. Información errónea, pero pilotos y observadores creyeron  encontrar un campamento de tiendas en las inmediaciones de la localidad y vehículos militares por todas partes y, confundiendo con aquél las lonas de los puestos del mercado en la plaza central de Cabra, atacaron muy rápidamente. Cabra disponía de una significativa dotación antiaérea, pero, paralizados por la sorpresa, no reaccionaron con la suficiente rapidez para contrarrestar el ataque.

Los aviones dejaron caer una veintena de bombas, que provocaron la pérdida de 109 vidas humanas (96 en el acto) y más de 200 heridos. El bombardeo afectó fundamentalmente a zonas del centro de Cabra, incluida la plaza del mercado, y en especial el barrio obrero de la villa. Se calcula que cada aparato llevaba en sus bodegas unas dos toneladas de bombas de diverso tamaño. La mayor, de 200 kilogramos, cayó en el mercado de abastos, lo que significó que resultaran afectados numerosos campesinos del entorno. Entre los muertos, pertenecientes todos a población civil (ni un solo militar), se hallaban mujeres y niños y suponían casi el 15% de la población. Los regueros de sangre corrían por la calle, la gente gritaba e iba de un lado para otro presa del miedo y tuvieron que habilitar una casa enfrente de la plaza el lugar más afectado, adonde llevaban los muertos y heridos. La última muerte se produjo el 28 de diciembre de ese año, casi dos meses más tarde de la lluvia de proyectiles.

Un artilugio similar al del mercado detonó en la esquina de las calles Platerías y Juan de Silva. Otro de estos artefactos explosivos soviéticos fue hallado en el año 2006, bajo tierra y sin explotar, en el transcurso de unas obras en el barrio de la Villa. En concreto, una bomba de 250 kilos, que tuvo que ser destruida por la Guardia Civil en una cantera de la localidad.

En las investigaciones realizadas por Julio R. Fernández García sobre este asunto, aparece un dato proporcionado por don Gregorio Gutiérrez García «Guti»[5], piloto que fue de las fuerzas republicanas en la que insiste que aunque es un error muy común atribuir este bombardeo a la 4ª escuadrilla, en realidad, el bombardeo de Cabra del 7 de noviembre de 1938 fue realizado por tres aviones de la 3ª escuadrilla de Grupo 24 de Katiuskas. Esta afirmación coincide con la versión dada por Saiz Cidoncha, basándose en una entrevista realizada a un piloto de la 3ª escuadrilla de Katiuskas que intervino en el bombardeo y del que no aporta la identidad. Sin embargo, la persona que dio la orden de bombardear Cabra no está identificado y aún se desconoce si dicha orden partió del Estado Mayor o de instancias superiores.

Se insiste en que el bombardeo fue un error, pero no fue tal, pues no cabe duda, pues, de que había un objetivo fijado con precisión: realizar una maniobra de distracción, mediante el bombardeo de población civil enemiga, dentro de una estrategia calculada para desviar la atención del frente del Ebro y para demostrar que la capacidad ofensiva del ejército republicano era aún considerable. Y también la posibilidad, de probar armamento soviético. En efecto, los bombardeos estratégicos sobre población civil, puestos ya en marcha durante la I Guerra Mundial, experimentarían avances y ensayos durante nuestra desgraciada guerra civil, ya que no por casualidad se emplearon en ésta modernos aparatos de potencias extranjeras. Concretamente en la aviación, como es el caso de Alemania, en Guernica, o de la Unión Soviética, en Cabra. Se trataría, pues, de probar las armas y estrategias de destrucción bélica que poco después se emplearían con suma profusión en la II Guerra Mundial. Un terrible experimento que, al decir de algunos, hermana a Cabra en su desgracia, no sólo con la mencionada ciudad española, sino con otras como Rotterdam, Dresde o Hiroshima.

La mitad de los muertos fueron enterrados en una fosa común que ahora no reconoce la Ley de Memoria Histórica. Se colocaron unas lápidas, en la fachada del colegio de la Fundación Escolapias, San José de Cabra,

en honor y recuerdo de los muertos por bombardeo de la ciudad y una cruz conmemorativa. Hay que decir que lápidas y cruz desaparecieron de su emplazamiento en el centro de la ciudad, por un acuerdo de un alcalde del PA apoyado por PSOE, lógicamente, porque no les interesaba que se supiera su consentida barbaridad con sus paisanos. Se entiende menos el apoyo de los concejales del PP y más inconcebible todavía, teniendo en cuenta que esto se produjo en 2003, con José María Aznar de presidente y una mayoría absoluta en las Cortes.

Tiempo después se acuñó aquel episodio casi olvidado de la Guerra Civil española con el nombre del ‘Guernica de la [cordillera] subbética’, o el Guernica andaluz, pero Cabra no tuvo un Picasso que la diera relieve mundial. Sí lo hizo la artista alicantina Maryla Dabrowska, mucho menos conocida, en un cuadro de similar tamaño. Fue dado a conocer hace un par de años con el título de Guerra y Paz. Quiso que fuera una imagen para “la reconciliación”.

Estas declaraciones de Dabrowska sobre la reconciliación nos recuerdan las que a través de Mundo Obrero hizo en 1956 el Partido Comunista. Aquellas en las que afirmaba:

“En el campo republicano son más numerosas e influyentes las opiniones de los que estiman que hay que enterrar los odios y rencores de la guerra civil, porque el ánimo de desquite no es un sentimiento constructivo.” O también, «Existe en todas las capas sociales de nuestro país el deseo de terminar con la artificiosa división de los españoles en «rojos» y «nacionales», para sentirse ciudadanos de España….”

¿Dónde quedaron esas afirmaciones del Manifiesto por la Reconciliación de 1956?

Todo mentira. El pequeño homenaje que supuso la colocación de las placas y la cruz, aprovechando la malhadada ley de Zapatero corrieron a quitarlas con la pretensión de que la fechoría republicana de bombardear a población civil indefensa quede en el olvido. Y en ello están ochenta años después. Muertos de primera y muertos de tercera, a los que ni su ilustre paisana la vicepresidenta del Gobierno y ministra de Igualdad  (¿Igualdad?) quiere recordar.


[1] Jesús María Salas Larrazábal (Burgos 8 de junio de 1925-Madrid, 29 de marzo de 2016) ​ fue un doctor ingeniero aeronáutico, general e historiador español. Compartió con sus hermanos Ángel y Ramón, su amor por la aeronáutica y con éste y su hermana María por la historiografía y el periodismo. Publica entre otros muchos libros Historia general de la Guerra de España (con su hermano Ramón) y en el año 2012 se reedita con nuevos datos su libro Guernica de 1987, retitulado Guernica, el bombardeo. La historia frente al mito.

[2]Salas Larrazábal acudió a los registros civiles para contar los muertos enterrados en los días posteriores a la acción bélica y también a las hemerotecas. Su conclusión es que las víctimas mortales fueron sólo 126. Cada vez que en los grandes medios de comunicación se citaba este número o se entrevistaba a Salas Larrazábal, los guardianes de la verdad oficial saltaban airados, sin embargo, la asociación local Gernikazarra Historia Taldea, fundada en 1985, se ha dedicado a documentar el bombardeo y en 2012 sus miembros declararon que situaban el número de fallecidos en 153. Pedro Fernández Barbadillo https://www.actuall.com/criterio/democracia/fallece-salas-larrazabal-el-historiador-que-desinflo-el-mito-del-bombardeo-de-guernica/

[3] https://ianasagasti.blogs.com/mi_blog/2016/09/siguen-manipulando-la-tragedia-de-gernika.html

[4] Ramón Fernández Palmeral, https://laverdadofende.blog/2014/04/26/el-guernica-de-picasso-nada-tiene-que-ver-con-el-bombardeo-de-guernica/

[5] Gregorio Gutiérrez García «Guti»6, piloto de la 4ª escuadrilla del Grupo 24 de Katiuskas, que aún vive, y colabora habitualmente en la revista ÍCARO, editada por la Asociación de Aviadores de la República (ADAR).

El Guernica de Picasso y el bombardeo de Cabra

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