Opinion

Casamos parejas heterosexuales

Lo más preocupante es la imposición a la sociedad de la clasificación que hacen de los individuos según su sexualidad, que esto es lo que son las leyes LGBTI.

Añoramos a Valle Inclán. No podemos dejar de pensar la de obras jugosas que hubiera escrito de haber podido observar esta desquiciante sociedad que nos abruma. Todo ha dado un giro de 360º.

Se facilita, se promueve la promiscuidad sin hablar a los jovenzuelos de las consecuencias, pero no hay problema, se mata, se asesina a la inocente consecuencia (de momento; quizá dentro de poco se premie la actuación). La siguiente consecuencia es el desequilibrio de la pirámide poblacional: no hay niños y sí muchos ancianos que tienen muchas necesidades sociales, además de la pensión –lo que para ellos significa que gastan mucho y producen poco−. Bien, para esto encuentran otra fácil y similar solución: la eutanasia.

Se promueve un consumismo feroz, tanto, que hasta han conseguido que se compren tejanos que ya vienen rotos de fábrica a un precio más elevado que los que no tienen desperfectos, lo que unido a su utilización, por debajo del “salva sea la parte” (imitando a los presos de Alcatraz que iban así siempre porque les quitaban los cinturones para evitar que se ahorcaran), unido a las “rastas” que no pueden hacérselas muy a menudo, dan una imagen de sociedad no precisamente limpia y pulcra.

Pero, naturalmente, lo más preocupante es la imposición a la sociedad de la clasificación que hacen de los individuos según su sexualidad, que esto es lo que son las leyes LGBTI. Cada cual puede ser lo que su conciencia, corazón y pulsión sexual le motive y la sociedad debe tratarles con respeto, especialmente si ellos se respetan asimismo y a la sociedad, pero lo de imponernos a todos estas ideas como valores fundamentales, pues no. Lo blanco es blanco y el negro, negro y no rosita.

Por cierto que lo que empezó agrupando a Lesbianas, Gays y Bisexuales, se ha ido ampliando en los últimos años con los Transexuales, Intersexuales, más los Queer[1] y los Asexuales, dando origen a la sigla LGBTQIA, entre otras. Se unió después la protesta de las comunidades de personas transexuales y transgénero quienes han sostenido que no corresponde fusionarlas en una sola letra, debiendo ser escrita la sigla con doble T (LGBTT). Esta tendencia a adicionar letras para incluir nuevas comunidades, ha dado lugar también a la utilización del signo más a continuación de la sigla (LGBT+) simplificando el caótico potaje de siglas, que según el blog de “Replicantes” corresponde  a 13 variantes.

En una sociedad que presume de ser abierta sexualmente, es hora de recapacitar sobre los diferentes tipos de orientaciones sexuales, condiciones sexuales y estilos de vida que tiene como sufijo la palabra ‘sexual’ y así llegamos a la conclusión de que los heterosexuales somos gente rara, especie a extinguir que, al decir de dicho blog de “Replicantes”, simplemente no existen, no existimos.

Conocedor, por supuesto, de esta problemática, el sacerdote argentino Padre Javier Olivera Ravasi[2], ha publicado en su Blog parroquial, esta divertida y ácida proclama que, a su vez colgó El Manifiesto en Tribuna Libre, 5-XI-2018 y que, con su permiso, reproducimos a continuación:

Querida comunidad parroquial:

Deseo deciros que en nuestro templo estamos dispuestos a bendecir en unión matrimonial, con Misa de Esponsales y bendiciones en latín, a relación retrógrada, heterosexual, anticuada, heteropatriarcal, basada en valores y virtudes tradicionales como la custodia de la pureza hasta el matrimonio y todo eso. Como requisitos indispensables deberán tener, el varón, cromosomas  XY y la mujer XX, identificándose ambos tanto psicológica como espiritualmente con el sexo asignado por Dios al nacer, sin re-significación de este concepto.

La ceremonia, cargada de inciensos y cánticos medievales, estará rodeada de una simbología machista donde la novia se llevará todas las miradas al ataviar, con pudorosa belleza, su hermoso vestido blanco gracias a los cánones provenientes de una sociedad  heteronormativa.

El futuro esposo oprimirá a su mujer trabajando de sol a sol para llevar los ingresos al hogar, de modo tal que toda la actividad de su esposa se centre en la de parir, cuidar y educar a los niños que Dios les envíe en los principios machistas heteropatriarcales de la caballerosidad para los niños como, por ejemplo, permitir primero el paso a las damas, pagarles las invitaciones o decirles lo bien que se ven, demostrando así la admiración y protección debido a su condición de sexo débil, esperando a cambio una sonrisa, un guiño de ojos, o nada.

A las niñas, bajo los mismos principios, deberán educarlas bajo los mismos planteos retrógrados y cavernícolas del “uno con una para siempre”, haciendo especial hincapié en la femineidad, delicadeza y dulzura de una madre cristiana.

Dios los guarde. El párroco.

Gracias Padre Olivera.


[1] Queer es un término global tomado del inglés y que define el adjetivo como «extraño» o «poco usual». Se emplea para designar a personas que no se identifícan Heterosexual, cisgénero o incluso ninguna.

[2] El Padre Javier Olivera Ravasi (1977), Sacerdote. Abogado por la Universidad de Buenos Aires (UBA), Profesor Universitario en Ciencias Jurídicas y Sociales (UNC), Doctor en Filosofía (Pontificia Università Lateranense, Roma) y Doctor en Historia (U.N.Cuyo). Se desempeña dictando materias y conferencias en el ámbito de la Filosofía, las Lenguas Clásicas y la Historia. Publica artículos de actualidad para la Revista Internacional Info Catolica: infocatolica.com Es fundador y director del Sitio Web “Que no te la cuenten”: www.quenotelacuenten.org dedicado a la apologética histórica y a la falsificación de la realidad.

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Valentina Orte

Licenciada en Geografía e Historia, fue profesora hasta su jubilación.

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