Opinion

Gibraltar, mon amour

Foto: pixabay
De los diez territorios coloniales, la mitad, cinco, además de apeaderos de la Navy, son paraísos fiscales florecientes y saprofíticos al servicio de los evasores fiscales de todo el mundo.

Al día de hoy, al Comité de descolonización de la ONU, creado en 1961, hace 56 años, para terminar con el colonialismo que en 1945 sumaba más de 80 territorios, el problema que tiene sobre la mesa son los 17 territorios no autónomos a descolonizar. De estos, diez (¡el 58%, que ya es vicio!) son cosa del Reino Unido; dos (12%) de Francia: Nueva Caledonia y Polinesia francesa; tres de EEUU (17%): Guam, Islas Vírgenes de EEUU y Samoa americana; uno (6%) de Marruecos y España Sahara Occidental; y uno (6%) de Nueva Zelanda (Tokelau). El palmarés del Reino Unido es:

Anguila (91 km2), en el Caribe, al norte de las islas de Barlovento, paraíso fiscal que utilizan los evasores colombianos principalmente.

Bermudas, en el Caribe. (53 km2). Frente a la costa este de EEUU. Paraíso fiscal.

Gibraltar (6,843 km2). 679 hectáreas de tierra. Ningún agua territorial. Paraíso fiscal para evasores y contrabando.

Islas Caimán (264 km2), entre Cuba y Honduras. Paraíso fiscal. 40.000 compañías registradas, 600 bancos.

Islas Malvinas (12.000 km2).

Islas Turcas y Caicos (417 km2). Al norte de Haití y Dominicana. Refugio histórico de piratas.

Islas Vírgenes británicas (153 km2). En el canal de Francis Drake, nada menos, al este de Puerto Rico. Paraíso fiscal en el que se calculan 800.000 sociedades offshore.

Isla de Montserrat (102 km2). Al SE de Puerto Rico. Una de las islas de Barlovento, permanentemente amenazada por un volcán.

Santa Elena (121 km2). Ubicada en mitad del Atlántico.

Islas Pitcairn (234 km2). En la Polinesia del Pacífico. Tan solo una isla del archipiélago está habitada, por los descendientes de los amotinados del Bounty y los tahitianos que les acompañaron.

De los diez territorios coloniales, la mitad, cinco, además de apeaderos de la Navy, son paraísos fiscales florecientes y saprofíticos al servicio de los evasores fiscales de todo el mundo, sobre una superficie de 561 km2, mira tú si no es piratería. La otra mitad de territorios con 12.874 km2 no son paraísos fiscales, sino tan solo apeaderos de la Navy.

Con 6,843 kilómetros cuadrados (6.800.000 m2), equivalentes a un cuadrado de 2.607 metros lineales de lado, ocupado en su 50% por el peñazo calcáreo y troglodítico, Gibraltar son las 679 hectáreas peninsulares más molestas que tenemos los españoles desde 1713. Ahora parece que a Europa le molesta también este atavismo, cuando la isla de Heligoland fue devuelta a Alemania en los cincuenta.

Trescientos años puñeteros, desde aquel nefasto tratado de Utrecht, que reyes absolutistas en actitud sucesoria –con derecho a decidir- en el que dispusieron sin contar con nuestros sentimientos patrióticos. Total, para nada. Ya estaba mal reputado el peñón desde el 711, en el que el invasor Tarik, el Benzema del demonio, puso sus zarpas y sus bereberes -sus refugees- en ese lugar de la Hispania visigótica, para hacernos la puñeta durante los 781 años siguientes. Al Zapatero y al Caldera –esos cerebros privilegiados de las alianzas alianceras cascabeleras- no les hace mella, cual podemitas, lo que nos costó en sangre, tiempo perdido, destrucción y sufrimiento el ensayo de multiculturalidad. Y vuelta a empezar. ¡Qué pareja! ¡Hay que tener cuajo!

Esta vez el tory bravo, el de los grandes cuernos en balconada, el Howard de la boquita de piñón, nos amenaza -sin tan siquiera hacerlo veladamente- en agradecimiento a tantos años de blandenguería y puterío escuchando las gilipolleces del Pichardo, el chico de la colonia.

Yo recuerdo de cosa patriótica, en mi lejana infancia –maestro al frente-  ir a recibir al Talgo “Virgen del Pilar” con la boca abierta, visitar Numancia y el aeródromo donde Clemente Sáenz y su padre, gente de orden y de Caminos, en el 38 o así, según me relataba a final de los noventa, habían contado con papel y lápiz –haciendo rayitas y cruzados- catalejos en mano, desde un monte lejano, hasta cuatrocientos aviones nacionales aparcados en las pistas de Garray y acudir con mis compañeros de parvulario, tras una bandera española, a una misa de campaña, en presencia de varias compañías de infantería y cantando lo de “Gibraltar, avanzada de nuestra nación…”

Franco supo utilizar muy bien el asunto para bien de España y de los españoles y hasta donde pudo, bandearse en aquella marejada hostil. Después, ha sido la historia de los complejos y los recules por mor del turismo y del buen parecer y de los desatinos de Miguel Ángel Moratinos o las ocurrencias del de los chistes de leperos, Fernando Morán. De traca, como Trini Jiménez y cosas así de sólidas y filantrópicas. Dislate tras memez e incapacidad, a la sombra del complejo de Estocolmo o del de Reikiavik. Ahora es el momento “now is the time”. Ellos lo han querido. Hasta la ONU nos defiende y no digamos la UE. Con que Dastis –monastis- no mueva ficha indebidamente, nos podremos regocijar. Lo merecemos. Los trastos son del escupido Borrel ahora.

Se les empareda sin luces ni vistas, se les corta el agua y la electricidad -como a los pobres energéticos españoles- se les niega la entrada en España salvo que vengan desde Londres con visado y se les pasa la cuenta del golferío okupa y se combaten ante los tribunales internacionales las sucesivas anexiones que se han traído con el istmo, de modo que mantener a los 33.000 llanitos –al Picardito diciendo gilipolleces en su derecho a decidir- les salga por un Congo, sin subvenciones de la UE y que comprueben lo desagradable que es la claustrofobia sin chuleo, aunque desde los 425 metros de altura de la peña puedan contemplar, junto a los monos rabones, la costa del sol y la bandera española en la bocana de Ceuta. Cuando se vean como en la Avenida Donostiarra, hacinados en plan corrala y sin el sex-appeal que les hemos regalado durante tantos años, les va a salir el cante de la mina, cual si fuesen juanitos Valderrama, hasta el Gibrexit definitivo.

Ahí, mantenella y no enmendalla, la acierte bien o la acierte mal, quien sea el honrado y principal. Hoy en día ya no hay razones para que los sellos de las colonias inglesas, los stamps, tengan el valor que tenían. Valen más los de la Guinea española y Río Muni, al menos para mí y lo que sí vale ahora de verdad, es Rota y el escudo antimisiles USA. Trump lo sabe y le importa un ardite el sufrimiento de los tories y de los hooligans.

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