Opinion

Los políticos y las mentiras

A menos de un mes del pistoletazo oficial de inicio de cualquier campaña electoral, los partidos políticos se ponen manos a la obra para llevar sus mensajes a toda la población y arañar votos de los electores indecisos y es entonces cuando la propagación de bulos y noticias falsas tienen difícil control.

“Es posible engañar a unos pocos todo el tiempo. Es posible engañar a todos un tiempo. Pero no es posible engañar a todos todo el tiempo”

(Abraham Lincoln, presidente de los EEUU)

No –dijo el sacerdote-, no se debe tener TODO por verdad, sólo se tiene que considerar necesario”.

-Triste opinión-dijo K-. LA MENTIRA SE ELEVA A FUNDAMENTO DEL ORDEN MUNDIAL”

(El Proceso, Frank Kafka)

La mentira y la política suelen caminar juntas, son compañeras de viaje y no se estorban. Hay que mentir bien y conseguir que haya siempre un punto de verdad que esconda la mentira para que esta fructifique. Se miente y se habla sin mesura a pesar de las hemerotecas y de las evidencias. Actúan considerando que la política es como el periodismo. Lo que se dice hoy se puede corregir en la edición de mañana. Y si la mentira o falsedad no se puede disimular se publica una fe de erratas y aquí no ha pasado nada.

En todos los sistemas y en todos los países se vive la mentira política. El político miente como puede mentir cualquiera al que su ética y su honor se lo permita. Lo que ocurre es que la mentira política tiene efectos más devastadores porque se miente a toda una sociedad y las consecuencias pueden ser más dañinas, especialmente si son vertidas en períodos próximos a elecciones.

A menos de un mes del pistoletazo oficial de inicio de cualquier campaña electoral, los partidos políticos se ponen manos a la obra para llevar sus mensajes a toda la población y arañar votos de los electores indecisos y es entonces cuando la propagación de bulos y noticias falsas tienen difícil control, «las mentiras y noticias falsas se mueven muy rápido y más fácil que la rectificación», señala Carlos Rico, politólogo y profesor en la Universidad Pontificia Comillas. Las teorías conspirativas, las mentiras, las medias verdades, «siempre han existido», recalca el mismo autor. Ahora nos da la tontería de denominarlo en inglés, son las fake news, tan abundantes, que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha tenido que elaborar por primera vez una guía para combatir la desinformación en el ciberespacio; con ella pretende que los ciudadanos estén prevenidos para detectarlas y tengan las capacidades necesarias para evitar ser manipulados.

La cuestión es más indignante cuando la burda mentira, trola, embuste, mendacidad, falacia, falsedad, bola, cuento, engaño, enredo, falsificación, ficción, patraña, que como ven el español es muy rico y no necesita utilizar la palabra inglesa para definir lo que es una calumnia como la lanzada por el “padre de la Patria[1] llamado Rufián.

Porque, aunque a muchos nos sorprenda e indigne, Rufián es diputado y, por tanto, debería dar ejemplo y seguir las normas del CNI expresadas en su decálogo dirigido a los ciudadanos en las que apunta la obligación de las instituciones públicas de desarrollar las capacidades necesarias para «prevenir, detectar y neutralizar» las ofensivas de desinformación que se generan contra un Estado. Pero este señor que cobra espléndidamente de todos los españoles, obviando aquellas instrucciones, tergiversa la historia de las últimas horas de la Barcelona republicana.

Le ha replicado en un precioso y veraz artículo publicado en La Razón el 28-01-2019, Alfonso Ussía Muñoz-Seca, digno nieto del famoso escritor y dramaturgo, don Pedro Muñoz Seca, uno de los 6.000 asesinados en Paracuellos del Jarama en 1936 por los milicianos del Frente Popular. Dicho artículo, con permiso de su autor, lo reproducimos a continuación para que Rufián y tantos otros rufianes que pululan por España sepan la verdad y no colaboren a tergiversar el relato histórico hasta lograr que éste sea políticamente correcto.

Escribe Alfonso Ussía:

“UN ALFÉREZ Y UN SOLDADO 

El catedrático de Historia Contemporánea y diputado del Congreso de los Diputados de España, don Gabriel Rufián, ha colgado en las redes un mensaje emocionante pero muy alejado de la realidad. Escribe así, y en la presente ocasión, sin cometer ninguna falta de ortografía:

«26/I/1939: Franco y sus generales entran por la Diagonal tomando una Barcelona que luchó adoquín a adoquín y a sangre y fuego contra el fascismo golpista aupado por Hitler y Mussolini. Hoy hace ochenta años». E ilustra su breve texto con una fotografía de las tropas nacionales que entran por la Diagonal entre las ovaciones, la algarabía, los abrazos y los besos de los barceloneses.

El catedrático Rufián, o Rufián el catedrático, que tanto monta monta tanto, desconoce que Barcelona, la que luchó adoquín a adoquín y a sangre y fuego contra el fascismo golpista, como él lo define, la tomó cinco días antes, desarmado, con su boina de alférez del Requeté, y acompañado de un soldado que era su amigo y asistente, un aragonés nacido en Sitges y fallecido en Madrid que se llamaba Ángel Antonio Mingote Barrachina. El Alférez Mingote formaba parte del grueso de las tropas que se disponían a tomar Barcelona. En Barcelona, y creo recordar que en la calle Muntaner, vivía desde el inicio de la guerra doña Carmen Barrachina. Doña Carmen era la madre del alférez Mingote, a la que su hijo adoraba.

El alférez Mingote, que era un genio –como lo demostró con creces a lo largo de su vida–, amaneció el 19 de enero de 1939 con una idea luminosa y extravagante. Y se presentó ante el capitán de su compañía: –Mi capitán. Le solicito permiso para bajar hasta Barcelona y abrazar a mi madre–. El regimiento del alférez estaba concentrado en el Tibidabo. El capitán, no creía oír lo que estaba oyendo. –Pero, ¿se ha vuelto usted loco, Mingote? ¿Cómo pretende que le autorice a semejante barbaridad? Estamos a punto de ello, pero todavía no hemos recibido la orden de entrar en Barcelona–. Los genios tímidos, como el alférez Mingote Barrachina, y más aún si llevan un ciento por cien de sangre aragonesa y raíces carlistas, son muy tercos. Y convenció al capitán. – Haga lo que quiera, yo no sé nada de esto, allá con su responsabilidad, y baje a abrazar a su madre–.

A las 8 de la mañana del 20 de enero de 1939, el alférez Mingote y su ayudante, sin armas, tranquilamente, tomaron Barcelona. Algunos viandantes los vitoreaban y otros salían corriendo, adoquín a adoquín, con el rabo entre las piernas al grito de «¡Han llegado, han llegado!». La portera de la calle Muntaner que reconoció a un Antonio Mingote flaco y desastrado, le informó que su madre se hallaba en Sitges. No tenía permiso para tanto, y con la naturalidad y normalidad que imperaban en sus palabras, aceptó el revés y lo recordaba de esta manera: «Con la misma buena educación que tomé Barcelona, la dejé y me reincorporé al resto de mi compañía». Y ya en lo alto, le contó el contenido de su aventura a su capitán. –Gracias, mi capitán. Mi madre está en Sitges. Y una última cosa: Menos dos o tres que han corrido como liebres, el resto de los barceloneses están deseando que entremos en Barcelona». Lo hicieron, como el catedrático Rufián recuerda, sin disparar un tiro, paseando por la Diagonal y atacados a besos, abrazos y flores por los barceloneses. Estaban en la calle bien colocados todos los adoquines, y si se advertía alguna mancha de sangre sobre ellos, se trataba de sangre de inocentes asesinados a última hora por los comunistas, socialistas, anarquistas y separatistas que corrían hacia la frontera.

En lo que sí tiene razón el catedrático Rufián es en el aniversario, el octogésimo. Pero no del día sino del año. El aniversario de verdad fue el 20 de enero de 1939, cuando a primeras horas de la mañana, amablemente, sin disparar un tiro, un alférez del Requeté, don Antonio Mingote Barrachina, acompañado de un soldado asistente, tomaron Barcelona.

El 27 de enero, el alférez anduvo por todas las curvas del Garraf hasta Sitges, y abrazó con el amor acumulado por la añoranza durante tres años, a su madre.

Ni a sangre y fuego, ni coñas marineras, Rufián. Un alférez y un soldado.”

Entérese Rufián. No soliviante a la gente con sus mentiras. Como la mentira y el engaño no cotizan igual en todos los sistemas políticos, en el español la verdad está tan devaluada que algunos políticos pueden mentir sin esperar graves consecuencias a diferencia de otros países, donde ser cogido en flagrante engaño es motivo de cese o dimisión inmediata.

El historiador estadounidense Stanley G. Payne[2] destaca las tergiversaciones que se han hecho y se siguen haciendo sobre la guerra civil española y recomienda conocer las verdaderas causas de los hechos y no hablar a tontas y a locas. Afirma, contrariamente a quienes tratan de imponer el lenguaje políticamente correcto, que el golpe de Estado es consecuencia del enorme deterioro de los últimos meses de la República en cuyo seno ya se estaba produciendo la revolución.

Si eso no se entiende, es muy difícil comprender la Guerra Civil, afirma; así como que es absurdo creer que una gran revolución obrera como la que hubo en España fue la consecuencia de una sublevación militar. El detonante fue el asesinato de Calvo Sotelo llevado a cabo por las fuerzas del orden público, por un sector de las fuerzas del Gobierno sin que éste reaccionara de modo enérgico. Sin embargo, las izquierdas siempre han dado pábulo a lo de la sublevación de unos generales contra una república democrática.

“No estoy de acuerdo con el que busque cambiar la historia por motivos políticos” dice Payne.

Supongo que a los rufianes y politiquillos deseosos de medrar cambiando los hechos históricos para ser políticamente correctos, no les importa demasiado la opinión del experto, ellos, por mor de unos votos, se convierten en superiores y llegan hasta doctores “cum fraude”.

Perdón, algunos ni eso, pero imparten cátedra.


[1] Expresión  con la que se identificó a los parlamentarios desde la Constitución de 1812

[2] Stanley George Payne (9 de septiembre de 1934 (edad 84 años), es un historiador e hispanista​ estadounidense. Es doctor en Historia por la Universidad de Columbia y profesor emérito de Historia en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde ostenta la cátedra Hilldale-Jaume Vicens Vives.​ Declaraciones en la presentación de  su nuevo ensayo ‘La revolución española 1936-1939’ (Espasa)

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