Cultura

Peter Tabichi, Nobel de Educación 2019, modelo de profesor

La Fundación Varkey eligió entre 10.000 profesores de 179 países al mejor profesor de 2019, a un franciscano de 36 años, el keniata Peter Tabichi.

“Es un gran hombre el que hace que cada hombre se sienta pequeño. Pero, realmente, el único gran hombre es el que hace que cada hombre se sienta grande”

G.K. Chesterton


Tabichi ha seguido en plenitud la máxima de Chesterton y por ello ha sido reconocido por la Fundación Varkey con su premio, el Nobel de Educación de 2019.

Dicha fundación fue creada por el hindú Sunny Varkey, quien la preside. Es hijo de profesores en la India y, según Forbes, su fortuna asciende a 2.100 millones de dólares ubicándolo en el puesto 949 de los más ricos del mundo. Actualmente reside en Dubái, desde donde dirige GEMS Education, la mayor cadena de colegios privados del mundo, con 130 centros repartidos en 12 países.

En el 50 aniversario de GEMS, Varkey decidió establecer una organización sin fines de lucro que se orientará al aprovechamiento de lo que él y su familia aprendieron durante tantos años para beneficiar a la humanidad, la «educación» como el área de enfoque para la Fundación. Como él mismo dice: “la de profesor debe ser la profesión más importante del mundo y merecen todo el respeto”.

La Fundación Varkey se creó para mejorar los estándares educativos de los niños menos favorecidos de todo el mundo. Su  misión es que todos los niños tengan acceso a un gran docente. Ellos creen que cada niño merece tener un ambiente de aprendizaje vibrante y estimulante que despierte y respalde todo su potencial. Consideran que lo más importante para lograrlo es la pasión y la calidad de los docentes. Para  destacar el increíble trabajo que los maestros hacen en todo el mundo y premiar al mejor, crean el Global Teacher Prize que es un premio anual de 1 millón de dólares que Varkey GEMS Foundation entrega a un profesor superespecial. Este maestro, innovador y comprometido que haya tenido un impacto inspirador en sus alumnos y en su comunidad, recibirá un premio único en la vida.

Gracias a dicho premio, la Fundación ha logrado posicionar a los docentes en  lo más alto de la educación global y ha influido en más de un millón de niños a través de programas de capacitación y liderazgo docente.

La Fundación Varkey eligió entre 10.000 profesores de 179 países al mejor profesor

de 2019, a un franciscano de 36 años, el keniata Peter Tabichi, un joven excepcional en el mundo actual que ha sido elogiado por sus logros en una escuela de escasos recursos, con clases abarrotadas y pocos libros de texto. Hace honor al fundador de su orden religiosa, san Francisco de Asís, al regalar  el 80 por ciento de su sueldo para apoyar a los alumnos de la escuela secundaria Keriko Mixed Day en la villa Pwani, Nakuru, en una parte remota del Valle del Rift, en el suroeste de Kenia, que de otro modo no podrían pagar sus uniformes o libros porque sus alumnos son casi todos de familias muy desfavorecidas. Muchos son huérfanos totales o perdieron a alguno de sus dos progenitores y los problemas de drogas, embarazos de adolescentes y suicidios están a la orden del día.

Por eso sorprende tanto que sus estudiantes, de 11 a 16 años —algunos recorren siete kilómetros diarios para ir a la escuela—, hayan ganado la competición nacional de Ciencias y el equipo de Matemáticas esté clasificado para un torneo científico y de ingeniería en Arizona (Estados Unidos). Se reconoce, pues, el mérito de una escuela sin recursos, con un ratio de 58 alumnos por clase, un solo ordenador y una conexión a Internet más que mejorable.

El religioso comenzó dando clase en un centro privado de una capital, pero pronto se concienció de que hacía más falta en una comunidad más pequeña. La clave de su éxito académico está en el club de ciencia que ha montado, en el que anima a los chicos a experimentar pese a sus escasos medios. Sus estudiantes han diseñado un método para que los ciegos puedan medir y han aprovechado una planta para generar electricidad. «Las nuevas generaciones no van a tener bajas expectativas. África va a producir científicos, ingenieros y empresarios que serán famosos en todos los rincones del mundo, y las niñas van a tener un enorme protagonismo», augura.

Los fines de semana Tabichi, que se mueve en moto por las carreteras sin asfaltar, enseña a las familias a cultivar de forma más eficiente y ecológica sus semidesérticas tierras. Y trata de sembrar la concordia en una tierra en la que la tensión entre las siete tribus terminó en una masacre en 2007. Por ese motivo creó también un club de la paz en el que se debate y realizan actividades juntos.

Tabichi, que se quedó sin madre a los 11 años, solo había salido una vez de su país, a la vecina Uganda, antes de aterrizar en Dubái, capital de la ostentación y el lujo extremo. Toda una aventura en avión —nunca había subido a uno— que compartió con su padre, que fue su maestro en la escuela y es su referente cuando se pone delante de un encerado. Sus tíos y primos también son maestros. Por eso, al pronunciarse su nombre como ganador, el profesor keniano quiso que los focos de la sala también se centrasen en su padre y le agradeció haberle inculcado valores cristianos. «Este premio no me reconoce a mí, sino a la gente joven de ese gran continente. Estoy aquí solo porque mis alumnos lo han logrado. Este premio les da una oportunidad, le dice al mundo que ellos pueden ser lo que quieran». El joven maestro quiere que los alumnos vean que “la ciencia es el camino a seguirpara su futuro quiere elevar el nivel de aspiraciones de sus estudiantes y promover la causa de la ciencia, no solo en Kenia sino en toda África.

Sus alumnos han tenido éxito en concursos de ciencia nacionales e internacionales. Incluso ganaron un premio de la Real Academia de Química de Reino Unido. Los jueces dijeron que su trabajo en la escuela había “mejorado espectacularmente los resultados de sus alumnos”, y que han aumentado los que ahora están en la universidad a pesar de que los recursos en las escuelas estánseveramente limitados”. Por ejemplo, la falta de una conexión confiable a internet lo obliga a viajar a un cibercafé para descargar recursos para sus lecciones de ciencia, pero Tabichi dice que está decidido a darles la oportunidad de aprender sobre ciencia y elevar sus horizontes.

El hermano Peter dice que uno de sus desafíos ha sido visitar a las familias cuyos niños corren el riesgo de abandonar la escuela para persuadirlas y que reconozcan el valor de la educación. También intenta cambiar la mentalidad de las familias que esperan que sus hijas se casen a una edad temprana, para que en su lugar las mantengan matriculadas en la escuela. Tabichi dijo que el premio era una señal optimista. “Amanece en África. Los cielos están despejados. El día es joven y hay una página en blanco por escribir. Este es el momento de África”, dijo.

Entre los diez finalistas del Global Teacher Prize se encuentra el  español David Calle, profesor de Matemáticas, Física y Química, ingeniero de profesión, fundó su propia academia y hace seis años, preocupado por no poder atender a sus alumnos fuera de las aulas y consciente de que muchas familias no podían permitirse un profesor particular, creó desde su página web educativa Unicoos, un canal de Youtube que, desde su creación hace una década, ha recibido más de 100 millones de visitas, y se calcula que al menos 30 millones de estudiantes han visto un vídeo suyo, según ha destacado el jurado que entrega el galardón.

El portal de internet de David Calle, asegura la fundación Varkey, organizadora de los premios, “es el canal educativo español más importante de su categoría y tiene 170.000 seguidores en Facebook”. Calle, que daba clases de refuerzo escolar en una academia convencional mientras estudiaba la carrera, decidió abrir su propia ‘academia’, cuando empezó a subir vídeos explicativos de distintas asignaturas en YouTube. Lo hizo, explica, porque muchas familias no podían pagar un tutor privado. En mayo del 2014, su web fue elegida por la Fundación Telefónica como una de las 100 Mejores Innovaciones Educativas en el mundo, y en septiembre del 2015 fue elegido por Google como el canal de mayor impacto social.

Dos profesores enamorados de su tarea, que no consiste sólo en impartir conocimientos, sino en hacer que los alumnos se adentren en ellos sin temor al esfuerzo y con ilusión de alcanzar grandes metas. A cualquiera de ellos podría aplicársele la reflexión de Chesterton: “A cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tienen el coraje de ser inactuales”, porque, efectivamente, su comportamiento no se prodiga en el mundo actual.

Sin embargo, hay que señalar en favor de los docentes que su actitud deriva de la incertidumbre que les causa los continuos cambios legislativos; por ejemplo, quitaron la formación profesional que funcionaba estupendamente y cuando se han encontrado con un montón de chicos que no estudian ni podrán trabajar al no tener una mínima capacitación, −un 19,9%−, están tratando de volver a impulsarla); o el cambio sufrido por la sociedad española por los que la profesión docente ha sido reducida a una condición irrelevante. Los profesores han sido desposeídos de su autonomía, de su libertad de cátedra, de la autoridad académica y moral y, desde los sectores de la izquierda más ideologizada, tampoco se les considera merecedores de la autoridad legal.

Muchos profesores han perdido entusiasmo y seguridad y no se encuentran cómodos desempeñando una profesión que cada vez tiene mayores condicionantes. Ayuda a la decepción el constatar la valoración que en los programas educativos se da a algunos expertos educativos,–véase Marina y su Libro Blanco–, quienes, aunque no pisan un aula, les exigen cualidades personales, competencias y capacidades fuera de lo común.

A esto añadimos la pretensión de alguna confederación de padres y madres que pretende que las AMPA de los centros controlen y gestionen la escuela [sic], más allá del derecho a la participación que tienen reconocido por ley. Cuestionan el papel tradicional de la institución escolar y del profesorado, a los que ven como elementos de contención y un serio obstáculo para convertir los centros en falansterios progresistas de la participación a los que denominan escuelas democráticas, donde las normas de convivencia, los contenidos y los objetivos de aprendizaje deben pactarse con los alumnos y las familias. En este afán, transmiten a los padres la desconfianza sobre el quehacer docente y la gestión de los centros escolares, con exigencias inaceptables y denuncias sin fundamento que generan situaciones de tensión y  enrarecimiento del clima escolar.

Pero aquí no se reconocen los errores. Desde algunos sectores no se quiere admitir que las sucesivas reformas, especialmente la LOGSE, no han servido para situar la educación española (a pesar del sucesivo aumento en la dotación) en los puestos de cabeza de los rankings internacionales. Somos incapaces de establecer un diagnóstico compartido de la situación educativa y menos aún de establecer las prioridades, más allá de señalar una supuesta deficiente formación de los docentes y su falta de entusiasmo con los planteamientos y directrices de las leyes educativas[1].

El gobierno, los sucesivos gobiernos, trasladan el problema a un tema económico. En el año 2018 el gasto público en educación es de 51.275,9 millones de euros, lo que supone un aumento de 1.767,3 millones de euros respecto al año 2017 (Con esto consideran salvada su responsabilidad). Desde 2010 esta cifra no había sido tan alta. El gasto público se situó en 53.099,3 millones de euros, según recoge el Ministerio de Educación y Formación Profesional en su informe ‘Datos y cifras del curso escolar 2018-2019’. Y aún se quejan que el gasto por estudiante en España es un 14% menor que la media de la Unión Europea y hablan de la necesidad de que España gane en equidad y recursos.

Sin embargo, en ningún momento se plantean valorar resultados en función de la inversión. Nosotros nos preguntamos, sin embargo, qué maravillas podrían hacer con sus alumnos profesores como David Calle o Peter Tabichi de tener esa financiación…. Claro que ellos no están constreñidos por un sistema tan inoperante y, sobre todo, no tienen AMPAS  que insistan en considerar un principio anticuado la autoridad del profesor porque la nueva dinámica social necesita una escuela diferente, basada en el constructivismo y en modelos participativos, y por tanto se precisa un nuevo profesor con otros roles. Debe renunciar a la transmisión del conocimiento y ser un dinamizador u orientador del aprendizaje de sus alumnos. Un profesor adherido, en suma, a  la visión logsiana de la educación y que no sea tanto un profesional por el “qué enseña” sino por “cómo enseña[2].

“La de profesor debe ser la profesión más importante del mundo y merecen todo el respeto, dice Varkey.

¿Se enterarán aquí el gobierno y ministerio de educación que corresponda?


[1] Francisco Melcón Beltrán: “El profesorado hoy, entre el desencanto y la confusión”,  en Profesores en acción

[2] Ibidem

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Valentina Orte

Licenciada en Geografía e Historia, fue profesora hasta su jubilación.

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