Historia

La Guerra Fría

El Presidente John Kennedy y el canciller alemán Willy Brandt
La Guerra Fría fue un largo período de animosidad silenciosa entre los Estados Unidos y la Unión Soviética que duró desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta principios de los años noventa.

En su corta historia los Estados Unidos de Norteamérica ya ha participado en un número significativo de conflictos armados. Desde la Segunda Guerra Mundial, hasta la Guerra Civil, desde Corea hasta la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos ha participado en muchos enfrentamientos militares y ha salido victorioso de la mayoría de ellos. Pero una de las guerras más extrañas y duraderas en la que USA ha entrado es la que se llamó “La Guerra Fría”.

Para muchos americanos que aún viven, la Guerra Fría no es historia, sino que es una realidad que aún recuerdan y en la que vivieron durante décadas. Se llamó guerra fría al no existir campo de batalla, ni ejércitos desplegados, sin recuentos de cuerpos y sin batallas importantes que informar. En cambio, fue un largo período de animosidad silenciosa entre los Estados Unidos y la Unión Soviética que duró desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta principios de los años noventa. 
Lo extraño del caso es que la guerra fría surgió tras la intensa relación que mantuvo Estados Unidos con la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial. Pero las semillas del “conflicto” estaban precisamente en la génesis del conflicto. Con la presencia de la tecnología nuclear, nació el concepto de una “superpotencia”. Esto no fue en sí mismo una fuente de tensión hasta que la propia Unión Soviética también desarrolló la bomba y se produjo una larga frialdad en la que ambas naciones compitieron frenéticamente para demostrar al contrincante su poder militar, y de esta forma desincentivar cualquier posible acción militar.
Fue un concurso de miradas que duró casi cincuenta años y generó un tremendo desgaste en ambas economías. Ambos países tenían que mantener la “paridad” de sus armas nucleares para que ninguno de los dos tuviera más que el otro. Esta fue una lógica extraña en el sentido de que ambos países poseían armas suficientes para destruir la tierra docenas de veces, pero aún así insistieron en “tener paridad” durante la guerra fría.
Estaba claro que ninguna batalla entre la Unión Soviética y Estados Unidos podría ser tolerada. El resultado potencial de atacar con esas armas hubiera supuesto la destrucción del planeta. Pero ninguno de los países estaba preparado para dejar las armas y comenzar el proceso de hacer las paces con el otro. Así que las armas siguieron apuntándose mutuamente, día tras día, año tras año, durante cincuenta años.
En lugar de llevar a cabo batallas directamente, los dos países lucharon entre sí a través de pequeñas guerras en todo el mundo. Los servicios de inteligencia soviéticos, trabajando con China, contribuyeron a la pérdida humillante en Vietnam sufrida por los americanos. Pero los Estados Unidos disfrutaron de su venganza, y armaron a los muyahidines afganos, lo que condujo a la derrota de la Unión Soviética en la ocupación de ese país. La carrera espacial y los enfrentamientos ocasionales, como la crisis de los misiles en Cuba, caracterizaron todo el periodo conocido como la Guerra Fría, que continuó durante décadas.
Finalmente, la presión de la guerra armamentística sobre las economías de ambos países afectó a principios de la década de 1990, particularmente en la Unión Soviética, ya que el coste de sostener una guerra tan costosa e improductiva forzó a la economía soviética a colapsarse y el imperio se disolvió. Los Estados Unidos habían ganado de esta forma la guerra fría liderando en solitario la esfera internacional.

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