Opinion

Viento del este, viento del oeste: gira la veleta

¿Es Albert Rivera un político coherente? En cuatro años el líder de Ciudadanos no se ha caracterizado precisamente por ser un político de firmes y arraigadas convicciones.

“No puedo acordar con alguien que negocia con quienes pretenden liquidar España. ¿Y si el PSOE cambiara de candidato? “Tampoco”. Sube el tono cuando se le insiste acerca de una posible resurrección del Pacto del Abrazo: “¡Va contra mi identidad política! ¡Me metí en esto para combatir esas posiciones!”.

Albert Rivera, entrevista a El Español, 3 marzo 2019


No se dejen engañar por el título del artículo; quizás ya se han percatado de que no se trata de comentar la obra maestra de Pearl S. Buck ganadora del Premio Nobel de Literatura de 1938, sino de exponer esa especie de contradanza del rigodón que parece estar bailando Rivera con su partido Cs en su relación con los demás partidos políticos a la hora de formar coalición de cara a la gobernanza en distintos municipios y comunidades; no en balde, muchos le han tildado reiteradamente de veleta por lo fácilmente que cambia de opinión.

Generó grandes expectativas y mucha simpatía cuando surgió en Cataluña impulsado por una plataforma de intelectuales críticos con el nacionalismo catalán que querían promocionar un  partido para la regeneración de la vida pública. Sin embargo, después de conseguir ser la fuerza más votada por los catalanes a finales de 2017, no ha logrado consolidarse a nivel territorial en Cataluña. En los comicios municipales no ha obtenido ninguna alcaldía y en las europeas –celebradas ambas el 26 de mayo de 2019– cae al cuarto lugar y se queda por detrás de JxCat, la candidatura socialista liderada por Josep Borrell, y ERC. Una tendencia que también se dio en las generales celebradas el mes anterior, cuando Cs quedó en quinta posición, por detrás de ERC, PSC, En Comú Podem y JxCat. Rivera ya había abandonado su lucha catalana por Madrid: Ciutadans pasó a ser Ciudadanos. Se vino a la capital de España con el convencimiento de que castellanizando el nombre se “comería” al PSOE, pero ha resultado ser la tercera fuerza política con menos de la mitad de escaños que los socialistas.

El resultado de las últimas elecciones municipales y autonómicas ha mostrado una gran división del electorado, si bien ha quedado claro que con distintos matices los partidos se engloban en dos grupos: derechas e izquierdas. El problema es que Ciudadanos que afirmó con rotundidad, mientras buscaba el voto de los ciudadanos, que no pactaría con el partido de Sánchez, ahora parece desdecirse y mientras ningunea e insulta a VOX (y, por tanto a sus votantes) empieza un claro acercamiento hacia los socialistas. No sería la primera vez que se desdice sin ningún pudor en sus 13 años de vida política.

Surge la pregunta, ¿Es Albert Rivera un político coherente? En cuatro años, según cuenta este 31 de mayo de 2019 el periodista Luis Ventoso en su tribuna de ABC, el líder de Ciudadanos no se ha caracterizado precisamente por ser un político de firmes y arraigadas convicciones. Lo que hoy era negro, mañana pasaba a ser blanco, así, directamente, sin matices y sin graduaciones. Veamos algunas:

En diciembre de 2015, el PP gana las generales con 123 escaños y Sánchez queda segundo con 90. Dos meses después, Rivera y Sánchez firman con máxima solemnidad un acuerdo en el Congreso para investir como presidente al derrotado líder socialista. Rivera declara que con el estupendo acuerdo comienza «una nueva Transición». Rivera 2019: «No vamos a pactar jamás ni con el PSOE ni con Sánchez. Los echaremos y punto».

En junio de 2015, Ciudadanos que nació como el partido de la regeneración de la vida pública, votó a favor de la investidura de Susana Díaz, representante de la formación que en Andalucía ha sido sinónimo de corrupción y que orquestó allí el mayor ultraje de nuestra democracia: los ERE. Tras mantener a Díaz tres años y aprobarle tres presupuestos, en septiembre de 2018 Cs se despierta una mañana y de repente repara en que Díaz incumple sus promesas de regeneración y la dejan caer, olvidándose de su propia responsabilidad.

Septiembre de 2017. El proceso golpista catalán que se consumará al mes siguiente ya está lanzado, pero Ciudadanos rechaza aplicar el 155: «No podemos apretar el botón rojo de la suspensión de la autonomía», advierte Rivera. Rajoy intenta que PSOE y Cs se sumen al escudo constitucional del 155, pero ambos ponen trabas y costará convencerlos. Año 2019: Rivera es el máximo paladín de otro 155 y exige a los barones de Sánchez como requisito para todo pacto que apoyen esa medida.

Enero de 2018, Ciudadanos pone como condición para apoyar los presupuestos de Rajoy que el PP eche a la senadora Pilar Barreiro, investigada en la Púnica. Octubre de 2018, el Supremo archiva la causa contra Barreiro al considerarla inocente. Se siguen esperando las disculpas de Cs.

Diciembre de 2017, la estupenda Arrimadas logra una meritoria e inédita victoria para el constitucionalismo en las autonómicas catalanas  con una oratoria directa y clara que trajo de cabeza a los diputados del Parlamento catalán; sin embargo, Primavera de 2019 sin mediar explicación a sus votantes, también deserta del compromiso contraído con sus electores y se refugia en Madrid coincidiendo con un hecho sorprendente: Rivera “ficha”  como primer espada para la alcaldía de Barcelona a un ex primer ministro de Francia entre 2014 y 2016.

Elecciones generales 2019: Rivera queda tercero. En las autonómicas y municipales se sitúa muy por detrás del PP y no logra ni una comunidad ni una alcaldía importante, pero proclama que ahora él es el líder de la oposición. Al tiempo que afirma que  Ciudadanos es un partido liberal, pero que podría apoyar al PSOE en algunas comunidades, mientras pone líneas rojas a Sánchez, como si no fuera el mismo PSOE. En paralelo, en Andalucía colabora con Vox y el PP. El círculo cuadrado, dice Ventoso.

Sorprende que quien gallardamente saltó en el Congreso a defender la nación ante el escándalo de los diputados independentistas prometiendo ridículamente respeto a la Constitución,(alguno se atrevió a hacerlo en nombre de su república), luego prefiera unirse a Sánchez que ha demostrado sobradamente estar en sintonía con cualquiera de esos grupos que quieren romper España, tema que a éste no parece preocuparle mientras pueda detentar el poder que le permita seguir disfrutando de las prebendas, gabelas y canonjías que son anejas al cargo.

A estas veleidades hay que añadir una última y preocupante cuestión como es la descarada intromisión de la masonería en los asuntos políticos españoles, consentida, más o menos explícitamente, por Sánchez y Rivera. Reúne la masonería francesa 150.000 miembros, todos importantes cargos del Estado, del Gobierno, ministros, asesores ya con Sarkozy, presidentes de grandes empresas, responsables de la educación… todos empeñados en conseguir su fantasía recurrente de convertirnos a nosotros, los españoles, en una suerte de protectorado y establecer su predominio en el Mediterráneo, para cuya consecución es necesario primero romperla, desintegrarla. De modo que la situación de España con un gobierno débil dominado por los independentismos es la situación ideal para introducirse en ella y manipular su política. Empezaron por las más importantes asociaciones independentistas de Cataluña que sabemos hicieron su labor, pero no debió de resultarles suficiente, así que impusieron al masón Valls[1] ahora dicen que “durmiente”, como posible alcaldable de Barcelona por el partido Ciudadanos.

La influencia de los hermanos del Elíseo ha motivado que Valls, a pesar de sus escasos resultados en las municipales de mayo de 2019, se ofrezca a apoyar como alcaldesa a Colau, (mientras la cúpula de Ciudadanos, en otro de sus clásicos giros, apuesta por el PSC) y lo que aún tiene mayor trascendencia: se permite imponer al partido en el que prácticamente acaba de aterrizar, la idea de que con VOX ni el pan ni la sal, asegurando que cualquier acuerdo con Vox «sería un motivo para romper con un partido», en referencia veladamente a los posibles pactos en la comunidad y alcaldía de Madrid porque para conseguir el poder, el PP necesita a Ciudadanos y a VOX. Amenaza que, en caso de que Cs llegue a acuerdos con los representantes de la formación de Santiago Abascal, Valls podría romper su grupo parlamentario y quedarse sólo con tres concejales, Eva Parera, Celestino Corbacho y él mismo, ya que los otros tres que han entrado con ellos en el Ayuntamiento, parecen ser miembros fieles a Ciudadanos.

No es de extrañar tamaña exigencia. La masonería se ha infiltrado en las principales instituciones y partidos políticos de España y está presente en las reuniones internacionales en las que se diseña el orden mundial, pero a pesar de ser una de las organizaciones más influyentes del planeta muy poco se sabe de ella; su secretismo, −a pesar de ser organizaciones que según dicen, solo busca el bien de sus miembros−, es tan grande como su influencia.

Así las cosas, como quien manda, manda, el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ha viajado a París para verse con Emmanuel Macron pese a que estando en funciones la agenda internacional queda cancelada a excepción de cumbres europeas y mundiales, como, ante la convocatoria de elecciones anticipadas para el 28 de abril, fuentes de La Moncloa confirmaron a los periodistas que habitualmente cubren la información gubernamental que, acorde a la actuación de anteriores presidentes, Sánchez no realizaría en período de funciones ningún viaje al extranjero para mantener reuniones bilaterales con jefes de Estado.

En período de funciones la agenda internacional del Gobierno suele cancelarse manteniendo únicamente la agenda relacionada con la Unión Europea, es decir, reuniones del Consejo Europeo o de los Consejos sectoriales, así como posibles cumbres internacionales cuya representación recae en el jefe del Ejecutivo y no se puede delegar. Durante este período también se restringen la recepción de autoridades internacionales en nuestro país. Y es que, entre que se celebran las elecciones y se forma Gobierno, el ejecutivo en funciones no está habilitado para suscribir acuerdos o tratados internacionales. Pedro Sánchez ha vuelto a mentir.  Ha puesto a volar el Falcón presidencial y se ha dirigido hasta París para cenar en el Palacio del Eliseo con el discípulo de Rothschild, presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron. Lo hizo ¿motu proprio o más bien inducido por la secta?

Cabe preguntarse, especialmente después de la extemporánea, urgente y pretendidamente secreta entrevista de Soros a Sánchez, si en la visita de este último al Elíseo además de tratar del reparto entre ambos dirigentes de los principales puestos de poder de la Unión Europea, aprovechó también para, exponiéndole el nuevo escenario político surgido del reciente maratón electoral, quejarse de lo difícil que se lo está poniendo Ciudadanos, el gran aliado que el partido de Macron tiene en España, con la esperanza, quizá confirmada por los hechos, de que recordara a Rivera su obligación para con la hermandad. Por el devenir de los acontecimientos parece que han tratado también no solo el aislamiento a VOX y el consiguiente ninguneo a sus electores, sino también los posibles cambalaches políticos que permitan la nueva investidura del doctor Sánchez. Todo con la bendición de los “hermanos” franceses a través de Macron y su vice Valls, lo que no deja de ser una desvergonzada injerencia[2] de un país extranjero en la soberanía del estado español.

Y para terminar de dibujar el cuadro, quien también estará en Bruselas será Albert Rivera, que se reunirá con sus homólogos liberales europeos antes de la cena de los líderes comunitarios. Habría que saber si también hizo parada y fonda en el Elíseo, lo que no es de extrañar porque es sabido que Rivera asume con gran entusiasmo los aspectos fundamentales de la ideología de Macron: cosmopolitismo, globalismo, europeísmo, cordón sanitario a la extrema derecha y política de fronteras abiertas o sin fronteras. Todo sea por seguir las directrices que marca quien manda. La masonería es mucho más que una simple “sociedad filantrópica”, y por supuesto, mucho menos que algo “honorable”, dice el profesor del CEU, Alberto Bárcena.

Últimamente España que ha dado grandes figuras, no tiene suerte con sus políticos. La falta de preparación intelectual, diplomática, etc. de sus miembros la compensan con su desmedido ego y afán de poder, siempre pensando en sí mismos y nunca en el bien común de la nación. En la sociedad española actual parece aumentar el número de quienes estiman que los conceptos deber, honor y mucho más patria, son conceptos de la retrógrada ultraderecha y, por tanto los que se tienen por “avanzados”, progres en la jerga habitual, los rechazan con fervor de jenízaros.

Puede que la falta de tener interiorizados y asumidos estos valores, más la sumisión a la poderosa secta, sean la causa que, de nuevo haciendo girar la veleta, fuerce a Rivera a cambiar el paso en la contradanza del rigodón.


[1] Vea el artículo “Valls le hace la cama a Rivera” en Tradición Viva o en ValentinaOrte.com

[2] La injerencia en los asuntos internos de un Estado tradicionalmente se entiende como perjudicial, ya que puede desestabilizar el orden de los países y avivar las luchas étnicas o civiles. En ese sentido, la regla de no injerencia anima a los Estados a resolver sus propios problemas internos y a evitar que se extiendan y conviertan en una amenaza para la paz y la seguridad internacionales.

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Valentina Orte

Licenciada en Geografía e Historia, fue profesora hasta su jubilación.

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