Análisis

Más sobre la revolución sexual

Son los productos de haber dejado el conocimiento de la realidad al exclusivo arbitrio de la razón abstracta, los que nos han traído estos males.

En nuestra última entrada introdujimos muy someramente los presupuestos y procesos básicos de la llamada “revolución sexual”, poniendo por boca de algunos de sus adalides los principios más aberrantes en los que se sustenta.

Uno de ellos, sobre el que ahora profundizaremos todo lo que permite una entrada de estas características, es el fundamento antropológico último que subyace en las teorías de la revolución sexual. Creo que el mejor botón de muestra es el capítulo que Wilhelm Reich dedica, en su obra “La revolución sexual”, al matrimonio. Y puesto que en él confluye toda la sarta de aberraciones que se van encontrando a lo largo de la obra, sirve como colofón a la misma, siendo éste el probable motivo de su ubicación al final de la obra.

Estos postulados, en resumen, son los siguientes:

    • Desde el punto de vista antropológico y psico-clínico, lo normal es que el hombre se deje arrastrar por sus impulsos sexuales primarios. Es más, debe hacerlo por su salud psíquica y para su mayor bienestar terreno. No se trata, pues, de evidenciar la natural tendencia sexual de las personas, sino de dar por supuesto que el hombre no debe oponer resistencia contra ella.
    • Sensu contrario, quien opta por la continencia pre-matrimonial, o por extensión, por la vida casta, es considerado literalmente un “atrofiado” sexual que ha conseguido eso, no por mérito de la virtud, sino por una especie de “castración psicológica” que es la génesis de toda índole de neurosis.



  • En base a lo anterior, el matrimonio que él llama “coercitivo” (es decir, el matrimonio natural), es una bomba de relojería fuente de todo tipo de insatisfacciones y problemas familiares, lo cual desemboca en que, según las estadísticas que maneja, la inmensa mayoría de matrimonios no se considera feliz.
  • Por tanto, el “matrimonio” solamente subsistirá precisamente si traiciona su esencia, es decir, la donación esponsal exclusiva, la indisolubilidad y la apertura a la vida. Dicho sea de paso, son estos los caracteres del matrimonio moderno, denominado por el propio Reich como “matrimonio de camaradería”.

En cuanto a la enumeración de los principios, hemos partido del más general para acabar en lo más particular, que es la vida matrimonial, al modo como Reich se pasa toda la obra exponiendo y tratando de demostrar científicamente los dos primeros postulados, para después aplicarlos a la institución matrimonial.

¿Cuáles son, a mi juicio, los reduccionismos y falacias que subyacen aquí? A continuación los enumero y desarrollo someramente:

  • El uso reiterado de los términos “necesidades”, “pulsiones” o “instintos” sexuales, y la ausencia de referencias al concepto “razón” (y muy escasas al término “libertad”, aunque sea en su dimensión negativa) denotan una ignorancia absoluta de la naturaleza humana, en dos aspectos fundamentales:
      • El carácter racional de la persona humana: Conforme a estas teorías, y salvo que uno sea un anarquista radical, comprenderá que necesitamos de la razón para vencer el instinto de la pereza cada mañana y acudir a nuestro puesto de trabajo; también para evitar agredir a ese vecino que nos ha agraviado; para controlar el instinto de conducir a mayor velocidad de la que marca el código de circulación, a fin de evitar multas y accidentes; pero, en cambio, cuando se presenta el instinto sexual, es necesario hacer caso omiso de la razón y entregarse plenamente a la concupiscencia. A esto podrán objetar que las conductas que he mencionado a título de ejemplo tienen todas ellas relevancia social, porque pueden afectar a terceros, y la sexualidad no. Argumento igualmente falaz, por cuanto se obvia que la sexualidad mal utilizada trae graves consecuencias psicológicas, tal como se puede comprobar por la vía de los hechos. Así, Reich se limita a compendiar sus experiencias clínicas con pacientes neuróticos por una mala comprensión de la continencia, pero casualmente no explica ninguna derivada del mal uso de la sexualidad, cual podría ser la angustia de la mujer entregada por primera vez a un hombre que a la mañana siguiente la abandona, en cuanto ha satisfecho su “instinto”. Tal como decía Sertillanges, la moral es la ciencia de lo que debe ser de acuerdo con lo que el hombre es. Cuando el hombre abandona su atributo diferencial, que es la razón y en general toda su dimensión espiritual, su propia salud física y mental no está preparada para asumir las consecuencias.
      • El pecado original y la naturaleza caída del hombre: con la tesis de Reich, caer en la tentación es lo que permite dar al cónyuge “balones de oxígeno” para una vida matrimonial armoniosa. En lo que no se repara, y que a la vez es algo que la experiencia actual de la puesta en práctica masiva de este principio nos muestra, es que los apetitos sensibles, si no son ordenados por la razón, son insaciables, y tienen un carácter expansivo, y crecientemente agresivo y adictivo. Esto, que ni siquiera hoy con los datos estadísticos en la mano se percibe por muchos, cierto es que no podía ser comprobado en la práctica por los teóricos de principios del siglo XX, pero también hay que decir que esta experiencia no es necesaria para llegar a esa conclusión: basta con haber reflexionado lo suficiente acerca de la naturaleza humana desde una perspectiva realista. Como decía Chesterton, el pecado original es el único dogma del cristianismo que puede ser demostrado empíricamente.



Como decimos, estas teorías, aparte de resultar aberrantes en su formulación, han resultado desastrosas en su aplicación, pese a lo cual han conseguido fuerte predicamento en la sociedad posmoderna. Por ejemplo, la concepción de matrimonio “de camaradería”, que, en román paladino quiere decir, “unión condicional y de conveniencia orientada a la satisfacción de la concupiscencia”, es por desgracia el modelo imperante en nuestras sociedades. Y, por otro lado, siguen existiendo quienes, a día de hoy, creen haber resuelto los problemas que estas teorías han provocado, no mudando los principios sobre los que se basan, sino echando gasolina al fuego. En una primera fase, con la exaltación del consumo de pornografía como actividad de ocio y cuasi-cultural. En una segunda fase, y cuando la violencia está desbocada entre las parejas, se pretende limitar su consumo a productos denominados “de calidad” o “feministas”. Y la tercera, hay quienes creen haber descubierto las américas cuando propugnan que el origen de la violencia, que por supuesto está siempre en el hombre (los hombres víctimas de violencia por parte de sus mujeres y “maridos”, o el 68% de infanticidios cometidos por mujeres[1] no cuentan), será atajado mediante la “feminización” o anulación de los caracteres tradicionalmente asociados a la virilidad. Es decir, consiguiendo una especie de andrógino de laboratorio, un hombre afeminado y feminista, librado de todos los clichés del macho alfa, los denominados por estos majaderos como “micromachismos” (ya saben, cuidado cómo se sientan en el metro[2]), se conseguirá lo que Reich consideraba que se lograría con la liberación sexual: la armonía familiar y social y la erradicación de la violencia y la prostitución.

De nuevo parafraseando a Chesterton, estamos en una época en que es necesario desenvainar una espada para demostrar que la hierba es verde. Son los productos de haber dejado el conocimiento de la realidad al exclusivo arbitrio de la razón abstracta. Para la filosofía moderna, la realidad no es la que percibimos, sino la que pensamos, y por tanto, ésta queda sumida en el laberinto de la mente humana, deviniendo así subjetivizada y, finalmente, ininteligible. Se comienza afirmando cogito ergo sum, que es, en el fondo, el lema de todas las ideologías, y se acaba por creer que las gallinas son víctimas de violencia de género[3].

La revolución sexual: una revolución mortal


[1] https://confilegal.com/20180430-sobre-los-102-ninos-asesinados-en-espana-en-los-ultimos-cinco-anos/

[2] https://gaceta.es/noticias/cup-despatarre-masculino-transporte-publico-27042017-1148/

[3] https://www.20minutos.es/gonzoo/noticia/gallinas-violadas-santuario-animal-vegano-fanny-3753838/0/

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Javier de Miguel

Javier de Miguel

Javier de Miguel (Granada, 1984), actualmente residente en Gerona, casado y padre de cuatro hijos. Es licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Ramon Llull, y Máster en Tributación y Asesoría Fiscal por el Centro de Estudios Financieros. Actualmente cursa los grados de Derecho y Sociología en la UNED. A su carrera profesional como asesor fiscal (desde 2007) une una década de estudios privados sobre la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente aquellos relativos a la filosofía y organización económica en clave cristianas, especialmente en lo que compete a la refutación de las tesis liberales, tanto en el campo teórico como praxeológico. También acostumbra al estudio asiduo de las infiltraciones de la filosofía moderna en otros campos distintos de la economía, como la Teología, el Derecho, la política y la pedagogía.
En el ámbito de colaboraciones editoriales, es articulista colaborador de las revistas Verbo y Reino de Valencia.

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