Análisis

La incapacidad de asumir hechos desagradables

Hoy en día no hay posibilidad de un debate serio, con diversas opiniones aportando datos, sobre temas que sean políticamente incorrectos o que resalten defectos de base del sistema.

Los fundamentos naturales de la vida civil se destruyen cuando se separa la utilidad de la honestidad.

(Ciceron, De Officiis, lber 1, n. 51)


La sociedad progresista odia lo necesario pero desagradable, no es capaz de asumir problemas a su utopía de ‘progreso’. Y la sociedad democrática aun es peor, aunque sepa que debe asumir un problema, jamás lo hará si con ello pierde el voto de la gente. Es la sociedad del puedo prometer y prometo ‘Jaujas’.

Hace poco leí un texto de Antonio Turiel en su web http://crashoil.blogspot.com. El tema del petróleo no me interesaba pero lo que decía sobre la imposibilidad de diálogo serio y científico, ya sea sobre la energía o sobre cualquier otro tema, era muy bueno y poco común.

Su crítica a la incapacidad de diálogo, la incapacidad política actual de tratar temas científicos, históricos o de cualquier tipo de forma seria pues la mentalidad democrática hacer que todo se vea relativo y no interese si no gusta a los votantes o a los negocios, incluso si saben que es un hecho científicamente cierto.

Este tema si es crucial en todo… la democracia no es capaz de asumir hechos que no gusten, los hechos los transforma en meras opiniones y estas se convierten al final en gustos….

El texto decía cosas de este tipo:

«De manera muy grosera se podría decir que la ciencia se basa en hechos y la (praxis) política en opiniones. La ciencia se basa en la objetivización de hechos y de las consecuencias que lógicamente se derivan de ellos, y por tanto aspira a hacer una descripción e inclusive predicción de la realidad de manera objetiva. En cambio, en la práctica política hoy en día (y quizá siempre) la realidad es siempre interpretada bajo el prisma de la percepción interesada o afín a los intereses de grupo, y por tanto se centra más en la interpretación o valoración subjetiva de los hechos que en su realidad objetiva. Se podría decir por tanto que la ciencia y la práctica política tienen puntos de vista contradictorios e irreconciliables sobre la realidad.

(…)

La enorme perversión de nuestra civilización es la de relegar todo a la categoría de opinión y aceptar que no hay hechos sino intereses personales. La opinión se convierte en el sustituto del hecho. Las opiniones se ponen en el mismo plano que las cuestiones factuales. Ese relativismo moral e intelectual es el que nos condena a nuestra ruina, pues permite a los grandes poderes económicos fijar el marco de las discusiones, y aplastar cualquier intento de abordar los problemas de manera diferente.

(…)

Nuestra sociedad no está preparada para discutir, pues confunde hecho con opinión. No hay margen para razonar. No se va a plantear ninguna discusión seria sobre la crisis energética porque no se desea hablar de temas que nos desagradan, porque no podemos hacer nada para remediarlos, solo podemos adaptarnos. No le gusta a la ciudadanía y no le interesa al poder político y al económico. Por tanto, lo vamos a ignorar».

Hoy en día no hay posibilidad de un debate serio, con diversas opiniones aportando datos, sobre temas que sean políticamente incorrectos o que resalten defectos de base del sistema (como por ejemplo el endeudamiento masivo).

Los debates son mono-orientados, con ligeras diferencias pero sin dejar a nadie contradecir lo ‘correcto’ para el sistema.

Es más, si una persona cualificada opina contra esa dirección obligada, se la acusará de fomentar el odio, racismo, fascismo, machismo, populismo, intolerante, etc. y no será ya convocado nunca más a los medios de masas.

Pero eso no se debe solo al poder impuesto sino en gran parte a la indiferencia, la abulia y el egoísmo de las masas, hace tiempo que los han mediatizado a ignorar la Verdad y sustituirla por el Deseo, la Opinión relativista y sobre todo el interés propio.

La ciencia ya no existe en cuanto afecta a temas sensibles para el Sistema, entonces se organiza una contra-ciencia pagada y subvencionada, en la que los que quieran subvenciones, cátedras y prebendas se apuntarán, y a su lado se ejercerá la censura u ocultación de la ciencia no aceptable.

La verdad es revolucionaria. Incluso si no nos gusta.

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Eduardo Nuñez

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