Análisis

Autarquía y espacios autocentrados

Acabar con la globalización económica es imposible mientras no se derrote primero al poder mundialista que la impone.

Sin duda uno de los temas esenciales de la ideología del Sistema es el Mundialismo, que se convierte en el tema económico en la globalización del Mercado.

Este proceso lleva la dinámica del beneficio de la empresa a dominar sobre los intereses de cada zona en la que trabaja esa empresa.

La expansión de beneficios es la dinámica inevitable de la globalización, y el territorio deja de tener importancia en la dinámica empresarial.

Este proceso ha llevado a la ‘especialización territorial’ económica, independiente de las necesidades reales de cada zona.

Lo más curioso es que la izquierda apoya aun con más furia toda la idea de globalización y mundialismo, que son precisamente la base del capitalismo de mercado. La idea de ‘nación’ o territorio que tenga una identidad y una consideración económica no global es rechazada por la idea marxista del internacionalismo y la ’igualdad’ con tanta fuerza como la rechaza al capitalismo.

LA AUTARQUÍA

El tema es ofrecer una alternativa razonable a esta visión global del Mercado.

Una de las propuestas que muchas veces se nombra es la ‘Autarquía’, que en su sentido puro, como resolución económica cerrada de un Estado, no es solución razonable, en tanto que un intercambio de productos y materias primas es muy positivo siempre, y casi siempre muy necesario.

Pero el sentido de ‘autarquía’ no debe tomarse como ‘aislamiento’ sino como planificación prioritaria de las necesidades del pueblo frente a los beneficios globales o empresariales.

O sea, cada zona debe analizar sus carencias y necesidades, y tratar de lograr soluciones propias a esas necesidades en lo posible, y establecer las necesidades de comercio externo. La economía debe dirigirse en este marco, y no por beneficios empresariales o minimización de costes globales (o sea minimizar costes a base de una dependencia externa permanente no planificada ni controlada).

Creo es positivo dar unos cuantos ejemplos:

– Un país cuya población necesita alimentación no debe dedicar la mayor parte de su territorio al cultivo de café, cacao, plátanos o aceita de palma (como ejemplos reales) para lograr divisas y a cambio no cubrir las necesidades alimenticias de su pueblo.

– España que no tiene petróleo, debe asumir una política decisiva a la producción de energías alternativas (solar, eólica, hidráulica, etc.) incluso si son algo más costosas que importar petróleo.

– No tiene lógica en España dejar importar naranjas de Israel o de otros países si tenemos sobrantes de ellas aquí, aunque el precio sea algo superior. Como no tiene lógica acepar eliminar vacas lecheras porque podemos recibir leche de otros países.

– No es aceptable que Bolivia cultive masivamente coca mientras su pueblo necesita alimentos baratos naturales.

– Un país no debería vivir de producir fundamentalmente para otros a base de mano de obra barata, este sistema es temporal, crea dependencia y elimina el esfuerzo para no ser un esclavo dependiente de las decisiones de otros países.

Por supuesto hay elementos que no podemos producir o no en la cantidad necesaria, y otros que producimos en cantidad sobrante. El comercio externo debe ser una solución para estos temas, pero una solución razonable y controlada.

LOS ESPACIOS AUTOCENTRADOS

El comercio exterior internacionales necesario y positivo para todos, lo que lo convierte en negativo es dejarlo bajo el ‘descontrol’ del Mercado global, o sea del beneficio económico empresarial.

No tiene lógica establecer libre comercio entre países con una diferencia de tecnología, población, coste de vida, formas de producción, necesidades del pueblo, etc. absolutamente distintas.

Al hacerlo se crean problemas gravísimos en ambas partes.

Para hacernos una idea de los problemas generados por la globalización económica que ha impuesto la ideología mundialista, podemos de principio, y sin agotar el tema, reseñar algunos:

– Mantener el retraso industrial y técnico en muchos países, al no poder competir con los países más adelantados en ese tema.

– Deslocalizar empresas por los sueldos ínfimos de otras zonas, que además mantienen a sus poblaciones sin derechos laborales y con condiciones de casi esclavitud.

– Endeudamiento generalizado de todos los países, convertidos en esclavos de la deuda y los intereses.

– Crear multinacionales de un tamaño desproporcionado, sin pertenencia estatal alguna, que se permiten burlarse de los Estados y Pueblos, corromperlos o chantajearlos.

– Generar cultivos o producciones masivas en algunos países que impiden el desarrollo de producciones necesarias para sus pueblos. Creando así dependencias masivas de las compras de otros países.

– Creación de paraísos fiscales para las empresas multinacionales.

Todos estos problemas son muy graves y han llevado al caos financiero actual y al dominio de la finanza sin patria.

La solución no es el aislamiento internacional sino la creación de Espacios Autocentrados de comercio libre en zonas de similares condiciones. Y un comercio regulado y equilibrado entre los Espacios distintos, evitando los males antes indicados.

Esto es algo perfectamente posible, que mejoraría a todos los países, pero se enfrenta al mundialismo, a la finanza internacional y al anonimato global de las multinacionales.

Una empresa debería siempre tener su centro y su control en un Espacio dado, sometiendo se a sus leyes, sin posibilidad de salir de ellas. Y su comercio con otros Espacios estaría regulado por los tratados entre ambos Espacios de forma que no llevase a abusos ni a desequilibrios graves de comercio entre ellos.

No se podría aceptar chantajes de unos países de un Espacio frente a los de otros Espacios, y en cada zona se debería trabajar para evitar dependencias excesivas, haciendo pues esfuerzos para evitar esas dependencias en vez de acostumbrarse a ellas.

Aunque parezca lo contrario, actualmente las llamadas ‘ayudas a los países del tercer mundo’ son un problema en vez de una solución. Normalmente sirven para corromper a sus dirigentes, fomentar guerras o cambios de gobierno, chantajearles el voto en la ONU, endeudarlos, pero sobretodo acostumbrarlos a no resolver sus problemas por sí mismos. Son como la droga, hace a los países drogadictos de ayuda.

No se harán esfuerzos de cambio si se soluciona el problema con ayuda externa. El agricultor local no va a esforzarse si se reciben barcos de trigo sobrantes de USA gratis (aunque esa ayuda sea luego ’cobrada’ en favores políticos)

Acabar con la globalización económica es imposible mientras no se derrote primero al poder mundialista que la impone.

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