Opinion

Responsables, los que callan

¿Qué pedigree traía el PSOE y Carrillo y la Pasionaria a la Transición?: la revolución de Asturias de 1934, la falsificación de las elecciones de febrero del 36, las chekas en Madrid y el genocidio de los católicos durante la Guerra, el bombardeo de Cabra, la matanza de Paracuellos…

Este artículo fue publicado por primera vez en el Diestro

Mientras en los años 30 la República gobernó en España, dos hechos la caracterizaron: la violencia física a los ciudadanos y los ataques ideológicos a los católicos. A veces, casi siempre, ambas coincidían. Sus actores eran dos: los comunistas del PSOE (y aliados) y la masonería. Los primeros de manera manifiesta, los segundos con pantalla interpuesta. Siempre, usando la mentira y el odio. Motivo fundamental: la conquista del poder y la fe católica del pueblo, lo demás son pretextos. En el PSOE, como una consecuencia de su materialismo; en la Masonería, por su relativismo filosófico.

Esto lo vivió Franco en la República, y aprendió la lección. Por eso cuando liberó España de estos dos manifiestos enemigos de los españoles, dictó leyes para reprimirlos. Como ahora en Alemania se han dictado leyes, incluso constitucionales, para reprimir el nazismo; y nadie se extraña. Ambos perdieron la Guerra Civil, pero con la Transición ganaron la paz. Y ganaron la paz, porque ganaron la batalla de la palabra, de la palabra bella y embustera. Su piel de oveja más usada fue la palabra democracia, la palabra progreso y la palabra libertad: la gente las creyó. Sin embargo, ¿qué pedigree traía el PSOE y Carrillo y la Pasionaria a la Transición?: la revolución de Asturias de 1934, la falsificación de las elecciones de febrero del 36, las chekas en Madrid y el genocidio de los católicos durante la Guerra, el bombardeo de Cabra, la matanza de Paracuellos…



Por el contrario, Franco concedió en 1945: Indulto político total por delitos de rebelión militar cometidos hasta el 1 de abril de 1939 (excepto casos de crueldad, muerte, etc.) y diversas amnistías, entre ellas: Una para las rebeliones militares (13-9-36); y dos para delitos políticos (23-9-39 y 30-7-76). El decreto de 4 de agosto de 1976 afecta a los delitos y faltas de intencionalidad política y de opinión, a las Infracciones administrativas, a los delitos de rebelión y sedición militar y otros tipificados en el Código de Justicia Militar. Más tarde, el 14 de marzo de 1977, se promulgaron dos reales decretos-leyes en virtud de los cuales se disponía la ampliación de la amnistía concedida por el real decreto de 30-7-1976 y un nuevo indulto general, en parte complementario de aquélla.

Por último, en mayo de 1977, y como respuesta a la petición de amnistía total, el Gobierno ofreció el extrañamiento a todos los presos políticos vascos. Y ya que he citado a Carrillo, responsable de la masacre de Paracuellos del Jarama, quiero añadir que él se benefició de lo publicado en el BOE del 1 de abril de 1969, cuya primera disposición general dice: «Artículo primero.- Se declaran prescritos todos los delitos cometidos con anterioridad al uno de abril de mil novecientos treinta y nueve. Esta prescripción, por ministerio de la Ley, no requiere ser judicialmente declarada y, en consecuencia, surtirá efecto respecto a toda clase de delitos, cualesquiera que sean sus autores, su gravedad o sus consecuencias, con independencia de su calificación y penas presuntas, y sin tener en cuenta las reglas que los Códigos vigentes establecen sobre cómputo, interrupción y reanudación de los plazos de prescripción del delito…» (Ramón Pérez-Maura, 21/11/2013, ABC).

A la vista de esta postura de Franco, de perdón y olvido, la de Pedro Sánchez de exhumarlo es una infamia para la izquierda sectaria en general y para el PSOE en particular.

En el 78 las izquierdas se presentaron bajo el lema de la “reconciliación”, otra vez la mentira. Duró hasta la llegada del inútil y manipulable Zapatero, del PSOE y masón, y del manipulado y embustero Pedro Sánchez, también del PSOE y títere del masón Soros. Y con la Desmemoria Histérica no nombraron más la palabra reconciliación. Impusieron la dictadura del odio, una vez más. Y como Franco era el símbolo de su derrota y católico, era el objetivo a batir; como fue un patriota ejemplar, un católico con fe, un político honesto, un gobernante sabio había que desprestigiarlo. Un ejército de periodistas sin convicciones y pesebreros se lanzaron a esta tarea desde 1978: había que preparar el terreno. Periódicos de derechas le llaman “Dictador”, sin que se les caigan las páginas de vergüenza. La cultura del odio izquierdista y del relativismo masón invadió “este país”, llamado España, desde periódicos, emisoras de radio y canales de televisión. Y los que votábamos al PP observábamos con asombro cómo este Partido siempre reaccionaba con acongojamiento. Y en nuestro asombro, recordábamos cómo varios cientos de miles de ciudadanos hicimos cola durante horas y horas para despedir a Franco, yacente en el Palacio Real. De esto tampoco se acuerda la Desmemoria Histérica. Como tampoco se acuerda que en 1938 Franco puso en marcha una institución para sacar de la desgracia y la pobreza a los ciegos, la ONCE, hoy día modélica. O la radical lucha contra la ignorancia profesional y la pobreza de los hijos de los obreros, fundando las Universidades Laborales. Mientras, el Partido Socialista Obrero Español no hizo nada útil por los obreros en la República, y cuando  Felipe González alcanzó el poder, lo primero que hizo fue cerrar las Universidades Laborales, con lo que demostró que a los socialistas ni les importan los obreros ni les importan los españoles: solo el poder y atacar a los católicos. Ni se acuerda que en el 43 se puso en marcha la Seguridad Social y que a finales de los 40 había eliminado la mortalidad infantil. O tampoco se acuerda del Plan de Estabilización de 1959 y los posteriores Planes de Desarrollo, ni de los preparativos de Ullastres para la entrada de España en la Comunidad Europea, el desarrollo del turismo, etc., etc. Debo reconocer que Franco también nos quitó algunas cosas: el analfabetismo, los piojos y las alpargatas, heredadas de la República ¡Con esa desmemoria, cómo van a reconocer los sociatas y los masones las virtudes de Franco!



Pero a ellos, comunistas y masones, no se les debe acusar, porque actúan de acuerdo con sus perversas motivaciones. Los culpables de la situación actual, y de la infamia de exhumar el cadáver del mejor político y gobernante que hemos tenido en muchos siglos, son los que han carecido de motivaciones para plantarle cara a la izquierda cultural reinante desde la Transición. Porque “los buenos”, la UCD, la AP y el PP, desde la Transición se acongojaron. Y porque la intelectualidad “de derechas” calló cobardemente. Y porque los católicos y sus instituciones, en su ingratitud, se arrugaron y se olvidaron de haber sido beneficiarios y admiradores de Franco. Salvo a la persona de Adolfo Suárez, porque gobernó breve tiempo y estaba ocupado en sacar adelante el cambio político operado, acuso a Fraga Iribarne quien, a pesar de estar en la oposición, no supo frenar el desmadre “progre” de Felipe González en la Universidad, de la que no se ha recuperado, en la Formación Profesional, con el ya citado cierre de las Universidades Laborales, y en las Cortes, con la eliminación del “recurso previo de inconstitucionalidad”, y con la no separación del Poder ejecutivo, legislativo y judicial (Montesquieu a muerto, dijo Alfonso Guerra) por citar unos ejemplos; y, volviendo a la defensa de Franco, no utilizó Fraga su clara inteligencia y su buena pluma y el conocimiento de la historia vivida y del cercano quehacer de Franco, para defenderle de la persistente línea editorial de El País, que desde su fundación es el referente en España por su constante desprestigio de Franco, unas veces explícito y otras subliminal. Y en aquellos años, otros exministros de Franco podían haberlo defendido y tampoco lo hicieron. Llegó Aznar al gobierno y no corrigió los fallos de González, ni en su época la intelectualidad de derechas frenó la progresía creciente. Decir Zapatero, es tocar madera. Con él, el declive moral de la sociedad apretó el acelerador. Las mujer dueña de su cuerpo tiene el derecho para abortar, la homosexualidad se potenció desde el Gobierno y lo que antes se consideraba “perversión de menores” ahora se promueve, se legaliza el “homomonio”, etc. Quiso exhumar a Franco. ¿Dónde estaba la intelectualidad de derechas para evitar la gangrena progre y para defender la memoria de Franco? En estas estábamos cuando parió la abuela. Vino Rajoy. Dicen que estaba muy ocupado en arreglar la crisis económica, que había llegado con Zapatero, que la negaba y decía que ya se “veían brotes verdes”, por lo que no tenía tiempo para lo de las leyes LGTBI y otros patinazos del progre Zapatero. Y así hemos llegado a una sociedad muy progre y muy “prodrida”, con más fallecimientos que nacimientos, con 94.123 abortos en 2017  y con 102.342 casos de separaciones (divorcios 97.960) en el 2018. La crisis de autoridad de los profesores de primaria y de secundaria, y la abaja calidad escolar, y el crecimiento de las casas de apuestas y las de juego (ayer una manifestación de vecinos en un barrio de Córdoba contra la instalación de otra más). Esta es la herencia que nos encontramos con los gobiernos del PSOE y de la aceptación de sus leyes por parte de la AP y del PP. Y con esta herencia, Pedro Sánchez en funciones descalifica la herencia que nos dejó Franco y quiere exhumarlo.

No toda la intelectualidad está ausente. Desde entonces, y antes, destacan entre otros dos historiadores: Ricardo de la Cierva y Luis Suárez que colocan a Franco donde debe estar, como buenos profesionales; labor coronada recientemente por Suárez con su libro “Franco”, muy documentado. También Pio Moa autor de varios libros y conferenciante de éxito sobre la figura de Franco y periodista e investigador valiente, que con su artículo Carta abierta a unos jueces infames en la Gaceta pone a Pedro Sánchez en funciones y al PSOE y a los Jueces del Tribunal Supremo contra las cuerdas. Y por último, para no citar a más, Laureano Benítez Grande-Caballero nos retrata a Sánchez en funciones como  desenterrador en su artículo Un ataúd en cada urna: la Monkloa bien vale una España, en El Diestro. Parece que la intelectualidad se va moviendo y se va vacunando frente al estúpido insulto de “facha” de la izquierda sectaria.

En estos momentos, candentes de fervor exhumatorio de Pedro Sánchez en funciones, hay que reconocer que ha habido un partido político, el Carlismo, que ha condenado en una nota de prensa el atropello jurídico y político del Valle de los Caídos; y un Jefe de partido en el Congreso, Santiago Abascal, que también se ha posicionado contra este atropello. Y ¿qué han hecho los partidos mal llamados de derechas?: Ciudadanos, ni habla del tema. Como tampoco habla del aborto, ni de la eutanasia. No es extraño. Se trata de un partido sencillamente ateo y bien relacionado con el masón Soros. No hace falta decir más. ¿Y el Partido Popular? En el último lustro ha sufrido una llamativa sangría de votantes, porque ha perdido lo que parecía tener de valores cristianos. Estos españoles dejaron de ser su habitual caladero de votos. Aznar y Rajoy se vendieron a los independentistas y Rajoy a las leyes antinaturales y anticristianas de Zapatero, a pesar de tener Rajoy mayoría absoluta. Ahora con el abuso del poder político de Sánchez en funciones, Pablo Casado no muestra talla de estadista; acongojado como sus predecesores y con pánico a que le llamen facha, no ha dado la cara para defender a Franco, tan admirado por la inmensa mayoría de sus votantes. Nos queda VOX, el único partido al que no le da miedo considerarse de derechas.

Por eso los demás partidos le temen, ven que ha surgido un partido diferente, valiente, sin complejos con nuestra tradición y nuestra fe, sin acongojamiento frente a la cultura izquierdista: de ahí que le ataquen los demás partidos; que sus políticos no vienen a la política para practicar el nepotismo, ni para llenarse la cartera con dinero público, ese dinero que “no es de nadie” pero yo me lo quedo; que dice las verdades del barquero, sin pelos en la lengua. Tanto que los discursos de Abascal en el Congreso no han sido retransmitidos por las cadenas de televisión de este país, con su madura democracia.

Buena señal. Los españoles hemos visto que en este partido está nuestra esperanza.

Este artículo fue publicado por primera vez en el Diestro

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Antonio Rodríguez Burgos

Antonio Rodríguez Burgos

Nacido en Porcuna (Jaén) en 1934. Dr. en Medicina y catedrático de Microbiología en la Facultad de Biología de la Universidad de Córdoba. Vive en Córdoba. Derecho por la derecha.

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