Opinion

Perros mudos

Desde la muerte de Franco y de forma progresiva ha ido desapareciendo “la Reconciliación”, tan cacareada durante la Transición.

Ya es un hecho la decisión del Tribunal Supremo de permitir al gobierno en funciones del PSOE la exhumación del Valle de los Caídos de los restos fúnebres del Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España, Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Estado durante 40 años. Los más pacíficos, justicieros y prósperos en los últimos cuatro siglos. Ha sido el único jefe militar del mundo que ha vencido al ejército rojo, lo cual no lo han conseguido ni los ejércitos norteamericanos, que fueron derrotados en Vietnam, y fueron plantados en el paralelo 38 de Corea. Dicho este super-resumen biográfico, pasemos al tema del artículo.

Desde el 14 de abril de 1931, fecha de la instauración de la II República, durante la revolución socialista del 34, desde las elecciones de febrero del 36 y durante la guerra civil, los católicos españoles sufrieron el genocidio más grande conocido en su veinte siglos de existencia a manos del PSOE y otros partidos izquierdistas (fueron asesinados más de una docena de obispos y miles de sacerdotes, monjas y civiles, solo por ser católicos y sin defensa jurídica alguna).  Fue Franco quien puso remedio al caos y al desorden político y social republicano, mediante un levantamiento militar que contó con el apoyo y concurso mayoritario de la población civil. Ganó la guerra e instauró un periodo de paz, de la que todavía disfrutamos. Sacó a España de su miseria decimonónica, originó una clase media y realizó conquistas sociales de larga enumeración.

Desde la muerte de Franco y de forma progresiva ha ido desapareciendo “la Reconciliación”, tan cacareada durante la Transición, y simultáneamente han ido desprestigiando el periodo que gobernó Franco con la permanente actuación del periódico relativista El País y los medios izquierdistas. Reconciliación mentirosa en su mismo nacimiento, porque a la vez se practicó, y se consolidó, una Ruptura con el régimen que había facilitado la Transición, régimen que recibió su última puñalada con el PSOE de Zapatero y ahora de Sánchez.

Desde el campo político, no ha habido contraofensiva desde el partido popular (PP), que la gente considera de derechas y que la izquierda llama “franquista”, pero que se ha abstenido cobardemente cuando se votó la exhumación de Franco (como ya expusimos en “Responsables, los que callan” en El Diestro, 6-10-19). Hace lustros que ya no defiende los valores cristianos.

Los clérigos, desde el 36 en la zona nacional y desde el 39 en toda España, recobraron la libertad para ejercer sus funciones pastorales y recibieron ayuda del Estado para reconstruir iglesias, y las relaciones con el Vaticano se normalizaron y se firmó el Concordato en 1953.  Franco vivió, gobernó y murió como católico ejemplar; su testamento es una pieza literaria y religiosa de inestimable valor. En una ocasión alguien cualificado del Vaticano le llamó Moderator Hispaniae y durante el pontificado de Pio XII, se reconoció en la conducta del Caudillo los especialísimos servicios que hizo a la Iglesia, que fueron tales como para hacerle miembro de la “Suprema Orden Ecuestre de la Milicia de Nuestro Señor Jesucristo (o Suprema Orden de Cristo)” la más elevada distinción pontificia. Los clérigos españoles solo tuvieron palabras de gratitud y de alabanza por su gestión hacia la Iglesia y por su buen gobierno de la sociedad hasta 1975.

Durante la guerra los clérigos demostraron su fe inquebrantable, sin ninguna apostasía, y su valentía como ciudadanos españoles, muriendo en las chekas montadas por el PSOE en Madrid, o en cualquier punto de la Zona roja a manos de la izquierda asesina y antidemocrática, antes y durante la guerra civil.

Desde el campo eclesial, tampoco ha habido ninguna contraofensiva firme contra la tarea de descristianización de la sociedad española ni contra el deterioro de la figura de Franco. Desde la Transición los clérigos abdicaron de aquella fe y valentía de antaño. Se desentendieron de defender, desde el ámbito social y cultural –que no meterse en política-, la verdad histórica de Franco, de su gobernación y de su acción bienhechora para la Iglesia y para el pueblo español. Ante los ataques explícitos de la izquierda y de la masonería -expresados por algunos partidos políticos y medios-, respondió con el silencio. Y esto, de manera semejante (mutatis mutandis) se puede aplicar al Vaticano. Y aquí vienen a cuento dos refranes castizos: “hay que estar a las duras y a las maduras” y “es de bien nacidos ser agradecidos”.

Por lo dicho, yo acuso la conducta cobarde, innoble y desleal de estos clérigos ante el despropósito de su exhumación. El ser sacerdote, no les priva de ser ciudadano y español. Defender un personaje en base a su historia objetiva, sus ideas y su conducta privada y pública, no es meterse ni hacer política. Y esto, mutatis mutandis, es aplicable a los clérigos del Vaticano, por cuanto Franco fue un miembro ejemplar de la universal Iglesia católica. Perros mudos.

Antonio Rodríguez Burgos

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Antonio Rodríguez Burgos

Antonio Rodríguez Burgos

Nacido en Porcuna (Jaén) en 1934. Dr. en Medicina y catedrático de Microbiología en la Facultad de Biología de la Universidad de Córdoba. Vive en Córdoba. Derecho por la derecha.

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