Opinion

El ucase sanchista contra Franco

Y ¿cómo se ha llegado a esta desastrosa situación? Por la infección que en todos los órdenes ha supuesto las ideas del liberalismo y del modernismo

“Ni todos los conventos de Madrid valen la vida de un republicano“ ( Manuel Azaña)


Esta es una de las famosas frases que contra la Iglesia lanzó quien fuera presidente de esa República tan admirada por las izquierdas, más admirada cuanto más laicista y radical es el admirador. Es el caso del actual presidente de gobierno al que es sabido le molesta la tumba de Francisco Franco por haber sido azote del comunismo, restaurador de la España destrozada y expoliada por ellos y defensor del catolicismo, sepultado en el lugar que el entonces rey, Juan Carlos I ordenó: una basílica, no un mausoleo como más de un ignorante ha dicho, en el que el difunto jamás dijo que quería ser enterrado.

Y, naturalmente, para infringir la disposición real, (cuya Casa –ni el rey emérito, autor de dicha orden de inhumación, ni su sucesor− han manifestado nada al respecto) la nueva disposición, el mandato actual debía de ser suficientemente contundente. Nada mejor que un ucase y como si de un zar se tratara, lanza el decreto que, como dice la RAE es una orden gubernativa injusta y tiránica, un mandato arbitrario y tajante y hasta cobarde, por cuanto tratan de vengarse en unos pobres restos, (inhumados hace 44 años), de aquél al que no pudieron vencer en vida. Y como su venganza no se ve satisfecha, aumentan el dolor de la familia no permitiendo volver a inhumarle donde tienen sepultura, tiene que ser donde lo diga el Gobierno (como si lo dijera un Kim Jong-un), no quieren concederle los honores que  corresponden a su dignidad como ex Presidente del Gobierno de la Nación según dispuso el gobierno de Zapatero en Real Decreto 684/2010, de 20 de mayo, por el que se aprobó el Reglamento de Honores Militares y hasta quiere impedir a la familia cubrir el féretro de Franco con la bandera de España con la que fue inhumado en su día.

Por ello, y ante la inseguridad jurídica con que la familia considera que se está tratando la cuestión por parte del Gobierno, el letrado Utrera-Molina ha registrado en el Supremo un nuevo escrito, en fase de ejecución de sentencia, para solicitar su tutela judicial efectiva en el tratamiento y traslado de los restos de Franco y que se inicie «la tramitación del título funerario» del nicho habilitado por el Ministerio de Presidencia «en el lugar de inhumación decidido por éste», a favor de la familia[1], que se le rinda a los citados restos» los honores militares que «corresponden a su dignidad como ex Presidente del Gobierno de la Nación», que el féretro sea cubierto con la bandera nacional y portado a hombros por sus familiares durante el traslado e inhumación de sus restos en su salida y entrada a los lugares de culto previstos. Para evitar conceder este derecho vuelve a refugiarse en el ucase y decide que sean trasladados en helicóptero. De este modo, ni bandera, ni respeto de sus descendientes de portarlo a hombros….y lo comparamos con, por ejemplo, el entierro de Tierno Galván, paseado su féretro en un primer tramo hasta la glorieta de La Cibeles en carroza fúnebre imperial, lo que, organizado por un gobierno socialista, no deja de tener su gracia por la contradicción ideológica que desvela. Fue acompañado por un gentío multitudinario; aquí no importó la obstrucción que al tráfico supuso, quizá porque entre los organizadores había muchos mandiles ocultos. ¿No será ésta la “razón” que subyace bajo el ucase?

Desde el respeto a «la libertad religiosa» la familia pide se permita la celebración de los oficios religiosos solicitados en los actos de exhumación e inhumación de los restos mortales de Franco, como corresponde a uno de los más preclaros católicos: Francisco Franco, cristiano ejemplar y Caballero de la Suprema Orden de Cristo, salvador y restaurador de España y de la Iglesia Española. Todos esperaban que el clero en pleno, con la Conferencia Episcopal al frente, salieran a defender a aquel que cortó el genocidio estalinista que se estaba produciendo en España cuando las izquierdas se dedicaban a perseguir por los montes hasta cazar a curas y frailes que trataban de salvar su vida huyendo como podían. O directamente los sacaban de su iglesia y de su casa para asesinarlos en cunetas y cementerios en el mejor de los casos, porque algunos eran tirados desde los puentes a los ríos o de la escollera al mar. Y por si alguien piensa que lo del ucase es una exageración, vean como han vuelto a utilizarlo cerrando la Basílica custodiada por la guardia civil, sin poder ejercer los benedictinos las funciones que le son propias ni acceder los fieles a Eucaristías u otros oficios litúrgicos; todo ello sin nada escrito, solo con el más puro ordeno y mando dictatorial. ¿Y la Conferencia Episcopal, el Cardenal de Madrid, el Cardenal Primado de España, han salido a defender a los benedictinos secuestrados en su propio monasterio? En absoluto. Sólo el P. Santiago Cantera, Prior de la Basílica y algún otro, ha denunciado la barbaridad que supone no respetar una tumba en lugar sagrado. Son congruentes con su espeso silencio ante el aborto, la pederastia, la ideología de género y la corrupción de todo tipo imperante entre su grey: ninguno ha sufrido por ello ni el más mínimo arresto o multa.

“La tibieza, siendo triste, es menos dañina y villana que la cobardía” dice Juan Manuel de Prada y recuerda un pasaje de la Divina Comedia: “Antes de adentrarse en los nueve círculos infernales, Dante se detiene en una antesala, para describirnos a quienes allí se encuentran, «gentes que vivieron sin gloria ni infamia» entre las que se cuentan los ángeles que no se rebelaron contra Dios, pero no por lealtad, sino para evitar las consecuencias de tomar partido. El cielo rechaza a los tibios porque no hicieron nada bueno; y el infierno no los admite porque no hicieron nada malo. Y junto a los tibios se hallan también, acosados por una muchedumbre de avispas, los cobardes, entre quienes Dante no tiene rebozo alguno en situar a un Papa que renunció a la tiara. Y puesto que el Dante tuvo el valor de situar a ángeles y Papas en la antesala del infierno, viviendo eternamente sin gloria ni infamia, no creo que pase nada porque nosotros hagamos lo mismo con nuestros obispos”[2]. Exactamente.

Pero siendo grave que un estado que se dice de derecho y democrático actúe con tan gran abuso de poder, el tema no acaba con la profanación-exhumación del general Franco. Es muy importante saber que Franco, hasta desde la tumba está defendiendo la Iglesia. En cuanto consigan sacarlo, lograrán su propósito mayor. Quieren (dudo si per se, o inducidos por aquellos hermanos) acabar con la Basílica, el Monasterio, los benedictinos que han defendido (como era previsible) el derecho de los muertos a descansar en paz y, sobre todo lograrán su máximo empeño, derribar lo que más les molesta, la Cruz. No es opinión personal, lo han reconocido muchos y alguno hasta jaleaba y se alegraba viéndola ya caída. Ese es su verdadero objetivo.

Esa Cruz que estos iconoclastas talibanes[3] quieren destruir junto con la Basílica motivó a Juan XXIII cuando la visitó, la Carta apostólica Salutiferae Crucis «con la que se eleva al honor y dignidad de basílica menor la Iglesia de Santa Cruz del Valle de los Caídos» y que por su interés reproducimos:

“Yérguese airoso en una de las cumbres de la sierra de Guadarrama, no lejos de la Villa de Madrid, el signo de la Cruz Redentora, como hito hacia el cielo, meta preclarísima del caminar de la vida terrena, y a la vez extiende sus brazos piadosos a modo de alas protectoras, bajo las cuales los muertos gozan el eterno descanso. Este monte sobre el que se eleva el signo de la Redención humana ha sido excavado en inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los Caídos en la guerra civil de España, y allí, acabados los padecimientos, terminados los trabajos y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la nación española. Esta obra, única y monumental, cuyo nombre es Santa Cruz del Valle de los Caídos, la ha hecho construir Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España, agregándola una Abadía de monjes benedictinos de la Congregación de Solesmes, quienes diariamente celebran los Santos Misterios y aplacan al Señor con sus preces litúrgicas.

Es un monumento que llena de no pequeña admiración a los visitantes: acoge en primer lugar a los que a él se acercan un gran pórtico, capaz para concentraciones numerosas; en el frontis ya del templo subterráneo se admira la imagen de la Virgen de los Dolores que abraza en su seno el cuerpo exánime de su Divino Hijo, obra en que nos ha dejado el artista una muestra de arte maravilloso. A través del vestíbulo y de un segundo atrio, y franqueando altísimas verjas forjadas con suma elegancia, se llega al sagrado recinto, adornado con preciosos tapices historiados; se muestra en él patente la piedad de los españoles hacia la Santísima Virgen en seis grandes relieves de elegante escultura, que presiden otras tantas capillas. En el centro del crucero está colocado el Altar Mayor, cuya mesa, de un solo bloque de granito pulimentado, de magnitud asombrosa, está sostenida por una base decorada con bellas imágenes y símbolos. Sobre este altar, y en su vértice, se eleva, en la cumbre de la montaña, la altísima Cruz de que hemos hecho mención. Ni se debe pasar por alto el riquísimo mosaico en que aparecen Cristo en su majestad, la piadosísima Madre de Dios, los apóstoles de España Santiago y San Pablo y otros bienaventurados y héroes que hacen brillar con luz de paraíso la cúpula de este inmenso hipogeo.

Es, pues, este templo, por el orden de su estructura, por el culto que en él se desarrolla y por sus obras de arte, insigne entre los mejores, y lo que es más de apreciar, noble sobre todo por la piedad que inspira y célebre por la concurrencia de los fieles. Por estos motivos, hemos oído con agrado las preces que nuestro amado hijo, el Abad de Santa Cruz del Valle de los Caídos, nos ha dirigido, rogándonos humildemente que distingamos este tan prestigioso templo con el nombre y los derechos de Basílica Menor. En consecuencia, consultada la Sagrada Congregación de Ritos, con pleno conocimiento y con madura deliberación y con la plenitud de nuestra potestad apostólica, en virtud de estas Letras y a perpetuidad, elevamos al honor y dignidad de Basílica Menor la iglesia llamada de Santa Cruz del Valle de los Caídos, sita dentro de los límites de la diócesis de Madrid, añadiéndola todos los derechos y privilegios que competen a los templos condecorados con el mismo nombre. Sin que pueda obstar nada en contra. Esto mandamos, determinamos, decretando que las presentes Letras sean y permanezcan siempre firmes, válidas y eficaces y que consigan y obtengan sus plenos e íntegros efectos y las acaten en su plenitud aquellos a quienes se refieran actualmente y puedan referirse en el futuro; así se han de interpretar y definir; y queda nulo y sin efecto desde ahora cuanto aconteciere atentar contra ellas, a sabiendas o por ignorancia, por quienquiera o en nombre de cualquiera autoridad.

Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día siete del mes de abril del año mil novecientos sesenta, segundo de nuestro Pontificado”[4].

Esto es lo que quieren destruir. No parece importar a aquellos que tienen obligación de protegerlo en toda la amplitud que implica su custodia: la conservación, consolidación, rehabilitación[5]…todo ello encaminado a la perdurabilidad del bien encomendado. No lo está haciendo y se nos ocurre dos opciones para esta dejación: una, que por la devastación que produce el abandono al que está sometida terminen prohibiendo asistir a los oficios religiosos “en bien del público para que no sufran un percance” y dos, que considero la más cierta por la prisa que tienen en celebrar su triunfo, propondrán desafectar el bien para luego venderlo, ¿a un “puticlub” de carretera? Todo es posible visto el odio con que tratan todo este tema y porque conseguir esta vuelta a Mendizábal lo valorarán como un gran triunfo, en primer lugar, para los “logreros” porque les permitirá promocionar sobre sus hermanos y también para la propia secta que, aún con retraso, podrá celebrar su tercer centenario a mayor gloria de su G.A.D.U. Para culminar este segundo paso, el gobierno debe recurrir a la autorización en las Cortes, pero eso, si no cambia la composición de la Cámara en las próximas elecciones, no nos suscita grandes esperanzas en que la Basílica pueda permanecer.

Y ¿cómo se ha llegado a esta desastrosa situación? Por la infección que en todos los órdenes ha supuesto las ideas del liberalismo y del modernismo. No nos sorprende en el ámbito político que ya venían dando motivos para percatarnos de ello, especialmente desde la etapa de Zapatero, pero sí ha resultado una gran decepción la cobarde callada por respuesta que en este asunto ha adoptado la Iglesia posiblemente debido a nuestra ignorancia, puesto que ya a mediados del siglo XIX, el entonces cardenal Newman, hoy ya canonizado, denunciaba que era necesario atacar el cáncer liberal que hoy nos aturde en la Iglesia”. Ese cáncer, que definía “liberalismo religioso” como “la doctrina que afirma que no hay ninguna verdad positiva en religión, que un credo es tan bueno como otro, y esta es la enseñanza que va ganando solidez y fuerza diariamente. Es incongruente con cualquier reconocimiento de cualquier religión como verdadera. Enseña que todas deben ser toleradas, pues todas son materia de opinión. La religión revelada no es (para el liberalismo) una verdad, sino un sentimiento o gusto; no es un hecho objetivo ni milagroso, y está en el derecho de cada individuo hacerle decir tan sólo lo que impresiona a su fantasía. La devoción no está necesariamente fundada en la fe”.

De modo que por la acción dictatorial, totalitaria del gobierno y la dejación de otros, todos bajo la influencia de esas ideas liberal-modernistas que denunciaba Newman, nos están abocando a una situación que nos trae al recuerdo la frase que Azaña, ante un estado similar de abuso de poder y pérdida del derecho natural, atribuyó a Negrín:

“Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos, o quien fuere, pero estos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco“.


[1] La familia no se fía de que el lugar de enterramiento sea propiedad del gobierno, visto la falta de respeto demostrada.

[2] Juan Manuel de Prada: Tibios y cobardes, https://gloria.tv/article/LXmovHe9JZpk1TyKdytcfYMBR

[3] En 2001, después de sobrevivir casi intactas durante 1.500 años, el régimen islámico talibán decidió que las estatuas de los Budas de Bamiyán eran ídolos, y por tanto contrarias al Corán, ordenando así su destrucción. Las colosales estatuas fueron devastadas con dinamita y disparos desde tanques. Durante la demolición, el Ministro de Información talibán, Qudratullah Jamal, bromeó sobre la dificultad que representaba la destrucción de las estatuas:  “Este trabajo de destrucción no es tan fácil como la gente quiere pensar. No se puede bombardear así como así las estatuas, puesto que ambas fueron talladas en un acantilado, están firmemente pegadas a la montaña.”

¿Serán capaces de utilizar los mismos métodos?

[4] (InfoCatólica) Carta apostólica Salutiferae Crucis, publicada el 7 de abril de 1960

[5] Artículo 36.1 de la Ley de Patrimonio Histórico Español

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Valentina Orte

Licenciada en Geografía e Historia, fue profesora hasta su jubilación.

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