Análisis

De las libertades en España

España en estos momentos es una democracia formal, pero muy muy corrompida, desde el gobierno a los jueces y funcionarios como hemos podido constatar recientemente con dos famosas e incomprensibles sentencias.

“A mi madre y a mi hermana, rehenes de Stalin en cualquier lugar —hace ocho años que no sé de ellas—del inmenso campo de concentración que es la Unión Soviética.”

(Hernández Tomás, Jesús (fundador del PCE y Ministro de Instrucción Pública de la República Española durante la Guerra Civil (1936-1939)


Las izquierdas españolas repiten cual mantra que en el franquismo “no había libertad”, porque “era una dictadura”, dicho lo cual, exige prestar atención al concepto libertad que todos utilizan: ETA,  el PP, los separatistas, el PSOE, Podemos, C´s, los nazis, los comunistas… todos son partidarios de la libertad y la democracia, aunque es obvio que cada cual lo entiende a su manera. Quienes con más furia han atacado a aquel régimen por no permitir “la libertad” han sido, lógicamente los comunistas lo que no deja de ser chocante que lo haga aquella ideología que cuenta con mayor cantidad de campos de concentración, checas, gulag y asesinatos en masa allá donde se han introducido.  El argumento lo han adoptado también muchos liberales, los separatistas, los centristas, muchos católicos políticos; y todos ellos, con más o menos ímpetu se declaran antifranquistas por esa razón. Es casi lo único que los une, junto con una hispanofobia difusa o abierta, como casi lo único que unía al Frente Popular era el odio a la Iglesia y el desprecio a España que les lleva a denigrar todo lo que no les sea propio, afirma Pío Moa.

Y el dolor por esta acusada falta de libertad que padecemos, ha llevado al P. Jorge González Guadalix a escribir en su blog de Infocatólica un magnífico artículo expresando su sentir al respecto. Dice el P. Jorge:

“Quiero ser teólogo de la liberación en España y denunciar no solo la pobreza, que haberla hayla, sino sobre todo la opresión política, la falta de libertades, la chulería gubernamental y las aguantaderas de los pobres ciudadanos.

DENUNCIO:

– Que esté mal visto y próximamente sea delito cantar, por ejemplo, el Cara al sol, mientras que uno libremente pueda cantar la Internacional, a pesar de que el  comunismo haya dejado más de cien millones de muertos en el siglo XX.

– Que es incomprensible que la ley de memoria histórica (o histérica) mire con lupa todo lo que supuestamente huela o aluda, por mínimamente que sea, a Franco y el franquismo, mientras seguimos viendo calles, homenajes y estatuas a Largo Caballero, Carrillo o la Pasionaria.

– Que una bandera bicolor, la de España desde Carlos III, con el escudo de los reyes católicos, el mismo que encabeza nuestra constitución, sea ofensiva mientras se puede pasear tranquilamente con la republicana. (Últimamente, hemos visto en Cataluña ondear banderas anarquistas con toda tranquilidad)

– Que se coloque en el balcón de la Generalidad de Cataluña una pancarta pidiendo libertad de expresión a la vez que se multa a la tienda de enfrente por rotular su comercio en español. 

– Que nuestros políticos se vuelquen con los musulmanes en ramadán mientras no tienen ni siquiera un saludo para los católicos en Navidad, cuaresma o semana santa.

– Que ser hombre heterosexual te convierta en especialmente sospechoso ante determinados delitos. 

Que se nos persiga en todos los medios de comunicación a los católicos por exponer la doctrina de la Iglesia en determinados temas, mientras que el Islam goza de todos los respetos.

– Que constantemente se nos amenace a los católicos con revisar acuerdos iglesia-estado y retirar cualquier tipo de beneficio fiscal, como por otra parte tienen partidos políticos, sindicatos y organizaciones, mientras se reparten subvenciones a todo bicho viviente y por las cosas más incomprensibles. 

– Que los medios de comunicación hablen siempre de partidos de derecha y extrema derecha, y luego partidos de izquierda, pero nunca de extrema izquierda. 

Esto para ir abriendo boca. 

Mucha gente ya lo está diciendo: mucha democracia, mucha gaita, pero menos libertades que hace años. Hay que hacer algo: viva la teología de la liberación en la España de hoy.”

El historiador británico Antony Beevor, sin duda el más prestigioso estudioso de los grandes conflictos políticos y militares del siglo XX, describe en su conocida obra ‘La Guerra Civil española’ cómo el Frente Popular fue quien nos llevó a la guerra incumpliendo desde el fraude electoral de febrero del 36 la Constitución y la ley para aplastar a la media España que no pensaba como ellos. Y se hace al final la que denomina pregunta clave: “¿Qué habría salido de una victoria republicana? Cualquiera que hubiera sido el Gobierno en el poder, los años de la posguerra habrían sido tiempos de penalidades, pero con un Gobierno autoritario de izquierdas, quizás abiertamente comunista, España hubiera quedado reducida a un estado similar al de la repúblicas populares centroeuropeas o balcánicas hasta después de 1989”. Es decir, sin ninguna libertad.

Las democracias extranjeras tras la II Guerra Mundial al aliarse con los gobiernos comunistas y dictaduras varias para aislar a España intentaban castigar a un país que no había intervenido en aquella conflagración y que era el único que, había vencido al comunismo, derrotó el aislamiento ingresando en la ONU en 1955, hasta con el voto de Moscú. A la popularidad de Franco contribuyó mucho su abstención en la II Guerra Mundial, que ahorró al país ríos de sangre. La neutralidad hispana en las dos guerras gigantes del siglo XX son seguramente los mejores logros en la política internacional española desde el 98, al tiempo que revela la especial posición de España en Europa que le permite recobrar cierto peso en el mundo. Su victoria debía haberla agradecido toda Europa, pues la libró de verse entre un régimen comunista en el este y otro en el oeste. Después, en la guerra mundial, su neutralidad, buscada con ansiedad por Londres, benefició mucho más a los anglosajones que a los alemanes y salvó a una parte del continente de las atrocidades perpetradas por todos los bandos: nazis, soviéticos….Franco previó la quiebra entre la alianza USA y Stalin (la guerra fría), en la que España sirvió de retaguardia sólida frente al expansionismo soviético. Rompiendo la neutralidad anterior, suscribió pactos y cedió bases a USA como mayor potencia anticomunista. Su tenaz política independiente con Hispanoamérica y países árabes le permitió doblegar el aislamiento, fomentar una línea de hispanidad, rechazar peticiones useñas de ayuda en Vietnam o derrotar en la ONU, sobre Gibraltar, a una Inglaterra apoyada por los países  eurooccidentales.

El franquismo intentó asentar un sistema de nuevo tipo, ni fascista ni demoliberal, apoyado básicamente en la doctrina de la Iglesia con algunos ingredientes sociales de corte falangista. Este proyecto naufragó con el Concilio Vaticano II de los años 60, que no solo divorció a la iglesia del régimen negando la confesionalidad, sino que lo hostigó y dio apoyo a comunistas, separatistas, terroristas de la ETA… El franquismo quedó sin su principal raíz ideológica ni otro futuro que una evolución hacia una democracia liberal, que preparaban varios de sus dirigentes y ocurriría tras la muerte de Franco.

España en estos momentos es una democracia formal, pero muy muy corrompida, desde el gobierno a los jueces y funcionarios como hemos podido constatar recientemente con dos famosas e incomprensibles sentencias. Hay unas libertades determinadas, pero es un sistema falso y deformado.
Parafraseando a Orwell, todos somos libres, pero unos son más libres que otros. La izquierda no respeta la libertad de los que no son sus adeptos, y avanza sistemáticamente para imponer una agenda liberticida y corrupta para someter a todos los que no piensan como ellos. Por otra parte es lo que ha hecho siempre. La izquierda es democrática solo formalmente. No acepta interiormente la alternancia en el poder, un elemento esencial en democracia. Para la izquierda la ley es una herramienta para cumplir sus fines, como sea, no un marco que hay respetar, empezando por el gobierno: (“… la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”. (Largo Caballero en Linares en un mitin el 20 de enero de 1936)

En 2019 el régimen que abrió la muy aplaudida y denominada Transición está acabado. De hecho, el país lleva siendo ingobernable desde hace años. Vamos a otra cosa y ello no pasa ni por reconciliaciones, ni consensos, ni diálogos. Cada parte en liza habrá de exponer sus posiciones éticas y políticas de un modo claro y frontal. Será necesario observar con atención cuál será la postura y actitud que en ese nuevo contexto político adopte la jerarquía eclesial. Hasta ahora, se ha hallado cómoda en la adaptación a las exigencias de los vientos democráticos que trajo la Constitución del 78. Pero las «amabilidades» de aquella época (con qué elegancia tragaron con el divorcio, el aborto, el gaymonio, o ahora la «lógica» profanación de la tumba de Franco y la destrucción del Valle, su basílica y de la comunidad benedictina, ya inminente) acabaron. Se vuelve abiertamente al lenguaje de bloques, a los «nuestros» y a «ellos». El temor es que repitan los asesinatos que “ellos” hicieron a los “nuestros”, la mayor de las veces por ser católicos.

Con Franco había libertad de viajar, de emprender, había una ley de sociedades anónimas que funcionaba, la justicia estaba mucho menos corrompida que hoy en día. Es cierto que no había libertades políticas y no se podía criticar al gobierno. Pero se admitía porque no era una democracia. Ahora se supone que estamos en una democracia y la corrupción es tan galopante que el gobierno se permite eliminar dos derechos básicos humanos como son la libertad y la propiedad. Ahora prohíben rezar, poner flores en la tumba de Francisco Franco ni oficiar misas por su alma…. Al negar a los familiares de Franco enterrarlo en un nicho de su propiedad, este gobierno, con unos jueces y funcionarios dependientes del mismo, está destrozando la democracia de facto. Actúan como sátrapas comunistas ante cuyo omnímodo poder el individuo no afecto, se encuentra desamparado. Formalmente somos una democracia, en realidad no. Antes formalmente éramos una dictadura, pero en la realidad no. Al final resulta que se parecen mucho.

No es una nostalgia del franquismo sino una constatación de lo que hay, y lo que hay es un montón de gente bienpensante que no te quita el ojo de encima por una razón o por otra, sobre todo si sospechan que no eres políticamente correcta. Por ejemplo, los aficionados a los toros podían ver las corridas en Barcelona, los cazadores no recibían insultos por las redes sociales, los borrachos se emborrachaban, los fumadores fumaban y a los gordos nadie les presionaba por ser costosos para la SS. Ahora lo único que recibe conmiseración por parte de la sociedad es la droga y el SIDA, sobre eso ¡chitón! lo demás es un cazadero de patos llenos de culpables señalados con el dedo tieso. Y cuando la maldición sobre la carne prospere se sumaran a ellos los comedores clandestinos de chuletas. Francamente votar cada cuatro años no compensa, asegura quien firma Palas Atenea, la cual, con cierta ironía, añadía que:

“Antes no había que eutanasiar a la gente que ya se moría de su muerte, que decía Bernal Díaz del Castillo, pero ahora empieza a ser necesario. Una de cal y otra de arena: que permanezcan sanos pero que aprendan a morirse cuando les toca que no nos podemos hacer cargo de las pensiones y para eso nos inventamos conceptos como muerte digna y vida digna: «para la mierda de vida que usted lleva ¿no ha pensado la otra opción?» A Franco la opción misericordiosa no se le ocurrió y ayudar a morir a la gente tampoco. La vida, la muerte, la familia…eran conceptos en los que el estado no entraba y ahora los manipula el estado. Ya veremos cuando pretendan darle matarile a un homosexual y no le sirva su alto estatus la gracia que le va a hacer si es un superviviente nato. Porque existen los supervivientes natos que se agarran a la vida con las dos manos y las recomendaciones médicas de que se lo vaya pensando a esas personas no les gustan, cierto que los nihilistas están avanzando pero los que no lo son protestarán como becerros pero, si no tienen familia, son facilísimos de eliminar. Hoy en día el estado se está tomando unas competencias de estado totalitario.

Para hablar de libertad lo primero será distinguir entre libertad personal y libertad política.  Cuando  Solzhenitsyn vino a España[1] constató la gran libertad personal de la gente: podían viajar dentro y fuera del país, leer los periódicos extranjeros y libros de todo tipo traducidos, podían hacer huelga sin graves consecuencias, etc., y quedó tan impresionado que declaró: «Si gozásemos en la URSS de vuestras libertades quedaríamos boquiabiertos» y se sorprendió de que la izquierda española colocara a la dictadura de Franco en el mismo lugar que el régimen de terror que se vivía en la URSS. Pero claro, esas declaraciones del autor de «Archipiélago Gulag» en TVE ya, tan poco políticamente correctas, indignaron gravemente a ciertos sectores de la izquierda. El escritor Juan Benet afirmó en «Cuadernos para el diálogo»: «Creo firmemente que mientras existan personas como Solzhenitsyn, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir».

Cabría añadir otras cosas: Había menos delincuencia y menos gente en la cárcel que en los demás países euro occidentales, más seguridad en las calles, en particular para las mujeres, facilidad para cambiar de trabajo con una economía de práctico pleno empleo, o de buscarlo fuera, o para  comprar o vender propiedades, o para crear empresas… Y así  con otros muchos índices de libertad. Esto es lo que suele llamarse libertad personal, y en ella la España franquista no tenía nada que envidiar a la Europa más rica, más bien al contrario en varios aspectos. Y era así desde el mismo final de la guerra. Julián Marías, nada profranquista, lo ha explicado bien. Y el ex stalinista polaco Kolakowski constataba que un régimen  totalitario no podía vivir con las fronteras abiertas, y el franquismo siempre las había mantenido así. La única excepción fue cuando Francia, que no España, cerró la de los Pirineos por un tiempo.

Durante muchos años nos han vendido que la URSS era el paraíso de los trabajadores, cuando los estaban masacrando y explotando y todos querían salir de allí, hasta el punto de morir intentando atravesar el muro de Berlin. La gente debería leer el libro de Jesús Hernández Tomás[2]:”Yo fui un ministro de Stalin” para saber cómo era en realidad el paraíso soviético.

Franco duro lo que duró, porque no había oposición. La mayoría de la gente le apoyaba. Conocían el régimen asesino, liberticida y ladrón de la II República, ese que defienden los que lo presentan como una democracia, pero una democracia igual que la que Errejón dice haber en Venezuela, y la gente, que sabía la verdad, no lo quería. Solo cuatro exaltados. Para que haya una democracia tiene que haber estabilidad, una economía que funcione, y un país con paz social y porque España las tuvo, llegó a colocarse como la octava potencia mundial antes de la crisis. Ahora se sitúa en el decimocuarto puesto, esta es la diferencia, con un balance a favor de Franco, mal que pese a algunos.

Sí es cierto que faltaba libertad política para los partidos vencidos en la guerra, que casualmente eran los que habían llevado al país a la máxima confrontación, impidiendo la convivencia en paz y en libertad.

Ahora bien, ¿hasta qué punto carecían de libertad los partidos derrotados? En los años 40 fueron sin duda drásticamente reprimidos. Era una época de enormes riesgos para España (guerra mundial, aislamiento, maquis, hambre provocada…) y no podía ser de otra forma. Pero obsérvese que al terminar la guerra mundial existieron las mejores condiciones para que los vencedores de Alemania nos impusiesen la “libertad” a base de bombardeos y tanques, lo que debiera haber motivado una rebelión de los “oprimidos” españoles contra el régimen.  Pero nada de esto ocurrió, y el maquis quedó aislado y fue vencido.

Y pasados aquellos peligrosos años, los vencidos volvieron a disfrutar de cierta libertad de expresión, creciente, y de influencia más o menos consentida en medios universitarios,  obreros y otros. En los años 60 y 70 aumentaron mucho la expresión y organización de esas fuerzas, generalmente girando en torno a organizaciones abiertas o semiclandestinas  comunistas y eclesiásticas,  aunque nunca llegaron a poner al régimen en aprietos. Así, el editor del Grupo 16, Juan Tomás de Salas, podía jactarse de su liberalismo y al mismo tiempo decir que la prensa de ese género “que era la de más credibilidad y lectores”, tenía a la ETA “por uno de los nuestros” (y lo era).O tener la revista comunistoide Triunfo una fuerte difusión en ámbitos universitarios.  O prensa eclesial-progresista  como Cuadernos para el Diálogo podía criticar a la URSS por haber dejado salir del GULAG a Solzhenitsyn, en medio de una amplia campaña de denigración en la prensa contra dicho premio Nobel. Por poner algunos ejemplos bastante significativos.

La base de la crítica al régimen por su falta de libertad era que entonces “no se podía votar”. Es cierto –salvo en referendos por lo demás muy indicativos–,  y diversos observadores extranjeros se asombraban de que el pueblo, en general, se tomase con tanta calma o indiferencia esa  “grave mutilación” de sus libertades. Pero la cosa tiene su explicación. Por una parte, la gente recordaba todavía la república, con posibilidad de votar a partidos que eran poco mejores que mafias, al paso que veía cómo la oposición al régimen era básicamente comunista o comunistoide, mientras su libertad personal permanecía y sus condiciones materiales de vida mejoraban cada año.  Votar a este o el otro partido, de los que desconfiaban por la experiencia republicana, no parecía demasiado importante a casi nadie.

Y algo más: los logros mencionados en la entrada anterior, en particular la resistencia del régimen a las presiones, amenazas y chantajes de fuerzas exteriores tan tremendas,  solo pudieron ser posibles por el apoyo, abierto o implícito, de una gran mayoría del pueblo, como pudo comprobar el maquis. Un apoyo que, por lo arriba señalado, no fue forzado por el terror, sino por la experiencia histórica que volvía indeseable para la gran mayoría la vuelta a algo parecido a la república. Es importante señalar que se disfrutaba de una salud social superior a cualquier otro país europeo, según los índices de delincuencia, la población penal, suicidios, drogadicción, fracaso familiar, alcoholismo juvenil, etc.

Libertad. Los españoles disponíamos de libertad para lavarnos, beber agua, etc.,  gracias a los pantanos que Franco ordenó construir, de modo que disponíamos de agua a pesar del aumento de la población. Para los gobiernos democráticos la solución ha sido coartar la libertad de uso por medio de una niña alemana que nos recuerda la necesidad de ahorrar agua mientras que, por un puñado de votos, los diferentes gobiernos democráticos han aceptado tirar el agua del Ebro al mar, aunque hay regiones en España que se están desertizando.

Libertad. Tuvimos libertad para, solas, salir y entrar de casa sin ningún problema. Hoy no. Hoy en este democrático país pululan los llamados MENAS y otros no tan menores (todos procedentes de los “Refugees Welcome” de Carmena) que te atacan como fieras salvajes, te roban y te dejan tirada medio muerta, aún a las 7 de la tarde; los mismos que si se les llega a detener, la justicia permite que entren por una puerta y se les saque por otra, de modo que no tardan en volver a delinquir. En serio, ¿de verdad tenemos libertad?

Mucha democracia, mucha gaita, pero menos libertades que hace años. Hay que hacer algo, pide el P. González Guadalix con el que estamos de acuerdo. Por ello decimos con él:

¡Viva la teología de la liberación en la España de hoy.”!

[1] Entrevista del 20 de marzo de 1976, invitado por José María Íñigo para «Directísimo» en TVE. Según contó el mítico presentador, el escritor ruso no cobró un céntimo por su intervención, únicamente pidió ir a una corrida de toros. https://www.abc.es/historia/abci-solzhenitsyn-sobre-franquismo-si-gozasemos-urss-vuestras-libertades-quedariamos-boquiabiertos-201812110328_noticia.html

[2] Jesús Hernández Tomás (1907-1971), fue fundador del PCE y Ministro de Instrucción Pública de la República Española durante la Guerra Civil (1936-1939).  Posteriormente fue expulsado del PCE y adherido a la tendencia proyugoslava.

 

Reciba gratuitamente nuestras noticias en su correo electrónico

RecibA en Su e-mail todas las novedades
Ha podido leer este artículo gracias al esfuerzo de quiénes hacen posible TradicionViva, un espacio de análisis y debate lejos de los dogmas de la corrección política, que se sostiene gracias a la generosidad de sus lectores. Si quiere ayudarnos puede hacer un donativo en la Cuenta 0073/0100/52/0498126649 – IBAN ES5100730100520498126649 o realizando una donación pulsando aquí. También puede colaborar remitiéndonos sus colaboraciones, reportajes, artículos de opinión, ilustraciones, reseñas de libros, noticias de tu asociación … a nuestra dirección redaccion@tradicionviva.es.

 

Valentina Orte

Licenciada en Geografía e Historia, fue profesora hasta su jubilación.

Añadir comentarios

Pulse aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descarga gratuita

Boletín mensual

Recibe gratis La Tradición de la Hispanidad

Mantenemos tu datos en privado.

Síguenos

¡SÍGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES Y ENTÉRATE DE TODO LO QUE SUCEDE EN LA HISPANIDAD TRADICIONALISTA!

Facebook

Publicidad