Religion

La catedral de Viena nuevamente profanada con la aprobación del cardenal Schönborn

El cardenal Schönborn, al centro.
Pasan los años y el escándalo se renueva: por tercer año consecutivo, el cardenal Schönborn, arzobispo de Viena, permitió a la asociación Life+, pro-LGBT, utilizar la catedral de San Esteban para celebrar un concierto, el sábado 30 de noviembre.
Sin duda, habrá quienes argumentarán que necesitamos poner las cosas en la perspectiva adecuada. Los fondos recaudados por el concierto se destinarán a la lucha contra el SIDA. El espectáculo fue patrocinado por los Caballeros de Malta de Austria, y el dinero será donado a un hospicio afiliado a la Orden de Malta, dirigido por la Hermandad del Beato Gerardo. El hospicio, ubicado en la región sudafricana de KwaZulu-Natal, atiende a 700 pacientes, en su mayoría mujeres y niños, infectados con el virus del VIH.Sin embargo, el fin no justifica los medios y, en este caso, los medios empleados son abominables y execrables.

El lugar sagrado profanado

La catedral se transformó en una sala de conciertos como si se tratara de un vulgar auditorio. Aquellos que se presentaron sobre el «escenario», por ejemplo, «Conchita Wurst», cantante travesti austriaco, son activistas y simpatizantes del movimiento LGBT, a quienes se les proporcionó una tribuna en una catedral católica; canciones cuyo contenido ya podemos imaginar resonaron bajo estas bóvedas consagradas por la Iglesia para adorar a Dios. El lugar sagrado, escenario de la renovación del Sacrificio de la Cruz, fue terriblemente profanado.

Lo que resulta incomprensible en todo esto, es que Monseñor Schönborn no haya tomado en cuenta lo sucedido en años pasados. En 2018, durante este mismo «concierto de caridad», un actor, acostumbrado a representar personajes homosexuales, se exhibió semidesnudo sobre el altar – entiéndase por altar la «mesa» de la nueva misa -, en medio de actores disfrazados de demonios. ¿Cómo es posible que un sacerdote digno de ese nombre haya vuelto a celebrar la Santa Misa en este lugar sin exigir al menos una ceremonia reparadora?

Con su actitud, el cardenal envía un mensaje claro que se puede traducir como: «Vete, y sigue pecando». Además, lo expresó con sus palabras de bienvenida y aliento: «Dios no quiere que nadie se sienta excluido, quiere que todos se sientan seguros». El cardenal también enfatizó que su intención no es recibir únicamente como «invitados» a los participantes y visitantes del evento de caridad: «Esta catedral es la casa de todos los que estamos aquí presentes».

El escándalo es particularmente grave porque viene de un superior

Con esto queda demostrado, una vez más, cómo la nueva liturgia ha profanado los lugares sagrados, no solo el mobiliario, sino también la piedad católica, el buen juicio y las reacciones de fe entre clérigos y fieles por igual, quienes son incapaces de reaccionar correctamente ante tales espectáculos ignominiosos que trivializan y fomentan los pecados antinaturales.

La negación de las verdades reveladas es ciertamente un pecado terrible, pero los actos a menudo tienen un impacto mucho mayor en la multitud. Así, por ejemplo, la reunión interreligiosa de Asís, en 1986, fue un escándalo mucho más grave que los textos del Concilio Vaticano II que la hicieron posible. Mediante estas repetidas colaboraciones con actos sacrílegos, el cardenal Schönborn ha cometido un escándalo que afecta en primer lugar a las almas confiadas a él, y ​​del cual deberá responder ante Dios.

Al tanto de lo que estaba sucediendo, un grupo de fieles, entre ellos Alexander Tschugguel, quien se dio a conocer mundialmente por haber lanzado los ídolos de la Pachamama al Tíber, se reunió para rezar fuera de la catedral. El concierto también fue denunciado por Monseñor Carlo Maria Viganò en un mensaje hecho público.

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