Análisis Opinion

Rothbard explica la respuesta apropiada al cambio climático

Contaminación
En 1982, Murray Rothbard publicó un extenso artículo que exponía un enfoque de libre mercado y propiedad privada aplicado a los problemas medioambientales.

Este artículo ha sido elaborado por Curtis Williams, siendo publicada su versión original (en inglés) en el Mises Institute

En 1982, Murray Rothbard publicó un extenso artículo titulado Ley, Derechos de Propiedad y Contaminación Atmosférica, que exponía un enfoque de libre mercado y propiedad privada aplicado a los problemas medioambientales.

Discutiendo sobre la contaminación del aire, Rothbard concluyó:

Si A está causando contaminación en la atmósfera de B, y esto puede probarse más allá de una duda razonable, entonces esto es una agresión que ha de ser paralizada y los daños han de pagarse.

Desde su punto de vista, el sistema legal, que no la regulación del gobierno, es responsable de la resolución de problemas medioambientales puesto que:

En la teoría libertaria, solo está permitido proceder coactivamente contra alguien si está demostrado que es un agresor y esa agresión puede demostrarse en el juzgado (o en arbitraje), más allá de una duda razonable. Cualquier estatuto o regulación administrativa, necesariamente, ilegaliza aquellas acciones que no son iniciaciones abiertas de crímenes o torturas.

En realidad, no hay tal cosa como los «problemas medioambientales». Solo hay un conflicto humano sobre el uso de recursos escasos. Por ejemplo, si empiezo vertiendo químicos tóxicos en tu lago, y te opones a ello, no hay en realidad un problema medioambiental. Más bien se trata de una disputa sobre la propiedad del lago. Si poseo un lago, puedo hacer con este lo que me apetezca. Empero, si daño un lago poseído por alguien, he atentado contra su propiedad y he de ser considerado responsable. Esta conclusión tiene implicaciones de largo alcance. En vez de confiar en la regulación del gobierno para conservar de alguna manera un «medio ambiente» vagamente definido, sería mejor para las víctimas de la contaminación que demuestren que han sido afectadas en un tribunal de justicia.



Varias décadas más tarde y el nuevo grito de guerra de los ecologistas es el «cambio climático». Bernie Sanders tendría que hacernos creer que se trata de la mayor amenaza a la seguridad global, e incluso, los políticos moderados proponen políticas que sumirían a una gran proporción mundial en la pobreza. Se esté o no de acuerdo con la subyacente ciencia climática, el análisis de Rothbard es útil en moldear una respuesta a las presuntas causas del cambio climático.

Teóricamente, empleando este sistema legal libertario prescrito, en el que los derechos de propiedad son defendidos, la señora de Fort Lauderdale que es un poco mayor y sufre inundaciones ocasionadas por las mareas podría podría llevar a los tribunales a uno de los mayores bateadores de emisiones de carbón.

Por el interés del ejemplo, metámonos con Chevron -el mayor emisor privado de carbón en el mundo (aunque los gobiernos tienden a ser los peores ofensores). Obviamente, debido a la naturaleza acumulativa del cambio climático, ningún defensor podría ser considerado responsable por el coste total de la reparación del jardín en ruinas de la señora Jones. Pero, si Chevron causó un 3’5% del efecto, entonces ha de responder por un 3’5% de los daños. ¿Caso cerrado? Rothbard escribe:

Para establecer culpa y responsabilidad, la estricta causalidad de la agresión que da lugar al daño debe de superar el rígido test probatorio más allá de una duda razonable.

Una estricta conexión causal tiene que existir entre un agresor y una víctima. Tiene que haber causalidad en el concepto de sentido común de prueba estricta, de la variedad A golpea a B, no mera probabilidad o correlación estadística.

Ahora, escuchamos a menudo que el supuesto consenso del 97% entre los científicos climáticos, ¿no constituiría esto una prueba más allá de una duda razonable? El problema con este consenso es que solo declara que «hay una tendencia de calentamiento global y que los seres humanos son la principal causa. Ni siquiera el más fervoroso científico climático manifestaría seriamente que podríamos culpar -más allá de una duda razonable- por la inundación del jardín de la Sra. Jones que se debería al efecto de Chevron sobre la temperatura global. La mayor parte de la investigación climática se basa en una correlación estadística, que podría ser casi insignificante en un tribunal de justicia.

Esto no significa que las víctimas del cambio climático nunca podrían ser damnificadas. De hecho, las rigurosas pruebas que se requieren en un pleito legal podrían, posiblemente, empujar la ciencia hacia un punto en el que podríamos demostrar la casualidad estricta, no necesariamente hoy o mañana, sino unos años más adelante. El asunto es que la regulación del gobierno no es la única solución viable para luchar contra el calentamiento del planeta; un sistema legal libertario provee los medios para combatir el cambio climático, sin las onerosas extralimitaciones del gobierno, y sin castigar a partes que no están implicadas en las presuntas causas.

Este enfoque puede parecer ineficaz para el ecologista duro de matar, pero más que ser débil en lo concerniente a la contaminación, actualmente somos demasiado severos -siempre y cuando la evidencia justifica esto. Empero, los contaminadores, como todos los delincuentes sospechosos, deben de ser inocentes hasta que se pruebe su culpabilidad. Como señala Rothbard:



Si estamos inseguros, es mejor dar lugar a un agresivo acto de descuido que imponer la coacción y, por lo tanto, cometer agresiones contra nosotros mismos. Un principio fundamental del juramento hipocrático (al menos, no hagas daño) ha de aplicarse también a las agencias legales y judiciales.

Es importante recordar que no hay nada irreconciliable en una creencia en el cambio climático y en los mercados libres. Rothbard, por sí mismo, nos ha provisto un marco general para poder evaluar problemas medioambientales complejos, como esta. Este requisito de prueba más allá de una duda razonable deja espacio para una sana dosis de escepticismo sin negar totalmente la ciencia. El libertarismo no tiene nada que decir sobre el debate científico sobre el cambio climático per se, pero tiene mucho que añadir a cualquier debate acerca de una respuesta gubernamental correcta (o la falta de la misma) al cambio climático.

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