Opinion

Una defensa libertaria del distributismo

Una crítica favorable al distributismo de Belloc y Chesterton, desde una perspectiva libertaria.

Artículo publicado, en inglés, en The Libertarian Catholic

El distributismo no significa lo que tú piensas.

No es ninguna clase de socialismo bautizado que deba, con mayor precisión, llamarse “redistribucionismo”. El distributismo es radical. Es autosuficiente. Es la anarquía del hombre contra el mundo con la que incluso el más acólito de Ayn Rand podría soñar. ¿No me crees? Entonces, cree al honorario libertario católico Doroty Day, y su descripción de los padres del distributismo:

G. K. Chesterton, Hilaire Belloc… y el Padre Vincent McNabb fueron los grandes distributistas que se opusieron al Estado servil, al “Estado providencial” (como recientemente lo llamó el Papa Pío XII)…. [Ellos] hubieran temido la palabra “anarquista” y entendido la misma solo en su connotación popular. Yo mismo prefiero la palabra “libertario”, menos apta para ofender. [1]

Tal vez es mejor, empero, describir el distributismo en base a dos cosas que no es definitivamente: socialismo y capitalismo.

La brújula económica

El socialismo puede definirse como la propiedad y el control de los medios de producción por parte del gobierno. [2] En esa descripción, podemos ver distintos aspectos de la relación entre el gobierno y los medios de producción: propiedad y control. Y, en esta descripción, “gobierno” tiene un antónimo: el individuo privado. Esto nos da una brújula de dos ejes y cuatro cuadrantes, bastante similar al popular Compás Político que podemos usar para identificar cuatro paradigmas económicos habituales. Los extremos de los ejes están entre el gobierno y el individuo privado, con un eje basado en la “propiedad” y el otro en el “control”.



Así que rellenemos los huecos. Ya tenemos la propiedad gubernamental y el control, lo cual es socialismo. En el otro extremo, están la propiedad privada y el control -llamémosle liberalismo clásico (podrías utilizar otro término como “mercados libres”, pero parece demasiado específico, y el capitalismo es una sub-categoría sobre la que hablaremos más tarde). Ahora estamos con los dos híbridos. Da la coincidencia de que uno es, justamente, un sistema nuevo, y el otro es, más bien, un acuerdo caducado. El primero es el control de los medios de producción en manos privadas, lo cual es, no de manera coincidente, la definición del fascismo. Obviamente, la palabra está cargada de connotaciones vinculadas a cómo se ha visto políticamente, ambas a través del nacionalismo popular y el autoritarismo individual. Pero, en la esfera económica más pura, reinar en la central eléctrica de la economía, sin tener que nacionalizar completamente sus partes, era el objetivo tanto del corporativismo de Mussolini como del New Deal de Mussolini, independientemente de cómo trataran estos hombres de alcanzar sus fines. Finalmente, tenemos la posesión gubernamental de los medios de producción controlados privadamente. Esto es, básicamente, feudalismo, en lo que los nobles reclamaban la posesión de la tierra y la propiedad, aunque los siervos trabajaran la misma con varios grados de autonomía.

Así pues, tenemos nuestra brújula económica, que es como esta:

El socialismo es evidente de ver pero, ¿dónde encaja el distributismo en todo esto? El distributismo es una teoría económica cuyas raíces están en la reciente y moderna enseñanza social de la Iglesia Católica en general, y la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII, que afirma, en particular:

Por lo tanto, está claro que el principal principio del socialismo, comunidad de bienes, ha de ser totalmente rechazado, desde que solamente perjudica a aquellos que en principio parecerían ser los beneficiarios, es directamente contrario a los derechos naturales de la humanidad e induciría a confusión y desorden en la mancomunidad. Por lo tanto, el primer y más fundamental principio, si uno deseara intervenir para aliviar la condición de las masas, ha de ser la inviolabilidad de la propiedad privada.

En el contexto de la inviolable propiedad privada y el control privado de la misma, parecería que el distributismo tendría que estar en la esquina inferior derecha. Una lectura más profunda de la encíclica parece confirmarlo, también, con un mayor énfasis tanto en el valor inherente del acto comunal de imbuir la personalidad de alguien en la Creación por medio del trabajo de la propiedad de uno mismo (p. 9) como en el derecho de un padre a transferir su propiedad a sus hijos (p. 13). La línea se emborrona un poco más una vez que salimos de la encíclica, hacia los más interpretables trabajos de G. K. Chesterton. En Los límites de la cordura, su colección de ensayos sobre el distributismo, Chesterton tiende a dejar un idealista agrarismo en su prosa y, como buen inglés, su idealizado agrarismo era, necesariamente, monárquico y feudalista. Mientras que puede argumentarse que un arrendamiento de 999 años es prácticamente indistinguible de la verdadera propiedad privada [4], lo más interesante sobre la visión más medieval de Chesterton sobre la propiedad es que señala la tensión identificada entre el distributismo y el capitalismo: control.

¿Qué es entonces el capitalismo?

Ahora que hemos obtenido algunas definiciones básicas de los sistemas económicos, incluyendo el socialismo (alias “lo que el distributismo no es”), es tiempo de ir algo más allá. Primero, hagamos referencia a la definición de Chesterton, tomada de Los límites de la santidad, que pienso que nos pondrá en el camino correcto:

Cuando digo “capitalismo”, habitualmente quiero decir algo que puede ser declarado así: “Aquella condición económica en la que una clase de capitalistas toscamente reconocidos y relativamente pequeños, en cuya posesión se concentra buena parte del capital, necesitando a una gran mayoría de ciudadanos sirviéndoles por un salario”. [5]

Mientras que la anotación sobre la dependencia salarial es importante, me gustaría parafrasear esa definición desde un punto de vista más liberal clásico (smithiano):

El capitalismo es la aplicación del concepto de especialización y la división del trabajo a la propiedad y el uso del capital como un medio de producción en sí mismo.

Con esa definición como marco de referencia, es fácil ver cómo el distributismo y el capitalismo son, de alguna manera, contrapuestos: el primero enfatiza en la posesión de la propiedad individual y productiva, con propiedad que refleja la huella dactilar de su creador, mientras que el último enfatiza en la propiedad privada de unos pocos que contratan a los empleados para que los productos reflejen la marca. Dada esta distinción, tal vez es más fácil reconocer por qué la enseñanza católica preferiría lo que llamamos una organización distributista de una economía sobre una de corte capitalista. El sistema capitalista, en el que los asalariados se subordinan a quienes les pagan y sus socios capitalistas, es muy marcial por naturaleza, e inevitablemente se dirige hacia fines materialistas. Mientras tanto, el distributismo es auto-suficiente y auto-dirigido, trabajando directamente con el Creador para mejorarlo, imbuyendo el trabajo de su mente, su cuerpo y su alma, en su pequeña esquina del mundo creado, para la mejora de sí mismo, de su familia y de su comunidad. Esto no quiere decir que los empleados, e incluso los capitalistas individuales, por sí mismos, no puedan construir esos resultados tan positivos en sus vidas y las de sus vecinos; pueden hacerlo. Pero un sistema está dirigido hacia un fin mientras que, en el otro, el fin es un accidente. Por cada George Bailey hay un Henry Potter.

Revisando nuestra brújula económica, expuesta anteriormente, entonces, si el distributismo se trata de control privado y el capitalismo consiste en la posesión privada, podemos decir que ambos pueden ubicarse en cualquier parte, dentro de su respectiva mitad del compás más que, simplemente, en un cuadrante. Se solapan, en esos ejes, en el cuadrante del liberalismo clásico pero, como hemos declarado, aún son sistemas contrapuestos. Resulta, por tanto, que hay un eje Z en la brújula, el cual, derivado de un punto clave de la definición de capitalismo, puede considerarse como un espectro entre la generalización y la especialización.



Una organización capitalista es poseída de manera privada y emplea a gente que se especializa en tareas específicas de la organización. Una organización distributista se controla de modo privado y, tal vez, emplea a gente que viste varios sombreros y desarrolla varias tareas en respaldo de esa organización. Incluso el padre del capitalismo moderno, Adam Smith, resaltó la distinción entre especialistas y generalistas, de manera no sorprendente, en el enfoque de Chesterton (dado más tarde) sobre el agrarismo, el único contexto de la agricultura:

La naturaleza de la agricultura, de hecho, no admite varias subdivisiones del trabajo, ni una separación tan completa de un negocio de otro, como las fábricas. Es imposible separar tan enteramente el negocio del vidriero de aquel del granjero de maíz como el comercio del carpintero es habitualmente separado del aquel que corresponde al herrero. El hilandero siempre es una persona distinta al tejedor; pero a menudo es la misma persona la que se encarga del ganado, del arado y la siembra de las semillas. Es imposible que un solo hombre tenga que estar constante empleado en cualquiera de las ocasiones para esos órdenes de trabajo distintos que vienen con las distintas estaciones del año.

Mientras que el capitalismo se basa en un sistema en el que hay un grupo específico de capitalistas especializados, resulta que habría muchos más especialistas a su vez. Trabajadores especializados que trabajan con máquinas y fabrican los widgets, gerentes especializados que dirigen y motivan a sus trabajadores, administradores especializados que cuentan los componentes de los widgets y los widgets fabricados y, tal vez, lobbistas especializados (lo cual es más revelador para los libertarios) que trabajan con los legisladores y reguladores para asegurarse de que los widgets son los más valiosos con disponibilidad. El “capitalismo de amiguetes” es, de hecho, el resultado natural de un sistema capitalista especializado, en el que los negocios capitalistas pueden contratar a especialistas que presionen al gobierno, que puede contratar a burócratas especialistas en la regulación de los negocios.

Dada la naturaleza del socialismo y la tendencia natural del capitalismo especializado en capturar el control gubernamental para sus fines propios, resulta que los gobiernos, en última instancia, existen para proteger a propietarios. Afortunadamente, esto también es cierto en el distributismo, aunque no de la misima manera:

Una vez que se establece una propiedad ampliamente esparcida, hay una opinión pública que es más fuerte que cualquier ley; y muy a menudo (lo que en tiempos modernos es más destacable) una ley que es realmente una expresión de la opinión pública. [7]

Si los fines distributistas pueden alcanzarse, entonces el gobierno no solo protegerá el control privado de la propiedad, pues una equitativa posesión de la propiedad creará instituciones privadas tan fuertes que, en muchos casos, el gobierno será necesario. En discrepancia con las sugerencias de los distributistas originales, empero, no necesitamos una masiva “reforma de la tierra” ni una forzosa redistribución gubernamental de la propiedad para obtenerla. Más bien, necesitamos un gobierno que se aparte y una clase emprendedora distributista que no tema ser generalista.

Un distributismo libertario del futuro

En base a nuestras definiciones, hay una regla general básica a aplicar, yendo más allá: todo negocio pequeño, particularmente uno poseído por la familia, es distributista por naturaleza. No es accidental que la subsidiariedad y la solidaridad, dos conceptos vistos a menudo como opuestos el uno al otro cuando se aprecian en un paradigma centrado en el Estado, son unificados en la relación entre el propietario de un negocio pequeño y su consumidor. Dos personas que se conocen e intercambian algo del trabajo de su vida, implícitamente para el consumidor, explícitamente para el propietario del negocio, para mejorar la vida de cada uno de los otros de una manera que sería imposible por sí mismos.

Hace un tiempo, estuve viendo un programa de viajes donde el invitado visitó un pequeño y humilde restaurante donde la abuela estaba sentándose en el comedor, recibiendo a los invitados y preparando comida en una mesa. Inmediatamente, dudé de que una acción tal como preparar comida en un comedor sería bien recibida por los departamentos sanitarios en los Estados Unidos. Pero, ¿por qué no? Tal vez esa situación es más segura desde la perspectiva de un consumidor que teniendo esa actividad oculta y restringida en una cocina. Si la abuela está ya ahí, rellenando y enrollando tamales, no hay nada oculto para el consumidor, que es libre de ver si ella está bien, sana y en condiciones higiénicas. Mientras tanto, la abuela mantiene su dignidad humana, continuando en la ayuda en el negocio y la familia a la que ella ha puesto una vida de trabajo duro y cuidados, incluso si ella no pudiera estar en una cocina estrecha todo el día. Parece que la abuela debe de ser libre de ayudar al negocio familiar de esta manera. Por otra parte, probablemente un joven de 18 años trabajando en Taco Bell no estaría enrollando burritos de frijoles en el comedor, sin nada de supervisión. Hay una diferencia entre esas situaciones, la cual es la razón por la que, tal vez, debe de haber una diferencia en la manera en la que la ley las aborda.

Esto me lleva a la primera -y por ende, única- política de ajuste para ir hacia una economía distributista: regulación progresiva. Bueno, más apropiedamente, es más bien un sistema de desregulación progresiva. Compañías grandes, en múltiples ubicaciones y cotizadas tienen poco en lo concerniente a una visión consistente y el intercambio de información, y un montón en la manera de presionar al poder para protegerse a sí mismos de las regulaciones (estas han hecho el laberinto de reglas y regulaciones por sí mismas, tratando de quedárselas por ahora. Por otra parte, las compañías pequeñas, de propiedad familiar y localización única tienen una gran cantidad de perspectiva consistente, el incentivo y los medios para mantener buenas prácticas, y la incapacidad general de ocultar pocas prácticas a los consumidores (no deben de ser reguladas del todo). Pura anarquía. Entre ambas, en tanto que los incentivos y los medios para mantener buenas prácticas se desembolsan entre más gente, sin demasiado que arriesgar, podría haber niveles de regulación que compensen esa pérdida de información compartida y los riesgos. Algunos Estados tienen las llamadas “Leyes de industria de las cabañas” en las que los negocios pequeños y establecidos en casa, como aquellos dirigidos por compañeros a los que podrías conocer en un mercado de agricultores, están básicamente desregulados. La estructura está; solo se necesita expandirla.



Y si los capitalistas y los amigotes pueden forjarse una pequeña desregulación para ellos mismos, podremos decir, como libertarios: “¡Oh, maldición!”.

Hay realmente solo dos acciones gubernamentales que podrían, potencialmente, respaldar la expansión de la actividad económica organizada de acuerdo con los principios distributistas. El primero es muy simple: liberación de las tierras federales a lo largo del Este y distribúyelas entre gente que las mejorará, del mismo modo que el Medio Oeste fue esparcido por medio de las Leyes de Propiedad Ocupada. El otro asunto es aún un problema en la búsqueda de una solución que podría encontrarse o no en la política gubernamental. Esencialmente, si el uso especializado del capital como un medio de producción en sí mismo, el capitalismo, se opone al distributismo, entonces, fundar proyectos distributistas de capital intensivo es un problema. Es más, dado que no hay ahora una actual y duradera tradición de comercio distributista, con pequeños propietarios montando sus negocios, entrenando a aprendices y a sus hijos en ese arte, y legándoles esos negocios en el futuro, la transición hacia una organización distributista será empinada. Hay oportunidaes como la impresión y fabricación 3-D (ver más abajo) y el crowdfunding, pero aún hay mucho trabajo pendiente para identificar una solución.

Entonces, ¿qué decir sobre la fabricación a gran escala u otras operaciones de capital intensivo? Históricamente, los distributistas han intentado aplicar algún tipo de modelo cooperativo, de propiedad del empleado, como una manera de especializarse un poco, mientras que se extiende la propiedad. Hay algunas compañías que operan ese modelo, aunque muy pocas son explícitamente distributistas. Afortunadamente, la tecnología está permitiendo a las pequeñas empresas, incluso individuales, poseer sus propios medios de producción. La economía colaborativa permite a la gente convertir sus bienes capitales, como casas y coches, en un taxi unipersonal o un negocio de alquiler. [8] Esto es distributista. Las tiendas online proveen los medios a la gente individual para alcanzar y servir a consumidores en todo el mundo, reduciendo los costes de transacción asociados al proceso. Eso es distributista. La impresión en línea permite a la gente publicar sus trabajos, sin necesidad de recurrir a grandes casas editoriales. Eso es distributista. Tal vez, la mayor oportunidad de todo esto, la revolución del fabricante en impresión 3-D y maquinería robótica provee las herramientas a los individuos para operar negocios de fabricación pequeños o medianos, con muy pocos requerimientos de capital. Eso no es solo distributista, sino también la clavija que permite a una entera cadena de firmas distributistas operar en serie a través de la web de la economía. El futuro es distributista.

Aparte de una política de cambio de progresiva desregulación, no hay mucho más para el Estado que aquello que tenga que hacer para que el distributismo ocurra. Es un sistema que busca la interacción y actividad económica a escala humana y, por lo tanto, las necesidades reales de las acciones a medida humana para que crezca y florezca. Si no estás listo para dar el salto al distributismo completo, más allá de la estabilidad de tu salario de 9-5, libre del riesgo desembolsado de los pocos capitalistas que te emplean, hay algo que puedes hacer para desarrollar la mentalidad distributista. Haz cosas. Así es. Considera o tómate más en serio un hobby creativo y productivo, en el que puedas comerciar el producto de tu modelado con antiguo y nuevos amigos, e incluso venderlo. Puedes dedicarte al mantenimiento de la jardinería, elaborar cerveza, la artesanía de cuero, los textiles o la reparación de coches, o cualquier otra cosa que se ajuste a tus intereses, habilidades y capacidades [9]. Cualquiera que sea, solo haz algún trabajo productivo y no especializado que te permita imbuir con tu espíritu y personalidad, y proveer algún valor productivo para otros al mismo tiempo. Porque esto es distributismo.

[1] The Long Loneliness, de Dorothy Day

[2] Estrictamente hablando, el socialismo marxista afirma que tiene los medios de producción poseídos y controlados por el proletariado, pero todos sabemos que, en la práctica, este le da el poder a sus nexos en el partido, que es, de facto, el gobierno.

[3] Rerum Novarum (p. 15)

[4] Adicionalmente, ¿es el requerimiento de pago de un impuesto a la propiedad aplicado sobre la tuya, para siempre, diferente completamente, de un “arrendamiento” indefinido de propiedad por parte del gobierno.

[5] G. K. Chesterton, en The Outline of Sanity. También en la nota leída sobre las críticas de la Iglesia al “capitalismo”, con esa definición en mente, y no algún sentido vago referido a “mercados libres” o “propiedad”, encuentro que esos criticismos, desde hace varios siglos (con el nacimiento de Rerum Novarum) tienen mucho más sentido.

[6] La Riqueza de las Naciones, de Adam Smith

[7] The Outline of Sanity, de G. K. Chesterton

[8] Algunos denunciarán que usar tu “propiedad personal” para ganarte la vida es vulgar e inhumano. Me opongo a que los lofts, los apartamentos y otros modelos de vivienda debajo de tiendas en antiguos suburbios no hayan sido siempre meros lugares para hipsters excusivos.

[9] Bonus: Si se mantiene lo suficientemente pequeño, ¡ni impuestos ni reguladores!

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