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Opinión

El proceso de cálculo del orden social

Si la Verdad tiene existencia no es necesario luchar por ella violentamente y con imposición sino por que las metodologías que nos llevan a su encuentro tengan espacio y ningún impedimento en este mundo

¿Existe el Bien y el Mal? ¿Tenemos alguna manera de acercarnos a ellos y conocer con exactitud ambos conceptos? ¿Es posible que no tengan valores absolutos y dependan de la subjetividad de cada individuo y de cada contexto concreto?

No es fácil determinar los límites del bien y del mal para los Seres Humanos, para ello hemos desarrollado diferentes maneras de acercarnos a los valores absolutos de ambos conceptos que algunos damos por hecho que existen. Hoy en día en numerosas ocasiones se pone en duda la propia existencia de la Verdad, y con ello se trata de relativizar lo correcto dependiendo de una suerte de contexto que puede variar extremadamente los buenos comportamientos que en términos generales ha de seguir cualquier persona. Pese a ello me es difícil de imaginar en que momento arrebatar la vida de un inocente puede entrar dentro de los márgenes del bien. Si suponemos que esto es siempremalo por sí mismo tenemos que reconocer que respetar la vida ajena es un valor fundamental inmutable y persistente a lo largo de nuestra historia, algo que nos repugnará sea cual sea el momento en el que se dé y que siempre nos parecerá condenable. En cambio, si alguien se atreve a justificarlo en alguna ocasión tendrá que dar mil piruetas argumentativas para desviar la atención del fondo de la cuestión (cosa que vemos hoy en día en numerosas ocasiones).

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Los relativistas caen en la paradoja más simple al afirmar “nada es una verdad absoluta”, menos esa frase, que si lo es para ellos. Por ende tiendo a pensar que, aunque no todo se tiene que buscar en la naturaleza para saber si es bueno o malo, hay determinadas cuestiones que vienen impresas en nuestro propio ser, ya sea por motivos metafísicos o por la adaptabilidad social que de forma evolutiva hemos aceptado teniendo en cuenta nuestras características biológicas. Es innegable que muchas decisiones diarias no deben de estar sometidas a ningún código ético, por ejemplo a la hora de elegir el mejor pastel de cumpleaños, que será de uno u otro sabor dependiendo de la subjetividad de cada individuo, pero si lo serían aquellas que implicaran a varias personas o que pusieran en juego la integridad de uno mismo.

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Nadie con sus propios métodos y su experiencia individual es capaz de descubrir todos esos comportamientos que se acerquen a la Verdad. Es realmente complicado que una persona se vea en la multitud de casos que nos puede dar la vida como para saber la reacción más acertada para cada uno de ellos. Además de que se tendría que ver afectado por los mismos problemas en numerosas ocasiones para probar en cada una de ellas maneras distintas de comportarse y, como si del método científico se tratara, rescatar aquellas acciones mejores. Pero para este proceso de prueba y error necesario para determinar nuestra propia naturaleza hemos descubierto una herramienta perfecta que nos ha ayudado, un proceso parecido al del mercado en economía, puesto que no posee una dirección centralizada e ingenieril sino que hace partícipe al conjunto de la sociedad de él. Estoy hablando de la tradición.

Cuando los constructivistas nos hablan de forma peyorativa del tratamiento que nos damos los unos a los otros en sociedad nos ponen como si fuera algo negativo que determinadas cuestiones no son producto natural sino que son “una construcción social”. El problema es que no entienden que el comportamiento social Humano está basado también en la propia naturaleza y que nuestra forma de ver el mundo y de comportarnos ante él y ante nuestros iguales viene profundamente influenciado por nuestras características biológicas y psicológicas que son lo más natural que existe. Por ejemplo, nos saludamos dando la mano por varios motivos, primero porque en nuestra anatomía hayuna parte concreta que tiene cinco dedos y una palma, después porque es la mejor herramienta que tenemos para “agarrar”, luego porque si estuviéramos ante un enemigo que nos va a atacar utilizaríaesa mano para hacerlo… Entonces dar la mano sería una señal de paz y una manera rápida de decir “no te preocupes, no te voy a atacar, te enseño mi herramienta biológica para hacerlo si no me crees”. Quiero decir con esto que antes de cuestionarse todo lo que se cuestiona lo que debería de hacerse es una revisión para ver qué cosas tienen sentido y cuales no, lo cual entra dentro del propioproceso espontaneo de la tradición.

Entonces, si los valores morales vienen de un proceso de prueba y error natural y el comportamiento social es una interpretación de nuestra biología, ¿por qué estamos ante un proceso en el que todos los principios están en proceso de descomposición?

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El hecho es que determinadas corrientes ideológicas que han tomado el poder desde la ilustración hicieron algo extremadamente nefasto: rechazaron la tradición (única metodología de conocimiento de la Verdad y el Bien) y la sustituyeron por nada. Se creó, pues, un vacío de referencias morales claras que algunas instituciones tratan de mantener, pero que en el conjunto social han dado la imagen de que todo es relativo y se ha caído en la interpretación del bien dependiendo de la arbitrariedad que tiene el Estado a la hora de legislar. Quiero decir con esto que prohibir coactivamente el mal impide el acceso al virtuosismo de cualquier individuo y el desacreditar sistemáticamente los procesos naturales de búsqueda de la verdad desconfigura profundamente el orden social. Una cosa es cuestionar con raciocinio los valores y otra rechazarlos por su procedencia.

Hago aquí un paralelismo que antes mencioné con los procesos de mercado y de cálculo económico puesto que, al ser mi campo la economía y entusiasmarme tal ciencia social, el estudio y el análisis de ambos conceptos me parece que poseen numerosas similitudes. En ambos interviene el conjunto de la población y la intervención exógena produce desajustes perniciosos y además los dos aparecen de forma espontánea (algunos podrían afirmar que divina). Por ello no encuentro razones para entender a los que defienden la libertad de mercado (puesto que entienden que de esa libertad emanará un orden) y no la libertad social cuya dirección nos índica históricamente que apunta hacia unos determinados valores (muy concretos) que rechazan. Entender que estar a favor del proceso de cálculo del orden social implica estar a favor de conductas que han aparecido por la intervención estatal, del fomento de la desconfiguración con finalidades de crear dependencia ante el Gobierno y de destrozar todas las instituciones naturales que proveen un orden sin necesidad de planes centralizados y de asistencia externa me parece que es, en el fondo, no estar a favor de la libertad, pues si nos declaramos admiradores de ésta tenemos que aceptar las consecuencias que tiene y luchar por mantener los pocos atisbos que nos quedan de ella.

Es imperante también señalar la importancia de no pretender utilizar las armas coactivas, cuya creación se motiva por la destrucción de la moral y del orden para crear uno nuevo (aunque está claro que son incapaces, puesto que no se puede dar la espalda a la naturaleza), como herramienta para implementar la Verdad. Si la Verdad tiene existencia no es necesario luchar por ella violentamente y con imposición sino por que las metodologías que nos llevan a su encuentro tengan espacio y ningún impedimento en este Mundo. El Mal es solo ausencia del Bien, para acabar con él lo primero será habilitar las vías para que el proceso natural se vuelva a dar con normalidad, aunque esto a estas alturas nos haya costado posiblemente siglos de retroceso.

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