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Juicio a Javier Milei, el más herético de los liberales argentinos

Milei predica una falsa solución a los problemas sociales y económicos de la Argentina.

Desde hace unos años, irrumpió en los medios de comunicación de Argentina un personaje llamativo y que se presenta como un liberal libertario. Se trata del economista Javier Gerardo Milei. El mismo ha cosechado un séquito de seguidores que lo elogian y consideran que tiene la razón en todo. En este escrito se pretende refutar algunas de sus ideas y conceptos acudiendo a la doctrina social de la Iglesia (DSI). El tema es delicado porque Milei se enfrenta en sus argumentaciones a políticos, “intelectuales”, dirigentes sociales y periodistas verdaderamente estatistas y colectivistas, de manera que sus críticas muchas veces tienen una parte de verdad. Es por ello que siempre que haga falta, los argumentos de Milei que refutemos los vamos a matizar con la aclaración pertinente del error de los socialistas que se hallan en su extremo opuesto, para que no parezca que defendemos a estos últimos.

Empecemos. Milei dice que él filosóficamente es anarcocapitalista, o sea que piensa que el Estado idealmente no debería existir. En cambio la doctrina social de la Iglesia predica que el Estado tiene su origen en el Creador (Papa Pío XI, Divini redemptoris, 1937, # 32; ver Romanos 13). Además enseña que el Estado se funda en el derecho natural:

“Ninguna institución social, después de la familia, se impone tan fuertemente, tan esencialmente como el Estado. Tiene su raíz en el orden de la creación y es en sí mismo uno de los elementos constitutivos del derecho natural” (S. S. Pío XII, Alocución al Congreso de Ciencias Administrativas, 5 de agosto de 1950)

Otra declaración papal que pone en evidencia que el Estado se fundamenta en el derecho natural y que tiene que haber una autoridad que se encargue del bien común integral:

«Ahora bien: ninguna sociedad puede conservarse sin un jefe supremo que mueva a todos y cada uno con un mismo impulso eficaz, encaminado al bien común. Por consiguiente, es necesaria en toda sociedad humana una autoridad que la dirija. Autoridad que, como la misma sociedad, surge y deriva de la Naturaleza, y, por tanto, del mismo Dios, que es su autor. De donde se sigue que el poder público, en sí mismo considerado, no proviene sino de Dios.» (S. S. León XIII, Immortale dei, 1 de noviembre de 1885, # 2)

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Milei dice que él en el corto plazo es minarquista, o sea que piensa que el Estado se tiene que dedicar solo a prestar seguridad y justicia. Esto no es así, el Estado tiene otros deberes que cumplir:

“Y mientras el Estado, durante el siglo XIX, por una soberbia exaltación de la libertad, consideraba como único fin suyo el tutelar la libertad con el derecho, León XIII le avisó que también era deber suyo el aplicarse a la previsión social, cuidando el bienestar del pueblo entero y de todos sus miembros, particularmente de los débiles y de todos los desheredados, con una amplia política social y con la creación de un derecho del trabajo.” (S. S. Pío XII, La solennitá, 1 de junio de 1941, # 9)

Es decir, el Estado, además de sus funciones indelegables que son gobierno, seguridad, justicia, diplomacia y defensa, debe subsidiariamente ocuparse de la previsión social, la política social y el derecho laboral.

Milei plantea que los ciudadanos honestos son los que viven del sector privado. Este es un discurso muy difundido entre los liberales. Es más, insinúan que los que ganan su sustento en el sector privado deben ser considerados como superiores a los del sector público. En cambio la DSI enseña que los gobernantes deben ser considerados como superiores por la forma en la que contribuyen al bien común:

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“Mas, aunque todos los ciudadanos, sin excepción alguna, deban contribuir necesariamente a la totalidad del bien común, del cual deriva una parte no pequeña a los individuos, no todos, sin embargo, pueden aportar lo mismo ni en igual cantidad. Cualesquiera que sean las vicisitudes en las distintas formas de gobierno, siempre existirá en el estado de los ciudadanos aquella diferencia sin la cual no puede existir ni concebirse sociedad alguna. Es necesario en absoluto que haya quienes se dediquen a las funciones de gobierno, quienes legislen, quienes juzguen y, finalmente, quienes con su dictamen y autoridad administren los asuntos civiles y militares. Aportaciones de tales hombres que nadie dejará de ver que son principales y que ellos deben ser considerados como superiores en toda sociedad por el hecho de que contribuyen al bien común más de cerca y con más altas razones.” (S. S. León XIII, Rerum novarum, 15 de mayo de 1891, # 25)

De más está decir que nuestros gobernantes son unos bandidos, como también lo eran en general en el mundo cuando León XIII hizo esta declaración. Sin embargo, eso no quita la dignidad e importancia de sus cargos y que el sector privado deba ser considerado como inferior.

Una idea muy repetida por Milei es que los impuestos son un robo. Esto se refuta fácilmente, los impuestos se cobran bajo razón de bien común, ya que el fin propio del Estado es el bien común integral y, por lo cual, es un deber pagar impuestos para financiarlo, siempre y cuando estos no sean confiscatorios. Además, el mismo Milei se dice católico y, ¿qué dijo Jesús con respecto a los impuestos? «Denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Lucas 20, 25), si los impuestos fueran un robo Jesús lo hubiera denunciado y no hubiera declarado la obligación de pagarlos. Lo mismo ocurre con San Pablo: «Y por eso también, ustedes deben pagar los impuestos: los gobernantes, en efecto, son funcionarios al servicio de Dios encargados de cumplir este oficio. Den a cada uno lo que le corresponde: al que se debe impuesto, impuesto; al que se debe contribución, contribución; al que se debe respeto, respeto; y honor, a quien le es debido.» (Romanos 13, 6-7) Vale aclarar que si los impuestos son muy altos, se vuelven confiscatorios y en ese caso sí son un robo. De hecho, los impuestos para el que está en blanco en la Argentina hoy en día son confiscatorios.

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Otro concepto de Milei es que los empresario monopólicos son héroes, porque ofreciendo bienes y servicios de mejor calidad a un mejor precio, le ganaron a todos y se quedaron solos en el mercado, es decir que son benefactores sociales. Pero la respuesta a esto es que como enseña el papa Pío XI en su encíclica social Quadragesimo anno (1931) cuando la libertad de los competidores  es ilimitada, sobreviven solo los más poderosos, «lo que con frecuencia es tanto como decir los más violentos y los más desprovistos de conciencia» (# 107). O sea que los que más ganan en el mercado a menudo no son los más justos sino los peores.

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Milei predica que lo que sea que hagan los ricos con el dinero, inclusive “amarrocárselo” (juntar dinero u objetos de valor con avaricia) beneficia a la sociedad. Muy por el contrario según la DSI hay una obligación moral de hacer caridad con todos los bienes superfluos destinándolos a inversiones útiles que generen empleo, colocación de dinero (préstamos no usurarios) y donaciones, además de a limosna (Mgr. Emile Guerry, La doctrina social de la Iglesia, 1957, pp. 129-130). Amarrocárselo sería pecado:

«Lo que sobra, dadlo de limosna» (Lc 11, 41)

Papa Pío XI, Divini redemptoris (# 44), 19 de marzo de 1937: «Los ricos no deben poner su felicidad en las riquezas de la tierra ni enderezar sus mejores esfuerzos a conseguirlas, sino que, considerándose como simples administradores de las riquezas, que han de dar estrecha cuenta de ellas al supremo dueño, deben usar de ellas como de preciosos medios que Dios les otorgó para ejercer la virtud, y no dejar de distribuir a los pobres los bienes superfluos, según el precepto evangélico (cf. Lc 11,41).»

Vale aclarar que el ahorro, para ser destinado luego a inversión, no es criticable. El ahorro se relaciona con el acrecentamiento del capital nacional.

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Milei está a favor de las grandes empresas monopólicas, sin embargo «las formas anónimas colectivas, sean capitalistas, sean socialistas, las gigantescas empresas en las que el hombre desaparece en tanto que persona, en las que no es más que una minúscula pieza de una inmensa máquina de fabricar» representan un peligro para la persona humana, «suponen peligros para el hombre, la familia y la sociedad.» En cambio, en las pequeñas y medianas empresas, «la responsabilidad personal está directamente comprometida», las pequeñas y medianas son fábricas que están más «al alcance del hombre, de su vivienda y menos centralizadas» (Mgr. Emile Guerry, La doctrina social de la Iglesia, 1957, pp. 172-173). Los monopolios se relacionan con lo que el Papa Pío XI llamó “dictadura económica” que es lo que suplanta a la libre competencia cuando se implementa un capitalismo liberal, debido a la concentración de la riqueza. La dictadura económica vuelve a la economía horrendamente dura, cruel, atroz. Los monopolios se relacionan, entre otras cosas, con los precios injustos, porque son formadores de precios.

Milei predica que lo que hay que hacer es imitar a los países que mediante políticas liberales logran crecimiento económico. Es decir, predica que lo que trae bienestar y hay que procurar es el crecimiento económico mediante políticas liberales. Esto no es así:

“Hay indudablemente pueblos que se jactan hoy de una capacidad de producción cuyo progresivo aumento muestran de año en año. Pero, si esta productividad se logra con una desenfrenada concurrencia [esto es, libre mercado] y con un uso sin escrúpulos de la riqueza (…), una tal productividad no puede ser sana y genuina, puesto que la economía social es un ordenamiento de trabajadores, cada uno de los cuales está dotado de una dignidad y libertad humanas.” (S. S. Pío XII, Alocución al Colegio Cardenalicio, 2 de junio de 1948)

Además, los países desarrollados no llegaron a serlo gracias al liberalismo, que es lo que dice Milei:

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«Las opiniones de “primermundistas” actuales, son en ese sentido, conocidas: los países desarrollados han logrado una equilibrio entre estado y mercado, lejos de utopías liberales como socialistas; comercian libremente en algunos sectores de su economía, mientras protegen otros por razones de seguridad, de defensa, de equidad, de ecología o de independencia; dejan un margen amplio de acción al mercado en muchos aspectos pero reservan al Estado un papel importante en salud y educación (con criterios estatistas o subsidiaristas según los casos); tienen una alianza a veces demasiado explícita entre su diplomacia y su comercio exterior; y aunque se proclamen partidarios del libre mercado, buscan defender la competencia nacional de monopolios, oligopolios y concentraciones demasiado peligrosas, sobre todo si son extranjeras.» (Dr. Fernando Romero Moreno, Industria Vs Campo. En http://debatime.com.ar/fernando-romero-moreno-industria…/)

Puede leer:   Un filósofo uruguayo fuera de lo común

Milei dice que el problema de la producción se reduce a producir más, y que el Estado no debe intervenir en absoluto en la planificación de la producción. Pero eso no es así, el Estado debe intervenir:

«… la cuestión tan importante de lo que se llama el producto social ha sido ya tratada suficientemente. Lo que requiere hoy la atención con más urgencia es asegurar la puesta de ese producto a disposición de los hombres y acrecer su cantidad; en una palabra, el problema de la producción. No basta repetir sin cesar la consigna, demasiado simplista, de que lo que importa es producir. La producción se hace ella también por hombres y para hombres. La producción es por ella misma eminentemente una cuestión—y un factor—de orden, y de orden verdadero, entre los hombres. Ahora, una justa ordenación de la producción no puede hacer abstracción del principio de intervención del Estado, puesto a la luz por nuestro gran predecesor León XIII; menos que nunca puede hacerlo en las circunstancias actuales.» (S. S. Pío XII, Nous avons lu, 18 de julio de 1947, # 6)

Para Milei, a menos que eliminemos el Estado, vamos por mal camino, un delirio. Milei predica una falsa solución a los problemas sociales y económicos de la Argentina. Si se aplicara lo que dice Milei terminaríamos con lo que el Papa Pío XI llamaba dictadura económica, por la concentración de la riqueza y la formación de monopolios. De manera que ya no sería más el libre mercado lo que regiría la economía. Eso ocurre cuando la libertad de los competidores es ilimitada. De hecho Milei, sabiendo que eso ocurriría, increíblemente defiende los monopolios. Pero la falacia es que lo vende como mercado libre, y ya expliqué que cuando se da libertad ilimitada a los competidores ya no rige más la economía la libre concurrencia sino la dictadura económica. Milei más que gritar «¡Viva la libertad, carajo!» tendría que gritar «¡Viva los monopolios, carajo!». En cambio nosotros gritamos ¡Viva Cristo Rey!

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Eso de que el problema es el Estado es una estupidez gigantesca de Milei. El Estado es necesario y su fin es el bien común. Milei no es coherente ni consigo mismo, porque dice que nuestro enemigo es el Estado, pero después dice que ese enemigo mortal es necesario que provea seguridad y justicia. En qué quedamos, ¿es nuestro enemigo o es necesario? El anarcocapitalismo es contrario al derecho constitucional católico, y el minarquismo es contrario a la doctrina social de la Iglesia.

Milei afirma que los usureros son héroes, son benefactores sociales, porque con sus préstamos usurarios le permiten a las personas hacer cosas que de otro modo no podrían hacer. Recordemos nuevamente que Milei se dice católico y veamos qué dice Jesús al respecto: “dad prestado sin esperar por ello nada” (Lucas 6, 35). Según San Alfonso María de Ligorio, la usura atenta contra el 5to mandamiento, no matarás, porque provoca el hambre y la muerte de los deudores. La usura infringe el derecho de propiedad al ser el interés un mecanismo de expropiación de la propiedad privada. En este sentido, atenta también contra el 7mo mandamiento, no robarás. De manera que los usureros no son ni héroes ni benefactores sociales, son grandes pecadores y delincuentes que atentan gravemente contra el bien común.

Milei plantea que hay que eliminar el Banco Central a fin de eliminar la inflación. Sin embargo, si eso se hiciera, la Argentina lo más probable es que adoptaría al dólar como moneda, la cual es una moneda emitida por un banco central privado, la engañosamente llamada Reserva Federal de Estados Unidos. De manera que Milei indirectamente está proponiendo que unos banqueros privados y usureros manejen nuestra economía. Además, si todos los países hicieran esto que prescribe Milei, se acabarían las monedas públicas, y quedaría allanado el camino para las monedas privadas. Un Estado no es soberano a menos que ejerza el señoreaje que es el derecho económico de producir la moneda. Actualmente en la Argentina y en los distintos países tampoco existe el señoreaje, ya que rige la banca de reserva fraccionaria, la cual le otorga a los bancos comerciales la potestad injusta de crear de la nada dinero secundario y prestarlo con interés, de manera que el 97% de la oferta monetaria es creada de esa manera. Se podría decir que, en palabras de Pío XI, los banqueros “señorean sobre el crédito, y por esta razón administran, diríase, la sangre de que vive toda la economía y tienen en sus manos así como el alma de la misma, de tal modo que nadie puede ni aun respirar contra su voluntad” (Quadragesimo anno, 15 de mayo de 1931, # 106). De manera que lo que hay que hacer es restaurar el señoreaje, no eliminar el Banco Central y otorgarles por completo el gobierno sobre la moneda y el crédito a los privados. Es decir, hay que eliminar el señoreaje secundario o bancario y restituir para el Estado todo el señoreaje, de manera que el Estado pueda otorgar ampliamente préstamos sin interés, dirigidos a la producción, generándose un círculo virtuoso para la economía. Nuestro sistema actual le otorga el 97% del señoreaje a los bancos comerciales, Milei directamente propone renunciar totalmente al señoreaje, mientras que lo que hay que hacer es restaurar para el Estado el derecho de señoreaje. Para evitar la inflación habría que adoptar el patrón-trabajo donde la moneda está respaldada por el trabajo productivo y la riqueza real de la nación. Como el Estado emitiría dinero a modo de préstamos sin interés dirigidos a la producción, esa emisión generaría trabajo y riqueza, la cual respaldaría la emisión y no se generaría inflación.

Milei dice que pretender manejar la economía desde el gobierno es la fatal arrogancia de la que hablaba Hayek, porque nadie puede saber tanto o ser omnisciente como para hacer lo que el mercado y la economía regida por la libre competencia hace. Esto lo contradice el Papa Pío XI:

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«Queda por tratar otro punto estrechamente unido con el anterior. Igual que la unidad del cuerpo social no puede basarse en la lucha de «clases», tampoco el recto orden económico puede dejarse a la libre concurrencia de las fuerzas.

Pues de este principio, como de una fuente envenenada, han manado todos los errores de la economía «individualista», que, suprimiendo, por olvido o por ignorancia, el carácter social y moral de la economía, estimó que ésta debía ser considerada y tratada como totalmente independiente de la autoridad del Estado, ya que tenía su principio regulador en el mercado o libre concurrencia de los competidores, y por el cual podría regirse mucho mejor que por la intervención de cualquier entendimiento creado.» (S. S. Pío XI, Quadragesimo anno, 15 de mayo de 1931, # 88)

Milei dice que el mercado, dejado en absoluta libertad (no intervención del Estado), distribuye con justicia la renta. Sin embargo esto no es así. Por ejemplo, puede darse el caso de que los patronos exploten a sus empleados y el Estado debería intervenir para subsanarlo, mediante el derecho laboral.

“La intervención del Estado ha de tender antes que nada al justo reparto de la riqueza nacional, el cual no debe el Estado abandonarlo “al libre juego de las fuerzas económicas ciegas” (S. S. Pío XII, Dans la tradition 9, AAS 44 [1952] 622-623)” (José Luis Gutiérrez García, La concepción cristiana del orden social, 1972, p. 177)

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Milei es anarcocapitalista, de manera que filosóficamete adhiere a una economía de solo iniciativa privada, sin embargo la DSI enseña que el Estado también es un sujeto necesario de la economía:

Los sujetos de la economía son dos, «el hombre en su nivel individual, por sí solo o asociado, y el Estado. (…) Estos dos sujetos han de colaborar. Porque si falta la iniciativa particular, sobreviene la tiranía política. Si falta la acción del Estado, sobrevienen el desorden y el abuso de los poderosos sobre los débiles.» (José Luis Gutiérrez García, La concepción cristiana del orden social, 1972, p. 88)

Milei dice que para crecer hacen falta políticas liberales y eliminar la justicia social. Por el contrario, la doctrina social de la Iglesia enseña que la justicia social aumenta la producción, incrementa la renta nacional, y mejora la distribución de la misma, y la caridad social refuerza todo ello. (cf. José Luis Gutiérrez García, La concepción cristiana del orden social, 1972, p. 38) Claro que por justicia social no nos referimos a un Estado macro-redistribuidor, sino sobre todo a una economía con salarios dignos, sin usura, y con precios justos.

Milei dice que «el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo», pero la verdad es que sin justicia social no hay respeto al proyecto de vida de nadie. Primero, porque los débiles y desfavorecidos necesitan de dicha justicia para desarrollar su vida. (Ejemplo: un trabajador explotado no puede tener y desarrollar un proyecto de vida propio). Y segundo, porque sin justicia social la economía la rige la dictadura económica, no la libre competencia, por la concentración de la riqueza, de manera que ya en la sociedad no se contaría con la libertad económica necesaria para desarrollar el proyecto de vida propio. Por otro lado, no todo proyecto de vida debe ser respetado, los proyectos de los heresiárcas, por ejemplo, no deben ser respetados, además, respetarlos va en contra de respetar el proyecto de los verdaderos católicos, porque los heresiárcas atacan la verdadera fe.

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Milei y muchos otros liberales afirman que la Argentina, con el modelo liberal de Alberdi, llegó a fines del siglo XIX a ser el país más rico del mundo. A ellos habría que decirles que si bien es cierto que con el modelo de Alberdi Argentina alcanzó (en tiempos del Centenario) importantes índices de crecimiento económico, ello fue a costa de una gran dependencia (sobre todo de Reino Unido), injusticia social y falta de desarrollo proporcional en varias regiones del país. Pero además, y esto es lo más importante, había una gran decadencia religiosa, moral y cultural (culpa del laicismo), que fue lo que luego trajo el socialismo estatista (cf. Fernando Romero Moreno, Industria Vs Campo. Recuperado de http://debatime.com.ar/fernando-romero-moreno-industria-vs-campo/).

Puede leer:  ¿Hay implícita en los derechos humanos masónicos una divinización del hombre con culto idelátrico?

Otra idea de Milei es que el cobro de impuestos parte de un acto violento ya que es a punta de pistola, y que por lo cual no es justo. A esto se le puede responder que si está tan en desacuerdo con la violencia ejercida legalmente por el Estado, que nunca llame a la policía ni recurra a la justicia. Esto, suponiendo que el Estado ejerce violencia. A esta refutación Milei respondería que sólo es lícito ejercer violencia en respuesta a un acto de violencia previo, es decir, a modo de defensa, y que como el contribuyente no ejerció ningún tipo de violencia, el Estado no puede ejercerla con él cobrándole impuestos a punta de pistola. A esto lo que hay que decir es que el Estado tiene derecho de coacción (cf. S. S. Pío XII, Benignitas et humanitas, 24 de diciembre de 1944).

Milei protesta, con razón, contra la corrupción de la obra pública. Y entonces pide abolirla y reemplazarla por un sistema en el cual la obra pública se haga por iniciativa privada. Ahora bien, el Estado está integrado por personas que tienen la mancha del pecado original, pero las personas que integran el sector empresarial, también están afectadas por el pecado original. Por ejemplo, en un sistema de obra pública de iniciativa privada, las empresas podrían abaratar costos en las obras, no terminarlas bien o del todo, explotar a sus trabajadores, cobrarle luego de terminada la obra a los usuarios de la misma excesivas tarifas o peajes, etc. Por eso, donde el liberal pide abolir la obra pública para desarticular la corrupción, el católico en cambio exige restaurar el orden moral y religioso, a fin de que los hombres sean más íntegros, y de esa manera purificar la obra pública.

Otra idea de Milei es que la justicia social es injusta, porque implica castigar al exitoso para darle al que no ganó en el mercado su sustento. La justicia social, lejos de ser injusta, viene a remediar la injusticia social. Injusticias como la usura, la explotación laboral, la pobreza y la indigencia. Claro está que el concepto de justicia social de ciertos socialistas sí puede ser injusto, porque caen en el estatismo y diseñan un Estado macro-redistribuidor, que no es a eso a lo que se refiere el concepto de justicia social en la doctrina social de la Iglesia.

Además Milei ataca la justicia social desde un planteo «ético», que es según él la igualdad ante la ley, o sea, según él, la justicia social implicaría tratar de manera desigual frente a la ley a las personas. Lo que hay que decir es que por el contrario a lo que dice Milei, la justicia social es lo que viene a reparar las inmoralidades del capitalismo liberal, como la explotación laboral y la usura. Milei quiere una economía inmoral, donde en nombre de una supuesta igualdad ante la ley, no se respete la dignidad de la persona humana. Es más, la economía que quiere Milei se convertiría en una corporatocracia en la cual no se respetaría el principio de la igualdad ante la ley porque las grandes corporaciones terminarían influyendo sobre el gobierno y obteniendo todo tipo de privilegios contrarios a la justicia social y a la igualdad ante la ley, por lo cual la justicia social es la garante inclusive de la igualdad ante la ley.

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Milei predica, citando a Ayn Rand, la virtud del egoísmo, muy por el contrario la doctrina social católica predica que el egoísmo es un gran mal, de ninguna manera es una virtud:

“… el egoísmo sin freno que es la vergüenza y el gran pecado de nuestro siglo” (S. S. Pío XI, Quadragesimo anno, 15 de mayo de 1931, # 136)

El egoísmo es antisocial, es decir, contrario al orden social. En cambio la Caridad es altísimamente prosocial, es decir, tiene una dimensión social y económica enorme. A continuación, una exposición de Mgr. Emile Guerry sobre el interés personal que defiende el liberalismo como móvil de la actividad económica, y cómo este se relaciona con el egoísmo, el cual debe hacerse un esfuerzo moral para superarlo:

«El liberalismo económico ignora y viola las leyes de la moral desde varios puntos de vista:

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(…)  [Por ejemplo] en los móviles de la actividad económica: la regla suprema para el liberalismo, es el interés personal. ¡Que cada uno persiga su interés personal con toda libertad y el interés general será realizado!

La doctrina social de la Iglesia admite la legitimidad del interés personal, de la ganancia y del acrecentamiento honesto de los bienes individuales y familiares: en ello ve un estimulante del hombre en el cumplimiento de su deber, una condición del progreso económico, la retribución de un servicio prestado. Pero conoce al hombre, y su egoísmo profundo, fruto del pecado original: sabe que sus pasiones son un obstáculo para la clara visión y para la persecución del bien común. Enseña que este bien común no va a verse asegurado por el simple juego de las libertades individuales, sino que es preciso un esfuerzo de la conciencia para someterse a una ley moral que le recuerde las exigencias del bien común, de la justicia, de la caridad» (Mgr. E. G., La doctrina social de la Iglesia, 1957, pp. 254-255)

Hablar de la virtud del egoísmo es más o menos como decir la virtud de la malicia, un disparate.

Milei, citando a Mises, afirma que lo único que hay es el liberalismo y el socialismo, y que en el medio no hay nada, indicando que son las únicas opciones. Esto es un gran error, la doctrina social de la Iglesia no es ni liberal ni socialista y constituye una propuesta muy concreta. De todas maneras, la DSI no es un camino intermedio entre el liberalismo y el socialismo, sino que tiene entidad propia.

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Milei, además llama socialistas a cosas que no necesariamente lo son. Por ejemplo, considera que la previsión social, la política social y el derecho laboral son socialistas, cuando bien pueden encuadrarse dentro de la doctrina social católica, la cual es antisocialista. Claro está que si esas cosas se implementan sin respetar el principio de subsidiariedad, como muchas veces hacen gobernantes estatistas y demagogos, sí puede ser visto como socialismo.

Milei predica que para generar empleo y sacar a la gente de la pobreza lo único que importa es el crecimiento. Esto es un error, en cuanto al desempleo, el Estado, cuando los patronos y los obreros no logran resolver el problema, puede y debe intervenir emprendiendo trabajos de utilidad general y facilitando, mediante consejos u otros procedimientos, la contratación a quienes la buscan. (Mgr. Emile Guerry, La doctrina social de la Iglesia, pp. 146-147) Además tiene otras funciones el Estado en la resolución del problema del desempleo. En cuanto a la pobreza, hay que decir que para solucionarla se debe procurar no solo el crecimiento económico sino también una más justa distribución de la riqueza, ya que la misma suele venir acompañada de desigualdad:

Papa Pío XII, Carta dirigida a la 39 «Semana Social», celebrada en Dijon, el 7 de julio de 1952: “Riqueza y miseria: tal es el contraste que, ante el espectáculo del mundo contemporáneo, os ha impresionado y al que trataréis de buscar remedio en el acrecentamiento y en la mejor distribución de la renta nacional.”

Otra cosa que dice Milei es que si a igual tarea las mujeres cobran menos, mejor para ellas, porque todos las van a querer contratar. Pero eso no es así, no es mejor para ellas, sino que los empleadores estarían abusando de ellas, así como también de los niños. Es decir, los estarían explotando. Los usarían para minimizar los costos y aumentar las ganancias (Mgr. Emile Guerry, La doctrina social de la Iglesia, 1957, p. 257)

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Para finalizar diremos que Javier Milei es el más herético de los liberales argentinos que salen por los medios masivos de comunicación, es decir, es el liberal más contrario a la doctrina política, jurídica, social y económica de la Iglesia. Milei va en contra de la doctrina católica sobre el Estado, sobre la justicia social, sobre el derecho laboral, sobre los monopolios, sobre la planificación de la producción, sobre un crecimiento equitativo, sobre la distribución de la riqueza, sobre la libertad, sobre las drogas, sobre la prostitución, sobre los impuestos, sobre las estatizaciones, sobre la propiedad privada, etc. etc.

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