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Sobre la justicia social y la caridad social

Los liberales quieren instaurar el orden económico del egoísmo, los comunistas el de la envidia y las discordias, en cambio la doctrina social de la Iglesia quiere instaurar el orden de la justicia y la caridad.

Pío XI dirigiéndose al mundo a través de Radio Vaticano

El Papa Pío XI enseña en su encíclica social Quadragesimo anno (1931), que el principio rector de la economía debe ser un principio doble: la justicia social y la caridad social. La primera como creadora de un orden jurídico, social y económico; la segunda como principio inspirador de ese orden. Esto en oposición al liberalismo, que pretende que el principio rector sea la libre competencia pero en la práctica termina siéndolo la dictadura económica, que se da en la economía liberal por la concentración de la riqueza y la formación de monopolios. Es precisamente para doblegar a la dictadura económica que Pío XI propone la justicia y la caridad sociales. Y estos principios rectores propuestos por el mencionado papa también se oponen al principio rector propuesto por el marxismo, esto es, la lucha de clases. 

Ahora bien, ¿qué son la justicia social y la caridad social? La justicia y la caridad sociales no son otra cosa que las virtudes de la justicia y de la caridad en relación con la función que las mismas deben desempeñar en el actual desarrollo económico-social. La justicia y la caridad sociales son las virtudes cristianas de la justicia y de la caridad puestas en relación con el bien común. ¿Y qué son entonces las virtudes de la justicia y de la caridad? El principio de la justicia consiste en la constante y perpetua voluntad de darle a cada uno lo que es suyo, y la virtud de la caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios por sobre todas las cosas por Él mismo y al prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. Es decir, es el amor de Dios y del prójimo.

Otras definiciones de justicia social son las siguientes:

Justicia social: “Derecho canónico. Obligación que tiene el Estado de procurar el equilibrio entre la población a favor de las personas desfavorecidas.” (Diccionario Panhispánico del Español Jurídico, 2020. Real Academia Española)

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Justicia social: “Expresión muy usada en política, sociología y Derecho del Trabajo para significar una tendencia doctrinal y práctica encaminada a proteger a las personas económicamente débiles, elevando su nivel de vida y de cultura y prescribiendo aquellos privilegios de las clases económicamente fuertes que originan inadmisibles desigualdades sociales” (Manuel Ossorio, Diccionario de ciencias jurídicas, políticas y sociales, p. 531)

Justicia social: Virtud que debe ser ejercida tanto por quienes ocupan los tres poderes del Estado como por los gobernados, solos o asociados, y que consiste en favorecer tanto entre la población nacional como entre la internacional, a los desfavorecidos, haciéndolos participar de la riqueza material del país y del mundo, así como también de la vida familiar, social, cultural, política y religiosa, debiéndose mantener esta justicia dentro del cauce de los derechos naturales y cumpliendo la función de moralizar y cristianizar el orden jurídico, social y económico.

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Cuando la justicia social es ejercida por los gobernantes y legisladores, se traduce en acción del Estado. Cuando es ejercida por los particulares, es una justicia social de iniciativa privada, por ejemplo si un empleador decide por propia iniciativa, pagar salarios justos.

Enseñaba el Papa Pío XII que para que la justicia social sea preservada de excesos y deformaciones injustas debe mantenerse dentro del cauce de los derechos naturales (S. S. Pío XII, discurso a la Obra Nacional de Asistencia a los Huérfanos de Trabajadores de Italia, de 29 de abril de 1948). Esto es justamente lo que no hacen muchos socialistas y socialdemócratas. Por ejemplo, muchas veces se fundamenta en parte en el principio de justicia social leyes como el aborto legal, la identidad de género, el “matrimonio gay”, el cupo trans, etc. Pero esas leyes nunca pueden ser justicia social sino una deformación de la misma, ya que no hay un derecho natural a abortar, a “cambiarse de sexo”, a casarse con alguien del mismo sexo, o a tener empleo por el hecho de ser transexual. Ejemplo de excesos cometidos por no respetar los derechos naturales, podría ser una ley de alquileres que favorezca tanto a los inquilinos que viole el derecho de propiedad de los locadores.  

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La justicia social moraliza la economía, es decir, la vuelve conforme a la moral, hace que la misma adquiera caracteres morales. Por ejemplo, el derecho laboral, al evitar la explotación de los trabajadores, moraliza las relaciones entre capital y trabajo.

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Dios es la Justicia Social trascendente. Pretender hacer justicia social sin Dios es un despropósito fatal propio del socialismo.

Muchas de las exigencias de la justicia social implican que el sector privado haga un esfuerzo fundamentado moralmente. Este esfuerzo debe recaer principalmente sobre los ricos. Pero como el resultado es el logro del bien común, se benefician todos. Pero no hay que confundir, mantener vagos no es justicia social. La justicia social está vinculada al trabajo y la producción. No hay que confundirla con la demagogia, el populismo y el asistencialismo.

Una economía regida por las virtudes de la justicia social y de la caridad social, es ante todo una economía con salarios dignos, sin usura y con justo precio. Claramente nuestra economía no está regida por esas virtudes sino por los vicios de la ambición, la avaricia y el egoísmo, por eso no se alcanza la prosperidad material de todos.

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La justicia social sin la caridad social, no existe, es una forma de socialismo. La cristianización y la moralización del orden social y económico requiere de ambas. O sea, hace falta instaurar el reinado social de Cristo.

El Estado debe tutelar y defender la difusión y el aumento de la caridad social:

La justicia social debe configurar todo el orden social y económico. «Y la caridad social debe ser como el alma de dicho orden, a cuya eficaz tutela y defensa deberá atender solícitamente la autoridad pública». (S. S. Pío XI, Quadragesimo anno, 15 de mayo de 1931, # 88)

Como se puede ver, la difusión y propagación de la caridad social en la sociedad no depende solo de la Iglesia, es decir, de los cristianos católicos, sino que también depende del gobierno. De manera que legislar con un criterio cristiano, por ejemplo en materia familiar, prohibiendo el divorcio y el matrimonio gay, o en materia penal, penalizando el aborto y la sodomía, es favorable al fomento de la caridad social. También unir Iglesia y Estado, instaurar una educación confesional, prohibir las religiones falsas o limitar sus derechos, censurar las ideologías erróneas, apartar de los trabajadores a los sindicalistas marxistas, etc. etc. En definitiva, son muchísimas las leyes que se pueden sancionar que ordenen e inspiren la conducta hacia las virtudes, de las cuales la más excelente es la caridad. Con sus leyes, los gobernantes pueden matar el alma de los ciudadanos o contribuir a su vivificación. Pretender hacer justicia social, a la vez que se mata el alma con leyes anticristianas, apagando la caridad de los ciudadanos, es propio de los regímenes socialistas o socialdemócratas. De esa manera también se debilita grandemente la justicia social y, el orden social, en lugar de restaurarse, se paganiza. La instauración de un Estado católico implica la máxima tutela y defensa posible de la virtud de la caridad por parte de un gobierno (cf. S. S. León XIII, Immortale Dei, 1 de noviembre de 1885, # 8)

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La justicia social es algo absolutamente propio y exclusivo del Estado católico, lo mismo que la caridad social. Esto es así ya que sólo el Estado católico fomenta todas las virtudes, y la justicia y caridad sociales no son otra cosa que virtudes. Jamás un Estado laico puede hacer justicia social. No es casualidad que el término justicia social sea de origen católico. En este sentido, los socialistas venden un ideal quimérico cuando hablan de justicia social, ya que ellos son partidarios de un Estado laico y anticristiano.

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Los liberales quieren instaurar el orden económico del egoísmo, los comunistas el de la envidia y las discordias, en cambio la doctrina social de la Iglesia quiere instaurar el orden de la justicia y la caridad.

Todo el derecho y la legislación del país, no solo la economía, deben quedar configurados con la justicia social, pero teniendo en cuenta que la misma debe mantenerse dentro del cauce de los derechos naturales.

La justicia social no pasa solo por lo material y económico, sino que ante todo se debe favorecer a los desfavorecidos cultural y religiosamente. De manera que la educación religiosa y los sindicatos católicos son necesarios para que haya justicia social. Otra posibilidad es que, si los sindicatos son laicos, haya junto a ellos otras asociaciones católicas de obreros dedicadas al perfeccionamiento religioso y moral de sus miembros.

Y, dado que aquí se afirmó que la justicia social y la caridad social son las virtudes cristianas de la justicia y la caridad puestas en relación con el bien común, es que a continuación se ofrecerá una definición de este último, ya que además, la justicia social se identifica con el bien común:

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El bien común es la realización duradera «de aquellas condiciones exteriores necesarias al conjunto de los ciudadanos, para el desarrollo de sus cualidades y de sus oficios, de su vida material, intelectual y religiosa» (Papa Pío XII, Radiomensaje del 24 de diciembre de 1942, # 13).

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